Administración: Gente bella, bienvenidos a la continuación de «TOUCH ME« de unicornlitz, pueden leer directamente, pero tendrá más sentido si leen la temporada 1. Ahora a disfrutar (¿o a sufrir?) con la lectura 😉

Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II

Capítulo 1

Estoy encima de su cuerpo, sentado a horcajadas con cada pierna a un lado de sus caderas. La sábana acaba de deslizarse por mi espalda desnuda, dejando parte de mis nalgas al aire con cada sentada que doy sobre su polla.

Sus manos me agarran los muslos con fuerza y tiene el ceño fruncido, gimiendo con los labios entreabiertos. Echo la cabeza hacia atrás y suelto un suspiro cuando vuelvo a sentarme sobre su miembro, haciéndolo entrar del todo otra vez y dándome justo en el sitio. Me corro al instante, el orgasmo me sacude el cuerpo y empiezo a temblar.

Tengo la piel empapada de sudor y me dejo caer sobre él, reventado, respirando entrecortado, sintiendo cómo sus músculos se tensan justo cuando también se corre.

Evan me rodea la cintura con los brazos, dejándome ahí, quieto —Joder… eso ha sido increíble— dice mientras acaricia mi espalda con suavidad, su pecho sube y baja y yo no puedo evitar sonreír mientras me acomodo a su lado en la cama, bajándome de encima y tapándome bien con la sábana por el fresquito.

Evan se gira hacia mí y me abraza —¿Estás bien, cariño?— pregunta, dejando un besito en mi mejilla.

Suelto un suspiro y asiento despacio —Quedan ocho meses para diciembre, y en cuatro meses y una semana cumplo diecinueve… y me tengo que ir a Londres por lo de la uni— le recuerdo, con un tono algo triste.

Sí… ya van dos años desde la última vez que vi a mi tío, la última por ahora, porque como era de esperarse, no se apareció en las últimas Navidades en casa de mi abuela. Dos años sin verle, en los que solo me he conformado con escribirle y hacer esas llamadas que prometimos… claro, siempre que la Heidi no ande cerca.

Con Evan llevo un año de relación, como pareja. Lo que empezó como un rollo de solo sexo, terminó en algo más porque él me lo pidió.

Y yo no le dije que no.

Ahora mismo hablo poco con Tom. Su curro le tiene liado todo el día, y cuando llega a casa, la Heidi no le deja ni respirar. ¿Cuándo podemos hacer esas llamadas calientes por teléfono? Pues cuando la bruja está en su agencia o por ahí con sus movidas de modelo. Que suele ser toda la semana, pero con horarios raros. Hoy, sin ir más lejos, siendo domingo, no pude llamarle porque la vieja volvió temprano de una sesión de fotos.

Maldita sea. Justo hoy que más falta me hacía oír su voz… y por eso acabé recurriendo a Evan.

—No me lo recuerdes, porfa— dice mientras se acurruca a mi lado y me abraza más fuerte —Aún hay tiempo para convencer a tus padres de que no te manden tan lejos, amor.

—Evz, ya lo hemos hablado— murmuré —No hay manera de hacerles cambiar de opinión, ya sabes cómo es mi madre. Quiere que me centre en la carrera sin distracciones, y obviamente se refiere a ti y a Adrianne. La última vez que intenté hacerla cambiar de idea, acabamos discutiendo y yo quedándome aquí contigo una semana entera.

—Y fue de las mejores semanas que hemos tenido, amor mío— dice, soltando una risilla —Pero volviendo al tema… no me mola nada eso de tenerte tan lejos. Ya sé que aún quedan cuatro meses, pero últimamente los días se me están pasando volando…

—Ya…— bufé, rodando los ojos justo cuando oigo vibrar el móvil que está en la mesilla. Alargo el brazo y lo cojo, respondiendo sin mirar quién llama, en altavoz —¿Hola?

—¿¡Cómo que estás con mi marido, guarra!?— grita una voz de tía al otro lado del teléfono, tan fuerte que Evan y yo pegamos un bote en la cama.

