Día 1: A le escribe una carta sin firmar a B para expresar sus sentimientos. Bill recibió una carta de un admirador anónimo, conmoviéndole lo suficiente para escribir una canción en su honor, mientras que Tom sólo quiere que la tierra se lo tragara. O el origen de la canción Totgeliebt.
Notas: No se confundan, este año no habrá Incestember, ya que penosamente no recibo apoyo, sólo que algunos oneshots sí los haré con algunas premisas. Y en esta ocasión, se me ocurrió algo nostálgico, angustioso, pensando en cosas que vi en la tercera temporada de la serie Kaulitz y Kaulitz, y mis delirios como siempre, como devota del toll. Los créditos de la premisa son del evento Incestember 2026 organizado por Sunmess Odinson.
Y FELIZ CUMPLEAÑOS A LOS KAULITZ, al menos para el 1 de septiembre, porque esta canción es una de mis favoritas de ellos :’3, y… Nos leemos próximamente.

(One-Shot de Kasomicu)
«Totgeliebt»
Bill abrió su casillero y se fijó que se cayó una carta, frunció el ceño, mirando a ambos costados, pero no había alguien tan cerca como para haberlo puesto recién, sujetó la misiva entre sus dedos, abriéndola, y fijándose que no estaba escrito mano, sino a computadora haciendo que hiciera un mohín, porque se le hacía de lo más impersonal que hicieran una carta así, ya que no se notaba las emociones al momento de escribir o variar el pulso.
Pero desdeñosamente la guardó en su mochila, sin leerla ni fijarse más de lo debido, si esa persona no se había tomado la molestia de hacerlo a mano, aunque Bill mismo supiera que también era algo complicado escribirlo e imprimirlo porque no todos tenían computadora, de todas formas, algo dentro suyo le sonaba demasiado esta situación, haciéndosele muy familiar, como cuando era más pequeño y recibía cartas porque pensaban que era niña por su cabello largo.
Ahora ya no era un niño, tenía dieciséis, se había teñido el cabello de negro, lo llevaba corto y en puntas, muy estilo Billie Joe Armstrong, sólo que con ese flequillo que le cubría la mitad de su rostro, y si bien algunos de sus compañeros lo consideraban algo genial, habían otros que sólo lo veían como motivo de burla, y él sabía que mientras más personas estuvieran en contra, más seguiría por esa línea, porque cuando los perros ladran, es señal de avance, y aparte Bill tenía en claro que él lo estaba haciendo no sólo por él mismo, sino también por Tokio Hotel, cómo es que habían pasado de ser BlackQuestionMark con Tom, a Devilish con los Gs para finalmente ser Tokio Hotel ahora que habían grabado Durch den monsun, por lo mismo es que le daba igual, ellos no eran su público objetivo.
Serían lo suficientemente grandes para largarse de Loitsche y mandarlos al diablo.
Así que esa carta debería ser de algún cobarde o alguien no importante, por lo que Bill no lo tomaría en cuenta.
A la distancia se fijó cómo es que Tom estaba riéndose con alguno de sus amigos, y bufó poniendo los ojos en blanco, ya que por más que amara a Tom, sabía que solía volverse idiota por la gente con la que se juntaba, siendo más… Influenciable, terminando por volverse un idiota como el resto de sus compañeros.
Tom cuando sintió la mirada de Bill sobre él, es que se giró, pero su gemelo ya veía en otra dirección.
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Al salir de la escuela, es que solían regresarse juntos, o al menos cuando iban a tener ensayo de la banda, lo cual no iba a darse hoy, por lo que le sorprendió que Tom se le pegara de pronto.
—¿Cómo te fue en clases? —inquirió Tom en un tono más suave de lo usual, haciendo que su gemelo se sintiera extrañado.
—¿Qué mosco te picó? —preguntó Bill arqueando la ceja al verlo, fijándose a los costados, como si los idiotas de sus mejores amigos fueran a salir de algún sitio.
—Ah, eh, nada —respondió Tom, dejando de verlo para quedarse en silencio.
Bill no podía “leerlo” mediante su conexión, porque la verdad es que la adolescencia les había agarrado de lleno hasta el punto de distanciarse, y pelear seguido cuando tenían que estar juntos, porque lo amaba, pero sí habían muchos malos entendidos y roces, porque también tenían sus propios conflictos por el abuso escolar que pasaban. Pero también había momentos donde la empatía que podría tener Bill con respecto a Tom se ponía un alto, porque a veces tampoco le hallaba el sentido a la decisión que su gemelo pudiera tomar de entre todas las opciones, ya que él siendo muy egoísta, siempre había pensado primero en Tom, o bueno, no en primer lugar, él se ponía en ese sitio, pero cuando se trataba de otros sí lo ponía en primer lugar, a diferencia suya.
