Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 2

By Tom

—Si hemos soñado eso, pero de la forma que se está convirtiendo —le volví a decir— Nos están explotando descaradamente —le grité a la vez que perdía el control un poco del coche.

—¡Por Dios Tom ten cuidado! —dijo mi gemelo asustado— Hablaremos con calma cuando lleguemos a casa de mamá. No quiero que te alteres demasiado y tengamos un accidente de coche.

Seguí conduciendo en silencio, mientras que mi gemelo se dedicaba a mirar por la ventana de su lado del coche. Íbamos pasando por calles, y más calles, hasta que finalmente llegamos a la urbanización donde mamá tenía su casa junto con Gordon. Nos adentramos en el pequeño camino empedrado que cruzaba el jardín delantero de la casa, llegando hasta donde estaba el garaje. Aparcamos fuera de este, y salimos del coche para luego ir a llamar a la puerta.

—¡Bill! ¡Tom! —dijo mamá abriendo la puerta de su casa a la vez que nos miraba con preocupación— ¿Qué hacéis levantados tan temprano? —preguntó extrañada, ya que los días que no teníamos trabajo nos solíamos levantar muy tarde, menos de las cuatro de la tarde no nos levantábamos.

—Nos echaron de la cama —respondió Bill sonriendo, tratando de aparentar que nada malo había ocurrido— ¿Podemos entrar?

—Claro, por supuesto —dijo mamá apartándose para dejarnos entrar en el interior de su casa. Cerró la puerta tras de sí, y luego nos miró intensamente— Chicos, ¿Qué ha pasado? —volvió a preguntar. A nuestra madre no se le escapaba nada.

—Venimos a pedirte alojamiento por unos días —le dije.

—¿Qué ha ocurrido? —volvió a preguntar, pero esta vez frunciendo el ceño.

—Ayer entraron en nuestra casa —dijo por fin Bill.

—¡¿Qué?! —dijo sorprendida— ¿Os han hecho algo?

—Estamos bien, mamá —le dije intentándola tranquilizar— No estábamos en casa, cuando ocurrió eso. Pero pasamos mucho miedo al ver toda nuestra casa revuelta —le expliqué— Estaba todo tirado por el suelo. Revolvieron nuestros cajones —añadí.

—¡Dios mío! —se tapó la boca horrorizada— ¿Habéis avisado a la policía?

—Si lo hice ayer, aunque no creo que valga de mucho —confesó Bill— No nos han tomado enserio.

—¿David lo sabe? —volvió a preguntar nuestra madre.

—Sí, lo llamé cuando veníamos en el coche —respondió Bill.

—¿Y ahora que haréis? —preguntó mamá de nuevo— Vuestras cosas…

—No vamos a regresar a esa casa, mamá —le dije con temor— No me siento cómodo en esa casa sabiendo que alguien ha estado revolviendo en mis cosas. No me siento seguro. Buscaremos otra casa donde vivir, pero mientras nos alojaremos aquí.

—Está bien, hijos —asintió mamá con preocupación— No quiero os pase nada.

—Estaremos bien —dijo Bill— Tranquila.

Entramos en el interior de la cocina, donde mamá nos preparó un café mientras seguíamos hablando. Por el momento, no le había comentado nada de mi intención de dejar el grupo. No quería preocuparla más de lo que estaba.

—Tomi… —la vocecita dulce de nuestra hermana pequeña se escuchó desde la puerta de la cocina— Oh Tomi… te he extrañado mucho —dijo Naia entrando en el interior corriendo hacia mí, mientras que su larga melena rubia se movía graciosamente. Se abrazó fuertemente a mí.

—Hola mocosa —le sonreí mientras le correspondía el abrazo— ¿Cómo es eso que me has extrañado mucho, si la última vez que nos vimos fue ayer?

—Siempre te extraño —sonrió acomodándose mejor, ahora se encontraba sentada encima de mis piernas.

—¡Ay! mi mocosa no sé qué voy a hacer contigo —acaricié cariñosamente su sonrojada mejilla.

—¿Os quedareis a comer? —preguntó nuestra hermana.

—Claro —sonreí.

—Naia vete a jugar un poco —dijo mamá a nuestra hermana— Quiero hablar con tus hermanos.

—Está bien… —susurró haciendo una ligera mueca con su boca.

—Vamos mocosa obedece a mamá —le dije a mi hermanita.

Naia se levantó de encima de mis piernas, para luego caminar hacia la puerta de la cocina. Después desapareció por esta, y segundos después escuchamos el sonido de la televisión. En vez de ir a jugar a su cuarto, había optado por ver la televisión.

—Mamá no te preocupes, no nos ha ocurrido nada —intentó Bill tranquilizar a nuestra madre. Su cara parecía un poema.