—¡¿Qué coño?!— solté, incorporándome de golpe con el corazón en la boca, hasta que reconocí la voz y me eché a reír —Ay, mamona, qué susto me has dado.

—¡No me llames mamona, infiel! ¡Estoy harta de tus jueguecitos con mi hombre!— berrea Adrianne, con una voz dramática que parecía de telenovela —¡Te lo presté para un polvo y te lo quedaste un año entero! ¿¡Eso te parece lealtad, traidor!?

—¡Cállate, loca!— me tapé la cara mientras soltaba una carcajada, y Evan también se reía al otro lado, ya acostumbrado a nuestras tonterías —No digas gilipolleces, ¿qué te has fumado?

—Mis celos, mi dignidad, y un porro imaginario que me ayuda a soportar tus traiciones— responde haciendo como que llora —¡Y justo hoy que iba a hacerle el desayuno a mi marido… y me entero que tú lo tienes desparramado entre tus sábanas!

—Literalmente— murmuró Evan entre risas, volviendo a tumbarse con las manos detrás de la cabeza.

—¡Cállate, Evan, no eches más leña al fuego!— respondió Adrianne fingiendo estar indignada —Bill, que te llamo porque me aburría. ¿Qué haces, aparte de echar un polvete con tu chiquitín?

—Recuperándome del cardio, gracias— respondí con tono seco pero con sorna, dejándome caer otra vez en la almohada —No puedes vivir sin mí, ¿a que no?

—Eres mi alma gemela, tía. Si tú me dices que construiste la muralla china, yo te juro por mi vida que era yo la que te pasaba los ladrillos… Pero eso no te da derecho a quedarte con todos los tíos buenos del planeta, ¿eh?

—Ay, por favor, que tampoco es que Evan sea Brad Pitt— bufé.

—Brad Pitt en sus tiempos de Troya, mi ciela, y con ese tatuaje en el hombro… uff, que Dios bendiga tus caderas— dijo riéndose como una bruja.

—Ya, tonta— le solté entre risas.

—Bueno, solo llamaba para preguntarte si por casualidad se te ha olvidado que hoy íbamos a quedar…

—¿Hoy?— pregunté, frunciendo el ceño mientras hacía memoria.

—¡Sí, Bill! ¡Hoy, a las doce! ¡Dijiste que me ibas a acompañar a buscar zapatos para la gala de la escuela de arte! ¡Y me prometiste que esta vez no me ibas a dejar tirada, mamona!

—¡Mierda!— me llevé la mano a la cara —Se me fue completamente, te lo juro.

—No te preocupes, Rey del semen, sé que tu cerebro se ha quedado pegado al colchón junto con el alma que Evan te sacó esta mañana, pero tienes una hora y media para ducharte, vestirte y llegar a tiempo. ¡Ni se te ocurra dejarme plantada, Bill Kaulitz, o me planto en tu casa con una serpiente!

—¡Estás fatal!— me reí, rodando los ojos.

—Y tú una zorra desagradecida, pero nos queremos igual. Nos vemos, mamona— dijo, y colgó antes de que pudiera decirle nada más.

Solté un suspiro dramático y me senté de nuevo en la cama. —¿Qué pasa, cariño?— preguntó Evan, aún con una sonrisa.

—Que tengo que salir con la bruja a buscar zapatos, si no quiere quemarme la habitación— bufé, levantándome a buscar ropa.

Me arreglo rápido. Pelo recogido con dos mechones sueltos, mi chaqueta favorita, vaqueros ajustados y mis botas negras. Nada del otro mundo, pero lo bastante decente como para que Adrianne no me suelte que parezco «muerto por dentro». Me miro un segundo en el espejo antes de salir. No queda rastro del Bill que hace unos minutos gemía con los ojos cerrados sobre mi novio.

Evan se acerca mientras me ato la bufanda. —¿Vas a ir con ella tú solo? ¿Quieres que te lleve?