¿Dónde quedaba el hermano dulce que buscaba protegerlo? Aún recordaba cómo es que Tom hacía las cosas por él como cuando Bill se frustró demasiado por tener una pésima coordinación para nadar y seguían viéndose iguales, así que su gemelo tomó el examen fingiendo ser él, así como Bill mismo de pequeños había decidido actuar como el niño que mojaba la cama, eran muy unidos, sólo que sí, todavía lo hacía en ocasiones cuando tocaba algún conflicto físico, a sabiendas de que Bill no era el mejor para golpear de vuelta, fuera de los manotazos o golpes que le diera, cuando se trataba de otros involucrados que no fueran sólo bullies, sino amigos suyos, era más difícil, por más que ambos fueran igual de delgados.
Tom se rascó la mejilla, todo su lenguaje corporal gritaba incomodidad, pero estaba callado, y Bill no quería intentar preguntarle qué tenía, no porque no le interesaba, sino que se estresaba buscando sacarle por cucharitas la información, ya que Tom solía ser el que más retenía algo desde siempre, acumulándolo como si fuera una olla a presión que podía explotar en cualquier momento.
Bill sólo quería irse a casa pronto, no lidiar con los dramas de Tom.
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Estaba revisando sus apuntes, casi nada en realidad, más había anotaciones de letras para canciones en vez de lo visto en clases, así que al fijarse en la tarea, soltó un largo suspiro, porque realmente le daba mucha flojera la escuela, ni siquiera lo veía algo necesario si ni siquiera quería enfocarse en una carrera que tuviera que llevar materias como esta.
La puerta se entreabrió, mostrando a Tom de nuevo. —¿Quieres salir? Vino Andy —propuso el de rastas, costándole mantenerle la mirada.
—No tengo ganas hoy, váyanse sin mí esta vez —dijo Bill, estaba demasiado apático este día para pensar en tocar timbres y después huir o drogarse un poco, quería terminar sus malditas obligaciones, aunque no le gustaran.
Tom asintió y cerró la puerta de nuevo, en lo que se escuchaba los cuchicheos y cómo salía de casa.
Bill volvió la vista a sus apuntes, tenía que terminar esa jodida tarea, así que volvió a sujetar su lápiz, tamborileando con él entre sus dedos, sin embargo, observó cómo es que la punta de grafito se partía, haciéndolo maldecir en silencio, y abriendo su mochila, buscando el tajador, pero no lo encontraba, siguió quejándose de su propio desorden hasta volcar el contenido de su mochila sobre su escritorio, y encontrando el mentado tajador pero… Entre las cosas que se cayeron también estaba el sobre que había ignorado, y Bill iba a volver a guardarlo para seguir luchando con Geometría, no obstante, su espíritu procrastinador, hizo que terminara por agarrar el sobre para abrirlo otra vez.
Al hacerlo, se volvió a fijar que no tenía un nombre, volteó la hoja, y no, no había firma, ¿realmente sería para él? El ansía de chisme fue mayor, así que comenzó a leerlo.
“Bill, tal vez estés pensando: ¿Por qué un idiota es tan cobarde para escribirme una carta por computadora? Y sí, soy cobarde, probablemente también un idiota, sólo que no podía escribir mi nombre, o darte alguna pista de mi letra, llámame paranóico pero soy así.
Han sido muchos años soportándolo, guardándolo en silencio, no podía decírselo a nadie más, ni siquiera a ti en persona.
No sé cuándo empezó, tal vez lo supe desde siempre y sólo quería negármelo porque era más fácil así.
Bill tú siempre has sido más fuerte, y no me refiero en el aspecto físico, sino otra clase de fortaleza, el que lucharas por tus ideales, que buscaras ser visto y no te interesara, pero este sitio está maldito, la gente no entiende y sólo hace que uno tenga miedo, las apariencias no sólo se mantienen porque es lo esperable, sino porque hay un miedo real, por ser diferente, porque la gente no sólo juzga, sino amenaza, en vez de ignorar, tienen la intención de destruir y amedrentar todo.
Sólo que esto me está matando por dentro, por eso tenía que dejarlo salir y eres libre de romper o quemar esta carta al terminar de leerla, sólo que me doy por bien servido que al menos la leyeras.