—No entiendo porque últimamente se quieren ensañar tanto con vosotros —dijo nuestra madre echándose las manos a la cabeza— Primero el incidente de la gasolinera, ahora lo de vuestra casa. ¿Qué será lo próximo que ocurra?

—Mamá tomaremos medidas. No pasará nada… —le susurré a mamá para luego abrazarla. Claro que tomaríamos medidas drásticas, y si alejarme del grupo era la mejor opción para proteger a mi familia lo haría sin dudar, a pesar de que destrozaría el corazón de muchas adolescentes.

Nos tomamos un café tranquilamente. Después mamá comenzó a preparar la comida, yo me fui a la que fuera mi habitación hacía un par de años. No había cambiado mucho seguía teniendo mis cosas, y estaba perfectamente ordenada. Nuestra madre seguía cuidando de nuestras habitaciones, aunque hacía varios años que ya no dormíamos en ellas, aunque algunas veces por navidades cuando la fiesta se alargaba bastante y habíamos bebido demasiado nos quedábamos a pasar la noche.

—Tomi… —escuché decir a mi hermana pequeño desde la puerta de mi habitación. En ese momento me encontraba viendo por la ventana de mi habitación.

—Princesa… —susurré para luego girarme y mirarla.

—¿Por qué estás triste? —me preguntó acercándose a mí.

—No estoy triste, pequeña —le dije mintiendo. No quería preocupar demasiado a mi pequeña.

—Claro que estás triste —volvió a decir— Tus ojos están sin brillo… ¿Estás triste porque me he portado mal?

—Oh… Nai… no digas eso —le dije abrazándola a la vez que nos sentábamos en una pequeña butaca que había enfrente de mi cama— No estoy triste, lo que pasa es que estos días he tenido mucho trabajo y estoy un poco cansado nada más.

—Esta semana no he hecho los deberes que me mando el profesor —me susurró mi hermana— No me gusta… ¿Por qué no puedo regresar al colegio con mis amigos? —nuestra hermana había contraído meses atrás una infección por meningitis y había quedado bastante débil después de pasar la enfermedad. Mamá y Gordon habían decido sacarla de la escuela para evitar que cualquier virus hiciera que empeorará su salud. Ahora mamá había contratado un profesor privado para que nuestra hermana siguiera con sus estudios, y no perdiera el año escolar. Pero al parecer a nuestra hermana no le hacía gracia no poder ir a su escuela junto con sus amigos.

—Porque estás enferma, Nai —le respondí mirándola fijamente a sus ojos azules— Y tienes que hacer tus deberes que sino mamá se enfadará.

—¿Tú te enfadarás conmigo si no los hago? —preguntó mi hermana de nuevo.

—Un poco… —le respondí a la vez que cariñosamente le acariciaba su pequeña mejilla— Así que señorita tendrá que hacer sus deberes.

—Me prometes que nunca me dejarás, que siempre estarás conmigo —me dijo abrazándose a mi fuertemente otra vez.

—Te lo prometo —le dije dándole un pequeño beso en su frente— Pero siempre estoy contigo…

—Eres un mentiroso, Tom —me dijo mi hermana frunciendo el ceño— Cuando os vais de viaje siempre me dejáis sola por meses, ahora nunca tenéis tiempo para estar conmigo.

—Princesa… —le susurré— Tienes que comprender que nosotros tenemos un trabajo.

—¿Cuándo sea más grande me llevareis con vosotros? —me preguntó mi pequeña con ojos triste.

—Claro… —le sonreí para luego abrazarla.

—He escuchado a mamá decirle a Gordon, que os quedareis un tiempo aquí en casa —me susurró mientras seguía apoyada su cabeza sobre mi pecho— ¿Ya no os gusta vuestra casa?

—Claro que me gusta nuestra casa, pero queremos pasar más tiempo con vosotros como últimamente hemos estado afuera por ahí —le mentí a mi hermana. No era plan de decirle que nos habían entrado en casa, no quería asustarla.

—Mami ha acabado de hacer la comida —me dijo sonriendo— Venía a avisarte.

—Pues vamos que tengo un hambre que me muero —le sonreí. Últimamente andaba bastante nervioso y eso hacía que mi apetito se incrementara.

Los dos salimos de la habitación. Monté a mi hermana Naia a caballito sobre mi espalda, y comenzamos a caminar por el pasillo hasta que llegamos las escaleras. Las bajamos despacio para evitar algún mal menor. Entramos en la cocina, y bajé a mi hermana al suelo. Mamá, Gordon y Bill se encontraban sentados en sus correspondientes sillas. Solo faltábamos mi hermana Naia y yo. El resto del día pasó sin ningún contratiempo. Al día siguiente quedaríamos con David.

