Una Ultima Promesa 17

17 // Asma

El largo pasillo del hospital estaba casi desierto en ese momento, la mayor parte de las personas que habían estado esperando durante la tarde, ya habían vuelto a casa hacía mucho, dejando el lugar sumido en un silencio casi sepulcral.

Me sentía ansioso y  más nervioso de lo que jamás en mi vida había estado, volteando la mirada una y otra vez hacia la habitación donde sabía que estaba mí hermano Tom, sin que hasta ese momento, ningún médico o enfermera hubiera salido para darme informes sobre su avance.

Toma esto, te vendrá bien para los nervios. —Escuché una voz familiar frente a mí, que me obligó a levantar la vista rápidamente para encontrarme a Khris frente a mí, con un vaso en las manos.

Distraído acepté con un ligero asentimiento, aún cuando estaba seguro de que siquiera podría pasar un simple trago de agua gracias al enorme nudo en mi garganta, no tenía el valor suficiente como para rechazar aquel gesto tan generoso.

La encargada dijo que es el mejor té de hiervas relajante que tiene. Te hace falta. —agregó de manera cordial, casi fría, denotando una clara diferencia con el tono simpático en que acostumbraba hablar conmigo. 

Era extraño ver a Khris actuando de forma tan distante y seria aunque no perdiera la cordialidad. Tal parecía que éramos dos desconocidos, lo cual —por supuesto—, no era de extrañarse después del enfrentamiento que habíamos protagonizado en mi oficina la tarde anterior por su impertinencia.

De ninguna manera me sentía culpable por enfadarme con él, tenía todo el derecho de hacerlo, Khris se había equivocado de forma monumental conmigo, pero aún con ello, era incómodo tratar con ese “Khris” tan diferente e inexpresivo, que lograba confundirme y molestarme por su actitud, pero que a la vez, me hacía sentir agradecido por haber sido el único de la editorial, dispuesto a ayudarme al recibir la sorpresiva llamada de Gustav avisando que Tom estaba en una ambulancia camino al hospital.

Era difícil entender como alguien —después de lo que habíamos pasado él y yo—, tuviera aún un tanto de gentileza como para preocuparse por lo que me sucedía. Al final, si Khris había cometido un error o no, seguía demostrándome que podía confiar en él, aún cuando me tratara de forma tan distante interponiendo un enorme muro entre nosotros.

Gracias Khris… —murmuré intentando sonreírle, aunque apenas y logré curvar mis labios un poco— Ummm… —Discretamente desvié la mirada hacia la silla de al lado que permanecía vacía, invitándolo sutilmente a tomar asiento para hablar un poco, no me importaba que fuera acerca de lo que había sucedido la tarde anterior, me daba lo mismo el tema, lo único que quería era entretener mis pensamientos en otra cosa que no fuera lo desesperante de la larga espera. 

Khris me miró por unos segundos y permaneció en su sitio sin moverse, recargado contra la pared con los brazos cruzados sobre el pecho, mirándome fijamente sin decir ni una sola palabra, rechazando claramente mi invitación para hacerme compañía. Un tanto decepcionado saqué mi teléfono móvil para no tener que seguir sosteniendo su mirada gélida, sintiéndome terriblemente incómodo de repente, con unas inmensas ganas de pedirle disculpas por lo que había ocurrido, para ver si de aquella forma al menos, podía traer de vuelta al Khris dulce y amigable que tanta falta me hacía en aquellos momentos de incertidumbre.

Pronto tendrás noticias, no debes desesperar. —Escuché que habló de nuevo, apenas lo suficientemente alto como para que alcanzara a oírlo. ¿Acaso estaba tratando de confortarme aún con su enojo? Sí, creo que estaba intentando hacerlo y aunque no era exactamente la forma en que había esperado que lo hiciera, igual lo agradecía.

Los minutos parecen horas aquí, es… frustrante. —bufé cubriéndome el rostro con ambas manos. La cabeza amenazaba con comenzar a dolerme y mis manos temblaban ligeramente por el estrés de encontrarme ahí, en medio del pasillo semi desierto, sin tener noticias de cómo iba todo con Tom.

Sé que es frustrante, pero debes ser paciente —Se encogió de hombros suspirando—, además, las malas noticias siempre vuelan, si algo sucediera, ya estarías enterado ahora mismo.