Estoy enamorado de ti, Bill, sólo que escribirte un “te amo” se siente mal, y un “te odio” también, no puedo explicarte el por qué, pero cada que me sonríes, me hacías doler el pecho, y me preguntaba si acaso también te pasaba, sólo que lo más probable es que sólo sea mi cabeza enferma que busca justificarse.
No se supone que esté enamorado de ti, no está bien, porque sé que rehuyo de tu contacto por lo que despiertas en mí. No está bien amarte tanto que duele, no está bien verte como lo hago, no te veo como “una chica”, no finjo que eres una para justificar lo que siento, te veo a ti… Al chico que eres, el muchacho sensible, mal hablado, el chico egoísta… Veo todo de ti, Bill, y cada parte tuya hace que me duele más, porque te amo pero está prohibido lo nuestro.
Cada vez que te cuelas en mi cabeza, en mi mente, es que sueño un futuro que no existe ni existirá jamás, porque este amor enfermo debería poder morirse, pero no, sólo sigue vivo dentro de mí, y me carcome a mí, por ocultarlo, porque nunca podré besarte como lo hago en mi mente, nunca podré tocarte como quisiera hacerlo…
Me dueles, Bill, porque no puedo culparte de lo que siento, no me diste alas en ningún momento, y quisiera olvidarte pero no puedo, lo he intentado y por más distancia que ponga, sigo amándote, no sabes cómo me duele escribir esto, porque ni siquiera soy el mejor con las palabras, a diferencia tuya, pero no te amo tanto, Bill, que sólo quisiera morirme para no sentir esto nunca más”.
Bill se quedó sorprendido luego de leer aquella carta sin firma, porque, ¿quién era esta persona? Había hecho mención de las cartas que recibió cuando pensaron que era niña, sabía cosas de cómo era en realidad, y se culpaba por ser homosexual, y él lo comprendía, porque sabía la visión que poseían la mayoría en Loitsche, era difícil decir que a uno le gustaban los hombres, porque Bill se había besado con chicos, hasta casi acostarse con uno, pero ambos teniendo sus respectivas novias, ya que era más fácil sólo salir con chicas, besarse con ellas y hasta tener sexo, incluso si no le llamaran tanto la atención.
Así que Bill comprendía mucho a aquel muchacho, que podía ser un cobarde sí, pero porque tenía miedo por su sentir, pero Bill lo entendía, no lo juzgaba, ¿por qué lo haría? Él no decía abiertamente que le gustaban los hombres, aunque fuera un secreto a voces, se mantenía con algunas chicas, aunque sabía que fingía con ellas, en sí… Era gay, así que Bill empatizaba con esa recriminación de amor prohibido o desear morirse y olvidarse de él. Sólo que su alma lastimada, hacía que Bill pensara quién podía ser esta misteriosa persona tan atormentada, Bill quería abrazarlo, y decirle que no pensara en morirse, porque el amar nunca sería un error, sin pensar en corresponderle porque no conocía el rostro del dueño de esta carta.
Acercó el papel hasta su rostro, no tenía olor, no había un perfume ni nada, pensando que quizá era muy cursi que le dejara su perfume como las cartas de antaño, sólo que también la guardaría, incluso aunque no supiera quién era, ni su nombre, más allá de que debía ser alguien de la escuela que lo conocía bien.
Soltó un suspiro, creyendo que era lo que había leído una vez, que él estaba enamorado del amor, de la idea de por sí, más allá de una persona en específico. Bill no había sentido ese amor del cual se hablaban en las canciones, o en los libros, con ninguna de sus novias, ni tampoco con los ligues que tenía con muchachos, no había esa conexión deseada, haciendo que él tampoco se mortificara al respecto, quizá cuando estuviera lejos de aquí, podría pensar intentar encontrar a “su persona”, no podía decirle alma gemela, ya que su alma gemela era Tom, a él lo amaba y era con quien sí poseía una conexión, sólo que era su hermano.
Bill teniendo esa idea fresca por las emociones que sintió por la carta, es que sintió el cosquilleo en sus dedos, quería escribir pensando en la carta, por lo que su tarea de Geometría quedó nuevamente relegada al volver a sujetar su cuaderno de anotaciones, comenzando a escribir sobre él.
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Tom cuando regresó a casa, es que recibió un jalón de la patilla de su madre por la hora, pero no más, regresando a su habitación, un poco cansado de haber tonteado todo el día, echándose en su cama mirando al techo, aún aturdido por haber fumado marihuana que no le importaba nada más.
