Administración: VanniaDel publicaba con nosotros desde el inicio, pero este one-shot estaba en Slasheaven, así que lo hemos rescatado para que ustedes puedan disfrutar de la ternura de la historia.

One-Shot de VanniaDel
«Unidos por ángeles»
Había sido una larga trayectoria desde entonces, jamás había sentido algo así. Era casi una desbordante felicidad que incluso conseguía llenarle ese espacio que poseen las personas para odiar o transmitir el odio y el mal. Simplemente así estaba, Drenando cada uno de sus poros de la piel con el bien, al fin tras un buen tiempo en descontento venia un camino mejor que estaba a punto de comenzar. Era su historia.
Bill no había tenido buenas experiencias en las relaciones amorosas, lo acabó de comprobar después de un largo viaje que lo llevaba desde Hamburgo a Berlín con su pequeño hijo que apenas cursaba el año de vida.
Su sorpresa no había sido grata al ver a su esposo rodando por la cama con una desconocida ante sus ojos, ahí, en el que decían ser el nido de amor. David le había dado una gran explicación que no le dejó para nada satisfecho y muy decepcionado frente al padre de Facundo. ¿Cómo se había atrevido a hacerle semejante atrocidad?, En un instante pensó que era debido a que siempre se dedicó a los cuidados del bebé, vivía rodeado de solo motivos infantiles y su matrimonio se habría quebrado por ello.
No fue lo que pasó por su mente lo que hubo esperado oír. Bill y el pequeño habían sido desde siempre su segunda familia.
Una vez instalado en la gran ciudad con su hijo que preguntaba los primeros días sin parar por David, decidió que lo mejor era tratar los planes del divorcio a la distancia, solo con abogados de por medio; Así ambas partes se verían beneficiadas.
Su hermana que le pasaba un par de años mayor, Brooke, le había hecho el enorme favor de cuidar de su pequeño mientras el se empeñaba en buscar trabajo de urgencia.
Después de un mes agotado de recorrer todos los días desde muy temprano en la mañana hasta casi llegada la noche, sin tener éxito, la frustración y la desesperación al no saber que hacer ya le estaba carcomiendo el cerebro.
-No debes estresarte, si no has encontrado nada aun es por algo, el trabajo que necesitas llegara de un día sin mas. Ya sabes, las cosas pasan por algo- Fue el consejo que en su mente divagaba repetitivamente.
Los pocos ahorros que tenia los había dispuesto para alquilar un pequeño departamento en el lado oeste de la ciudad, tal vez ahí le sería mas fácil buscar algo, lo que fuese.
Al mes y medio de haber llegado apenas con ropa y algunos euros con los que hacia malabares, la oportunidad se le vino de frentón. Había sido un simple afiche de papel desteñido el que le había cambiado la vida, mas bien, le había ayudado a sobrevivir de este cruel mundo.
Una semana después de haber dejado sus datos para aquella cafetería, en donde buscaba obtener el puesto de camarero, había tenido la ansiada entrevista con su empleadora.
Era una pelirroja, supuso de debía tinturarse el cabello ya que sus raíces lo gritaban con altavoces; le pareció agradable, no hubo mayores complejidades en el proceso y al estrechar su mano con la de ella un “Estas contratado” resonó en sus oídos.
La idea le parecía fabulosa, no dudo en acudir al pequeño jardín infantil en el cual Brooke se desempeñaba con una parvularia. Necesitaba que le hiciera el favor de los favores; Facundo no podría quedarse solo en casa mientras el trabajaba, y para su suerte el pequeño quedó instantáneamente registrado dentro del pequeño salón de infantes.
Su primer día de trabajo. Como había estado la noche anterior preguntándose como tendría que presentarse, sin mayores decisiones dejaba a su hijo por la mañana y entraba a escasos minutos a la pequeña cafetería.