Khris tenía razón, las malas noticias eran las primeras en llegar, así que si me mantenían esperando, era porque podía esperar un buen pronóstico, aunque eso no significara que todo aquello dejara de ser terriblemente agotador y estresante.

Cansado eché la cabeza hacia atrás sobre el respaldo de la silla, sintiendo un molesto dolor en el cuello gracias al estrés, haciendo que deseara más que nunca, uno de aquellos improvisados masajes que Khris solía hacerme jugueteando cuando me notaba tenso o enojado.

¡Hey, Bill! 

El escuchar mi nombre me obligó a abrir los ojos de inmediato mirando hacia el otro lado del pasillo. Quien me llamaba era Georg, que venía apresurado hacia donde nos encontrábamos, haciéndome lanzar un suspiro de alivio al verlo llegar por fin después de llamarlo desconsolado.

¡Georg, por Dios! —Corrí a sus brazos como un niño pequeño perdido en un mundo de adultos que no comprendía del todo y que le atemorizaba.

Ya estoy aquí, tranquilo —me recibió entre sus brazos con fuerza, palmeando mi espalda de forma dulce y acompasada para tranquilizarme—. Vine lo más rápido que pude en cuanto llamaste.

Gracias. —murmuré sin soltarlo, notando lo reconfortante que era estar entre sus brazos, sintiéndome protegido aún cuando los ojos de repente se me habían humedecido, como si el que Georg se encontrara ahí, me quitara un peso de encima de los hombros, desatando el cúmulo de emociones que desde hacía rato llevaba reprimiendo para no ponerme a llorar frente a Khris y todo el personal del hospital.

¿Y Tom, está bien? —preguntó de inmediato en cuanto nos separamos, tomando mi rostro para que lo mirara fijamente.

No lo sé, aún espero noticias, nadie ha podido decirme nada. Estoy muriendo de la angustia, Georg…

Me lo imagino. —De nueva cuenta hundí mi rostro entre su pecho abrazándolo con fuerza.

Entre el silencio, escuché claramente como Khris aclaraba la garganta para recordarme que seguía ahí esperando, aún cuando estaba un poco alejado de nosotros.

Oh, lo siento —Me alejé de Georg torpemente, enjuagándome con el antebrazo las pocas lágrimas que habían logrado salir de mis ojos—. Lo siento… Georg, él es Khris, Khris, Georg, mi mejor amigo.

Ambos se saludaron apenas con un asentimiento leve desde lejos, Georg un poco confundido por la presurosa presentación y Khris, claramente incómodo por la escena.

Bueno, creo que debería irme ya… —Se apresuró a decir, acercándome por fin a nosotros, metiendo las manos en los bolsillos de los pantalones como todo un chico rudo.

Khris, no tienes porque irte…

No quería dejarte solo, pero ya que llegó tu… amigo, es mejor que me vaya. Debo volver a la editorial de cualquier forma.

Claro, entiendo…

Llama si necesitas algo ¿De acuerdo? Si tan sólo lo pides, estaré aquí en menos de 10 minutos. —Puso su mano sobre mi hombro con camaradería.

¡Gracias Khris, en serio, muchas gracias! —Sin pensármelo dos veces, me eché a sus brazos notando como se quedaba quieto por unos segundos sin saber cómo responder a aquello, para después, devolver el gesto lentamente, terminando por envolverme entre sus brazos.

Espero que tu hermano se recupere pronto.—musitó en mi oído antes de alejarse de mí aprisa.

Como si le fuera imposible quedarse un poco más, Khris salió corriendo de ahí sin siquiera mirar atrás, confundido por mi comportamiento al abrazarlo tan efusivamente después de lo que había pasado entre nosotros. Entendía su desconcierto, aunque me había sido inevitable el agradecerle. En verdad me sentía en deuda con él por lo que había hecho aquella tarde y no tenía otra forma de demostrárselo. Lo quería, aún con todo lo sucedido y estaba seguro de que cuando las cosas se arreglaran con Tom, él y yo hablaríamos seriamente de lo ocurrido.

Con un tanto de nostalgia me quedé mirando como desaparecía a lo largo del pasillo hasta que cruzó las puertas de salida.

¿Es un amigo? —preguntó Georg sacándome de golpe de mis pensamientos al sentarnos de nuevo en la sala de espera casi vacía.

