
Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II
Capítulo 8
Salí de la habitación con todo el sigilo del mundo después de vestirme. Joder, necesito darme una ducha ya. Llevo una sonrisa medio tonta en los labios, y todo por culpa de Heidi. La muy pringada no se ha enterado de nada, ha seguido duchándose tan tranquila, y hasta la he escuchado tarareando una canción como si nada.
Qué pardilla.
Tom me ha follado sabiendo perfectamente que en cualquier momento podía salir la momia de su novia del baño y pillarnos en plena faena, pero no pasó, y eso lo hizo aún más excitante, más arriesgado. La adrenalina te puede regalar un orgasmo de los que te dejan temblando, como el que me acabo de marcar. Estoy todo pegajoso por el semen que Tom me ha soltado entre las nalgas. Camino de puntillas hasta mi cuarto, mirando al suelo, y justo cuando estoy a punto de llegar, algo me obliga a parar en seco.
—¿Bill?— mi madre está de pie, frente a su puerta. Levanto la mirada y me topo con su cara de sorpresa al verme ahí, cuando se supone que iba a darme una ducha y a acostarme a dormir.
—¿Qué haces ahí fuera?— pregunta —Pensé que ya estarías sobando…
Me humedezco los labios buscando alguna excusa —Ehm…— venga ya, necesito soltarle algo creíble. Ella alza una ceja, esperando. —Quería darme una vueltecilla— solté rápido, lo primero que se me ocurrió —Me llamó la atención la sala de videojuegos de mi tío y quise echar un… vistazo— dije con la cara más convincente que pude poner.
—Ah, bueno, está bien, cariño— responde sonriendo levemente —Pero procura no andar por ahí tan alegremente, que sabes que por esa zona está la habitación de Tom y Heidi. No vayan a pensar que estás cotilleando o algo— añade riéndose.
—Sí, me topé con mi tío, pero solo estuvimos jugando…— respondí, pasándome la mano por el pelo mientras recordaba muy bien a qué tipo de «juego» nos dedicamos. Luego me aclaré la garganta —Ya sabes… videojuegos— mamá asintió despacio.
—De todas formas, no te pasees tanto por ahí, ¿vale?
—Sí, tranquila— me acerqué a la puerta de mi habitación y agarré el pomo —Nos vemos mañana, que descanses…— le dije antes de girarlo, abrir la puerta y entrar cuanto antes con el pecho subiendo y bajando como loco por la respiración. Joder, menos mal que me he sacado esa excusa de la manga, si no, Simone habría empezado con su interrogatorio de madre que no hay quien esquive. Sonreí llevándome una mano al pecho. Qué locura, tú.
Me acerqué al tocador y apoyé las manos en el mueble, mirándome al espejo. El maquillaje un poco corrido por las lágrimas de gusto que se me escaparon durante el polvo.
—Me flipa esta mierda— me dije en voz baja, asintiendo como si firmara un contrato conmigo mismo —Es lo mejor que hay, y Heidi no me lo va a quitar— negué con la cabeza —No, no, no…
Me quito la ropa para meterme en la ducha. Tenía los calzoncillos llenos del semen de Tom, y entre las piernas todavía quedaban restos, ya casi pegados. Corro la mampara y abro el grifo, dejando que el agua caliente empiece a caer. Me recojo el pelo en un moño porque paso de mojarlo. Cuando ya lo tengo todo listo, entro en la ducha y cierro la mampara. Cojo el gel y me lo paso por todo el cuerpo. Luego uso la esponja para frotar bien la piel, y ya después dejo que el agua se lleve todo el jabón.
También me lavo la cara con mi otro jabón, el que uso solo para la cara. Cuando termino, cierro el grifo, cojo el albornoz, me lo pongo y me lo ato sin apretar mucho el nudo, y salgo del baño. Me voy al armario a buscar algo que ponerme y acabo poniéndome un conjunto mono que me regaló Evan.
Es un pijama de peluche blanco, con capucha de osito, con orejitas y una carita bordada. Lleva unos guantes a juego en forma de oso, y unas calcetas altas también blancas. Es de una tela suave que me flipa. Todo blanco, una monada. Ya vestido, me tumbo en la cama con el móvil en la mano. Tenía dos mensajes de Evan que llegaron justo cuando estaba en la habitación de mi tío, lo sé por la hora en que los mandó.
Pero ahora no me apetece leer mensajes, así que apago el móvil y lo dejo en la mesilla de noche. Tengo un sueño tremendo, así que me enrosco entre las sábanas e intento dormir, aunque me cuesta. Esta cama no es como la mía, es dura como una piedra. Tan dura que fijo mañana me levanto con el cuerpo hecho polvo, joder.
Las cosas que tengo que aguantar.
&
El sábado llegó en un abrir y cerrar de ojos, y si me preguntas: «¿Estás listo para tu salida con la momia/lechuga pocha/novia de Tom?» Pues no, no lo estoy.
