Una especie de magia 1

Notas: Creí que íbamos a hablar de ello antes de que hagas algo tan serio como la transición
Lo que le dio “inspiración” a la autora fue este dibujo 😉

Fic TWC de Fyredancer. Traducido por Kasomicu

Parte 1

—¿Cuál es el artículo de viaje más importante para ustedes al pasar tanto tiempo fuera de casa?

—Condones —intervino Tom, antes de que el resto pudiera dar su opinión—. Siempre condones, a donde quiera que vaya. Muchos de ellos.

Bill rodó los ojos ya que la cámara estableció una toma amplia que lo incluía. —Yo iba a decir Tom —dijo, y agitó una mano expresiva—. Pero creo que mi respuesta es asegurarme de tener una gran bolsa con todo lo que necesito.

—Mi laptop —interrumpió Georg, inclinándose hacia adelante a pesar de que todos tenían su micrófono, de esa forma no había algún gemelo para luchar por el honor—. Así puedo hablar por Skype con mi novia.

La entrevistadora soltó un arrullo, y se volteó expectante hacia Gustav, mientras que el baterista fornido se cruzaba de brazos y miraba hacia media distancia. Podría haber estado contemplando la pregunta o estando de acuerdo con todos.

—Mis compañeros de banda —dijo Gustav, completamente serio—. Todo lo demás es algo que podría comprar. Palillos, un teléfono, artículos de uso personal.

La entrevistadora asintió y pasó a la siguiente pregunta. —En términos de citas, ¿cuál dirían que es su estilo de relación? —preguntó, abanicando una gran tarjeta de apuntes blanca y mirando expectante hacia los gemelos—. A largo plazo, en busca de amor–

—En busca de amor, definitivamente —repitió Bill—. Soy un romántico, no quiero a alguien solo por una noche, eso es muy triste para mí…

Tom interrumpió. —Mi estilo es más breve, más… ¿cómo se dice? Como, tirar y desechar. —Sus manos se levantaron y se movieron en su asiento un par de veces, como para simular el acto.

Bill hizo una mueca de disgusto.

La entrevistadora abrió los ojos como platos y se giró hacia Georg.

—Actualmente estoy saliendo con alguien, así que…

La entrevista progresaba de manera típica, sin sorpresas –ellos vetados a las preguntas, siempre, un procedimiento estándar para las entrevistas de Tokio Hotel, aun cuando estaban en la transmisión en vivo. No hubo nuevas respuestas, no hubo nuevas preguntas, los camarógrafos movían las cámaras en diferentes ángulos –que sería transmitido en un programa de televisión de música, así como los clips seleccionados al aire en Tokio Hotel TV. Cuando la entrevista concluyó, todos se dieron la mano con la bonita y pequeña morena entrevistadora, y se presentaron a un lado de la amplia sala de conferencias abierta donde un gripo de fans de ojos brillantes esperaba el meet & greet que se había acordado.

El plan inicial había sido solo una entrevista, con un selecto grupo de fans invitados como una “audiencia”, pero se había transformado ya que hicieron una improvisada sesión de firmas de autógrafos para las chicas que habían estado esperando tanto tiempo, algunas desde ayer. Los jóvenes tomaban marcadores de sus bolsillos y se dirigieron a la línea de niñas temblorosas y llorosas.

Tom levantó sus pantalones y se encaminó hacia las damas, haciendo girar un marcador azul gordo como un palillo. Hubo una rubia decolorada con el pelo planchado y una intensa expresión en su rostro, empujándose entre sus compañeras para enfrentarse cara a cara con él, y él le ofreció una pequeña sonrisa mientras levantaba su pluma.

—Eres un cerdo —le dijo la rubia.

Tom se quedó boquiabierto mientras las chicas a su alrededor se quedaron sin aliento.

—¿Qué me dijiste? —espetó Tom, mirando a su alrededor por cualquier asistente personal desventurado que había dejado estas chicas pasar sin prepararlas para que sepan cómo deben actuar en el meet & greet.

—Ya me has oído —desafió la chica y cambió a un tono decepcionado—. ¿Tirarlas y desecharlas, en serio?

Tom se encogió de hombros y evitó sus ojos. Estaba bastante seguro de que era casi tan lascivo como sonaba, era una frase que había cogido de una película y la había estado portando para soltarla a la primera entrevista que pudiera. Esperaba que el karma tuviera en consideración que él no tenía mujeres, o algo parecido o en cualquier aspecto… ya no más.

—¿Puedo firmar algo para ti? —ofreció, elevando su marcador y decidido a retomar el curso de la situación.

—¿Qué tal tu número de teléfono? —respondió la chica—. Para mí… para alguien. Prueba que puedes llegar a conocer a una chica, hablar con ella, antes de que avance la relación…

Tom movió las cejas. —No es exactamente la conversación que estoy buscando con las señoritas, si sabes a lo que me refiero. —Eso era cierto. Esperaba fangirleo. Gritos. Cámaras empujando a su rostro. Esperando que compraran en lugar de descargar ilegalmente.