Sí, eso creo… —respondí apenas dándole un primer trago a la infusión que Khris me había llevado.

Seguramente Georg no tenía idea de cómo apreciaba la forma en que sabía cuando era un buen momento para interrogarme y cuando simplemente debía dejarlo pasar. En aquel momento me sentí más que agradecido por su silencio, aunque tenía en cuenta que un día me cuestionaría acerca de Khris, pero en ese momento, tan sólo se reservaría a aceptar mi respuesta escueta sin presionar demasiado para que hablara. 

¿Y qué sucedió? ¿Cómo supiste lo de Tom? —cambió el tema radicalmente para terminar con el silencio que cayó de pronto entre nosotros con la partida de Khris.

Gustav, el chico que trabaja con él en la tienda de música logró llamarme después de examinar su teléfono. Por suerte grabé mi número ahí hace un par de semanas mientras él tomaba una ducha, algo dentro de mí sabía que Tom quizás habría de necesitar mi número en algún momento, sólo que no pensé que sería justo para esto… —suspiré dejando a un lado el vaso de té— Ese chico estaba realmente asustado, dijo que Tom estuvo de maravilla toda la mañana y de la nada comenzó a tener un ataque de asma. No llevaba consigo el inhalador. Gustav no sabía qué hacer, lo único que se le ocurrió fue llamar a una ambulancia.

Es una suerte que lo haya hecho.

Por un momento nos quedamos en silencio de nuevo, quizás Georg esperaba escuchar más detalles de lo sucedido, el problema era que no sabía más allá de eso, de la misma forma en que no sabía muchas cosas acerca de Tom.

¿Y sólo ocurrió de repente? ¿No notaste algo extraño antes de esto?

No, no había nada extraño. —respondí de inmediato un tanto ofendido por la pregunta que cuestionaba la atención que le prestaba a mi hermano.

La mirada profunda de Georg me hizo retroceder un poco, me conocía y sabía a la perfección la accidentada relación que Tom y yo manteníamos, pero sobre todo, estaba al tanto de las constantes peleas que nos tenían más que distanciados.

Tom enfermó hace unos días de gripe, pero era todo, no pensé que aún tuviera ese tipo de ataques, creí que había mejorado desde entonces… quizás no, quiero decir, jamás volví a preguntar del tema, debí saberlo… —De nuevo ahí iban las lágrimas cargadas de culpa. Me sentía el peor hermano del mundo, aunque no sabía si el estar al tanto de la enfermedad de Tom me hubiera convertido en uno mejor,  después de todo Tom siquiera me dejaba estar cerca, mucho menos iba a permitir que cuidara de él, seguramente sería la última persona en el planeta tierra en quien hubiese puesto su confianza.

Vamos Bill, no puedes culparte por algo como eso, aunque lo hubieses sabido, tampoco habrías podido hacer mucho ¿No lo crees?

¿Pero y si algo más hubiera sucedido Georg? Si lo perdiera, yo… —Me eché a sus brazos de nuevo. Georg tenía razón, siquiera sabiendo que aún tenía aquel tipo de ataques, hubiera podido predecir el momento exacto en que sucedería otro de aquellos horribles episodios, pero no podía dejar de sentirme culpable por demostrar tan poco interés por mi hermano.

La simple idea de imaginar que podía perder a Tom, me aterrorizaba. Jamás en toda mi vida había sentido un temor tan profundo y el pensar que ese panorama ahora era mucho más factible, me hacía sentir terriblemente angustiado.

No quiero perderlo, Georg. —Musité aferrándome aún con más fuerza a mi mejor amigo, experimentando la peor de las sensaciones de vacío que jamás se había estacionado en mi pecho.

No vas a perderlo, Bill, todo estará bien.

¡Kaulitz!

Una voz cruzó el pasillo con rapidez robándome la respiración por un segundo. De inmediato alcé la vista encontrándome a una rubia enfermera buscando al propietario de aquel nombre. Sin pensarlo dos veces, me levanté llamando su atención.

Ve, yo esperaré aquí, suerte. —Me apresuró Georg para que me acercara lo antes posible.