—No hace falta, voy a pedir un taxi— respondo mientras abro la app —Además, no quiero que acabéis otra vez discutiendo por las tallas.

—Eso fue una sola vez— se ríe, acercándose para darme un beso en la mejilla —Cuídate.

—Lo haré— le sonrío un poco.

Es majo, atento, y tiene el cuerpo perfecto para tirármelo. Pero no… no me remueve el alma. No como cierto imbécil que me manda notas de voz a las tres de la mañana solo para decirme que quiere oír mi voz mientras se hace una paja.

Evan cree que me tiene, pero yo solo estoy… quedándome. Hasta que vuelva lo otro. —Nos vemos luego— murmuro antes de salir.

&

El taxi llega rápido. Me subo, le doy la dirección y dejo caer la cabeza contra la ventanilla. Miro las calles pasar: gente con prisa, madres arrastrando críos, tíos gritándole al móvil. Y yo ahí, con el estómago revuelto.

No es por Evan. Tampoco por Adrianne. Es otra cosa que no quiero nombrar.

Cuando el coche se detiene frente a la casa de Adrianne, pago y me bajo. El aire frío me golpea la cara y me hace estremecer. Cruzo la acera, subo los escalones y toco la puerta. No pasan ni dos segundos y se abre de golpe.

Ahí está Adrianne, con una bata rosa de peluche, mascarilla verde y rulos en el pelo. Me escanea de arriba abajo con los brazos cruzados. —Has tardado veintiséis minutos y cuarenta segundos desde que colgamos. ¿Te has parado a despedirte con lengua, mamona?

—Más bien con otra cosa— respondo, pasando a su lado como si nada, mientras ella suelta una carcajada y cierra la puerta detrás de mí.

—Ay, por favor, no empieces a fardar. Bastante tengo con imaginarte en pleno salto del tigre con mi exmarido imaginario— bromea mientras se dirige al salón —¿Listo para irnos de compras, zorra?

—Siempre estoy listo para fingir que me importa el calzado mientras tú montas el numerito con los dependientes— le digo dejándome caer en el sofá —¿Te vas a quitar esa cosa de la cara o piensas ir así a la tienda?

—Voy así. A lo feo ya estoy curada de espanto desde que somos amigos— soltó, burlona.

—Maldita perra— río, negando con la cabeza.

Después de que Adrianne terminó su ritual completo de belleza ~mascarilla, rulos, pintalabios rojo y media hora peleándose con el rizador~, por fin salimos de casa. Fuera nos esperaba Julián, como siempre desde que su madre le confiscó el carné «por conducir como en el Mario Kart.»

—Al centro comercial, por favor, Julián— le ordena Adrianne al subir, con tono de reina de Inglaterra.

—A sus órdenes, señorita— responde él sin mirarla, encendiendo el motor mientras yo me acomodo a su lado en el asiento trasero.

Adrianne se quita las gafas de sol que no necesita y me lanza una mirada de medio lado.

—¿Y ya te has visualizado en Londres, caminando por las calles con tu mochilita de estudiante aplicado? ¿Tomando el té a las cinco como todo un caballero británico?

—Ay, cállate— le respondo, rodando los ojos —No pienso ponerme jerséis de rombos ni andar con paraguas por obligación. Me voy a estudiar, no a cambiar de nacionalidad.

—¿Estudiar… claro? ¿Y qué más vas a hacer allí? ¿Dejarme aquí sola con esta panda de salvajes?— hace un puchero tan exagerado que hasta Julián suelta una risa contenida.

—Adrianne, no empieces otra vez con tus teorías locas. Ya lo hemos hablado, es una oportunidad y mis padres están contentos.

—¡Pues a mí me da igual que estén contentos!— responde ella, cruzándose de brazos como si tuviera diez años —Tú y yo teníamos planes, ¿te acuerdas? Íbamos a montar un negocio de uñas y copas ilegales.

—No puedo, Adrie. No puedo seguir dándoles disgustos a mis padres. Solo quieren que madure.