&

Habían pasado ya dos semanas desde que habíamos regresado a casa de nuestra madre. Bill y yo andábamos buscando como locos, un lugar donde comenzar de nuevo en Hamburgo. Una nueva casa donde poder vivir. Los días en el estudio de grabación se volvieron pesados, ya que seguíamos teniendo a las mismas personas de siempre afuera esperando a que saliéramos del estudio para sacarnos fotos. Era por la mañana, teníamos que ir a Berlín al otro estudio de que teníamos. Iba conduciendo tranquilamente mi coche, con Bill en el asiento del copiloto, cuando un coche se situó cerca de nosotros. Demasiado cerca diría yo. Se pegó demasiado, a la vez que alguien desde el dentro del coche grababa con una cámara… Comenzaron a empujarnos con el coche, tratándonos sacar de la carretera. Pisé el acelerador para huir de manera rápida de allí, a la vez que aquel coche nos pisaba los talones aumentando su velocidad. Por fin llegamos a Berlín después del encontronazo que habíamos tenido con ese coche. Ya estaba perdiendo mi paciencia, y si en esas dos semanas había aplazado mi decisión ese suceso estaba volviendo a hacerme reconsiderar mi decisión de dejar los escenarios para siempre. Sería la sombra de Tokio Hotel, desde el backstage.

—Hola chicos —nos saludó David a ambos dándonos un buen apretón de manos— ¿Qué tal el viaje?

—Mal… —respondí— Nos han estado siguiendo con un coche, casi hace que tengamos un accidente en la autopista —le informé— Estoy harto, David… —le dije con cansancio— Quiero dejar todo esto, quiero dejar el grupo… No me interesa seguir siendo famoso… No quiero seguir dedicándome a tocar la guitarra en el grupo…

—Pero Tom… tranquilízate —intentó nuestro manager calmarme con suaves palabras. Notaba que yo estaba bastante alterado por el suceso ocurrido.

—No puedo más… —rompí a llorar desconsoladamente a la vez que sentía como mi gemelo Bill, me abrazaba intentándome tranquilizar. Solo recuerdo haber llorado una vez en la vida, en el momento en que mi padre nos había abandonado aquella mañana, dejándonos a mis hermanos, a mí y a nuestra madre desprotegidos.

—David, creo que mi hermano y yo necesitamos unas vacaciones —susurró mi hermano a nuestro manager mientras sentía como sus manos recorrían mi espalda— Todo estará bien, Tom —me susurró.

—Quiero irme de aquí, muy lejos… —le susurré— Quiero desaparecer del foco de las cámaras, quiero tener una vida normal… —le dije de nuevo.

—Sois conscientes de que, si os alejáis por mucho tiempo del escenario, perderéis muchas fans —dijo David mirándonos.

—En este momento me importa un pimiento mis fans, lo que quiero es tener una vida normal sin sobresaltos —le respondí enfurecido— Quiero vivir mi vida.

—Está bien, es vuestra decisión —susurró David— Tendréis que comunicárselo a Georg y a Gustav.

—Eso haremos —respondió Bill a nuestro manager— No te preocupes. Necesitamos relajarnos, siendo sinceros las últimas canciones que hemos escritos no valen mucho. No tengo inspiración, necesito volver a sentir el amor por la música. Necesito vivir nuevas experiencias que podrían inspirarme.

Después de esa reunión con David, regresamos a casa de nuevo. Me sentía asustado, tenía miedo de que averiguarán donde vivía nuestra madre, y que intentarán hacer algo con ella. No quería que mi hermana pequeña sufriera algún daño físico, no quería ser el culpable de una desgracia en nuestra familia. Georg y Gustav tomaron la noticia con bastante tranquilidad. Ellos entendían la presión mediática a la que estábamos sometidos mi gemelo y yo. Gustav y Georg siempre tuvieron una vida un poco más privada y más relajada. De hecho, que ellos si habían podido construir su vida privada al margen de la banda. Georg estaba saliendo con una chica desde hacía casi seis meses y Gustav un tanto de lo mismo. Podían salir a la calle, sin que miles de flashes los cegaran diariamente. Yo anhelaba eso, tener una vida privada y no estar encerrado las veinticuatro horas del día en nuestra casa porque a cualquier sitio que íbamos siempre había fotógrafos para capturar aquel instante de nuestra vida privada.

Los días siguientes fueron una pesadilla. No sé cómo lo hicieron, pero esas fans obsesivas descubrieron la casa donde vivía de nuestra madre. Ella había salido a hacer unas compras para ese día, cuando de regreso, esas chicas la increparán incluso le lanzaron botellas de plástico a la cabeza no dejándola en paz. Gordon tuvo que salir de la casa para ayudar a nuestra madre a deshacerse de esas chicas. Las amenazó que llamaría a la policía, de que habían incumplido la orden de alejamiento que el juez había dictado sobre nosotros.