Lo primero en lo que puse atención, fue en la expresión de aquella enfermera. Un suspiro salió de mis labios al notar que parecía relajada, incluso un tanto sonriente al ver que me acercaba, lo que me indicaba que las cosas no podían estar yendo tan mal ahí adentro, de lo contrario, lo único que me hubiera recibido sería un semblante sombrío indicador de muy  malas noticias.

Ya puedes a ver a tu hermano, ahora se encuentra estable, pero de cualquier forma sólo podrás estar con él por unos minutos, necesita descansar. —Sonrió comprensiva, guiándome hasta la puerta con el No.40 donde sabía que Tom estaba.

Sí…—Accedí un tanto nervioso.

El médico no tardará en venir, mientras  tanto puedes estar con él. Será mejor que no se esfuerce por hablar y que evite quitarse la mascarilla de oxigeno ¿De acuerdo?

De acuerdo. —asentí como autómata, estaba bien todo lo que decía, incluso si no podía hablar con él me parecía perfecto, lo único que yo quería era ver que estaba bien.

Suerte, cariño. —Abrió la puerta dejándome entrar por fin, cerrando suavemente detrás de mí.

Lo primero que vi al entrar, fue a Tom tumbado sobre la cama con los ojos cerrados. No podía saber si estaba descansando un poco o sí dormía, pero al menos se le veía bien, si es que ese adjetivo era posible de usar con alguien que llevaba una mascarilla de oxigeno sobre el rostro y un montón de cables pegados al pecho monitoreando sus signos vitales.

Con cuidado me acerqué a la cama intentando no hacer ruido por si estaba dormido, pero de inmediato vi como abrió los ojos lentamente al notar mi presencia.

Tom —susurré parándome a su lado, tomando su mano con cuidado, como si cualquier cosa que hiciera pudiera lastimarlo—. ¿Cómo estás?

Tom se encogió de hombros desinteresado, parecía que aún se mantenía sin intenciones de hablarme— ¿Cómo te sientes? —insistí, sintiendo claramente como retiraba su mano debajo de mis dedos para que dejara de tocarlo, denotando  lo mucho que le incomodaba nuestro contacto.

¿Cómo te imaginas? —se dignó por fin a responder con una voz ronca que era opacada por la mascarilla de oxígeno.

Lo siento. —agaché la mirada avergonzado por mi pregunta estúpida.

Tenía razón ¿Cómo iba a sentirse si estaba en un hospital, metido en una cama incómoda y con una mascarilla de oxigeno pegada al rostro? Era obvio que había tenido mejores momentos que ese.

Aún con la hostilidad punzante de su parte, me atreví a sentarme a la orilla de la cama —recargándome apenas—, notando como su mirada se clavaba en mí de forma feroz por el atrevimiento, pero sin que dijera nada para evitarlo.

¿Cómo supiste dónde estaba? —gruño de mala gana quitándose la mascarilla del rostro para cuestionarme de forma clara y mordaz.

Gustav, el chico que trabaja contigo en la tienda me llamó muy asustado…—comencé a explicar, temeroso sobre lo que debía o no decir al respecto, lo último que quería era hacerlo enfadar más.

Él se asusta de todo, es como un ratón cobarde. —Espetó malhumorado, tosiendo un poco antes de devolver la mascarilla de oxigeno a su rostro.

Dijo que fue un ataque de asma y no llevabas tu inhalador en ese momento… —Me atreví a mencionarlo con un tono suave para que no sonara como un regaño, aunque en el fondo tenía un poco de ello; no estaba en la mejor posición para reprenderlo, pero quedaba bastante claro que el no llevar su inhalador, había sido una idea muy estúpida y arriesgada— No sabía que aún tenías esos ataques de asma, pensé que después de tanto tiempo ya habrían desaparecido… No lo sé.

Tom se encogió de hombros desviando la mirada una vez más hacia la ventana, desde donde ya se alcanzaba a ver claramente el atardecer cayendo sobre la ciudad, con sus rojos y naranjas manchando las nubes afuera.

Solía sucederte cuando niños, se supone que lo trataron hace mucho ¿Cierto?, ¿No desapareció?

No es algo que te extirpen y ya, Bill, es mucho más complicado que eso. —Volvió a quitarse la mascarilla de oxígeno para responder notablemente cansado.

Si tan sólo me lo hubieras dicho…

Si te lo hubiera dicho, ¿Qué? ¿Qué habría hecho el maravilloso Bill Kaulitz?, ¿Salvarme? —rio suavemente con sarcasmo, logrando que eso le provocara un poco más de tos— Ya lo creo.