Los hombros de la rubia cayeron y ella lo fulminó con la mirada, como si él la hubiera ofendido personalmente.

—Aquí —dijo Tom, levantando su marcador para firmar el CD que alzaba la chica a su lado.

Una mano salió disparada para agarrar su muñeca. Tom se encontró a sí mismo mirando hacia la rubia, cuyos ojos quemaron en los suyos.

—Te acordarás de esto —dijo. Sus dedos estaban helados contra la piel caliente de Tom, dejando rastro, una sensación de hormigueo—. Márcalo bien.

Tom frunció el ceño hacia ella, pero uno de los de seguridad ya estaba entrometiéndose entre ellos, empujándola hacia atrás y apuntando con firmeza hacia la salida. La rubia se fue sin mirar atrás, y Tom se dio una breve sacudida, garabateando su firma de memoria en los pedazos de papel que le ofrecían, posters de revistas, obras de arte, y más que fue empujado hacia a él por una multitud de chicas que se cerraron en torno suyo como una ola.

El resto de la sesión se desarrolló sin incidentes. Tom no podía quitarse de encima la sensación de incomodidad, incluso cuando fueron transportados de la entrevista al aeropuerto, pero se dejó llevar en el camino, siguiendo con su apretada agenda.

Le dejó un mal sabor de boca, pero, ¿qué podía hacer?

&

Tom se despertó de golpe a la mañana siguiente, aspirando una gran bocanada de aire y recuperándose de un sueño en el que estaba siendo asfixiado por un par de almohadas gigantes. Desde el aeropuerto hasta el coche, del coche a la casa, de la casa a pasear a los perros hasta que todos los bebés peludos estaban a punto de desmayarse junto con Tom, la tarde y la noche había sido una cadena sin fin de seguir, seguir, seguir hasta que él se derrumbó en la cama. El reloj junto a la cama decía 11:30 y él frunció el ceño. Por lo general no se despertaba hasta la tarde.

Junto a él, estaba Bill chasqueando los labios en su sueño y murmurando algo sobre jubblies. Tom suspiró, rodando hacia su lado de la cama, y un par de suaves promontorios zangoloteadores se dieron a conocer.

—Uhh. —Tom se dejó caer sobre su espalda y se quedó mirando su frente.

Un par de cumbres modestas pero bien formadas redondeaban la sábana acostada sobre él.

Tom arrancó tímidamente la sábana. Había ido a la cama nada más que con sus bóxers, como de costumbre, pero no borracho. ¿Cómo Bill podía haber robado y hecho una broma con un sujetador de peluche? Además, no se sentía…

Sus ojos se abrieron. Lo sentía. Eso no era un sujetador. Era…

Tom arrancó la sábana de su frente y gritó. Un delicado, de niña, y de ninguna forma masculino, grito.

—Tom, ¿qué demonios…? —comenzó Bill, despertando con un sobresalto y apoyándose en un codo. Estaba despeinado, con el pelo oscuro en todas partes, restos de barba de tres días por encima de su labio superior y barbilla, mientras entrecerraba los ojos encima de Tom—. Wow. Uh. Mierda.

—¡Mierda ni siquiera alcanza a cubrirlo! —gritó Tom, ahuecando las manos inexplicablemente más delicadas en torno a ese par de hermosas aldabas bien formadas, de la talla que no había tocado en años—. Qué carajos. ¡¿Qué carajos?!

Bill se empujó a sí mismo en una posición más erguida, los ojos de color ámbar marrón un poco más alerta. —Creí que íbamos a hablar de ello antes de que hagas algo tan serio como la transición —dijo, agachándose para acariciar a uno de los perros mientras ella se movió y gimió suavemente.

—¡Soy una chica! —le gritó Tom, sentándose y empujando los pechos hacia Bill, que los miró con más avidez de la que había considerado de los cientos de miles de bastidores fangirl que había visto en su día.

—Eso veo —respondió Bill, sin dejar de mirar. Extendió una mano hacia el pecho de Tom y Tom le dio una palmada en la mano—. ¡Oye! No seas tacaño. Lo tuyo es mío…

—Seh, pero esto sucedió durante la noche —señaló Tom, mirando su frente y viendo los otros cambios. Más elegante, más curvas en las caderas, pechos suaves obviamente, una cintura estrecha… los bóxers que estaban bajo sus caderas de repente parecían como una barrera impenetrable. Los cambios probablemente se extendieron hasta el fondo, lo que significaba…

—Tal vez fuiste maldecido —ofreció Bill, interrumpiendo el carril de pensamientos de Tom.

—¡¿Eso piensas?! —gritó Tom, saltando de la cama. Los pechos desnudos zangoloteando y Tom los palmeó con un gemido. Los pezones se endurecieron bajo sus pulgares y Tom miraba absorto hacia abajo en la novedad de sus pechos, concordando con el hecho de que él era ‘ella’, esperando fuera una condición temporal, pero por ahora, innegable.

Algo zumbaba entre las piernas de Tom.