—¡Mamá! —la llamé una vez que entró en casa acompañada de nuestro padrastro— ¿Te han hecho algo? —pregunté con preocupación.

Tranquilo hijo… —me susurró intentándome tranquilizar— Solo se han estado metiendo un poco conmigo nada más —apreté los puños fuertemente. La ira estaba inundando mi cuerpo, tenía unas ganas tremendas de partirles la cara. De decirles que me dejarán de molestar a mí y a mi familia.

—Esto no puede quedar así —dijo con rabia— No podemos seguir aquí, Bill. No quiero que nadie más de nuestra familia sea dañado…

—¿Qué quieres que hagamos? —me preguntó mi hermano asustado.

—Irnos de Alemania —le dije a mi gemelo— Seguro que en otro país estamos más tranquilos que aquí.

—Pero Tom… no podemos alejarnos de nuestra madre… —dijo mi hermano con pena.

Es la única solución, Bill —le dije con desesperación— Solo quiero proteger a mamá, a Gordon y a nuestra hermana pequeña. Bill piensa que si ellas le hacen daño a Naia no podría perdonármelo nunca.

Me subí a mi habitación. Me senté en mi habitación, y las lágrimas comenzaron a surcar mis mejillas por la impotencia que sentía. Por culpa de ellas, tendría que separarme de mi familia para poderla proteger. Se me rompía el corazón de solo pensar que me tendría que separar de mi hermanita, de romper la promesa de que nunca la abandonaría, que siempre estaría con ella.

Tomi… —escuché la voz de mi hermana— ¿Por qué lloras? —sus pequeñas manos comenzaron a acariciar mis mejillas, a la vez que sus dedos comenzaban a limpiar el rastro de mis lágrimas sobre mi cara.

—Por nada, cielo —le dije a la vez que me secaba por completo mis lágrimas.

No me mientas, Tomi —me dijo mi hermana a la vez que fruncía su ceño— ¿Es porque mamá ha estado peleando con unas chicas a la entrada de casa? ¿Ellas querían autógrafos de Bill y de ti?

—Nai, esas chicas solo querían molestar —le dije a mi hermana.

—¿Por qué? —me preguntó curiosa Naia.

—Lo entenderás cuando seas más mayor —le respondí a la vez que la abrazaba. Necesitaba un abrazo de ella. Solo con ella me sentía mejor. Mi pequeña me transmitía tanta paz.

—Yo ya soy mayor para entenderlo, Tom —me dijo inocentemente mi hermana.

—Esas chicas no eran fans del grupo, Nai —le comencé a explicar— Solo quiere molestarnos a Bill y a mí. Por eso quiero que te mantengas alejada de afuera, que te quedes en casa. No soportaría que ellas te molestaran.

—Lo dices como si fueran unas malas personas —me susurró mi hermana.

—Lo son, Nai… —le susurré mientras acariciaba su largo cabello rubio— Ellas quieren separarme de la persona que más quiero en mi vida.

—¿Tienes novia? —me preguntó sonriente mi hermana— No me lo habías dicho, Tomi…

—No, no tengo novia —le respondí.

—¿Entonces porque dices que te quieren alejar de la persona a la que más quieres? —me preguntó confusa.

—Ellas me quieren separar de ti —le respondí con tristeza.

—Pero no lo harás, ¿verdad? —preguntó con miedo. Sus ojos parecían que querían cristalizarse— ¿No me abandonaras?

—No, mi pequeña —le susurró a la vez que la sentaba en mi regazo— Nunca te dejaré mi princesa.

—Te quiero mucho, Tomi —susurró abrazándose fuertemente a mí, como un animalillo asustado.

Los próximos días fueron complicados. Parte de nuestras pertenencias habían sido guardadas todas en un hangar alquilado, a la espera de que encontráramos una nueva casa para llevarlas. Bill había estado buscando casas por internet, y finalmente había encontrado una. Durante mucho tiempo había pensado la posibilidad de tener una nueva residencia en otro país que no fuera Alemania, donde pudiéramos pasar algunas temporadas. Al parecer, Bill había encontrado la casa perfecta para mudarnos, donde podríamos estar tranquilos sin que nadie nos molestará y podernos relajarnos. Mi hermano se había asustado mucho, cuando le dije que quería dejar el grupo, así que accedió a que deberíamos de tomarnos un largo descanso, pero con la condición de que siguiera en el grupo. Estaríamos durante un buen tiempo fuera de la vida pública, y así poder construir una vida privada para nosotros. Pero irnos a un sitio tranquilo, conllevaba que tendríamos que dejar a nuestra familia porque nos iríamos a vivir a Los Ángeles.

Continúa…

Gracias por la visita y te invitamos a dejar un comentario.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!