Una Ultima Promesa 7

7 // Ropa, pizza y direcciones inesperadas

¿Cómo era posible que un closet de aquellas dimensiones, pudiera llenarse tan rápido con el resto de mis cosas?

Esa tarde por fin había terminado de rellenar los espacios vacíos en la habitación de Ancel. Aquel guardarropa de esquina a esquina, me producía una agradable sensación de bienestar al verlo, era tan diferente al pequeño armario que poseía en el viejo apartamento, que el corazón me daba brincos de felicidad por el increíble cambio. Al fin tenía espacio suficiente para poner todas aquellas piezas de ropa que durante años había comprado, algunas incluso sin haber sido usadas, esperando el momento correcto para hacerlo.

Satisfecho, pasé mi mano sobre el arsenal de prendas una contra la otra, formando un ejercito de colores y texturas, que se diferenciaban claramente de la sección aburrida y formal que Ancel solía tener por guardarropa, dándole vida a ese espacio incomprendido que él había tenido semi-vacío por tanto tiempo.  

Resultaba increíble notar lo diferentes que éramos uno del otro con tan sólo mirar lo que usábamos a diario. Mientras que Ancel era extremadamente organizado y un tanto predecible usando colores monocromáticos y corbatas aburridas, yo era una explosión de extravagancia y rebeldía con cadenas, pinchos, brillantes y un sin fin de texturas diferentes. Ni en mil años alguien hubiera podido pensar que era una buena idea estar juntos, siendo dos personalidades tan opuestas, pero aún contra los presagios, ahí estábamos, funcionando perfectamente y siendo felices el uno con el otro. Nos complementábamos y eso era lo único que al final de cuentas importaba de todo ¿Cierto?

¿Bill?—La voz de Ancel desde el recibidor me hizo dar un salto, miré el reloj, apenas era medio día y se suponía que él volvería pasadas las 4, justo cuando planeaba que mi “pequeña mudanza” estuviera terminada.

Emocionado, corrí hacia la entrada dando pequeños saltos en mi camino, curioso por saber su reacción al decirle la idea que me había cruzado por la cabeza en cuanto a nosotros.

¡Ancel! —lo intercepté antes de que cruzara hacia la habitación, colgándome de su cuello como un koala y besándolo intempestivamente aún antes de que pudiera decir algo.

Confundido, respondió a mi efusivo saludo sin saber como reaccionar realmente, tomándome por la cintura para zafarse de forma sutil de mi entusiasta agarre.

Pensé que volverías más tarde, quería darte una sorpresa —golpeé la punta de su nariz como queja, notando lo confundido que se encontraba mirando todo alrededor, notando por fin las cajas de mudanza que estaban junto al sofá, en medio de la habitación.

¿Qué tipo de sorpresa? —preguntó temeroso soltándome por fin y entonces pude notar que su mente estaba trabajando a mil por hora para tratar de entender lo que estaba pasando y el porqué de la nada, su apartamento era invadido por cajas y valijas ajenas.  

¡Al fin dejé mi feo apartamento!—me volví a echar a sus brazos emocionado —¿No es maravilloso?

¿Que hiciste qué?—Exclamó sonriéndome nervioso y a la fuerza.

Dejé el horrible apartamento que conseguí, después de todo tenías razón, la distancia a la editorial era demasiada, mis vecinos insoportables y bueno, ahora que comencé la Universidad, será mejor vivir en un lugar mucho más cercano, así no tendré que llegar casi a media noche después de clases ¿No es genial? —besé sus labios sin recibir respuesta alguna de su parte. Ancel se había quedado como una estatua de hielo, con la mirada perdida y la boca medio abierta sin dar señales de que estuviera escuchándome realmente, un tanto asustado por todas las cosas que había terminado por mudar a su apartamento.

 —Bill, dejaste tu apartamento ¿y lo trajiste todo aquí? —volteó el rostro señalando mis cosas ocupando la estancia, como intrusas.

¿No te alegra? Por fin estaremos juntos todo el tiempo que quieras —traté de sonreírle, aunque su expresión confundida me asustaba un poco.