—¿Tomi? —dijo Bill, sonando terriblemente joven e incierto—. Esto no es un sueño, ¿verdad?

Suspiró y trató de averiguar si es que estaba excitado o tenía que ir al baño. —No, Bill —respondió Tom, mirando por encima del hombro a Bill, despatarrado sobre las sábanas con un pliegue tapando en su ingle baja.

El hormigueo entre sus piernas se intensificó. Ella decidió que estaba excitada, pero tenía que salir corriendo al baño de todas formas.

—¡Tom! —gritó Bill con tristeza—. ¡Será mejor que no vayas explorándote sin mí!

—Bien —murmuró Tom—. Porque hay oro en esas colinas. —Se quedó mirando en el espejo de cuerpo entero y asumió una sonrisa especulativa.

—¿Qué quieres que haga? —Bill quería saber.

—Pon a Jost en el teléfono —respondió Tom, y puso una mano en la cinturilla de sus bóxers. Después de un segundo de reflexión, se inclinó y activó la cerradura de la puerta del baño.

Veinte minutos más tarde, Tom se había instalado en una silla en su amplia y luminosa cocina, tomando café, aferrada a su teléfono en un agarre de muerte, tratando de aceptar los cambios que habían sucedido, de hecho, “de principio a fin”. Recordó, con batiente rabia, el momento en que la fangirl había cerrado su mano alrededor de su muñeca y cómo le había prometido que Tom recordaría el encuentro.

—Alguien necesita encontrar a esa chica que me llamó cerdo —le dijo Tom a su manager, hablando en medio del silencio insensible del otro extremo luego de la rápida perorata de lo sucedido.

—Lo siento —dijo Jost, por tercera o quinta vez—. ¿Dices que te has convertido en una chica?

Tom dejó la taza sobre la mesa de golpe, derramando café en todas partes. —Eres un inútil —acusó.

—Sabes —Jost empezó en un bajo tono ominoso—, ¿cuán seguido ustedes me han hecho bromas en estos años? Esta ni siquiera es una buena.

Tom dejó salir un corto pero enojado grito. Alejó el teléfono de su oído, haciendo caso omiso a las molestas preguntas de Jost, buscó en la configuración del dispositivo móvil, se sacó su camiseta y tomó una foto. Bill miró todo el procedimiento con fascinación.

—¿Crees que estoy fingiendo? —gritó Tom al receptor—. ¡Echa un maldito vistazo, entonces!

Después de un momento de silencio, Tom levantó el teléfono a la altura de su oreja a tiempo para escuchar el leve sonido de asfixia.

—Es una muy buena photoshopeada, y admiro tu compromiso con la mentira, sin embargo…

—¡No estoy mintiendo! —Tom echaba humo, sopesando el lanzar su teléfono al otro lado de la habitación.

El teléfono fue arranchado de su mano y Bill habló por ella. —Comprueba las propiedades de la foto, adelante —desafió Bill—. Tom tomó esa foto hace un momento y esos pechos son 100% no photoshopeados… los he visto personalmente. No. Sí. . Ah, jódete.

Después de un momento, Bill le pasó el teléfono otra vez.

—Qué demonios —dijo Jost al oído de Tom.

—Dímelo a mí —dijo Tom, elevando sus cejas—. Mira, necesito que encuentres a esa chica de ayer. La rubia que seguridad echó fuera. Es en serio, Jost, y cancela todo lo que se supone que teníamos que hacer hoy. No voy a hacer apariciones públicas hasta que esta situación esté arreglada.

Jost se quejó más sobre ello que sobre la increíble transformación de Tom.

&

El ritmo no era bueno. Incluso usando hoodies de gran tamaño, camisetas doble XL no escondía las curvas frontales –en todo caso, la ropa que había sido cómodamente holgada antes, ahora estaba inundada por la esbelta figura de Tom, marcadamente más curvilínea. Jugando con los perros no podía quemar mucha energía, y sentarse a ver películas o jugar juegos que habían permanecido sin ver, y sin jugar durante mucho tiempo no tenían atractivo cuando prácticamente cada bocanada de aire hacia sus pechos agitarse, lo cual tenía resultados que severamente la distraían.

A ambos, porque Bill seguía revoloteando sus manos alrededor como si quisiera alcanzarlos y tocarlos, y Tom… Tom quería dejar que lo hiciese.

—No puedo hacer esto —declaró Tom por fin, cerrando su portátil por fin, después del quinto intento de buscar en Google maldiciones relacionadas con el género.

Bill la vio enojarse fuera de la sala con los ojos abiertos, un tanto anonadado. —Tomi, debemos conseguirte un sostén…

—¡No voy a ser mujer el tiempo suficiente como para necesitar uno! —juró Tom, dándose la vuelta, exasperando a su hermano mientras pisaba por la casa pateando cosas.

Era una maldición, pensó Tom, re-trazando lo que ya sabía. Las maldiciones podían romperse, levantarse o los requerimientos tenían que ser cumplidos, lo que sea que eso significase.

