TUMBLR Fic de Space_witch_111
Entrada #35
Ya bastante pequeño se sentía al estar en casas que habían cruzado por una vida ya. Se había sentido inmaduro quedándose a dormir en la enorme casa de su hermana y también cuando había estado en casa de Andreas; con Tom, estar en su primera casa, donde vivía con Heidi, había sido desgarrador, y cuando el mayor compro una para ambos, y además más grande, la incomodidad le había envuelto en su totalidad al principio.
La casa de los Trumper, los padres Trumper, no era muy diferente: tenía una fachada azul celeste y era de dos pisos, como toda jodida casa en la zona, contaba con un jardín delantero y tenía un detallado camino de piedrecillas blancas a la entrada, un rompe-vientos se presumía en la parte superior del techo y logró divisar un atrapa-sueños en la esquina del porche.
Tom le tomaba de la mano mientras que Bill veía cómo Andreas y Kristin se adelantaban por el camino blanco, vio al rubio tocar la puerta y sintió que la sangre bajaba de su sistema cuando Tom le obligó a caminar a la entrada al mismo tiempo que ésta se abría.
«Simone es genial, ya verás» le susurró Andreas cuando los vio posarse a su lado y Krist, por su parte, hizo una mueca de cortar su cabeza cuando ninguno de los chicos estaba viendo.
A Bill le divirtió, pero le aterró más.
Cuando volvió su vista miel a la puerta, divisó a un hombre de unos sesenta años, sonreía, pero parecía estar viendo más a sus hijo y a su amigo que a él y la esposa de Andreas.
Tom se acercó para abrazarlo, teniendo que soltar la mano de Bill, y ahí fue cuando el tatuado pensó que correr lejos no era mala idea, pero claro que no lo hizo.
«¡Simone, ya llegaron los niños!» Vociferó el hombre, después de abrazar a Andreas.
Después desvío su vieja mirada a Kristin, sonriéndole con paternidad antes de acercarse y depositarle un beso en la mejilla, el padre se giró por último a ver a Bill y entonces cualquier mueca que pudiera tomarse en cuenta como una sonrisa desapareció.
«¿Y tú eres…?
«Ahora les explico, adentro, a ambos» intervino Tom, logrando que Bill volviera a respirar con normalidad.
El hombre sonrió y se limitó a darle el paso a los chicos y a sus parejas, sin saber exactamente que Bill era una.
Tom tomó al muchacho por el hombro, dándole un leve apretón al adentrarse al living.
Una mujer castaña y de rostro amable se levantó del sofá, venía vestida totalmente de negro, parecía rebasar los cincuenta y soltó un gritito de alegría cuando se acercó a abrazar a Andreas.
«¿Cómo están mis niños?» Exclamó con una voz jodidamente dulce, después abrazó a Tom, arrebatándolo vilmente de su agarre con Bill «¿Cómo te fue en el juicio? Oh, tan linda que era Heidi, no puedo imaginar una mujer mejor que ella, seguro es una maravilla entonces ¿La trajiste? ¿Y qué días vas a ver a Leni?» Bill tuvo que desviar la mirada, encontrando solo refugio en los acogedores ojos de Kristy, ella le sonrió con confianza, siendo abrazada por Andreas de la cintura, y casi con la misma sonrisa, pareció gritarle a Bill que corriera lejos, y lo más pronto que pudiera.
La mujer se separó de Tom y se volvió primero a Krist, quitando bastante amabilidad de su rostro.
«Kristin, pero mira nada más ese cabello, ¿Lo pintaste? Porque si es así…
«No, Simone, no lo pinté, así es, así se hizo y así me gusta, y así le gusta a Andreas también, antes de cualquier cosa» el tatuado oprimió una carcajada, viendo a Kristy sonreír con amable falsedad, mientras tomaba del brazo a Andy «Pero un gusto vernos.
«Sí, un gusto» gruñó la castaña y después, al igual que su esposo, se giró a ver a Bill.
«¿Y éste?» Tom hizo una mueca, aguantando soltar el aire.