No estoy listo, ni de coña. Joder, no quiero salir con ella, no quiero pasarme la tarde de compras con Heidi. Es una tortura tener que convivir con alguien que te cae como una patada, que no soportas y encima es una pesada. Heidi es tan cargante, pero tan pesada… Me dan ganas de fingir que me he puesto malo, que tengo fiebre o que llevo vomitando todo el día. Pero mi madre no se lo tragaría ni de broma, porque ayer estaba de lo más normal. Y Tom… mejor ni hablar.
Así que me toca fingir y tener paciencia. Lo de fingir lo domino a la perfección, pero paciencia… de eso voy justo, la verdad. Dios me dio belleza, estilo, cerebro y actitud, pero paciencia no. Se le olvidó incluirla en el pack.
En fin, aquí estoy yo. Arreglándome para salir con la bruja. Eso sí, tenía que ir hecho un bombón, así que me he puesto un conjunto super chulo y sexy para girar cabezas por la calle. Bueno, en realidad es algo casual, pero que me hace ver de escándalo igual. Y no es por ir de sobrado, pero todo lo que me pongo me queda de lujo. Muy bien, si soy sincero.
Llevo un crop top negro de manga larga con detalles blancos que resaltan mi figurita divina. El pantalón es vaquero, de tiro bajo, ancho, estilo baggy, con un cinturón negro de hebilla metálica que le da el toque. Lo he combinado con unas botas chunky negras. Como iba a llevar el pelo suelto, me he hecho unas ondas y me he maquillado como Dios manda. Estaba listo. Agarré el móvil, lo metí en el bolsillo del pantalón, me eché un poco de colonia y salí de la habitación bajando las escaleras con cero ganas, sinceramente.
Estoy guapísimo, pero la situación a la que me enfrento es un infierno. Dios, si estás ahí, dame fuerzas y te prometo que voy a misa. ¡Lo juro!
—¡Ay, qué guapo estás!
No pongas los ojos en blanco, Bill. Mantente sereno, que tu madre está ahí al lado y Tom también. Tienes que parecer tranquilo y hasta emocionado de salir con la bruja. Así que sonríe y demuestra que puedes con esto.
Recuerda: Bill Kaulitz lo puede todo.
—¡Y tú tampoco te quedas atrás!— mentí con mi mejor sonrisa de anuncio —¡Estás guapísima, tía!
Mentira. Está horrible.
O sea… ¿qué coño lleva puesto? Parece que se ha vestido con lo primero que pilló en un mercadillo hippie. Ese top rosa tan básico, tan soso, tan… obvio. Y la falda, madre mía, parece una cortina arrugada de casa rural. Ese estampado boho de saldo, y el tiro bajo intentando lucir un abdomen que ni fu ni fa… A ver, reina, no es solo enseñar carne, hay que tener clase.
Y esa sonrisa forzada… qué vergüenza ajena. Seguro que ella cree que va divina, pero yo solo veo a una Barbie aburrida en modo mochilera cutre. Ni los zapatos se salvan. ¿Esas sandalias? ¿En serio? Next.
—Ay, gracias, chiquillo— y ahí va otra vez con el apodo de mierda —¿Nos vamos ya?
—Dios, llévame pronto… —murmuré bajito mientras me acercaba a ella y le tomaba la mano que me ofrecía.
—Pasadlo bien— dijo mi madre.
—¡Va a ser genial!— exclamó Heidi.
—No gastes mucho dinero, por favor— soltó Tom, y yo por poco me parto de la risa.
Yo tengo la tarjeta que me dio mi padre hace un año. Puedo gastar lo que me dé la gana, pero esta vez no pienso tirar la casa por la ventana. No estoy de humor para despilfarrar como he hecho otras veces.
—No empieces, Tom— bufó la bruja —¡Volveremos en un par de horas!
Salimos de la casa y subimos al coche, un descapotable rojo precioso que iba a conducir ella. Vale, el coche es una pasada, lástima que lo estropee quien va al volante. Pero bueno, al menos estoy yo, que salvo el panorama, ¿vale?
En unos minutos salimos de la mansión cuando se abrió el portón, y luego me vi mirando por la ventana un paisaje precioso, de esos que parecen sacados del cielo. Joder, digno de Los Ángeles.
Ya en el centro comercial, entramos a un montón de boutiques. Ella salía de cada una con cinco bolsas en las manos, y yo, con suerte, llevaba una. En fin, llenó todo el asiento trasero del coche con ropa espantosa, y lo poco que se salvaba ni siquiera le quedaba bien. Las únicas bolsas que son mías son tres. Me pillé una chaqueta vaquera monísima, unas botas blancas con plataforma ancha y otro pijama igualito al que me regaló Evan, solo que esta vez de zorrita. Lo digo en el buen sentido, ¿vale?
Después de patearnos todas las boutiques, joyerías y zapaterías del centro comercial, entramos en un Starbucks y pedimos algo para picar. Pedimos dos Frappuccinos: el mío con topping de galletas y nata, el de Heidi era de caramelo. Y también dos brownies para cada uno. Porque uno no vive solo de aire, ¿no?