Tom había sido un cerdo, o eso era de lo que la chica lo había acusado –había actuado como un cerdo, más bien, porque esa muchacha no conocía a Tom. Ninguno de los fans lo conocía, no importaba lo mucho que profesaban amarlo y cuidar de su bienestar y absorber cada detalle de sus vidas que se filtra en Bild o cosillas de entrevistas que caen como migas de pan. Por actuar como un cerdo, Tom se había convertido en una chica. Con el fin de ser hombre, ella tendría que…

En ese momento Tom se quedó en blanco. Tendría que hacer algo. Ella no podía no hacer nada y esperar a que se vaya, invierta, vuelva a su estado natural. Se mordió el labio, pateó un aparador y se aplastó el dedo del pie, y maldijo.

Se encontró en la sala de música y miró a su alrededor a la fila familiar de guitarras, teniendo los olores que significaban la paz y la alegría, la melancolía y la sobremarcha. Cerró los ojos un instante y asintió para sí misma. A través de todo, lo mejor y lo peor, Tom y Bill tenían la música. Parecía muy apropiado para calmar sus nervios con un poco de su Gibson.

—Si yo tuviera una aventura con alguien, la tendría contigo —le dijo Tom a su guitarra favorita, caminando hasta ella y sosteniéndola con manos seguras. El cuello se sintió sutilmente diferente en sus dedos y ella frunció el ceño.

Fue solo cuando se colgó la correa de la guitarra por encima del hombro que el impacto fundamental de los cambios en su cuerpo vinieron a ella en un enfoque nítido.

—No —gimió Tom, lloriqueando cuando la correa la pellizcó su teta izquierda. Trató de cambiarlo y se mordió el labio cuando la guitarra chocó dolorosamente contra su cadera. Ella comenzó a ajustar la correa y el stock la golpeó en la cabeza—. ¡Joder! No, no, no… —Se sentó y envolvió sus brazos alrededor de su amada Gibson y comenzó a respirar profundamente.

Los senos aún estaban allí.

La respiración de Tom creció alto y rápido. Comenzó a sentirse mareada.

—Esto no está pasando, esto no está pasando —se dijo.

Tom se levantó para tomar a su guitarra de nuevo, su respiración empujando alto y rápido. —Joder, joder… —Ella se estaba volviendo loca, no podía evitarlo. Probablemente se iba a desmayar luego, y nunca superaría la ignominia del desmayo.

Unos brazos la rodearon por la cintura desde atrás y Tom se puso rígida por una fracción de segundo, no se sorprendió tanto a sabiendas de que Bill estaba allí. Un mentón afilado se clavó en su hombro.

—Respira —instruyó Bill, y aspiró profundamente, como para demostrar.

Tom abrió la boca para replicar o maldecir, no estaba segura cuál, y absorbió una gran cantidad de aire. No las cortas exhalaciones de hiperventilación, sino un aliento real, y siguió su camino mientras Bill la apretaba y soltaba una respiración suave y regular en su oído. Tom empezó a asentir con la cabeza y se recostó contra Bill.

—No puedo tocar la guitarra —confesó, acentuándolo con un resoplido miserable—. Aprieta, y todo está mal, y yo traté de ajustar la correa, pero incluso mis dedos se sienten diferentes… yo, yo…

—Ven —dijo Bill, volteando a Tom en sus brazos y agarrándola por los hombros. Pasó sus finos y delgados dedos por el brazo de Tom, haciendo que se le erizase la piel por su toque, y tomó la mano de Tom.

Tom siguió a Bill a través de la habitación y Bill la sentó sobre la banqueta del piano, pensando que Bill solo lo hacía para que descansara un momento mientras recuperaba el aliento. Cuando Bill dobló la cubierta del teclado, Tom lo miró.

—Yo… —Empezó, mirando hacia abajo en su parte delante que se movían en un suave meneo mientras formulaba sus protestas.

—Tú puedes tocar el piano —completó Bill por ella, sus ojos marrones en calma, expectantes.

Tom se estremeció y miró el obsequio traidor por debajo de su camiseta. Asintió con la cabeza, se mordió el labio y llevó las manos a las teclas de marfil blanco y azabache puestas delante de ella. Bill estaba a su lado, sus muslos, sus codos, los hombros tocándose, y Tom asintió para sí misma. Esta era familiar, era la misma.

Extendió los dedos sobre las teclas y los presionó para dar forma al primer acorde.

Bill canturreó junto a ella, entrelazando su voz con la melodía mientras Tom dejaba que se envolviera a su alrededor.

En cualquier momento, Tom esperaba la voz baja de Bill para fortalecer la canción, pero él no lo hizo a partir de la introducción de Tom. Dejó a Tom jugar con el curso de la canción, canturreando a su ritmo, y chocando sus hombros con ella mientras Tom concluía la canción y pasaba sus dedos sobre el teclado con una floritura.

—Mejor —concedió Tom, mirando hacia su pecho de nuevo. La prueba de que transformación todavía estaba allí. Aún había alguna forma de penitencia que debería pagar.