«Bueno…
«¿Dónde está tu novia? ¿Es su hermano? ¿Trabajador? ¿Tu pareja tiene una empresa?
Oh Tom…
«Mamá, mamá, no» el artista tomó las manos de su madre, alejándolas de su rostro.
Bill podía sentir que el señor Trumper seguía comiéndose la escena con la mirada, como preparándose para soltar un misil.
Tal vez Kristy tenía razón, era mejor salir corriendo.
Volteo a verla, anotando que tanto ella como Andreas se habían sentado en el sofá marrón que había en la sala y luego vio a Tom sentar a su madre en el sofá contiguo.
El señor Trumper se separó de su lugar en la pared, yéndose a sentar al lado de su mujer, viendo con suspicacia al tatuado.
El de trenzas suspiró, y cuando tomó del brazo a Bill para acercarlo, el menor quiso desmayarse.
«Mamá, Bill no es ningún trabajador, y sí tiene una hermana, pero ella está casada…
«¿Te metiste con una mujer casada? ¿Ella ya se divorció?» Simone se levantó de su asiento de un brinco, haciendo que su hijo mayor volviera a sentarla.
«No mamá, no me metí con ninguna mujer casada, la hermana de Bill no es mi pareja…» Un suspiro salió de sus labios, enderezándose para apretar el agarre con el pelinegro «Bill es mi pareja.
El silencio pareció soltar una granada en la sala de los Trumper, haciendo pensar a Bill que ese silencio sería el principio de uno muy largo bajo tierra; vio al padre de Tom apretar los labios, y a la madre seguir viéndolos con los ojos abiertos a la par.
Simone se inclinó hacia adelante y en vez de decir algo jodidamente molesto, soltó una carcajada, una abierta, y maldita, carcajada.
«¡Oh Tom, casi nos matas de un susto!» Rio, mas era la única riendo «¿Tú? ¿Salir con un chico? Por favor, no nos quieras ver la cara» su risa comenzó a apagarse cuando vio que ninguno de los chicos se reía, así como tampoco la estúpida esposa de Andreas ni aquel curioso muchachito. «¿No estás jugando?
«No mamá, Bill y yo estamos saliendo, soy gay.
«¡¿Dejaste a Heidi por un hombre?!» Tom dio un salto ante la aguda voz de su madre, vio a su padre Jörg levantarse, sabiendo que nada saldría bien ahora.
«¡Déjate de estupideces y ve lo que estás haciendo! ¿Cuántos años tienes, mocoso?» Se dirigió con una voz totalmente intimidante a Bill, el tatuado balbuceó unos segundos:
«Veinti… Ab… Veinti-veinticuatro» logró formular, sintiéndose sordo cuando la mujer soltó otro grito estridente.
«¡¿Un muchacho?!» Masculló, levantándose del sofá para propiciar una sonora bofetada a la mejilla de su hijo. «¡Un chico! ¡Y mucho menor que tú! ¿Qué tienes en la cabeza?
«Mamá…
«¡Quiero que te dejes de estupideces ahora mismo y vayas a disculparte con Heidi, Tom!» Intervino Jörg, haciendo temblar al techo.
Bill mordió su labio con fuerza, de nuevo estaba sintiéndose una mierda ahí.
«¡No voy a ir a ningún lado!» Explotó el artista, el muchacho, por su parte, sintió un agarre en su hombro, se volvió, solo para ver a Kristy indicándole que se sentara y viendo a Andreas levantarse del sofá.
«Va a pasar, tranquilo, no eres una mierda» murmuró la mujer, sonriéndole a Bill mientras lo tomaba por el hombro, parecía haber leído la mente del castaño.
«¡¿Sí estas no son estupideces Tom, entonces qué son?!» Gritó el señor Trumper, evadiendo el agarre que había hecho Andreasl para calmarlo.
«¡Es mi pareja porque me enamoré de él! ¡Bill es una gran persona, me apoyó y Heidi solo me hacía sentir atrapado todos los días!