Grande fue su sorpresa la que se llevo. Toda la mañana había estado un hombre de trenzas morenas sentado en una mesa al lado de los ventanales con una pequeña niña de no más de tres años sentada en una silla para niños. Era el primer cliente que debía atender, lo supo nada más que le echaran una mirada que le indicaba lo que debía hacer.
Fue así que le conoció desde cerca preguntando alguna orden en especial y al no requerir ningún producto de los que ofrecía el local, se daba la media vuelta cuando el padre de la pequeña se presentaba como el dueño del café.
El resto de su día lo había pasado en la oficina de este mismo. Tom Kaulitz. Tom, así le gustaba que le llamasen quienes trabajaban para sus servicios, era casi de su edad tenia 23, un año más que él. No era el típico jefe que uno esperaba, eso estaba claro, para nada arrogante dejando en claro que el era un especie de Dios o algo por el estilo y todos sus trabajadores los súbditos que debían obedecer a sus ordenes.
Le había parecido el tipo más despreocupado y sincero que había visto en el último tiempo.
Tras una semana de trabajo arduo, de llegar con los pies a punto de colapsar por sus botas y con su hijo dormido en sus brazos casi diariamente, solo llegaba a darse un merecido descanso.
Fue un día de aquellos en que curiosamente el café estaba casi vacío, a no ser por los berrinches y reclamos hacia su padre, por parte de Rosse, Hija de Tom, en que una conversación de esas inesperadas pero asertivas llegaba a darse a cabo.
-Hey!, Rosee, mira, ¿No te llaman la atención ya los cubos de colores?, Puedes armar diversas figuras, Oh, una pequeña casita- Rieron ambos acompasados, Bill se divertía con la niña, se habían acostumbrado a estar dentro del mismo espacio y la relación que tenían era bastante amistosa, le agradaban los pequeños. Pero fue ahí en donde sus risas se apagaron de forma automática.
-No te preocupes, está casi vacío, no quería molestar- Ese era Tom, en todas sus reglas, ¿Molestar?, ¡Pero si era su hija! El moreno de cabello raspudo solo sonrió ante la situación, y observo la silla que desolada estaba a su lado.
-¿Puedo sentarme?- Volvió a preguntar algo pasivo, entonces ahí Bill si le respondió alzando el rostro.
-Claro, no deberías hacer tantas preguntas, menos si tienen relación con tu hija- Le aconsejó y soltando una sonrisa le entregó a Rosse las llaves de distintos tonos que le pedía con insistencia.
-No quería arruinar la escena, me hubiese gustado que Rosse tuviera una madre con la que poder hacer esas cosas-
Las palabras habían salido solas. Tom había estado casado con una chica menor que él, ella sufría constantemente de caídas en el alcohol y para su mala suerte, antes de traer al mundo a su pequeña hija, de la cual no alcanzó a su rostro ver, había conseguido algo de cocaína con la cual se propicio su propia muerte.
Viudo, Tom era viudo. Un viudo Negro, se le veía feliz. ¡Pues claro que si!, Nunca hubo amor en aquella relación con Karime, todo lo que había hecho había sido por su hija y por salvarle la vida.
Un mes que se iba ya, había hecho nuevos amigos. Andreas era uno de ellos con quien solían compartir el taxi a las salidas, Kathya era otra de las chicas, generalmente se encargaba de la caja cuando Tom estaba cuidando de Rosse.
Tenia su rutina, y ahora mas que nunca se dedicaba a marcar paso a paso, a primera hora una ducha que le hiciera dejar todo lo adormilado, luego mientras se maquillaba con esmero, dejar preparando el biberón de Facu, como le decía de cariño, luego despertarle, darle su alimento matutino y partir ambos a sus puestos de labor.
Los papeles del divorcio le habían llegado como baldazo de agua fría arruinando de por si la pequeña burbuja que había logrado crear.
David le había seguido a Berlín, no era lo que esperaba, pero después de toda una tarde de discusiones de la cual se suponía que era el día libre de Bill, le cerró la puerta en sus narices en cuanto pudo, dejando así el adiós definitivo.