No, por supuesto que no, pero… quizá habría prestado un poco más de atención, no lo sé Tom.

Claro, imagino que sí “hermanito” —Se colocó de nuevo el oxigeno dirigiendo la mirada a otra cosa que no fuera yo, como si el sólo verme le molestara.

Al menos me habría podido cerciorar de que no olvidaras tú inhalador —agregué un tanto molesto por su actitud desinteresada, restándole importancia al asunto— ¿Por qué no lo llevabas contigo, Tom? Sabes lo importante que es.

Hace mucho no lo necesito ¿De acuerdo? ¡No lo llevo conmigo porque es inútil que lo haga! —gruñó molesto, asesinándome con la mirada una vez más.

Pues ahora lo necesitabas, no hubiera sido inútil si tan sólo lo llevaras contigo. —reproché sin creer lo testarudo que Tom era a veces, siempre queriendo tener la razón, aún cuando claramente no la tenía por ningún lado. Era como un niño pequeño que no aceptaba sus responsabilidades.

¿Qué vas a saber tú de esto, Bill? No sabes nada de mí, así que, si sólo viniste a sermonearme por no llevar un maldito inhalador en el bolsillo, ya puedes irte, no necesito que nadie venga a joderme con una estupidez como esa. ¿Ya te cercioraste de que sigo vivo? Bien, pues ya puedes irte, muchas gracias.

Tom, ¡Por Dios! No vine a sermonearte, sólo me preocupas… —respondí herido por su tono mal intencionado.

Pues entonces quédate callado mientras el médico vuelve, no quiero escucharte parlotear sin sentido alguno, necesito descansar y no estás ayudando en lo absoluto.

Un poco más de tos acompañó a su hosca petición, antes de que volviera a ponerse la mascarilla de oxigeno dejándome muy en claro que la conversación había terminado para él y no estaba dispuesto a escucharme un segundo más.

Resignado me levanté de la cama para hundirme en uno de los sillones que servían para las visitas dentro de la habitación, viendo como Tom cerraba los ojos una vez más, evitando así el mirarme, ya que al parecer para él no era su hermano —quien lo visitaba preocupado—, más bien, era sólo un intruso en su habitación de hospital.

El sonido de los monitores fue lo único que se escuchaba en la habitación, el silencio era tan incómodo, que incluso podía escuchar mi propia respiración ir y venir, poniéndome los nervios de punta.

Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza, aquella escena me recordaba exactamente a la última vez que Tom y yo habíamos estado en la misma situación, sólo que muchos años atrás, cuando aún éramos unos adolescentes. En aquella ocasión, tenía de igual forma un horrible sentimiento de culpa atorado en el pecho, pero las razones eran muy distintas; la gran diferencia radicaba en que Tom en aquella ocasión, no me miraba con tanto desprecio como ahora, por el contrario, incluso se podía ver una sonrisa inocente inundando su rostro detrás de la pequeña mascarilla de oxigeno.

Tom, me asustaste mucho —Corrí hacia la cama para tomar su mano con fuerza, mientras que él hacía algunos ademanes con la otra mano intentando fingir que no pasaba nada, que todo estaba bien, aún cuando incluso se le dificultaba el hablar—. Creo que fue una pésima idea huir así de casa, mamá y papá están muy enojados con nosotros.

Con cierta dificultad, Tom hizo a un lado el oxigeno con su pequeña manita, descubriéndose el rostro como para poder hablarme.

Perdóname Bill. —habló con voz débil, respirando con dificultad.

¿Porqué?

Si hubiera podido correr como tú, no habríamos perdido el autobús a casa de la abuela. —Agachó la mirada con pesar, sintiéndose realmente culpable.

No digas eso, de igual forma Papá y Mamá nos hubieran descubierto pronto… —Le sonreí golpeándolo suavemente en el hombro, intentando parecer fuerte ante él, aunque la verdad era que desde que había entrado a la habitación, los ojos me escocían por las ganas que tenía de soltarme a llorar por lo aliviado que me sentía al cerciorarme de que no había muerto, que seguía conmigo, aún después del gran susto a la entrada de la estación de autobuses, cuando se había desplomado de repente en medio del pasillo después de correr a mi lado por al menos 15 minutos, pretendiendo huir de nuestros padres al escuchar sus planes de separarnos al concluir los trámites del divorcio. 