Cuando escuchó unos ruidos al abrirse la puerta y luego el peso sobre el colchón porque Bill se subió.
—¡Tom, Tom, tienes que escuchar lo que escribí! —vociferó Bill, y Tom lo miró confundido, sentándose mientras notaba la emoción en su gemelo, haciendo que sonriera por inercia, porque le gustaba cuando veía así a Bill.
—Sí, dime —soltó Tom, aún somnoliento por el efecto de la droga, pero a Bill no le importó, mostrándole su cuaderno.
—Sí, bueno, el tono falta mejorar, pero más o menos es así —empezó a hablar Bill, y miró hacia el cuaderno—. Sostengo tu carta en mi mano fría, la última línea es larga, tan larga que… —canturreó el pelinegro y Tom se tensó tragando saliva con dificultad, en lo que su gemelo continuaba.—Ay, ¿por qué pones esa cara? ¿No te gustó? ¡Si está genial! Es decir, claro, me falta perfeccionarla —se defendió el menor con el ceño fruncido.
—No es eso, suena bien, de hecho podría intentar con unos acordes —ofreció Tom levantándose para ir por su guitarra.
—¿Entonces por qué esa cara? Algo no te gustó, está en proceso, puedo corregir alguna estrofa o mejorarla —masculló Bill, ya que en lo que respectaba a la creación de sus canciones, podían hacerlo los dos.
Tom se sentó en la cama con su guitarra en su regazo, afinándola, sin mirar a Bill. —¿En qué te inspiraste? —preguntó el de rastas, aún sin mantener el contacto visual.
—Aah, eso sí, es que… Tengo un admirador secreto —comentó Bill—, es un chico dulce que me envió una carta, y bueno, mentalmente me hice una historia en la cabeza para escribir la letra, no sé nada de él, sólo que como sonaba tan derrotista, hice que tuviéramos una historia agridulce donde no quedamos juntos —terminó por decir, y Tom lo vio, haciendo que Bill parpadeara un instante por la intensidad que demostró su gemelo al observarlo—. ¿Qué pasa?
—Nada —dijo Tom, dejando de verlo y fijándose en la guitarra, arrastrando los dedos sobre las cuerdas, emitiendo una intro hermosa—. A ver canta ahora —instó el de rastas.
Bill sentía que había algo que estaba pasando que él no se percataba, sólo que le restó importancia, enfocándose en la música y la letra mientras la afinaban para la canción.
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Georg silbó apreciativamente luego de escuchar la canción con los chicos.
—Es intensa, melancólica pero intensa, de las buenas —opinó Georg observando a los gemelos.
—Sí, definitivamente podemos trabajar con ella —cedió Gustav—. ¿Y el título? ¿Lo han pensado?
—Sí, Totgeliebt —masculló Bill, ya que la palabra se repetía y englobaba muy bien la vibra de la canción.
Tom se mantuvo en silencio nuevamente, sólo hablando para el contraste entre la batería y bajo, que mantuviera la armonía al hacerlo.
Sólo que Bill ya empezaba a exasperarse que su hermano pasara de ser el chistoso a sólo quedarse así, en silencio, si bien Bill era quien llenaba los silencios, al menos había algo de correspondencia, y no, Tom sólo parecía como un zombie, respondiendo en monosílabos, o hasta hablando con los Gs pero no con él.
Todo había cambiado desde que le habló sobre la canción, si bien le ayudó a mejorar la letra y hacer el instrumental, había actuado distinto y Bill se estaba enojando porque se hacía una idea del por qué.
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Cuando salieron del ensayo, es que Bill le codeó a Tom, al momento de estar a solas, caminando de regreso a casa, con sus abrigos puestos por los días fríos de Magdeburgo.
—¿Qué carajos te pasa, Bill? —preguntó Tom frunciendo el ceño por el codazo.
—Eso debería preguntarte yo, ¿qué mierda te sucede, Tom? ¿En serio vas a ser un imbécil? ¿Crees que no me he dado cuenta? —increpó Bill con la expresión enojada.
Tom deshizo su ceño fruncido para empalidecer aún más. —¿De qué?
—¡De ti siendo un idiota! Desde que te dije de la carta, estás siendo un imbécil, me esperaba eso de todos menos de ti, ¿tanto te jode que un chico se me haya declarado y haya escrito una canción pensando en él? Me gustan los hombres, Tom, eso no va a cambiar, así no lo diga abiertamente, es así, y no significa que me haré novio de ese chico que ni siquiera conozco, o quizá sí, sólo que no sabía que le gustaba, el punto es que es hombre, ¿y qué? Él se la pasa mortificado por ser gay y eso es visto de la mierda en este pueblucho abandonado de Dios —soltó Bill su frustración, totalmente enojado, porque no iba a dejar que Tom fuera homofóbico y arruinara su relación de hermanos por algo así.