Los días siguientes su ánimo estuvo decaído, el solo hecho de recordar las palabras hirientes le daban ganas de llorar, estaba casi como un robot haciendo sus deberes, hasta que no pudo contenerse y cuando menos, estallo en el lugar, que según su parecer era el menos indicado.
-¿Estas seguro que quieres que me vaya?- Le preguntó Andreas con la preocupación marcada en su rostro.
-Si, ya me voy, solo necesito un poco de aire- Tras una sonrisa bastante esforzada y ver partir a su compañero de labor, se sentó en la solera del pavimento justo cuando algunas lágrimas de impotencia y rabia brotaban de sus almendrados ojos.
Pasaban los minutos y la oscuridad de la noche había caído, la soledad de las calles comenzaba a aparecer y el frío ya le estaba calando los huesos.
-¿Bill?- Escuchó que le llamaban, no se devolvió, no quería que le viesen en un momento tan privado como dejar ir su debilidad.
La persona que le habló se sentó a su lado dejando su mano descansar en su hombro, Bill se giró para verle a los ojos; y en cuanto Tom vio sus mejillas empapadas le dio un abrazo sin pensárselo dos veces y sin nada que preguntar.
Le había llevado de regreso a casa, eso le había parecido un buen gesto, le había agradecido por ello y en cuanto puso un pie en el departamento Brooke ya estaba preguntándole que es lo que le había pasado y quien era el apuesto chico que le había devuelto a casa.
Los días corrían y era como si en un abrir y cerrar de ojos se hubiera pasado ya uno de ellos.
Por las mañanas llegaba de los mejores ánimos, no se torturaría por alguien quien no supo valorarle y mucho menos lloraría en su nombre, quería buscar alguien quien le ayudase en su vida, un soporte, alguien con quien poder estabilizarse.
Sus pensamientos con respecto a Tom no habían cambiado, solo mejorado, el chico le llamaba la atención pero no quería involucrarse con su jefe, aunque le costaba pronunciar la palabra ya que no estaba acostumbrado a tratarlo como tal.
En las tardes de ese mes se retiró mas temprano de lo habitual ya que Rosse estaba al cargo de su abuela y tener que ir a buscarla y luego emprender el regreso llevaba consigo casi o mas de dos horas de viaje. Pero fue durante ese tiempo.
Después de eso se quedaba a charlar con los demás chicos, ordenando barriendo y dejando las sillas puestas sobre la mesa para ordenar para el día siguiente; así entre risas y comentarios se quedaban sin quejas.
-Muy bien chicos. Iré a buscar las llaves para cerrar ¿de acuerdo?, Muy Buenas Noches y descansen- todos comenzaron a recoger sus cosas para retirarse. Esa tarde Bill recibió una llamada que esperaba desde hacía mucho.
-¿Diga?- El abogado que trataba sus tramites del divorcio le anunciaba que era totalmente libre de cualquier lazo o unión con David. No pudo estar más que contento.
Recogiendo su abrigo su pequeño bolso, dando media vuelta se encontró con que sus compañeros ya habían salido
-Pero si serán- Sonrió divertido y caminó hasta la salida, justo cuando Tom bajaba de las escaleras y le asustaba de paso.
-Lo siento- se disculpó, solo rieron suavemente y salieron del local tras apagar las luces.
-¿Y esa preciosa sonrisa?-Le preguntó, entonces no pudo mas que sonrojarse desviando la mirada y tras una risita nerviosa contestar.
-Ha finalizado el Divorcio- Tom le sonrió y asintió con la cabeza.
-Me alegro-
-Gracias- Todo cerrado y los chicos afuera, ellos cerca del local y el demás grupo esperando como siempre por el taxi.
-Si quieres puedo llevarte- Le ofreció con suavidad.
-He quedado de acuerdo con Kathya, le entregaré una de sus revistas que me ha prestado- Se excusó tímido sin perder la curva hacia arriba de sus labios.
-Para otra vez entonces, Adiós- Y dicho esto, un beso en su mejilla había llegado sin previo aviso.