¡No, no me alegra en absoluto! —me empujó lo suficiente como para obligarme a quitar los brazos de su cuello y dar unos cuantos pasos hacia atrás —¿No pensaste en llamarme o preguntarme antes al menos? ¿En verdad pensaste que esta sería una increíble sorpresa? —gruñó aflojando de mala forma el nudo de su corbata gris, como si el apartamento de repente se hubiera hecho pequeño y necesitara mucho más aire para respirar.

Ancel, yo pensé…

No Bill, no puedes pensar en este tipo de casos, este es mi apartamento y jamás dije que estaría abierto para alguien más.

Pero paso casi todo el tiempo aquí cuando no estoy en la editorial o la universidad, durante el último mes apenas y dormí en mi horrible apartamento, además de que la mitad de mis cosas ya estaban aquí porque las he dejado sin querer… —balbuce atónito por su reacción. En mi cabeza la idea de mudarme junto con él como una sorpresa, había sonado muy bien, incluso increíble. Durante las últimas semanas, había imaginado un sin fin de reacciones de emoción y alegría por verme al fin viviendo a su lado, pero tal parecía que las cosas estaban resultando abismalmente diferentes a como estaban en mi cabeza; ni por un segundo me detuve a pensar que pasaría si no le agradaba la idea de vivir juntos, por estúpido que pareciera, había omitido la posibilidad de que Ancel no estuviera de acuerdo con mi locura y terminara por odiar mi abrupta decisión, así que,  ¿Qué seguía a eso? ¿Debía tomar mis cosas y salir corriendo de ahí a buscar un refugio cercano o simplemente ponerme a llorar en medio de la estancia decepcionado por su reacción?

Es increíble pasar tiempo contigo, en serio, pero necesito mi espacio, no puedes de la nada tomar tus cosas y mudarte al apartamento de alguien que ni siquiera te ha invitado a hacerlo ¡Es una locura, Bill!

Tú me dijiste un millón de veces que debía dejar ese lugar… ¿No lo hiciste?

Por supuesto que lo hice, ese apartamento era horrible y te quedaba a una eternidad de aquí, pero no me refería a que invadieras mi espacio personal de la nada, pensé que buscarías algo más cercano y bonito para ti ¡sólo para ti!  ¿Entiendes la diferencia?—tiró la corbata con fuerza sobre el sofá desabrochando los primeros tres botones de su camisa, con prisa y furia, como si el arrancarlos fuera el único consuelo para no aplastarme la cabeza por mis estúpidas ideas.

Claro que entendía la diferencia, después de su insensata explicación, comprendía que quizá, sólo quizá, yo había confundido sus señales con algo más. No lo culpaba por estar molesto, lo único que no entendía, era porque decía aquellas cosas tan duras. Sí, era un idiota, un inmaduro e ingenuo por mudarme de improvisto sin siquiera consultárselo antes, pero, una parte de mi había estado esperando que le hiciera al menos un poco  de ilusión el vivir juntos, como a mi.

Lección No. 1 aprendida : Pregunta antes de hacer cualquier estupidez que en tu cabeza suene como una gran idea, Bill… siempre pregunta.

Perdón —musité sin saber si era adecuado molestarme por lo idiota que estaba siendo conmigo, o simplemente tomar mis cosas y salir de ahí antes de seguir con esa locura, que claramente, no le había hecho ningún tipo de gracia. —No creí que fuera una idea tan estúpida… moverme aquí sonaba perfecto en mi cabeza, supongo que al final las cosas salieron un tanto diferentes —me disculpé incómodo.

No tenía idea de por donde debía comenzar a tomar mis cosas para salir corriendo, Georg hacía un buen rato que se había marchado después de llevarme y dudaba que le agradara la idea de volver corriendo por mi y el mundo de cosas que llevaba conmigo.