—Todo va a estar bien —dijo Bill—. Ella lo hizo para enseñarte una lección, ¿sabes?

—Sí, ahora debemos averiguar sobre qué —respondió Tom, malhumorada.

&

Tom abrió los ojos en ranuras delgadas, agobiados cargados de sueño. Parpadeó un par de veces, dudosa sobre regresar a la consciencia. Una mirada baja rápida comprobó que sí, los adornos todavía estaban allí.

Una parte suya, supersticiosa e insensata, había pensado que si ella tomaba una siesta en el sofá, se despertaría de vuelta a la normalidad. Habría querido cerrar los ojos y hacer que todo desapareciera.

Tom suspiró y pasó una mano por su camiseta. Pasado lo inesperado, la negación y la hiperventilación, estaba llegando a un estado de comodidad y calentura, la calma dentro del círculo del brazo de Bill que cubría su estómago. Cuando todo estaba bien en su mundo, cuando el tiempo se detuvo para ellos, ellos se tenían a sí mismos. Siempre se tenían. Era la configuración predeterminada, lo normal y lo que necesitaban, el quererse el uno al otro.

Tom acarició pasando su estómago liso y emplumando sus dedos más allá de sus costillas. Ahuecó un pecho en su mano y sus ojos revolotearon mientras su pulgar rozaba la delicada pieza de su pezón, haciendo que se endurezca a la vez. Se mordió el labio con fuerza para evitar que el sonido se escapase.

Bill murmuró cerca de la parte posterior de su cuello, el brazo en constricción por un momento. Él se movió contra Tom, chocando contra su trasero.

Tom estaba bastante seguro de que no era la cadera huesuda rozándole el trasero.

—¿Estás duro? —dijo Tom, incrédulo—. ¿Esto te excita? —Sintiéndose culpable sacó su mano de su seno. Ella había estado explorándose sin Bill.

—¡No! —protestó Bill, amortiguado contra las trenzas que cubrían la parte posterior del cuello de Tom y sobre un hombro. —No… tu situación, pero. Tú sabes. Tú me excitas, no puedo evitarlo, Tomi. Eres tan suave y hueles tan bien y te sientes rico y estamos cálidos y cómodos… —Pasó la lengua por la parte posterior del cuello de Tom, y una mano se movió inevitable como la marea a acariciar el estómago de Tom para abarcar más de las costillas antes de agarrar un pecho respingón.

—Ahh —suspiró Tom, arqueando la espalda. El movimiento hizo que presionara su trasero contra la erección de Bill y ambos hicieron un ruido de placer.

Bill agarró su pecho más firmemente y rodó el pezón bajo su pulgar. Un gemido salió de Tom, uno más profundo de lo esperado, casi masculino, y ella se retorció contra Bill –tan bien como se sintió el tocarse a sí misma, eso se había sentido mil veces mejor. Ella apretó los muslos juntos y el hormigueo en su ingle se intensificó. Tom quería deslizar una mano por entre sus bóxers, pero no se atrevió.

—Yo quiero —murmuró Bill en su oreja—. Quiero todo lo que seas, Tom. Esto también. ¿Tú no?

—Uhmn —respondió Tom, poniendo los ojos en blanco mientras Bill se frotaba contra ella lentamente desde atrás. La presión caliente del pene de Bill contra su hendidura no era desconocida; ellos intercambiaban de roles de vez en cuando, aunque Tom prefería estar arriba por mucho. La novedad de la sensación entre sus piernas era diferente, excitante y aterrador por turnos, y si no fuera por los brazos de Bill alrededor suyo, el olor de Bill, y el calor creando un capullo de familiaridad, Tom podría haber tenido un ataque de ansiedad severo ahora.

—¿Cómo lo sientes, Tomi? —le dijo Bill al oído. La besó en el cuello y pasó su lengua a lo largo de un tendón.

—Ohh —gimió Tom, empujando hacia atrás contra Bill. La sensación entre sus piernas agrupada, multiplicada, un placer como nunca había sentido. Si ella tuviera un pene, estaría erecto; si ella fuera hombre, estaría cerca al orgasmo. Y sin embargo, apenas habían comenzado—. Como te deseo… ¡ahh!

Bill había deslizado su pierna entre las suyas y él estaba frotando su muslo entre sus piernas, trazando la tela tirante sobre su entrepierna y de instigar la presión que iba construyendo una sensación de magnificencia, floreciendo a través de su vientre. Ella puso una mano ahí abajo, por fin, apretándose a través de los bóxers.

—Déjame —dijo Bill, y le besó el cuello de nuevo mientras le masajeaba el pecho.

Tom inclinó la cabeza hacia un lado, los ojos relampagueando en desafío. —Cómeme. —Ella con voz ronca, en voz baja, incapaz de hacerse sonar enojada en lugar de excitada.

—Voy a hacer eso, también —le aseguró Bill, y bajó la cabeza para tomar su boca.