Tom había faltado unos días, Rosse estaba enferma y no tenia con quien dejar a la pequeña, había llamado la misma mañana en que se había ausentado.
-Kathya, creo que un pare de veces he visto pegado el numero del móvil de Tom ahí al lado del fichero- Interrogó preocupado.
-Oh, si, lo dejó desde un comienzo por alguna emergencia.
Bill pensó si sanar a Rosee era una emergencia, y sin dudar ni un segundo sacó su móvil tecleado los dígitos para llamarla.
-¿Tom?, Soy Bill- Llamó una vez que le habían contestado.
-Si, Hola- Contestó algo cansado, desde su lado se podían oír las quejas y llantos de la pequeña así que decidió acatar.
-¿Qué síntomas presenta Rosse?
-Ha estado decaída desde anoche, tiene fiebres altas…-Narró medio desesperado.
-Bien, que otro signo, ¿Su saliva se ha vuelto espesa?, ¿Tiene un resfriado o algo así?- Intentó ayudarle.
-Lo de la saliva si, pero ha querido estar todo el tiempo en mis brazos, nada mas, eso me exaspera-
-Hey, tranquilo, creo saber que le sucede, debes llevarla a un medico de urgencia-
-¿Es algo grave?- Bill rió con suavidad desde el otro lado.
-No, creo que es una amigdalitis, le darán algunos antibióticos-
-Oh, gracias, he estado sin dormir por cuidarla-
-Lo he notado, quedé algo preocupado cuando llamaste en la mañana, Frank me lo dijo, y pues, como sé de niños cogí tu numero del móvil de las notas de emergencia- Explicó un poco tímido al saberse atentamente escuchado.
-Gracias por todo Bill, bien debo dejarte, Rosse esta llorando-
-Adiós-
Y ahí finalizó la llamada. Tom no fue el resto de la semana. Y para el fin de esta llegaba su día libre el cual disponía como cada semana para llevar a Facundo al parque y luego hacer la compra.
Estando en el supermercado y con el carrito con su hijo sentado en el improvisado asiento, llegando a buscar unos deliciosos pasteles, sus favoritos, se encontró con la persona que había abordado sus pensamientos en sus últimos días.
-Hola pequeño- Giró su rostro del lado de la pastelería y quedó mirando unos segundos a Tom que saludaba a su hijo.
-Tom- Saludó con una sonrisa. Su hijo soltó una risita al ver como Rosse se le acercaba a tomarle las manitas.- ¿Qué tal está esta princesa?-
-Bien, era justamente lo que tu habías dicho- Bill se sintió orgulloso de inmediato.
Entre sus conversaciones ahí en medio del supermercado acabaron pagando juntos y en camino al departamento del moreno, donde compartirían una taza de café recién preparado mientras sus hijos jugaban en la sala.
-Hacía mucho que no me pasaba a solas con ella enferma, es complicado- Bill asintió con la taza en sus manos y tomando un sorbo para mirarle con comprensión.
-Facu una vez estuvo casi una semana entera con fiebres y síntomas posteriores a una vacuna, creo que ha sido su enfermedad mas duradera, la sufrimos ambos esos días, estábamos solos- Sintió arrepentimiento de haber dicho mas palabras de las que debía y desviando su mirada intentó cambiar el rumbo de la conversación.
así habían pasado el resto de la mañana, hasta que Hellen, la madre de Bill había avisado que para la hora después del almuerzo estaría haciendo acto de presencia, fue así que Tom y su hija habían emprendido rumbo a su hogar.
De vuelta en el trabajo las cosas habían estado como normalmente, una tarde ya casi a la hora de colación que Bill tenia, le había llamado David pidiéndole que le dejara ver a su hijo. Al principio le pareció algo absurdo, ya que nunca hasta ahora se había preocupado por el pequeño. No aseguró nada pero tampoco lo contradijo y antes de que hubiera finalizado la llamada había percibido el claro “Feliz Aniversario” que le dedicaba con mofa su ex esposo.