—¿Y qué tal tu vida en Alemania, eh?— me preguntó.
—Mmm…— le di un sorbito al Frappuccino y me relamí los labios —Normalita. Ahora que estoy de vacaciones, me la paso con mi mejor amiga.
—Oh, ¿y cómo es ella?
—Igual de trastornada mental, loca y esquizofrénica que yo— respondí con toda la naturalidad del mundo, sonriendo con chulería —Nos llevamos de puta madre. Es como la hermana que nunca tuve. La adoro, me entiende mejor que nadie. Es mi persona favorita después de mi tío Tom.
Ella arqueó las cejas con una sonrisita —Tú y Tom tenéis muy buena relación.
—Humm…— mordí el brownie alzando ambas cejas con intención. Ni se imagina lo increíble que es mi relación con Tom —Buenísima.
—¡Qué bien! Es genial tener a alguien así en tu vida. Tom siempre me ha parecido muy protector contigo. Por lo que me cuenta, sé que lo es— dijo con esa vocecilla suya de hada madrina venida a menos.
—Lo es, es mi persona segura. Me entiende sin que tenga que decir ni mu. A veces solo con mirarme ya sabe lo que me pasa— comenté, ladeando un poco la cabeza como si estuviera recordando algo adorable, aunque en realidad pensaba en cosas que ella, francamente, ni en sueños podría imaginar —Siempre sabe cuándo necesito un abrazo… o algo más.
Ella sonrió. Ni idea. Ni puta idea.
—Debe de ser precioso tener a alguien así en tu vida— respondió, con ese tonito dulzón.
—Lo es— dije bajito, fingiendo emoción —Es que… Tom y yo tenemos un vínculo muy especial. No sabría explicarlo.
Ella dio un sorbo a su bebida y asintió con esa sonrisilla de catálogo. —Me encanta ver lo unidos que estáis. Ojalá todos los chicos tuvieran un lazo así con su familia.
—Ya…— murmuré, girando mi Frappuccino entre las manos con aire distraído —Pero no todos tienen un tío tan perfecto como mi tío Tom.
Le guiñé un ojo y sonreí como un sol. Me flipa jugar con fuego cuando la otra persona ni siquiera sabe que está ardiendo.
—A veces pienso que Evan, mi novio, va a tener que ponerse las pilas si quiere estar a la altura de mi tío— reí por lo bajo, como si fuera una broma tonta —Porque soy muy exigente, ¿sabes? Ya me he acostumbrado a que me traten como a un príncipe. Al menos, así me trata mi tío…
—¡Y eso está genial! Nunca te conformes con menos, Billie— dijo ella, encantada consigo misma, como si acabara de soltar el consejo más sabio del universo.
Ay, Heidi… qué mona eres en tu ignorancia.
—No lo haré. Palabra de Kaulitz— le sonreí, alzando el vaso como si brindara. Ella soltó una risita, como si acabara de oír algo brillante.
—Tú deberías haber nacido en Hollywood, no en Alemania. Eres un personajazo, Bill.
—Ay, Heidi…— ladeé la cabeza con ternura fingida —Eres muy graciosa.
Ella sonrió, tan orgullosa de sí misma, como si acabara de ganarse una estrellita dorada por ser tan simpática conmigo. Sé que intenta llevarse bien conmigo, y sé que lo hace por Tom.
—Me caes genial, chiquillo.
—¡Y tú a mí!— mentí con la naturalidad de quien ya ha ensayado esa frase delante del espejo unas veinte veces. Luego dejé la bebida a un lado y me limpié los labios con una servilleta —Deberíamos salir más a menudo, ¿no crees? Me encantaría pasar más tiempo contigo.
Sobre todo para encontrar el ángulo perfecto donde clavarte el cuchillo sin que te enteres.
—¡Me encantaría!— dijo emocionada.
Perfecto. Así la mantengo cerca… y controlada.
Me recosté en la silla con una sonrisilla de lo más inofensiva, mientras por dentro se cocinaba el caos con mantequilla. Evan me dijo una vez que yo era peligroso cuando sonreía así.
Y no se equivocaba.
—¿Sabes qué es lo mejor de todo esto, Heidi?— pregunté, apoyando el mentón en la mano, mirándola con esa dulzura envenenada —Que los dos queremos lo mismo: ver feliz a Tommie.
—Sí— respondió ella, sin notar nada raro —Eso es lo único que importa.
—Exacto— murmuré, clavando la mirada en la suya —Solo eso importa.
Continúa…
Billie con el pijama que usó…
Y aquí con el outfit que usó para la salida con la patasaurio… digo Heidi, XD.
Ay Dios míos esas fotos 😭💓🔥🔥🔥
Desearía ser Tom en esta historia y en todas 🥴😋❤️🔥
dioos si que ganas 😼😻.
gracias por leer y comentar 💗