No podía culparlo de nada, por el contrario, me sentía terriblemente mal de haberlo hecho hacer aquel esfuerzo sin pensar en las terribles consecuencias. Nadie mejor que yo conocía las limitaciones de Tom y el porqué estaba exento de las clases de gimnasia en el colegio, o nunca me pedía salir a jugar al patio trasero como todos los chicos del vecindario.. Mi hermano no era como los demás, o incluso como yo, él no podía correr grandes distancias, subir las escaleras a prisa, o hacer esfuerzos. Sus pulmones no eran tan fuertes como los míos y por ello siempre llevaba un inhalador en el bolsillo, el cuál yo me aseguraba de que usara siempre que comenzaba a agitarse y escuchaba como un discreto silbido acompañaba su respiración apresurada.

¿Mamá y Papá están enojados? —preguntó señalando hacia la puerta, donde sabía que nuestros padres estaban, ya que aún con la puerta medio cerrada, eran perceptibles sus voces discutiendo como lo hacían regularmente.

No mucho —mentí, sabiendo que no era el mejor momento para estresarlo por ello.

¿Qué es lo que dicen? —intentó incorporarse en la cama, tratando de escuchar mejor— Ve y me cuentas —me pidió interesado, señalándome la puerta para que me acercara a escuchar por él.

La verdad no quería hacerlo, temía que estuvieran hablando acerca de nosotros y de lo que merecíamos como castigo por nuestra tonta idea de huir de casa, pero Tom estaba pidiéndomelo y era lo menos que le debía después de lo sucedido en la estación de autobuses.

Sigilosamente me acerqué a la puerta sin hacer ruido, asomándome apenas por una minúscula rendija entre la puerta y la pared, dejándome ver a papá y mamá frente al pasillo, hablando de mala manera uno con el otro y manoteando de vez en cuando, sin importarles que hubiera algunas personas mirándolos desde lejos.

No y es mi última palabra Simone. No llevarás a Tom a Berlín contigo. —sentenció Papá molesto, señalando a mamá con el dedo índice como advertencia.

Jörg, se razonable, en Berlín hay muchas alternativas de tratamiento, existen mejores hospitales y médicos.

Tom está bien aquí, el tratamiento es experimental, sí, pero los médicos parecen ser muy optimistas con el pronóstico. No puedes simplemente llevarlo a otro lugar para comenzar de cero, sería una pérdida de tiempo; aún con esta recaída, Simone, Tom ha tenido una gran mejoría, no permitiré que lo arruines.

Por favor , no es arruinarlo, él podría estar mucho mejor conmigo en Berlín.

Estará bien conmigo también, ¿Acaso crees que no puedo hacerme cargo de él? ¿Es que eres la única capacitada para hacerlo?

No estoy diciendo eso, sólo que no sé por qué tenemos que separarlos, es tan injusto para ellos…

Y es justo eso lo que me preocupa. ¿No lo ves? Acaban de huir juntos, Simone. Tienen mil ideas cruzándoles en conjunto por esas cabecitas locas, ¿Crees que podrás controlarlos?  Juntos es difícil tenerlos tranquilos, dudo que puedas sola con ambos.

No estaré sola, lo sabes muy bien, Gordon podría ayudarme. —espetó Mamá logrando que mi Padre se quedara con la boca abierta por su descaro.

Claro, no creas que es difícil olvidar que tu amante estará contigo en Berlín.

Jörg… —suspiró Mamá pesadamente tratando de mantener la compostura— Por favor, no comencemos de nuevo con ese tema, lo hemos hablado suficientes veces.

¿No quieres volver a hablar de ello? ¿Te incomoda aceptar que la razón por la que se te ha metido en la cabeza el mudarte a Berlín, no es más que para estar con él? ¿Eso es lo que no quieres que diga? Pues lo siento, pero tengo que hacerlo. Sí, nuestro matrimonio se terminó por él, así que tengo derecho a decirlo cuantas veces me venga en gana.

¡Nuestro matrimonio ya no funcionaba mucho antes de que él apareciera en todo esto, tú lo sabes!

Pero todo lo que construimos terminó por desmoronarse por la fantasía de mudarte con él lejos de aquí.