Tom miró al suelo. —No me molesta que seas gay.
Bill parpadeó confundido. —¿No? ¿Entonces qué te jode? ¿Por qué has actuado distinto desde entonces?
—¿Aún conservas la carta? —preguntó Tom sin mirarlo.
—Sí, aún lo hago, ¿pero eso qué tiene que ver? —interrogó Bill sin hallarle la relación.
—Entonces no la rompiste ni la quemaste —barbotó Tom.
—No, no lo hice yo… —respondió Bill pero dejó de caminar al percatarse de lo que había dicho su hermano, rememorando una parte de la misiva.
“Tenía que dejarlo salir y eres libre de romper o quemar esta carta al terminar de leerla…”
Tom también detuvo su andar cuando sintió que Bill había dejado de hacerlo.
—Fuiste tú —soltó Bill, no era pregunta, era una afirmación, hizo que él mismo comprendiera el por qué de la paranoia de quien le escribió la carta, la culpa, el que lo conociera bien, el que fuera un amor prohibido, cada parte de esa misiva cobró un significado diferente.
Tom se giró a verlo y Bill captó cómo es que lucía vulnerable y con los ojos vidriosos, como reteniendo las ganas de llorar, ese sufrimiento y deseo de morir por culparse al amarlo lo tenía él, su gemelo.
—Podemos fingir que nada pasó, que no la envié nunca, porque yo tampoco supe qué hacer con esto, y no sabía que escalaría a… Volverse tu inspiración para una canción —barbotó Tom con el pecho apretado, le costaba mucho ver a Bill, porque se supone que no debía amarlo, no así al menos.
Bill que siempre había estado enamorado del amor, que buscaba la definición de la cual se hablaba en los libros, que había empatizado con un admirador anónimo creyendo que sólo era gay de clóset como él, en realidad, era su hermano, su alma gemela, que se había enamorado de él, que había buscado alejarse, poniendo una distancia entre ambos para olvidarse pero no lo había logrado, cuando Bill… Sabía que la persona que más amaba, aparte de él mismo, era Tom.
Bill se acercó más a su hermano, y lo abrazó, con el de rastas sorprendiéndose al inicio pero correspondiéndole al gesto, sintiendo cómo ambos se envolvían en sus brazos, teniendo a Bill contra su cuello, con su aliento cosquilléandole y su nariz fría.
—¿Y si no quiero? —inquirió Bill sin verlo.
—¿Qué? —preguntó Tom.
—Si no quiero fingir que nada pasó, si quiero saber a dónde nos llevaría esto, ¿qué pasaría? —cuestionó Bill, y el estómago de Tom se apretó, sonrojándose.
—Somos hermanos, yo…
—Lo sé, Tom, pero, ¿y si nadie puede amarme como tú? ¿Y si nadie puede amarte como yo? —cuestionó Bill contra su cuello, antes de dejarle un beso tenue allí que hizo que Tom jadeara.
No había certeza de nada, ninguna clase de seguridad, porque Bill no le asqueaba la idea, tenía sentido para él, porque Tom era su todo, ¿y por qué no intentarlo? No sólo por experimentar, sino para evitar que él pensara en morir si podían vivir juntos, a escondidas, pero intentarlo, porque nadie nunca los amaría así como lo hacían entre ambos.
—¿Y si te arrepientes y me rompes el corazón? —interrogó Tom con la garganta apretada, Bill alzó la vista para sujetarlo por las mejillas, viéndolo con fijeza.
—Tú me has roto el corazón varias veces, y te he perdonado, no importa lo que suceda, siempre regresaremos a nosotros, porque tú eres mío y yo soy tuyo, nacimos juntos, Tomi —masculló Bill por toda respuesta.
Seguía siendo algo incierto, sin embargo, Tom asintió y Bill se inclinó para besarlo, haciendo que ambos compartieran un dulce y casto beso, para luego separarse, porque no podían ser vistos, por más que fuera noche, seguían siendo no sólo dos hombres, sino dos hermanos, que se tomaron de las manos, mientras sonreían viéndose de reojo.