Lagrimas no habían habido, ya le estaba superando, no es que fuera algo fácil, pero se le había vuelto mas sencillo ya que nunca se habían tratado como fueran una pareja de felices enamorados.
Sentado en las escaleras a forma de caracol que no estaban a la vista de los clientes, se había puesto a pesar, y salido de la nada Tom se había puesto a su lado a hacerle compañía. Eso le agradó.
-¿Estas bien?- Fue la primera pregunta que le hizo. Solo asintió con la cabeza sin darle una mirada.
-Es solo que estaba pensando, hoy hubiese sido un día importante-
-¿Hubiese?-
-Si- Bill se giro a su medio lado y clisó su mirada unos segundos antes de esquivarla.
-¿Estas seguro?- Intentó escarbar algo de información mas certera.
-Hoy hace un año, me casé con ese idiota. Por suerte no tengo que verle la cara, me daría asco- Concluyó seguro. No es que hubiera hablado muchas veces de eso con Tom, para ser honestos, solo una vez anteriormente.
Los minutos fueron pasando, y así Bill se fue desahogando con plena confianza. Había soltado cada detalle como no lo había hecho con nadie, se sentía mejor después de todo.
-Y ahora quiere ver a Facu, lo que mas me ha dolido fueron las crueles palabras que uso para tratarme. No soy un maldito camarero ofrecido, mucho menos un fácil o un aprovechador de mi superior- Secó con algo de ira sus lagrimas que sin haberse dado cuenta habían aflorado desde sus ojos.
-Sabes que eso es mentira, no debes llorar y menos si es por ese tipo. Ignóralo y focalízate en tu futuro, en lo quieres hacer mas adelante- Asintió no muy convencido mirando hacia e horizonte borrando las ultimas huellas de humedad que hubieran en sus mejillas.
Desprevenido como estaba, volteó su rostro percatándose de lo cerca que Tom estaba con el suyo, mientras posaba delicadamente su mano en su mejilla y le atraía a sus labios. No lo dudo ni un segundo y al sentir el cálido aliento y esa suavidad calurosa que le rodeaba, le correspondió con lentitud y parsimonia. Ladeando su rostro en un mejor ángulo y profundizando aun mas, atrayéndole por el borde de su camisa para que no se alejase; sintiendo como le acariciaba la nuca al terminar sus morenas rastas.
-Debo volver, ya ha de haber terminado mi hora- Murmuró sin separarse mas de unos milímetros de los dulces y tiernos labios de Tom. Le fue soltando de a poco el borde de la camisa al tanto que dejaba de sentir que le acariciaba la mejilla.
No supo como actuar, pero la sonrisa sincera que le brindó el de trenzas le había dejado conforme. Se puso de pie y bajo los últimos escalones con la cabeza media a gachas.
-Si llegas un poco mas tarde, le dices a tu jefe que has estado conmigo, de seguro no se molesta- Bill le devolvió la sonrisa mientras se sonrojaba y se devolvía a su puesto de trabajo.
Ya se le habían aclarado mas las cosas. Le gustaba su jefe. Le gustaba Tom. Hacia mucho que tenia esa duda sembrada en su mente, pero después de esa tarde no volvió dudar ni un segundo mas.
Todas las tardes le despedía de un beso en la mejilla, cosa que los demás no pasaban por desapercibidos y cuando llegaba la hora de coger el taxi, las bromas y los juegos comenzaban.
A Bill no le molestaba ni un poco que sus compañeros le avivasen como a una adolescente, de hecho ese cálido sentimiento que amistad que compartían entre el grupo se veía mas fortalecido por ello.
Había ocasiones en que se las apañaban para apurarse con los quehaceres para estar listos antes que Tom bajase de su oficina y así les dejaban un tiempo a solas.
