
Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II
Capítulo 6
No mentía cuando me dijo que me iba a dar una bienvenida por todo lo alto cuando nos viésemos. Cada vez que recuerdo lo que pasó hace un rato en la habitación, se me eriza la piel.
Estoy dándome una ducha; la bruja no tardará en llegar. Cuando terminamos, Tom me besó en los labios y me soltó que le flipa lo sexy que me veo después de corrernos. Luego se fue, que tenía que estar abajo antes de que llegara ella, y yo aproveché para darme un baño. Sigo dándole vueltas a lo que respondió cuando le pregunté… No sabe si quiere al crío o no, porque no entraba en sus planes tener hijos y aún no ha terminado de asimilar la noticia.
Aunque claro, seguro que se hace el feliz delante de la imbécil de su novia.
Bufé con desgana. Me ha dicho que no quiere casarse, que ni se lo plantea, vamos. Lo único que tengo que hacer es asegurarme de que siga pensando así, que no le dé por cambiar de idea, y así nos libramos de la boda.
Salgo del baño con una sonrisa medio torcida, atándome el albornoz, el pelo chorreando y los pies aún mojados. Ya tengo preparado lo que me voy a poner para estar, sobre en la cama: una sudadera oversize marrón con letras blancas, súper cómoda, y debajo unos shorts negros ajustaditos que me hacen unas piernas de escándalo. El culo me queda de lujo, no voy a mentir. En la cabeza me voy a poner una cinta blanca estilo deportivo, y unas converse.
Me vestí con toda la calma del mundo después de echarme crema hidratante con olor a chocolate y coco por todo el cuerpo. Me alisé el pelo cuando lo terminé de secar y me maquillé de forma natural. Con las sombras negras, un poco de eyeliner, rímel, gloss rosita en los labios y algo de colorete en los pómulos. Cuando estuve listo, me eché un poco de colonia y cogí el móvil, que lo había oído vibrar hace un rato.
Mensaje nuevo de Evan.
Joder, pensé que me escribiría al salir de la uni. Echo un vistazo y veo que ha cambiado su foto de perfil por una que nos hicimos la última vez que nos vimos, justo antes de acabar en la cama follando como si no hubiera un mañana. Salimos los dos, besándonos sin mirar a la cámara. Sonrío. Evan es demasiado… tierno, a veces.
Me relamo los labios antes de pinchar en el espacio para responderle. Me llegó su contestación a los dos segundos, ¿qué tanto estará haciendo?
Sí, sé que tengo mucha labia, y hasta parece que de verdad siento todo lo que escribo. Pero tengo que admitir que fingir que le quiero se me hace cuesta arriba. Escribirle o soltarle un simple «te amo» me da hasta náuseas. No por él, sino porque me suena demasiado cursi. Si ya me cuesta decírselo a mis padres, y eso que no lo hago casi nunca, con Evz es otro rollo.
Para hacerme la foto que me pidió, me puse de rodillas sobre la cama, sujeté el móvil con una mano y con la otra me subí un poco la sudadera, dejando que se viese justo la cinturita, lo justo para provocar sin parecer que lo estoy intentando demasiado. Giré un poco el cuerpo para que se marcara bien la silueta y clavé la mirada en el espejo que tengo frente al tocador, con esa cara de «sé lo que provoco». Era como decir sin decirlo: aquí estoy, sin mover un dedo, y aun así brillando.
Hago la foto y sonrío al ver cómo ha quedado. Me amo, joder.
Tarda en responderme, y sé que es porque está mirando la foto con detalle. Es muy suyo eso, no se le escapa nada… y me flipa.
Me muerdo el labio inferior mientras me acomodo mejor en la cama para contestarle.
Y eso es justo lo que más detesto de él. ¿Por qué? Pues porque no le caigo bien a sus padres. Hace un par de meses, Evan me presentó en una cena con ellos… y tengo que decir que su padre impone solo con mirarlo. Siempre con esa cara seria, parece que está cabreado las 24 horas. Y su madre… uf, más seca que una pasa. Claro, como yo no soy de los que se callan la boca ni se aguantan las tonterías, acabé soltando alguna burrada… como era de esperarse.
Lo que iba a ser una cena tranquila, de buen rollo, se convirtió en una guerra campal. Una masacre, vamos. Evan era el único que intentaba calmar el ambiente como podía.
Al final quedé como el maleducado de turno, pero vamos, tampoco es que ellos me trataran con mucho cariño. Desde que entré por la puerta me miraron con cara de asco, pero me dio exactamente igual.