Lo siento en verdad, tienes razón, no sé en que estaba pensando cuando vine aquí sin preguntar, soy un idiota. Sólo dame unos días para recoger todo y encontrar un nuevo sitio donde mudarme… —con prisa caminé hacia la habitación, si unas simples cajas habían vuelto loco a Ancel, no quería imaginar lo que sucedería en cuanto viera su closet repleto de mi ropa e infinidad de zapatos diferentes.

Nervioso, comencé a descolgar cada una de las prendas que con tanto esfuerzo había acomodado en el enorme closet y sin precaución las tiré dentro de la valija que aún estaba abierta de par en par sobre el suelo de la habitación, ansioso por salir de ahí cuanto antes, con una extraña sensación en el pecho y estómago mezcla de rabia, decepción, tristeza y frustración. Odiaba cuando las cosas no sucedían justo como habían estado en mi cabeza y es que era simplemente que jamás fui bueno para tolerar la frustración y el recibir una respuesta como aquella por parte de Ancel, era un golpe duro para mi ego, debía admitirlo.

Bill…

Descuida… —lo detuve antes de dejarlo continuar, arrancando con mayor velocidad la ropa de sus ganchos, incómodo por saber que Ancel me estaba mirando desde la puerta de la habitación, molesto por mi intromisión en su apartamento. —le pediré a la vieja casera que me deje volver, no tendría porque decir que no, jamás le di problemas y mi alquiler estuvo puntual cada mes en su cuenta…

Sus pasos detrás de mi, acercándose, me erizaron la piel.  Me sentía demasiado vulnerable como para sentirlo cerca. Lo había arruinado monumentalmente y tenía una terrible culpa carcomiéndome por dentro. Entendía su enojo, mucho mejor de lo que podía pensar; si tan sólo me ponía unos segundos en su lugar, era fácil imaginar por lo que estaba pasando, incluso yo a mi horrible y desolado apartamento, lo había considerado como mi guarida secreta, MI lugar en el mundo y no era la gran cosa, así que no era difícil adivinar que Ancel se sintiera tan invadido cuando su apartamento era ciertamente espectacular.

Bill —me volvió a llamar, pero esta vez tomó mis hombros suavemente obligándome a dar la vuelta para mirarlo —deja eso —pidió arrancándome de las manos un par jeans obscuros — ven aquí —me abrazó con fuerza, dejándome sorprendido por su cambio tan repentino de actitud, petrificándome al instante sin posibilidades de moverme o reclamar. —Lo siento, no quería… —suspiró sin saber como continuar, seguramente se le habían acabado las palabra como a mi. —me tomaste por sorpresa, no lo esperaba en absoluto, me encanta la idea de pasar todo el tiempo posible a tu lado, en verdad, no miento —me separó un poco y tomó mi rostro para mirarme directo a los ojos —es sólo que no pensé que esto iría tan rápido.

Ancel yo…

Espera —me rogó poniendo su dedo índice sobre mis labios callándome sutilmente. —me aterré, ¿De acuerdo? Pensé que cuando hablabas de dejar tu apartamento, era porque buscarías algo más, para ti, tu propio espacio y esas cosas…

Ancel…

Es increíble que pensaras en mi antes que en nadie Bill, me emociona el que creas que es una increíble idea vivir conmigo, aún cuando no soy la mejor opción en el planeta tierra, quiero decir, mi carácter es malo a veces y puedo llegar a ser desquiciante en serio, pero tú pareces no tener miedo de eso y me encanta —sonrió por fin haciendo que respirara de nuevo. —sabes, quizá no tenía planeado esto, en lo absoluto, pero, podría ser una buena idea después de todo.

No tienes que hacer esto —intenté alejarme sutilmente —sé que lo arruiné monumentalmente y tienes razón, lo mejor sería buscar un apartamento mejor, a menos distancia y con mejor iluminación, así que descuida, no pensaré que eres un ogro sólo porque necesitas tu propio espacio.

Bill, este apartamento es suficientemente grande para los dos, yo sólo no lo vi venir ¿de acuerdo? Tienes la razón en haber pensado que esta era una gran idea, después de todo sí pasas la mayor parte del tiempo aquí, a mi lado ¿Qué podría ser diferente de lo que ha sido en los últimos meses?