—¿Madurar? ¿Madurar es irte a Londres y dejar a tu mejor amiga con el corazón hecho trizas? Eso no es madurez, eso es traición, Bill. Traición emocional.

—Drama Queen, nivel dios.

—¡Como debe ser!— dice ella con orgullo mientras se acomoda el pelo —Y otra cosa: si conoces a un británico guapo y millonario, ¡me lo presentas!

—Claro que sí…

Llegamos al centro comercial entre sus gritos fingidos y mis carcajadas. Julián nos abrió la puerta con cara de «¿por qué me ha tocado esta vida?» y Adrianne bajó como si caminara por la alfombra roja, saludando al viento como una celebridad olvidada.

&

Sentados en una de las mesitas del patio de comidas del centro comercial, dejamos reposar nuestras bolsas con zapatos nuevos a un lado. El sol entraba por el techo de cristal y el murmullo de la gente era un ruido de fondo constante, pero agradable. Adrianne bebía su cóctel de frutas tropicales con una pajita rosa, meneando el vasito como si fuera un cóctel de verdad.

—Vale, escúchame, tenemos que pensar en nuestros looks para la gala de la escuela de arte— dice entre sorbo y sorbo —Yo estaba pensando en algo dramático. Largo, negro, con una abertura hasta el muslo, algo rollo «maté al director y ahora vengo a por ti.»

—Ay, por Dios— me río, dando un sorbo a mi propio cóctel mientras observo las rodajas de kiwi flotando en la mezcla —Yo pensaba en algo más sobrio. Tal vez un conjunto elegante, pero discreto. Sin brillos.

—¿Discreto tú? No digas chorradas, Bill, eso va contra tus principios. Tú has nacido para llamar la atención.

—Joder…

Seguimos hablando de qué profes irían, si la comida sería decente o tan asquerosa como la del año pasado, y si el chico del piano que nos gustaba seguía en el grupo. De pronto, mi móvil vibra sobre la mesa.

Lo miro. Es mamá.

Adrianne frunce los labios. —Uy… Simone. ¿Vas a contestar?

Asiento despacio y tomo aire. —Sí, mejor de una vez…

Pulso para aceptar la llamada y acerco el móvil al oído, notando cómo el corazón se me encoge un poco.

—Hola, mami…

—Bill, ¿dónde estás?— escucho la voz de mi madre, algo agitada.

—Estoy con Adrianne, en el centro comercial… ¿por?

—Ay, hijo, por favor, ven a casa cuanto antes. Tenemos que coger un vuelo en unas horas, no quiero que nos retrasemos.

Frunzo el ceño, confundido. —¿Vuelo? ¿Qué vuelo?

—A Los Ángeles— responde, emocionada, como si fuera una sorpresa maravillosa —¡Tu tío Tom se…!

Y juro que dejé de escuchar su voz.

En cuanto oigo esas palabras, el corazón se me paraliza. La emoción de oír «Los Ángeles» se estrella de lleno contra la realidad de lo que acaba de decir. Me quedo en silencio, con los labios entreabiertos y el móvil temblando ligeramente en la mano. Cuelgo, todavía en shock.

—¿Qué ha pasado? Mira cómo se te ha puesto la cara de repente— dice Adrianne, acercando la pajita a sus labios para dar otro sorbo a su cóctel. No le contesto. Siento una presión horrible en el pecho, como si de pronto el aire se hubiera vuelto demasiado espeso.

Ella, que me conoce mejor que nadie, lo nota al instante. Deja el vaso despacio sobre la mesa, traga lo último que quedaba y frunce el ceño, sin apartar la vista de mí.

—¿Bill?— me llama, con esa voz dulce pero cargada de inquietud —¿Qué ha pasado, mani? No me asustes…

Una exhalación pesada se me escapa de los labios, como si necesitara reunir valor solo para decirlo. Miro la mesa, luego a Adrianne, y finalmente dejo caer las palabras que me queman por dentro.

—Tom…— susurro —Tom va a casarse…

Continúa…

Gracias por la visita, no te vayas sin comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Treat me 1»

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