Me muerdo otra vez el labio, cambiando de postura en la cama para escribirle. Pongo los ojos en blanco justo antes de que me lleguen más mensajes suyos, así que paro un momento a leer…
Suspiro bien hondo. Evan está estudiando una carrera, ni idea de cuál, tampoco me ha dado por preguntarle y la verdad, no me interesa, que se supone que le servirá para hacerse cargo de la empresa de su padre. Ese viejo es como el señor cara de papa de Toy Story, me cae fatal. Así que claro, quiere que Evan esté centrado, que se saque la carrera cuanto antes y se convierta en el nuevo CEO del negocio familiar.
Es un cargo muy importante para él, porque desde pequeño tiene la ilusión de ocupar el puesto de su padre y dirigir toda la movida. Pero el señorito dice que desde que está conmigo, Evan ha perdido el norte y se ha olvidado de sus responsabilidades… cosa que es mentira, porque el chaval siempre ha sido aplicado con sus estudios.
Pongo los ojos en blanco y procedo a responder.
Le mando el mensaje, y justo en ese momento llaman a la puerta de mi habitación.
—¿Quién es?— pregunto sin apartar la vista del móvil. Al otro lado, mi madre responde:
—Cariño, Heidi ya ha llegado. Baja, por favor…
Pongo los ojos en blanco. Ya ha llegado la hora de conocer en persona a la bruja. Ya la he visto en fotos, porque sí, aún la sigo en Instagram, aunque me joda admitirlo, ya que mi tío no sube absolutamente nada, pero ella se pasa el día publicando cosas. La verdad, conocerla no me hace ni puñetera gracia, aunque eso ya se nota a leguas.
—Bajo ahora, mamá…
—No tardes, ¿vale?
Suelto un bufido, sin ganas, y sigo escribiéndole a mi… novio. Por lo menos tengo una excusa para cortar la conversación. La verdad es que no me apetece seguir hablando con él ni con nadie. El hecho de tener que bajar como un niño bueno a saludar a esa momia me saca de quicio. Yo no soy ningún hipócrita, y tener que fingir simpatía por alguien que odio desde el momento en que supe que existía… pues eso, me hace sentir como un falso. Como un doble cara.
Un puñetero falso. Es que estas cosas solo me pasan a mí, de verdad. Joder.
Evan se deja llevar por mí. Lo que le pida, lo hace. Le digo que diga algo y lo dice. Que haga tal cosa, y lo hace. Tengo el control total sobre él… aunque, bueno, en la cama es él quien lo tiene sobre mí… a veces.
No me paro a mirar si me ha respondido o no, simplemente dejo el móvil sobre la cama y salgo de mi habitación. Bajo las escaleras sin prisa, sin siquiera alzar la vista, ni cuando oigo a mi madre reír acompañada de otra risa femenina que sé perfectamente que es de Heidi. Lo sé porque en los vídeos que sube a sus historias de Instagram se ríe igual.
Horrible. Parece una bruja. De ahí el apodo que le puse cuando tenía catorce.
Respiro hondo al llegar al último escalón y levanto la mirada. Y lo siguiente que veo me dan ganas de dar media vuelta y encerrarme en mi cuarto: mi madre está sentada en uno de los sofás con una taza de café, y en el sofá de enfrente están Heidi y Tom. Les veo el perfil a los dos. Mi tío tiene el brazo sobre los hombros de la rubia oxigenada mientras ambas se ríen, vete tú a saber de qué.
Pongo una mueca antes de aclararme la garganta y forzar la mejor sonrisa que tengo. En ese momento, todas las miradas se giran hacia mí, incluyendo los ojos color avellana de Heidi.
Se pone en pie enseguida. Justo delante de mí, parada como si el universo girase en torno a su vestido rojo, está la famosísima novia de Tom. O bueno… su intento de novia. Me lanza una sonrisa enorme, de esas que se ponen cuando sabes que hay cámaras delante y rivales cerca. Y yo, cómo no, le devuelvo una igual de falsa. Porque soy un caballero, aunque me cueste.
Su vestido parecía una funda de salchicha con glamour, tan ajustado que me extraña que no le falte el aire. El color rojo gritaba «mírame» más fuerte que sus tacones de marca. Llevaba el pelo con esas ondas «naturales» que claramente han pasado por tres rizadores, dos botes de laca y un estilista con problemas no resueltos.
Y ese colgajo que llevaba en el cuello… probablemente no valga más que mi mansión, mi dignidad y mis pecados, todo junto.
—¡Oh, Dios mío!— exclamó, caminando hacia mí con esos pasitos rápidos de muñeca de escaparate —Tú debes de ser Bill… claro que lo eres— dijo con una voz empalagosa. Demasiado empalagosa. Yo me contuve para no poner cara de asco, aunque me costó lo suyo. Me tomó de la mano y sentí un escalofrío, porque ella no está en la lista de personas autorizadas para tocarme. Ni lo estará jamás —¡Qué ilusión me hace conocerte, chiquitín!
¿Chiquitín? ¿De verdad me ha llamado «chiquitín»? ¡¿En serio?! El único que puede decirme así es su novio… mientras me está haciendo suyo, joder.