Tom soltó un “mmph” dentro del beso, no protestando a pesar de que fue tomada con la guardia baja por la noción de Bill ahí abajo, con su lengua ágil lamiendo todo lo que podía alcanzar. Ella gimió mientras Bill tentaba una línea de fuego que estremecía su labio inferior, mordisqueó para entrar y empujó en su boca. Ella suspiró mientras Bill le acariciaba el estómago y se enrolló alrededor suyo. Esto era familiar, reconfortante. Sexy. Extendió una mano hacia arriba y atrás para arrastrar su boca de forma más segura a la de ella cuando parecía que podría alejarse, dar su distancia.

Ella no quería tiempo para pensar; solo lo quería a él.

Mientras se besaban, la mano de Bill le dio otro apretón cariñoso a su pecho antes de arrastrarse hacia más debajo de su ombligo, jugando con el borde de sus pantaloncillos. Tom gruñó y puso una mano sobre los dedos de Bill, para detenerlo rápidamente antes de que empujara hacia abajo.

Bill rompió el beso y acarició el costado de su boca. —¿No quieres que lo haga? —le preguntó en tono esperanzador, no obstante.

—Nng —respondió Tom. Ella entrelazó sus dedos y empujó sus manos unidas hacia abajo dentro de sus pantalones.

Bill dejó salir un lento respiro, abanicándose contra su cuello mientras sus dedos empujaron más abajo, acariciando el cabello grueso. Tom se estremeció, distrayéndose en un instante fugaz de vergüenza; Bill siempre se había afeitado para ella, pero ella ni siquiera se lo había recortado en semanas. Se hizo a un lado por el reconocimiento de que a Bill realmente no le importaba, él estaba concentrado en Tom; y el torrente de excitación se apresuró en su vientre, extendiéndose hasta afuera, haciendo incluso que sus pezones se tensaran, mientras dedos rozaban ese nudo sensible de carne.

—Ohh —gimió Tom, incoherente. Empujó la mano de Bill, animándolo a ir a donde ella no se atrevía a ir. La falta de pene era chocante, algo que no estaba preparada para confrontar, pero las sensaciones que Bill estaba suscitando en su cuerpo fueron suficientes para compensar eso, mantenerla distraída al menos.

—No habías dicho antes —susurró Bill contra su cuello, aflojando los dedos hacia abajo, arremolinándolos alrededor, explorando—. Que si fueras una chica por un día, ¿sin duda intentarías tener sexo? —Él se amoldó a su cuerpo, presionando su dureza contra su trasero mientras tentaba con un dedo entre el pliegue de carne y descubría esa protuberancia oculta.

Tom gritó, arqueando sus caderas. Bill dispersó pequeños besos en la parte de atrás de su cuello mientras movía sus caderas, manejando contra ella lentamente, a un ritmo exasperante. —S-sí —vaciló Tom, arrugando el ceño mientras se concentraba en la sensación embriagadora que iba construyendo el éxtasis. Era diferente pero bueno, tan… —¡Oh, Dios, no pares!

Bill negó con la cabeza, el pelo haciéndole cosquillas en la parte posterior de su cuello. —No voy a parar hasta estar dentro tuyo.

—Nnn —protestó Tom, sin saber si era en realidad una protesta o algún tipo de acuerdo.

—¿Me dejarás, no? —sugirió Bill, aflojando la pierna que tenía entre sus muslos—. ¿En quién más confiarías tanto?

Tom cerró los ojos, con la respiración acelerándosele. Ella dio unas leves inclinaciones de cabeza y se mordió el labio mientras Bill le besó la parte de atrás de su cuello otra vez, lamiendo, los dientes mordiendo levemente no lo suficiente como para dejar una marca pero sí para hacerle saber que Bill estaba ahí y que se sentía posesivo.

—¿Quieres que te haga sexo oral? —murmuró Bill a su oído.

Tom soltó un sonido poco digno, parte chillido, parte gemido, al pensar en los labios y la lengua con talento de Bill ahí abajo. Apenas podía manejar las sesiones de felación extendidas como un hombre, y no tenía idea de lo increíble que irían las cosas con esto, el cuerpo de una chica sensible a punto de estrenar. —Yo… ok —dijo, después de una lenta exhalación. Iba a venirse pronto, ella decía que ya, pero sería bueno porque era Bill. Todo lo que hacían era bueno, aunque hubiera contratiempos que les hizo reír por un momento y que vuelvan a intentarlo. Con temor, añadió:—Ve despacio.

Bill frotó la pierna entre las de ella de nuevo y sacó su mano de sus bóxers. Sus dedos brillaban, avisando ya de la humedad, y mirarlos hizo gemir a Tom y enterrar la cara en el cojín del sofá.

—Oye —murmuró Bill, acariciando su mandíbula—. Somos tú y yo. Solo nosotros. —Él mordisqueó su mandíbula hasta que ella levantó la mirada, luego puso sus dedos en su boca, chupándolos y alzando una ceja cuando sus ojos se abrieron como platos.

Tom cooperó mientras Bill cambiaba su posición, apoyando su espalda en el sofá y posándose sobre ella por un momento, su hermoso rostro inescrutable mientras él la miraba. Sonrió, con una expresión suave y propietaria, antes de inclinarse para rozar sus narices juntas para luego plantarle un beso en la boca.