Rosee estaba en la casa de su abuela, por eso Tom no cargaba nada en sus brazos, habían pasado casi dos semanas después de el contacto mas intimo que habían tenido; y el de trenzas supo bien como aprovechar esa ocasión, tomando igual que la vez anterior, a un despistado Bill que estaba recogiendo sus cosas aun con su delantal del uniforme puesto.
A luces medias anaranjadas y opacas estaba la cafetería, y a solas. Todos estaban desde afuera observando por la ventana del rincón para que así nadie les descubriera.
-Luego nos agradecerás por eso Bill- Habló Mellisa contemplando la escena, sus compañeros asintieron entre risitas y no despegaron ojos ni por si acaso.
Tom llego a su lado muy cuidadoso en silencio y le giró con sus brazos puestos en su cintura, Bill había dado contra la barra y muy sonrojado y sorprendido, había puesto sus manos en el pecho de su acompañante.
-Tom…- Murmuró algo cortado pero con una sonrisa algo aliviada.
-Quítate esto- Pasando sus manos por el contorno de las caderas del moreno, fueron a parar en su espalda baja, justo donde se encontraba en pequeño nudo de su delantal. Le apretó con suavidad mas a su cuerpo y sin previo aviso, le besó con mas emoción que la vez pasada. Bill no le detuvo y le correspondió poniendo sus brazos por los hombros de Tom, quien mientras tanto desanudaba y pasaba por entre medio de sus cuerpos el blanco delantal con rayas azules, intentando no cortar el beso.
Unas risitas se hicieron presentes cuando al llegar la prenda cerca de su cuello, tuvieron que separarse para poder quitarla completamente.
Bill suspiró dejándose hacer y una vez liberado de su uniforme del cual no supo a donde fue a parar, comenzó a abrigarse para salir a la fría noche.
-Te llevo a casa ¿Si?- Preguntó Tom a un medio encima de su cuerpo, tuvo de respuesta un asentimiento con una dulce sonrisa.
-Me encantaría-Susurró Bill viéndole a los ojos los cuales le analizaban su expresión.
-A mi también- Y para continuar con ello salieron del local como si nada hubiese pasado.
-Wow, han visto eso, por Dios, somos unos completos cupidos- Dijo un impresionado Andreas que no se había quitado ni para pestañear.
-Somos unos Ángeles, debemos hacer esto mas seguido- Continuo una morena de ojos oscuros.
-Tal vez debiéramos cambiarle de puesto a Bill, que el se quede con el mío, así tendrá que ir a su oficina mas veces- Apuntó Kathya, que como se encargaba de la caja, tenia que partir varias veces al día a la oficina de Tom por diversos motivos.
Así habían pasado mas días y misteriosamente Kathya había faltado un día y, como nadie mas se atrevía a manipular la caja, no quedó mas remedio que Bill, por descarte se ocupara de ella.
Una semana mas, y aun seguía en el mismo puesto, su compañera de labor no se había interesado en lo mas mínimo de volver a su lugar original. No le había parecido una mal idea, así que se encargó felizmente de su nuevo lugar.
Subiendo las escaleras se había topado con Rosse que jugaba al lado de una cama que tenia para cuando era la hora de sus siesta. El segundo piso del local estaba estrictamente habitado por los juguetes y cosas relacionadas a la pequeña, era casi como su segunda casa, lo único laboral de ese piso era la oficina de Tom que quedaba en un extremo.
-Oh, pero Rosse, mira este desorden- Regañó con suavidad al ver su camino lleno de juguetes esparcidos que le dificultaban su andar.
Llegado a la oficina de Tom, le pidió algunos favores relacionados con el café y pasaron cerca de cuarto de hora ahí hablando.
-Te invito a cenar esta tarde en mi departamento, ¿Qué me dices?- La idea le parecía fabulosa, pero su hijo, tendría que recogerlo y luego que…
-Suena genial, pero debo ir a buscar a Facundo a casa de Brooke y luego volver a…
La mano de Tom se había puesto sobre la suya, quien le miraba con una sonrisa encantadora.
