N/A: Tenía una idea que se me ocurrió hace años luego de ver los disfraces del 2018, y hoy en un estado maníaco lo desarrollé, básicamente por una foto donde se ven a los gemelos en un baño (?)

One-Shot de Kasomicu
«Crónica de cómo Shrek engañó a Fiona con la hermanastra fea»
Las luces incandescentes lo cegaban, pero sonreía frente a ello, le fascinaba la atención, las fotografías, el bullicio de la fiesta, el codearse con celebridades, su ego se volvía grande, alimentándose de todo ello, por lo mismo, es que decidió brillar de algún modo a pesar de ser acompañante de Heidi y Tom, quiso ser su propia versión de la reina de Halloween, una versión drag, pero llamativa, a pesar de estar al lado de Shrek y Fiona, era imposible que no lo notasen.
Bill se registró mientras jugueteaba con el cigarrillo entre sus dedos, para luego volver a darle una calada, moviéndose descoordinado en la pista de baile, sin pareja pero tampoco estando solo, era consciente de los pares de ojos que estaban siguiendo cada uno de mis movimientos, estaba muy al tanto de que su falda se levantaba durante su improvisado baile, y de lo mucho que acentuaba su talle sus prendas superiores, adoraba sentirse así, deseado, provocando sensaciones en el resto.
Veía a Tom sentado en la mesa, con la incomodidad retratada en sus ojos, porque el resto de sus expresiones estaban congeladas por los implantes. Realmente Heidi lo había convencido de hacer aquello, por más que se negara en varias ocasiones, y Bill sólo reía por la capacidad de persuasión de la mujer, era algo que admiraba de ella, porque compartía esa fascinación de manipular a su antojo al resto para que le dieran su propia satisfacción por más egoísta y superflua que sea, ella tenía poder.
Vio que su hermano lo miraba con fijeza y se extrañó un poco, aunque también sabía que no era tan raro, era evidente que también lo desestabilizó con su look, Tom era malo ocultando sus reacciones, se relamió los labios al imaginar qué tanto habría podido afectar a su hermano. Mientras Fiona charlaba sonriendo, poniendo posesivamente la mano en la rodilla de Tom, su hermano no dejaba de mirarlo, ¿sería bueno que se acercarse? Se cuestionó pero con su cuerpo ya decidiéndolo antes que su mente, caminando en dirección a la mesa que su hermano compartía con la modelo.
Al estar lo suficientemente cerca, Heidi le sonrió y palmeó el asiento a su otro extremo, mantenía el gusto de tener a ambos gemelos a sus lados, pero él negó con sutileza.
—¿Tom, me llamabas? —preguntó Bill, percibiendo aún la incomodidad en él, y al mismo tiempo el que no pudiera dejar de observarle, se cuestionaba si se debía a su outfit o si más bien era una petición tácita de auxilio.
—Sí, necesito que me ayudes con algo —explicó escueto su gemelo, retirando con delicadeza la mano de Heidi de su rodilla, susurrándole algo en el oído antes de levantarse—. Vamos, Bill —pidió Tom, con un andar extraño por las prótesis.
Bill intentó no reír mientras caminaba junto a él, cuando se alejaron lo suficiente del grupo de Heidi soltó un: —Me estoy meando, y no puedo hacerlo sin ayuda, ¿puedes creerlo? Realmente me arrepiento de acceder a esto —soltó Tom quejumbroso, ambos dirigiéndose al baño.
—Wow, así que quieres que te eche una mano —respondió Bill sin evitar reírse sonoramente después de decirlo. Tom lo miró con lo que podía adivinar era una forma de denotar enojo sin poderlo mostrar del todo por tanto molde en la cara.
Entraron al baño, Tom le pidió que pusiera seguro «No quiero que nos vean juntos acomodándome el pito y piensen mal», explicó con simpleza, Bill obedeció sin poder dejar de reírse.
—No entraremos en el baño con tu disfraz, así que en el urinario deberá bastar —comentó Bill mientras le bajaba el cierre, y le sujetaba el pene en dirección al orinal.
Escuchó el suspiro de satisfacción de Tom al poder vaciar su vejiga, después de terminar de hacerlo Bill no soltó el pene de Tom.
— Hey, ya puedes subirme el pantalón —mencionó Tom, tragando un poco de saliva por el continuo tacto de Bill.
—¿A qué de a gratis era? Tom, ya te di una mano, ahora déjame cobrarme un poco —susurró Bill contra la mejilla con prótesis de Tom.