—Sabes bien —susurró, inclinándose. Besó su barbilla, el hueco de su garganta y una mano se trasladó a su pecho, tirando de la camiseta que estaba atrapada bajo su cuerpo—. Vamos a deshacernos de esto, ¿ok?

Asintiendo, Tom arqueó la espalda para que la despojaran de la camiseta por la cabeza y por el movimiento varió el ángulo de sus caderas, empujando su ingle contra la de Bill. Ella gimió, sorprendida por lo bien que se sentía, intensificándose por el gemido de Bill en respuesta mientras empujaba contra ella.

—Joder —pronunció Tom.

Con un fuerte asentimiento, Bill sumergió su pelvis, dejando que su peso lo llevara contra la carne sensible de Tom.

—Ohh —gimió Tom, haciendo una pausa para tirar la camiseta que estaba sobre su cabeza—. Ohh, Bill…

Con manos impacientes, Bill la ayudaba a quitar la camiseta que estaba sobre su torso. Se apoyó encima de Tom con una sola mano y la miró con ojos brillantes. Siguió haciéndolo hasta que las mejillas de Tom comenzaron a arder, pero no podía apartar la mirada. Se movió y agarró la mano que Bill había dejado descansar en lo alto de sus costillas, guiándola hacia su pecho.

Con la lengua emergiendo contra sus labios, Bill sostuvo la mirada de Tom mientras apretaba su pecho, tocando un pequeño pezón endurecido y haciendo revolotear los ojos de Tom.

—Eres tan sensible —halagó Bill, arrastrando su pulgar hacia atrás y adelante sobre su pezón, haciéndola arquearse, causando que una sensación se estancase en su vientre.

—Es todo tan nuevo —dijo Tom, e hizo un sonidito de protesta cuando Bill comenzó a alejarse.

Sin embargo, no fue muy lejos. Se inclinó sobre ella y tomó el pezón con boca, arrastrando su lengua alrededor y chocándolo con su piercing con pequeños toques rápidos y repetitivos. Con su mano libre le daba masajes a su otro seno.

Bill jugó con sus pechos con sus labios y lengua hasta que Tom estaba temblando, abriendo sus piernas alrededor del peso de Bill y aullando por más. Al final se movió hacia abajo, prodigando besos con la boca abierta, desde el esternón hasta su vientre, y lamió el camino desde su ombligo hasta justo encima del triángulo de vello en la cúspide de sus muslos.

—¿De verdad vas a…? —comenzó Tom, incrédula, sabiendo que Bill nunca había… no con una mujer de todos modos. La visión de la oscura cabeza de Bill suspendida sobre su ingle, le llevó al hecho de que Tom siempre había tomado las primeras veces de Bill, y aquí iba otra. Consciente de sí mismo, Tom se preguntó si la ducha que había tomado hace unas horas tenía un intervalo demasiado grande. Levantó una mano para detenerlo, para pedir tiempo fuera, en caso de que necesitase tomar otra ducha rápida, para refrescarse—. Bill…

Bajando la cabeza, Bill pasó la lengua dentro de la parte superior de los pliegues entre las piernas de Tom y arremolinó su lengua, trabajando en y alrededor, empujando contra algo, una y otra vez, que hacía a Tom gritar y estremecer sus piernas alrededor de los hombros flacos de Bill. Bill le sonrió, se lamió los labios, y puso sus manos sobre sus caderas. Se adentró de nuevo, lamiendo con su lengua, de arriba abajo del pliegue, y rodeando con la punta de su lengua alrededor de esa parte que hacía que el éxtasis de Tom floreciera mil veces, tragándose cualquier protesta o vacilación.

Balbuceaba ásperamente palabras cariñosas medianamente profanas, Tom luchaba para empujar sus caderas hacia arriba, contra la cara de Bill mientras él la lamía, metía la lengua dentro y fuera de ella, y cerraba los labios alrededor de la pequeña carne sensible. Chupó y chupó, y Tom gritó, retorciéndose en su vano intento de empujar hacia arriba. Algo se estaba construyendo, no muy diferente del clímax que sentía cuando era hombre, pero este era distinto, flotaba al borde de la percepción de Tom al mismo tiempo ella podía decir que era como una ola que coronaba, a punto de llevársela.

Bill ladeó su lengua, chocando su piercing de la lengua contra su clítoris una vez, dos, mientras chupaba. Tom gimió y se agarró de las orejas.

—Más fuerte —le rogó, al no reconocer su propia voz ronca.

Bill asintió, metiendo su nariz contra la carne húmeda que había lamido anteriormente, empujando la bolita del piercing contra su clítoris con cada estocada. La cavó dentro, moviendo su lengua rápidamente y con fuerza contra la protuberancia sensible.