-Vamos los dos a buscarlo, luego pasamos a tu piso y si quieres puedes cambiarte de ropa o algo así, no hay problema- Asintió algo ruborizado y el resto de su tarde se pasó en un abrir y cerrar de ojos.
Tal cual planeado, llegada la hora de irse, se enrumbaron a la casa de la hermana de Bill, quien le deseó la mejor de las suertes para esa noche, a sabiendas que era algo muy importante para él.
Al llegar a su departamento se sintió mas incomodo de lo que había pensado, Tom traía en brazos a Rosse que no dejaba de hablarle animada a Facundo.
-Ve tranquilo, yo me encargo de estos pequeños- Le dijo Tom al notarlo algo tenso, suspiró y dejando a su hijo en la alfombra con algunos juguetes, se dispuso a partir a su habitación.
-Gracias- Pasó por el lado del de trenzas y antes de desaparecer tras las puertas le dejó un beso en la mejilla.
Se dio la ducha mas a conciencia que había tomado los últimos días, saliendo mas relajado de lo que hubiese ingresado.
Minutos mas tarde dejaba a un Tom muy boquiabierto : Su cabello hacia atrás, sus ojos bordeados con sombra azul oscuro dándole un efecto enigmático, una camiseta ajustadísima a su piel en color musgo, pantalones negros que dejaban muy bien demostradas sus delgadas piernas y sus botas recién regaladas por su madre.
-¿Nos vamos?- Preguntó sintiéndose algo observado. Sonrió tímido y cogiendo su bolso del sofá, tomó la pequeña manito de su hijo.
-Te ves como otra persona, estas espectacular- Admiró Tom cociéndole de la mano libre y besando delicadamente la comisura de sus labios.
Llegados al piso del de trenzas, Bill pudo observarle maravillado, era mas espacioso que el que él tenia, era algo obvio, pero después de todo se hacía notar, todo muy bien decorado por la madre de Tom.
Prepararon la cena sin por menores escuchando las supuestas conversaciones que tenían sus hijos mientras se entretenían a su modo en la sala de estar.
Pasta, habían cenado el delicioso plato que en su mayoría había preparado Tom, sorprendiendo de paso a su invitado por lo delicioso que se le había notado.
Los niños habían caído dormidos entre sus juegos y de forma amable Tom había cedido la habitación de Rosse que tenia una cama pequeña y una cuna en donde podrían quedarse ambos muy cómodos a por su siesta.
En la cocina mientras que el trenzado ordenaba el comedor Bill simplemente se disponía a ayudarle con el orden de la vajilla, pero se vio impedido ya que unos brazos le rodearon su cuerpo inmovilizándole entre risitas.
-Después ordenamos, ahora aprovechemos que esos revoltosos están durmiendo y nos han dado tregua- No se contuvo mas y se apoderó de esos labios que todo el día le llamaban la atención.
Muy abrazados llegaron hasta topar con el siguiente mueble de la cocina, donde Bill quedó sentado minutos mas tarde tras que Tom le tomara en brazos y sujetado por los muslos, le elevara hasta allí.
-Siempre me aprisionas contra algún mueble de cocina- Jadeó Bill soltando una risita entre dientes.
-Es solo coincidencia- Se excuso empezando a besar su cuello de a presiones suaves.
-Tom…- Dejó su cabeza descansar en el hombro de este y con sus manos fue desabotonando lentamente la camisa que llevaba puesta.
Volvió a sus labios sin apuros pasando sus manos por sus hombros para ir quitando despacio la prenda de ropa que ya empezaba a sobrar debido a las alzas en la temperatura. Tom dejo a su vista su formado torso mientras acariciaba en liso abdomen de Bill por debajo de su polera provocándole algunos suspiros.
Los besos se fueron tornando de a poco mas apasionados, y cuando menos lo esperaron ya que estaban completamente sumidos en su burbuja, el llanto de Facundo se hizo presente.