Cálmate, Bill. Respira. Es solo una estúpida a la que tienes que aguantar…
Joder, es que soy alérgico a la estupidez ajena. Bastante tengo ya con la mía y con la de Adrianne…
A pesar de sentir una vergüenza ajena que me revolvía el estómago, sonreí. Porque yo sé jugar a esto.
—¡Qué genial! Yo también estaba deseando conocerte, ¿eh?— mentí como un auténtico profesional. La dejé abrazarme justo cuando Tom se levantaba, junto a mi madre, para acercarse —Y enhorabuena por tu embarazo, debes de estar encantada.
—Oh, sí, lo estoy. Aunque eso de los antojos me tiene negra… me da pánico engordar.
—Ah…— arqueé las cejas y solté una risita falsa. Dios, no voy a aguantar esto —…debe de ser horrible, sobre todo siendo modelo…
—¡Por eso mismo!— se ríe —Se lo estaba contando justo ahora a tu madre…
Ah, así que por esta tontería se estaban riendo.
—Tom, cariño, este niño es una preciosidad— dice, echando la cabeza hacia atrás para mirarle —Es mucho más guapo en persona que en las fotos que me enseñaste. Un día de estos nos vamos de compras tú y yo— añade, mirándome directamente —Espero caerte bien, ¿eh?
Oh, cielo… eso no va a pasar nunca.
—Claro que sí, tú dime cuándo y estaré listo…
Ella parece pensárselo mientras yo intercambio miradas con Tom. Él sonríe sutilmente. Creo que le hace gracia la situación o, peor aún, creo que se ha dado cuenta de que no me cae bien su Heidi. Mis expresiones son demasiado obvias, aunque poca gente lo nota. Tengo esa cara que pone cualquiera cuando no quiere ver a alguien, solo que bien disimulada.
—¿Qué tal el sábado?— pregunta.
Faltan dos días para el sábado. Creo que para entonces ya estaré preparado mentalmente para ir de compras con ella. Qué horror.
—Me parece perfecto…
Ella se ríe con delicadeza. Yo no. Porque la única risa que me provoca es de puro nervio… por no soltarle que, mientras ella le da amor a Tom y hace todas esas cosas de chicas enamoradas, yo lo tengo diciéndome guarradas al oído mientras me folla.
—Bueno, ¿qué tal si vamos a almorzar?— propone Tom.
—¡Ay, sí!— exclama Heidi y se le lanza al cuello como una niña, qué ridícula. —Muero de hambre, amor. ¿Qué han preparado las chicas?— le pregunta mientras lo toma de la mano y lo arrastra hacia lo que imagino es el comedor. Mi madre los sigue, y yo me quedo ahí, de pie, con mi mejor mueca de asco. Qué empalagosa es…
Y Tom se deja…
Bueno, es su novia. Tampoco es que vaya a apartarla de un empujón. Es su novia y la futura madre de su hijo.
La idea de soltarle una patada a esa cosa que lleva dentro me cruza la mente. Me hierve la sangre y no entiendo por qué. Pensaba que no me afectaría verlos dándose besitos o tratándose con esa cursilería absurda de las parejas, pero está ocurriendo. Y me jode. Muchísimo. Y eso no puede ser bueno. ¿Por qué me molesta tanto? Seguro que son neuras mías…
—¡Bill!— oigo que me llama mi madre y suelto un suspiro —¡Ven, que ya vamos a comer!
—¡Voy!— respondí con una sonrisa tan falsa que ni yo me la creo, y empecé a caminar como alma en pena camino de su propio purgatorio.
Tom y Heidi ya estaban sentados, compartiendo la misma silla con una ternura tan exagerada que me estaba dando diabetes de solo mirarles. Ella lo miraba como si fuese el sol, la luna y el combo de estrellas. Y él… bueno, él se dejaba. Hasta sonreía.
Me senté frente a ellos. La mesa estaba perfectamente puesta, pero el menú me sabía a aire porque la digestión me la tenía bloqueada la rubia empalagosa.
—¿Todo bien, cielo?— me preguntó ella, con esa vocecita chillona que siento que va a quedar pegada en mi tímpano como chicle en zapato nuevo.
Asentí. Porque si hablaba, escupía veneno.
Tom me miró de reojo, con esa sonrisita ladina que me daban ganas de responderle con una patada bajo la mesa.
Continúa…
Gracias por la visita, no te vayas sin comentar 😉
Alto, hago un paréntesis por que no puedo comentar el párrafo, pero joder que foto más preciosa, la necesito 😭😭 en esta historia no se quién tiene más suerte, Tom o Evans 😂 enserio quiero esa foto 👉👈🥹💗
Pobre mi Bill, ánimo mi niño, podrás con estos episodios de horror que vas a vivir mientras estés ahí 🥴