 »Lo siento Simone, pero por más que lo quieras, no permitiré que construyas tu familia de ensueño lejos de aquí, a costa de lo que alguna vez tuvimos y mucho menos dejaré que lleves a los gemelos contigo.

¿Porqué eres tan egoísta? ¿Ese es el problema, que Gordon estará con nosotros y no tú? ¿Prefieres separar a tus hijos, sólo por no vernos felices lejos de ti?

No permitiré que interrumpas el tratamiento de Tom, sólo por tu necesidad de fingir que tienes la familia ideal en una nueva ciudad, con Gordon como segundo padre al mando. No llevarás a Tom  y es mi última palabra. —sentenció papá.

A veces no puedo creer lo malvado que puedes llegar a ser con tus hijos.

Y yo no puedo creer lo irresponsable que te has vuelto por pensar en tu propio beneficio, Simone.

Rápidamente me alejé de la puerta cuando mamá dio la vuelta hacia nuestra dirección, dejando a papá sólo una vez más.

¿Qué dijeron?, ¿Van a castigarnos? —preguntó Tom de inmediato, quitándose el oxigeno de nuevo, llamándome para que me acercara un poco más.

No, creo que sólo no podían ponerse de acuerdo sobre que cenaríamos cuando vuelvas a casa, es todo. Están impacientes por que te pongas mejor para llevarte con nosotros. —mentí nervioso, sonriéndole apenas, con ganas de contarle la verdad y soltarme a llorar por aquellas verdades tan dolorosas que había escuchado sin querer, cambiando por completo mi panorama de las cosas.

Quiero pizza para cuando vuelva, deberías decírselos para que dejen de discutir tanto, era tan sencillo como preguntar. —Tosió, provocando que respirara de nuevo con algo de dificultad.

Se los diré de inmediato, pero ponte eso de nuevo —pedí acomodándole el oxígeno con cuidado, temeroso de que volviera a darle un horrible ataque como el que había presenciado en la estación—. Ahora intenta dormir un poco, mientras más descanses, mejor vas a sentirte. —Subí la suave frasada que llevaba encima, hasta cubrirle el pecho por completo, asegurándome de que ni una pequeña ventisca de aire pudiera tocarlo.

Sube conmigo —Pidió haciéndose a un lado en la pequeña cama, dejando el espacio suficiente como para que me acomodara a su lado—. No puedo dormir solo aquí.

¿Y si mamá nos regaña? —pregunté inseguro.

No creo que mamá se enfade, ¡Sube! —Palmeó el espacio vacío que había hecho para mi, apurándome.

Sin poder negarme, me quité los zapatos y trepé a la cama, acomodándome a su lado para aferrarme a su brazo, cuidadoso de no mover ninguno de los cables que tenía pegados al pecho monitoreando sus signos vitales, ni de obstruir el oxigeno de su mascarilla.

Descansa, Tom. —susurré acomodando mi cabeza suavemente sobre su hombro, abrazándolo con fuerza y sin ganas de soltarlo nunca más, temblando ligeramente al recordar lo que Mamá y Papá habían hablado acerca de su decisión final de separarnos, temiendo que llegara el día en que lo hicieran de verdad.

¿Qué iba a hacer sin Tom, sin mi hermano gemelo? La simple idea de estar separado de él, hacía que mis ojos se llenaran de lágrimas al imaginar un solo día lejos. Me negaba a aceptar aquella decisión tan egoísta que mis padres estaban tomando, pero en el fondo, también deseaba que Tom se curara, que siguiera con su tratamiento para que por fin pudiera tener una vida normal, sin más de esos horribles ataques que solían atormentarlo como hasta entonces.

Por un buen rato fingí dormir sobre su hombro, hasta el momento en que escuché su respiración ser mucho más pausada de lo normal, anunciándome que por fin el cansancio lo había vencido, sumiéndolo en un profundo sueño.

Aunque nos separen, Tom, nunca voy a alejarme de tu lado, volveré por ti cuando termines el tratamiento, lo prometo. —dije por lo bajo con un par de lágrimas resbalándome por las mejillas, mientras me abrazaba con mucha más fuerza a él, sintiendo un vacío en el estómago por lo que estaba callando en ese momento y de lo cual Tom terminaría por enterarse tarde o temprano.

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