Las caricias se detuvieron al instante. Bill detuvo sus manos a la altura de el abdomen y la otra en la clavícula de Tom, quien tenia las suyas en los bordes de la camiseta del moreno, que iba a la altura de su pecho.
Se quedaron mirando jadeantes y el de rastas fue el primero en actuar.
-Dejémoslo para otro día- Murmuró besando por ultima vez los labios del trenzado, que al dejarlo caer tuvo un sonido húmedo.
-¿Y si te quedas?- Bill le acarició la mejilla pasando sus labios por su mandíbula.
-No puedo, no he traído nada para Facu, otro día será mejor- Tom le acercó mas al borde del mueble y cogiéndole en brazos le dejo en pie con una sonrisa.
-Ve a verlo, mientras yo le preparo su biberón ¿de acuerdo?- Le acomodó la camiseta tomándole la mano, la beso en su dorso dejándole ir.
-La medida está justa, solo debes ponerle el agua- Le guiñó un ojo y fue en busca de su pequeño.
Los días fueron pasando, ninguno había presionado con respecto a lo acontecido en el piso de Tom, si se había notado el cambio de sus sonrisas compartidas o besos en la mejilla que no eran exclusivos para un saludo o una despedida; se habían convertido en algo usuales.
Un mes después, todos en el café estaban enterados de su relación de modo formal. Estaban muy contentos y al parecer esa felicidad les había llevada a Bill y a Tom a querer consolidarla de la mejor manera. Haciendo el amor.
Tom le había llevado al segundo piso de la cafetería, pero Bill al darse cuenta de donde estaban decidió mejor que partieran al departamento de Tom, donde esa noche se entregaron por completo, estando sus hijos en la habitación contigua, compartiendo el sueño.
-Te amo- Bill le siguió besando tras oír aquella declaración y tras recibir una de las ultimas embestidas se dejo llevar por el punto máximo del éxtasis.
-Yo también- Le respondió sintiendo esos acalorados besos en su clavícula.
Así cayeron dormidos hasta el día siguiente.
Las cosas cambiaron, Bill y Facundo se mudaron a su nuevo hogar junto a Rosse y Tom a su piso. Sus hijos estaban felices, Facundo había cumplido ya su segundo año de vida y la pequeña rubia estaba por cumplir los cuatro.
Así como la pareja estaba por tener sus primeros seis meses de relación, en el cual una cantidad semejante antes de eso, Bill había comenzada a trabajar en el café.
El tiempo fue corriendo, los días eran maravillosos en su vida en familia y cuando menos lo esperaron fue que una noticia les conmovió.
-Bill, en verdad, yo creo que tu estas esperando un hijo- Le dijo un día de esos Kathya, su mejor amiga, mientras le acompañaba en el baño mientras este vomitaba.
-Por Dios, creo que si- Salió del cubículo y fue a lavar su pálido rostro.
-Debes decirle a Tom para que te lleve al medico de inmediato- Bill suspiró y tras unos minutos ya estaba contándole todo al trenzado.
Horas mas tarde lo confirmaban.
-Estas en cinta- La frase no pudo sonarle mas emotiva, se abrazó con fuerzas y algunas lagrimas a Tom que no dejaba de sonreír de felicidad.
Ángeles habían sido los que les habían unido, y ya estaban recientemente liados de una manera mas ante la sociedad. Dos años después de que Bill llegara a Berlín, se estaba uniendo en nupcias con el hombre que le había cambiado su vida con acciones positivas.
-Acepto- Dijo bastante seguro. Entonces sin esperar mas Tom le besó mientras sujetaba con una mano su mejilla y con la otra acariciaba el ya abultado vientre de su ahora esposo.
F I N
Gracias por leer.
Aaah, joder no tengo palabras para decir lo hermoso que este este OneShot♡. Me encantó, gracias por el rescaté <3
Creo que los fics que tienen niños pequeños siempre son tiernos 😉 Gracias por el apoyo
Que romántico y hermoso está este fic, es corto pero muy emotivo 💜
Que bueno que hayas disfrutado de este rescate. MUAK