No quiero ser una carga… —me impulsé suavemente hacia atrás tratando de no parecer insensible.

No lo serás, a menos que te niegues a pagar parte de lo que consuma por aquí —bromeó, aunque sinceramente no estaba en disposición de sonreír y mucho menos por algo como eso. Momentos antes había sido rechazado de la forma mas cruda que alguien lo había hecho en mi vida y ahora ese alguien estaba intentando sacarme un sonrisa a la fuerza.

En verdad Ancel, creo que lo mejor será que me vaya —presioné lo suficiente mis manos sobre su pecho como para que me soltara.

 Apresurado volví a mi tarea de meter todo a la maleta, sin estar seguro de que pudiera conseguirlo al primer intento, ya que para ese momento, la ropa se desbordaba sin control alguno, exigiendo salir de aquel apretado lugar.

Oye… discúlpame ¿Si? Fui un idiota —me abrazó con fuerza por la espalda, clavando su rostro entre mi hombro, besando la piel desnuda de mi cuello provocándome escalofríos. —No quiero que te vayas así, furioso y de mala manera… —siguió su camino por mi piel repartiendo pequeños besos sobre ella —No sé que tan loco sea que acepte esto, pero intentémoslo, si no nos convence, yo mismo te ayudaré a buscar un nuevo apartamento, más bonito y cercano ¿Te parece? —intentó convencerme llegando a mi mejilla, derrumbando a besos la frágil muralla que había construido ante su negativa. —Dejemos eso ahí y ya mañana veremos que sucede ¿Quieres? ¿Eh?… —ronroneó obligándome a voltear el rostro para besar mis labios, iniciando con pequeños besos infantiles, como tratando de convencerme a la mala, de aquella forma que sabía, siempre, no importaba que, iba a terminar funcionando.

Ancel… —reclame haciendo un vano esfuerzo por no derretirme ahí mismo, de ser un poco más fuerte y no ceder ante sus primeras caricias. Era imposible, no estaba programado para rechazarlo, no importaba que hacía unos minutos estuviera a punto de llorar como un niño pequeño por su crueldad.

Shhhh…

Era difícil aceptar que mi voluntad pudiera ser doblegada con un par de besos y sus manos subiendo por mi cintura hábilmente, con la punta de sus dedos rozando la delgada línea de piel que se asomaba entre mis jeans y el ajustado suéter negro de cuello alto que, a veces, terminaba por dejarme en desventaja.

Me odiaba, por ser tan débil y por amarlo tanto.

 

¡Hey, Bill!

De inmediato levanté la vista, dejando a un lado aquel suéter negro que al final había decidido no llevar entre las compras, ya que me recordaba a uno casi igual que seguía en el apartamento de Ancel, junto con todo mi demás guardarropa. 

¿Llevarás esto también? —Georg tomó una increíble chaqueta con pinchos que me había estado mirando frente al probador por al menos unos 20 minutos. Me encantaba, era completamente mi estilo, ya podía verme con ella paseando por toda la editorial, recuperando al menos un poco de la confianza que solía tener hasta antes de ser el hazmerreir de todos, el único problema que encontraba era el precio que tenía. Era hermosa, si, por supuesto que lo era, pero también, demasiado costosa para mi raquítico presupuesto de esa tarde.

Georg y yo habíamos tenido que pasar la tarde entera en la sección de rebajas, para encontrar al menos algo que encajara con mi estilo extravagante. Estaba harto de utilizar su ropa, no porque fuera tan fea que ni siquiera pudiera mirarla, de hecho en esas semanas, hasta le había encontrado el gusto a las playeras con estampados de bandas de metal y jeans desgastados, el problema era lo enorme que todo me quedaba y lo avergonzado que me sentía por tener que ir al trabajo con lo que se parecía más a una pijama que un atuendo con estilo.

No, esta vez no lo creo —suspiré mirando casi con lástima la hermosa pieza de pinchos, despidiéndome en silencio de ella mientras que la chica en la caja esperaba a que le entregara mi tarjeta de crédito.