Bill amaba a Tom, y él mismo no había seguido la línea de pensamiento de verlo como algo más, por más que fuera la más evidente, ya que todo lo llevaba a él, habiendo estado juntos desde que se formaron en el vientre materno, sin embargo, el saber que Tom sentía algo más, que lo había torturado por tanto tiempo, esa carga que entorpecía su conexión, pero ahora que lo entendía, que ya no había más muros entre ambos, podía sentirlo, ese amor tan fuerte… Que siempre había estado allí.
Tom se había mortificado tanto, hasta llorar, cuando él no era de hacerlo siempre, guardándose todo, sin embargo, había sufrido en silencio, recriminándose tanto por su sentir, y ahora Bill, lo había besado y le decía para intentarlo, y a él le bastaba, por más que no fuera una correspondencia como tal de todo el amor que sentía por él, era consciente de que sí, le había fallado en varias ocasiones por dejar que importara más el encajar o qué dirán que su hermano, pero intentaría no volver a fallarle, agradeciendo que Bill no lo rechazara ni hiciera sentir enfermo.
Cuando regresaron a casa, Charlotte no estaba, y ellos se metieron a la habitación de Bill, poniendo el seguro, acomodándose debajo de la colcha quedándose sólo en ropa interior, cubiertos como cuando eran infantes, sólo que ahora tenían sus cuerpos de adolescentes y Bill acercó sus manos hacia el talle de Tom, igual de delgado que el suyo, y sintiendo curiosidad cómo es que la piel del de rastas se escarapelaba al tacto, con su gemelo soltando un suspiro.
Bill se acercó a su rostro, volviéndolo a besar como cuando estuvieron en la calle, pero ahora cerró los ojos y subió su mano hasta su nuca, moviendo sus labios sobre los suyos, haciendo que Tom bajara sus manos hasta la cintura de Bill, correspondiéndole, inconscientemente se pegaron más, hasta sentir sus pelvis juntas, en lo que sus lenguas se dieron una contienda entre sus bocas…
Era distinto a como se había sentido besar otros labios, tanto de hombres como de mujeres, eran ellos, como si hubieran sido hechos para encajar perfecto… Que Tom gimió en la boca de Bill, sintiendo cómo se estaban poniendo duros ambos en sus bóxers.
Bill sentía que no había boca más deliciosa que la de su gemelo, y bajó la mano para liberar ambas erecciones y masajearlas juntas, haciendo que Tom le mordiera el labio inferior e incrustara sus uñas cortas en las cintura de Bill, en lo que mecía las caderas para más contacto.
El cómo les vino el orgasmo de lleno explotando sobre el puño de Bill, es que los dejó jadeantes, observándose aún bajo la colcha, y sonriendo, el pelinegro alzó su mano observando la esencia mezclada de ambos en su palma.
—Chúpalo —demandó Bill poniéndole la mano en la cara.
—¡No, qué asco! —se quejó Tom haciendo un mohín.
—¿Y cuando yo bebí orina no fue asqueroso? ¿Uh? Me la debes, aparte, si estaremos juntos, tendrás que chupármela, y yo a ti, ¿no crees? —increpó Bill con aire retador.
—Yo… Está bien —cedió Tom aún poniendo expresión de asco pero tomando la mano de Bill para comenzar a limpiarla con la lengua, pero el que Bill lo observara así, sólo le excitó de nuevo, y el de rastas en realidad, no sentía tanto asco, quizá no podría decir que era su platillo favorito, tal vez era un gusto adquirido, pero sí era tolerable.
Tom al terminar de chuparle los dedos, es que sintió a Bill contra él, y él mismo se estremeció.
—¿Entonces seguiremos? —preguntó Tom un tanto dubitativo, no mostrando ese despliegue de seguridad que era su máscara con las chicas, porque no eran importantes, y sí, el primer chico con que estaría sería Bill.
—Sí, pero ya no nos masturbaré… Déjame tratar algo más —masculló Bill con la voz más grave, bajando su mano ensalivada para colarla en el bóxers de Tom, pero por la zona del trasero, pasando sus dedos por la franja de su culo, haciendo que diera un respingo.
—Yo…
—Sí, lo sé… —susurró Bill contra su cuello, lamiéndoselo, en lo que Tom se aferró a los hombros huesudos de Bill.
Incluso sin hablar, Bill había captado que Tom no había tenido sexo por allí, y sería dulce, lo cuidaría, porque lo amaba, y se haría cargo de Tom, haciendo que el amor que escribió que estaba muerto en su canción, reviviera, y fueran eternos dentro de su habitación.
F I N
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