Tom gimió y envolvió sus piernas sobre los hombros de Bill y su espalda, aplastando su cara contra ella, convulsionando mientras era sacudida por un temblor luego del estremecimiento de placer chispeante. A pesar de todo, Bill sobaba su lengua contra los suaves pliegues, lamiendo contra el pequeño brote caliente del clítoris y provocando nuevas y más potentes oleadas de éxtasis. Las piernas de Tom apretaban sin evitarlo alrededor de Bill, y ella yacía temblando bajo él, mientras él trabajaba sobre su carne hinchada con los labios y la lengua hasta que por fin ella intentó apartarse, contorsionándose.

—Ahh… ahh. —Tom trató de darle forma a las palabras para dejarle en claro a su gemelo lo bien que lo había hecho sentir.

Tom jadeó, mirando hacia abajo entre sus piernas con los ojos soñolientos, casi solo párpados. Bill estaba levantando su rostro de la ingle con una expresión absorta, sus labios enrojecidos, llenos y húmedos. Tom le acarició las orejas y los lados de la cara, sorprendido de que Bill pudiera lucir tan orgásmico con solo hacerla correr.

—¿Bueno? —Bill quería saber.

—Nnnh —murmuró Tom, tratando de apretar sus muslos mientras el postorgasmo la invadía. Sobre todo porque cuando ella envolvió las piernas alrededor del cuello de Bill, tembló.

Bill puso una sonrisa de un millón de dólares. —¿Quieres pasar esto arriba? —preguntó, acariciando con sus dedos a lo largo de una de sus caderas, frotando el pulgar en el arco del hueso de la cadera que todavía era visible, aunque con algo más de carne.

—No creo que pueda caminar —dijo Tom, todavía aturdido por la fuerza de su primer orgasmo femenino. No era… más, decidió. Parecía que involucraba más que solo su ingle; que había sido un epicentro radiante de placer que aún se estremecía en su vientre, pechos, latiendo a través de su cuerpo e incluso irradiando hacia sus piernas y teniéndolas como fideos, haciendo resistente la cojera.

Bill le lanzó una especie de seductora y perversa mirada. —Puedo cargarte —decidió.

Tom chilló, trató de luchar y rodar fuera del sofá, pero Bill solo ignoró sus protestas, despojando sus sudores el resto del camino, y la levantó en sus brazos nervudos. Era delgado, pero inesperadamente fuerte, al menos en comparación al régimen de pesas en banca de Tom. Ella en particular no se había acostumbrado a pensar en Bill como un soporte. Algunos perros se arrastraron con interés por la casa, solo para quejarse en desesperación cuando Bill cerró la puerta tras de él, manteniéndolos fuera, en la sala.

—Bill… espera, Bill —declaró Tom, aferrándose al cuello de Bill y luchando el sentido del ridículo. Estaba siendo cargada estilo nupcial sobre el umbral, pero la unión que estaban a punto de hacer ciertamente no sería aceptada por ninguna iglesia o matrimonio civil.

Bill empujó su cabeza contra la de ella, con los ojos oscurecidos. —¿No quieres? —interrogó en tono preocupado.

—No, no es eso —se defendió Tom. Ella se quedó sin aliento cuando Bill dejó caer a ambos en la cama, retorciéndose en su posición junto a ella. Era tener fuerza de voluntad para no agarrar las sábanas desordenadas y tirar sobre ellas sobre su cuerpo desnudo. Le gustaba los pechos, sin duda gozaba tocándolos y que Bill los agarrara y lamiera también, pero estaba en una categoría especial erróneamente porque los senos estaban unidos a Tom, quien hablaba de senos pero nunca de poseerlos.

Bill puso un brazo sobre su cintura, alineando sus cuerpos cerca sin llegar a tocarse. Él todavía estaba en su camiseta sin manga y pantalones de deportivos, los pies descalzos, cabello oscuro carente de cualquier tipo de producto y flecos alrededor de su cara.

—Te amo, Tomi —dijo seriamente—. Yo no voy a hacer nada que no quieras, nada que haga sentir incómoda.

Tom se retorció. —No es eso… yo quiero —confesó y apretó las piernas juntas—. Todavía no estoy lista.

El rostro de Bill se iluminó. —¡Oh! —Él acortó el espacio entre ellos y dejó un beso en su nariz, ubicado a su lado, hizo un caminito hacia sus labios para besarla en la boca—. Pensé que las chicas tenían un tiempo de recuperación más rápido.

Tom soltó un bufido. —Sí, pero no, tú sabes, instantáneo —contestó. Enganchó una pierna por encima de la cadera de Bill, considerándolo. Ella todavía estaba húmeda, y relativamente relajada; probablemente se sentiría muy bien si Bill entraba en ella ahora.

La risa de Bill resopló cálidamente sobre su boca. —Nosotros no tenemos que, ya sabes, de inmediato —dijo. Empujó su boca contra la de Tom, no besándola del todo pero poniéndola al alcance del beso.

Tom asintió, acercando sus bocas juntas en un movimiento. —Yo quiero —dijo, aflojando su pierna sobre el lado de Bill, acariciando su culo con su pantorrilla—. Pero tú estás muy vestido.

Continúa…

Gracias por leer.

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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