¡Oh vamos Bill! —Georg rodó los ojos por el cielo al ver mi expresión desanimada. —Nos la llevaremos también, por favor—le indicó a la encargada y sacó apresurado su tarjeta de crédito para pagar por la cuenta completa.

Georg, no…

No me hagas arrepentirme. Créeme, no quiero pasar toda la tarde viendo esa carita de tristeza que tan bien se te da cuando no se te cumple un capricho, así que, es mi última palabra, ya me lo pagarás después ¿De acuerdo?

¿Cómo era que se agradecía por algo como eso? Nadie nunca, siquiera Ancel, había hecho un acto de generosidad de esa categoría por mi, lo cual era completamente nuevo en mi experiencia. Georg era genial, bueno, más que genial, era el mejor amigo que nadie sobre la faz de la tierra podía tener y daba la casualidad de que era mío, completamente mío.

Apresurado tome las bolsas de ropa y salimos de la tienda. No quería abrumar más a Georg, mucho menos después de su generosa oferta de pagar todo aquello como un préstamo a largo plazo. Sabía lo mucho que detestaba ir de compras, sobre todo conmigo, que era la persona más indecisa sobre el planeta tierra, así que, no tenía intención alguna de terminar con su paciencia mirando una docena de aparadores más, si ni siquiera tenía el suficiente presupuesto para gastar en tonterías.

Condescendientemente dejé que Georg escogiera el menú para la cena, así que no me sorprendió mucho que termináramos en un pequeño pub cerca del vecindario donde estaba su apartamento, comiendo pizza, bebiendo un enorme tarro de cerveza y viendo a medias el partido de Futbol que pasaban esa tarde en las enormes pantallas de televisión.

Me agradaba, hacía mucho tiempo que no me tomaba un tiempo para salir con Georg y desentenderme del pretencioso mundo de la moda en el que estaba atrapado noche y día, gracias a la revista y la Universidad, así que era reconfortante tomar una cerveza al lado de  mi amigo, tratando de olvidarme de todo lo que sucedía alrededor.

Imagino que las compras de hoy son una declaración de que no piensas volver a recuperar tus pertenencias del apartamento de Ancel ¿Cierto? —chocó su tarro con el mío, antes de darle un gran trago animado.

Pienso volver, por supuesto… —tomé un nuevo trozo de pizza evadiendo la mirada de Georg. —Sólo necesito algo de tiempo, es todo…

No quieres verlo, ¿Es eso?

Verlo es el último de mis problemas, en realidad no quiero demostrarle lo mucho que necesito volver a su estúpido apartamento.

No es volver a su apartamento, Bill, es reclamar las cosas que están ahí, mudaste tu vida entera a ese piso, tarde o temprano tendrás que regresar.

Lo sé…

Con desgano arranqué la orilla de mi pizza, jugueteando con ella sobre el plato, un tanto frustrado por haber vuelto al tema del mes, Ancel y su apartamento, Ancel y mis cosas, Ancel, Ancel y Ancel.

Ok, ya imaginaba que no tendrías intenciones de volver por ahora a ese lugar —me distrajo Georg sacando de su mochila una pequeña bolsa negra. —y se me ocurrió que, quizás, te haría falta un poco de esto —me la extendió animándome a abrirla.

¿Qué es? —lo miré extrañado, no me esperaba nada además de su amable compañía, ya había hecho bastante por mi como para que siguiera sorprendiéndome.

No tengo idea de que sean la mayoría de las cosas que metieron ahí, pero mientras te quebrabas la cabeza buscando ofertas en la última tienda, una chica me ayudó a elegir algunas cosas básicas —con cuidado vacié sobre la mesa lo que contenía aquel extraño paquete, quedando con la boca abierta en cuanto distinguí de lo que se trataba— hay un par de delineadores negros, sombra para los ojos y tonterías varias, la encargada me aseguró que era lo mínimo que cualquiera necesita para lucir bien…

No podía creerlo, Georg, el mismo que miraba deportes por televisión y se burlaba de mi por lo enormes que me quedaban sus pantalones, había entrado a una tienda de maquillaje para comprar algunas cosas para mi mientras yo intentaba no gastar todo el sueldo del mes en ropa.