«¡¿Y tu hija?! ¿Cómo vas a permitir que mi nieta comparta tiempo con este…!
«¡Ni se te ocurra seguir mamá! ¡Bill es un gran chico, y no importa que mi hija…!
«¡Esto es patético! ¡No eres un niño ya, Tom!
Kristin tuvo que abrazar a Bill cuando le vio los ojos llorosos, le ocultó la cabeza en su cuello y sintió que su pecho se rompía cuando el muchacho solo le abrazó con fuerza, mordiéndose los labios hasta casi hacerlos sangrar.
«Billy… Tienes que hablar» susurró la mujer, tratando de ignorar todo el escándalo que se hacía en la sala de sus suegros.
«Me odian, me odian mucho» gimoteó el menor, separándose para ver a Kristin.
Ella soltó un suspiro, limpiando las lágrimas del tatuado, igual nadie parecía tomarles atención.
«A mí también me odian» sonrió «Simone odia todo lo que pueda valerse por sí mismo, es una controladora; y Heidi era una hipócrita con ella, hacía lo que ella dijera, siempre, y yo no, así que no te sientas mal si te odia.
«Pero al menos tú eres una chica.
«¿Y qué? No por ser un hombre vas a dar menos amor; mírate ahora, estás llorando y eres un chico. Eso no tiene nada qué ver Bill, igual si te hubieran aceptado ahora, te hubieran odiado después, son unos controladores, y tú no ibas a hacer lo que ellos dijeran si quieres hacer feliz a Tom ¿O sí?» Bill negó, sonriendo levemente «¿Lo ves? Solo te están odiando por adelantado; ahora ve y di lo que piensas, te aseguro que solo harás que Tom te ame más.
«¿Tú crees?
«Ese ñoño ama llevar la contraria, es todo un revolucionario» el pelinegro volvió a sonreír, limpiando sus lágrimas una vez más para luego separase de Kristy.
Aclaró su garganta, levantándose del sofá.
«¡… Un irresponsable y lo único que piensas es en divertirte! ¡Tienes 36 años Tom, ya no puedes divertirte!
«¿Y quién dice que no?» Tanto los señores Trumper como los chicos mismos tuvieron que callarse cuando oyeron aquella voz rasposa.
Tom embozó una sonrisa al instante, Andreas le siguió a los segundos, y Bill tuvo que volver a aclarar su garganta.
«¿Quién dice que crecer es sinónimo de convertirse en un aburrido? ¿Y quién mierdas dijo que amar a alguien de tu mismo sexo es irresponsable?
«Mira tú, mocoso…
«Señora, le pido permiso para hablar» Simone frunció su boca, hecha furia «Tom no me tomó hace dos semanas, llevamos meses de relación, y yo quiero a su niña, Leni es alguien muy importante para mí, y me siento terrible de saber que no podrá caminar jamás; miren, yo amo a su hijo, y él me ama a mí… Quiero creer» el moreno soltó una risita «La edad nunca ha sido barrera, y sí, me lleva doce años, pero he conocido gente que se lleva más, así que, con todo respeto, pero ya soy mayor de edad y tengo una carrera casi terminada, por lo cual la edad es solo una excusa» esta vez Andreas rio «Y si aun así les molesta que estemos juntos… Bueno, sonará grosero, pero la verdad no me interesa, no voy a dejar a Tom por eso. ¿Podemos irnos ya, cariño?» Esperó que alguno de los padres dijera algo, pero solo vio a su novio acercarse y besarle los labios para después tomarlo de la cintura, sonriéndole a sus padres.
«Bueno, yo creo que dejamos la comida para otro día ¿No creen? Adiós familia» murmuró burlesco, para después salir de aquella casa, dejando a sus padres boquiabiertos.
Juntos caminaron hasta el auto del artista, y antes de que Tom pudiera abrir la puerta, Bill lo detuvo.
«¿Dije demasiado?» El mayor soltó una risita, negando con la cabeza para luego besarle los labios.
«Dijiste todo lo que quería escuchar.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a comentar y a seguir con la lectura.