Se lo importante que es para ti lucir bien, no lo entiendo y creo que estás loco por usar todas estas cosas en la cara, pero, debo admitir que se te ven bien y si a ti te gusta y te hace sentir como tú mismo… —suspiró — supongo que es genial.

No debiste… —musité impresionado por su gesto tan noble. Me conocía y muy bien al parecer.

Claro que si debía, al menos así no tendrás que ir a la editorial con lentes obscuros para ocultar las ojeras de panda y volverás a caminar con la mirada  arriba tan altanero como siempre, además… no sé si lo has notado hasta ahora, pero sin el delineador, es muy notorio que tus ojos están ligeramente más separados de lo normal y que haces bizcos de vez en cuando sin quererlo. —se burló de mi; sabía que no era por molestarme, más bien para intentar arrancarme una sonrisa de nuevo.

¡Georg! —lo golpeé suavemente en el hombro reaccionando con una sonrisa como tanto estaba buscando.

En serio Bill, sólo quiero que vuelvas a ser de nuevo tú, aunque sea de poco en poco, así que si puedo ayudar en algo, lo haré.

Fue inevitable no tirármele encima para abrazarlo con fuerza después de escuchar aquellas palabras. Definitivamente Georg era quizá la única persona que sabía exactamente lo mal que lo estaba pasando y lo perdido que me encontraba vagado entre la melancolía, la rabia y un sinfín  más de emociones confusas que comenzaban a desgastarme.

Lo quería, no por la ropa y el maquillaje que llevaba en las bolsas gracias a su generosidad, sino por lo mucho que estaba esforzándose por no dejar que me perdiera en medio de aquella tormenta de recuerdos y situaciones incómodas, que amenazaban día con día con desdibujarme un poquito más que la tarde anterior.

Quiero de vuelta al Bill que llamaba la atención de todos y caminaba con altanería y pinta de súper modelo aunque estuviera en zapatillas deportivas y pijama de franela —me pidió respondiendo a mi abrazo — Necesito a mi amigo de vuelta ¿Se podría?

Lo intentaré con todas mis fuerzas, lo prometo —respondí alejándome lentamente de su lado, sonriendo por saber que al menos él necesitaba a esa mejor versión de mi que Ancel había desechado sin remordimiento alguno.

Me conformo con eso por ahora —sonrió despeinándome ligeramente, como era su costumbre para hacerme enfadar, aunque en ese momento, no me causó ningún tipo de molestia, al contrario, me reconfortaba notar lo cariñoso que era conmigo esperando que a cambio, pudiera sentirme más seguro conmigo mismo. — ¡Hey! ¡Por cierto, casi lo olvido!—Georg rebuscó en sus pantalones hasta que halló algo. Emocionado,  me extendió un trozo de servilleta que guardaba en su bolsillo, el corte era brusco y tenía una dirección anotada descuidadamente con pequeñas letras negras. —Esto es para ti.

¿Y esto es…? —Examiné lo que estaba escrito tratando de hacer memoria si es que algo se me pasaba por la cabeza al mirarla, pero nada. Me hacía idea del tipo de barrio que era, no era del tipo donde debías correr por tu vida, pero tampoco, uno de los lujosos distritos como los que estaba acostumbrado a frecuentar últimamente.

Es donde trabaja Tom, tu hermano—balbuceó después de darle una enorme mordida a la rebanada de pizza en su mano —Es una tienda de música no muy lejos del centro de la ciudad.

Con dificultad trague lo que pasaba por mi garganta en ese momento a punto de asfixiarme. Georg llevaba muy en serio lo de su plan para buscar a mi hermano y al parecer comenzaba a tener mucho éxito. Ni siquiera yo tenía idea de en que parte exacta de Alemania era que podía volver a encontrarlo, mientras que Georg ya tenía hasta una dirección disponible.

Busque su dirección en los directorios, pero no encontré nada. Es posible que cambie de apartamento frecuentemente, o comparta con alguien más, no lo sé —Devolvió la atención al televisor sobre la barra del bar y siguió comiendo despreocupado.

¿Cómo…?

¿Lo encontré? —Me miró de nuevo sonriendo —Ese es un secreto —guiño su ojo derecho con galantería y continuó comiendo.

De pronto mi hambre y entusiasmo habían desaparecido; frente a mi tenía un lugar exacto por donde comenzar la búsqueda de Tom y si era sincero, me aterraba la posibilidad de ir hacia él después de tantos años, rogando por un refugio; me parecía irreal y una completa locura, pero aún así, la solución más confiable a mis problemas.

No sé…—murmuré volviéndome loco con el ciento de posibilidades que acudieron a  mi mente en tan sólo unos segundos gracias al hallazgo de Georg y su forma tan despreocupada de darme la información.

Georg apartó la vista de la televisión de nuevo al escucharme murmurar y me analizó serio.

¿Que?

Es sólo que… ¿Y si no es la mejor idea? Hace años que no sé nada de él, ni siquiera estoy seguro de poder reconocerlo después de tanto tiempo ¿Cómo llegaré a esa tienda buscándolo? “Hola Tom, soy tu hermano perdido, sí, ese al que no volviste a ver desde los 13… ¿Sabes? Me preguntaba si tendrías un lugar disponible en tu apartamento ya que no tengo donde pasar la noche” —suspiré sintiéndome tonto con la simple posibilidad de que pudiera ocurrir una escena tan extraña en la vida real.

En realidad no suena nada mal para comenzar —se encogió de hombros y volvió a  morder su rebanada de pizza —Yo sólo intentaría conversar un poco más antes de llegar al punto de “¿Tendrás un lugar disponible en tu apartamento?” tampoco hay porque asustarlo.

¡Oh Georg! —rodee los ojos cansado por su maldito entusiasmo en cuanto al tema.

Bill, en serio, es tu hermano, seguro le encantará volver a verte, ¿Cuánto ha pasado? ¿ 4 o 5 años?

¡8 Georg, 8 años en que no he tenido idea de en que demonios ha estado metido!

De acuerdo, quizá parece mucho, pero estoy seguro de que en cuanto se vuelva a ver su “conexión mágica” se encargará de todo, como una chispa nueva a su relación y esas cosas que los gemelos dicen tener, ya sabes, lo de sentir lo que el otro siente y poder adivinar sus pensamientos, cosas curiosas que ustedes seguro tenían pero que ya olvidaron.

Dudo que eso suceda de nuevo … —suspiré recordando de pronto tantos momentos que habíamos compartido cuando éramos niños y que esa “conexión mágica” de la que Georg se burlaba, realmente existía.

Esas cosas no se extinguen, Bill, los gemelos son especiales, he leído artículos escalofriantes sobre eso —tomó la servilleta sobre la mesa y se limpió los dedos despreocupado— Yo sólo puedo decir que, no sabrás lo que pasa por la cabeza de tu hermano hasta que no lo veas de nuevo, si no lo intentas. Posiblemente esté tan asustado como tú, o quizá, quien sabe, puede que se alegre por reencontrarse…

¿Cómo en las novelas? —solté con sarcasmo, dudando que en realidad fuera felicidad lo que Tom sentiría al verme, sobre todo después de nuestra última llamada en navidad hacia 4 años.

Justo como en las novelas, pero mucho menos romántico —sonrió satisfecho.

Supongo… debería serlo.

Indeciso miré aquella dirección una vez más, con una extraña sensación en el estómago que no sabía exactamente hacia que lado se inclinaba más, hacia la ansiedad o el desagrado.

Si yo fuera tú, iría por ahí e investigaría si las cosas son tan malas como parecen, , quizá sea mucho mejor de lo que imaginas y podrías arrepentirte de no hacerlo…

Arrepentirme de no hacerlo”, posiblemente de lo que me arrepentiría en realidad, sería de considerarlo seriamente e ir a esa dirección buscando a mi hermano gemelo.

por admin

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