—Bill, no creo que sea buena idea, estoy… Ya sabes, ahora estoy con Heidi, ya no podemos hacer lo de antes, sabes que no nos fue bien —comentó Tom, hablando de la boca para afuera pues no se movía ni un ápice, y disfrutaba de las caricias que le prodigaba su hermano, el bamboleo experto, y la mirada cargada de deseo en sus ojos.
—¿Y crees que ella no lo ha pensado? Vaya, me sorprende de ti que no seas perspicaz, ella nos acaricia a ambos, y mantenía una cercanía que no es lo más normal, Heidi también nos observa cuando estamos juntos pasando nuestro tiempo de gemelos, puedo adivinar que incluso lo aprueba y desea un trío conmigo, no te hagas el que lo ignora, Tom… Aparte no sería la primera vez que lo hacemos en un baño durante una celebración y fueron buenos momentos, no puedes negarme eso —afirmó Bill.
—Bill… —intentó hablar Tom, pero su voz terminaba en un jadeo ronco, era verdad, Heidi le había mandado indirectas de hacer otras cosas entre los tres, pero él se había hecho el desentendido, y no podía negar que aún le prendía su hermano, más cuando lo vio de aquella forma, vestido con una falda, ropa ceñida y acentuando más sus rasgos femeninos, aunque fuera de un modo caricaturesco, le excitaba demasiado.
Bill se relamió los labios, viéndole con una sonrisa.
—Me encanta cómo finges poner “algo” de resistencia, supongo que lo haces simplemente para no sentirte culpable, pero… Tal vez te olvides que antes de ser un esposo eres mi gemelo y eres mío —susurró Bill, no pudiendo lamerle la oreja porque estaba cubierta por la prótesis, sin embargo, haciendo que de igual forma Tom se estremeciera—. Lo bueno es que no llevas prótesis debajo —acotó, bajándole un poco más los pantalones.
—¿Por qué…? —preguntó vagamente Tom, cuando vio en el reflejo del espejo cómo su gemelo abría su cartera con una sonrisa traviesa en el rostro, antes de sacar un sobre que reconoció, “este hijo de… Charlotte vino preparado”, pensó, viéndolo morder el sobre para abrirlo, y luego guiñar un ojo, era un maldito provocador.
—No pongas esa cara de sorprendido, hermanito… Si sabes que siempre he preferido ser el que da —soltó burlesco Bill, para luego echar el lubricante en sus dedos.
Y sí, Tom lo sabía perfectamente, porque cuando estaban juntos era la posición más usual entre ambos, que si bien se turnaban, solían hacerlo de esa forma porque Bill pese a ser tan afeminado, tenía una predilección por dominar todo el tiempo, sólo que… Tom cerró los ojos al sentir cómo dos dígitos hurgaban en su interior, comenzó a relajarse inmediatamente, como si no hubieran pasado más de un año sin tener intimidad con su gemelo. Lo habían intentado, de verdad que sí, pero Bill era una constante en su vida, por eso es que se les dificultaba separarse y mantenerlo “fraternal” ya que siempre terminaban coqueteando entre ambos, y… Suponía que de algún modo el mayor se lo había buscado, ya que al verlo tan tentador en la pista de baile, sólo pensó en lo sería tenerlo solamente para él…
Bill sabía leer entre líneas, y también sabía leer a su gemelo, sabía que ese “ponle el seguro” implicaba más, aunque Tom se negase a admitirlo.
Heidi no llenaba a Tom… En más de un sentido, es decir, sí, el sexo era agradable, pero Tom no podía evitar en pensar en él mismo cuando la veía disfrutar, cavilando en lo mucho que él mismo disfrutaba al ser penetrado, pero no por cualquiera… Sino el ceder por completo el control a su gemelo, y admitía que muchas veces terminaba masturbándose en el baño porque no conseguía correrse, simplemente terminaba cuando pensaba en Bill. Extrañaba a Bill, en tenerlo no sólo como hermano, sino como pareja, como amante. El castaño simplemente se había convencido de que lo mejor era que él tuviera una pareja, y se separaran, porque, ¿qué sentido tenía? Su relación no los llevaría a ningún lado, nunca podrían hacerlo público, nunca podrían ser por completo felices, y el ser exclusivos muchas veces había desencadenado en infidelidades, y cosas que no podían terminar de reprocharse entre sí.
Su amor estaba hecho para sangrar… Pero en este punto, joder, Tom mandaba todo su lado racional al diablo, porque anhelaba el sentir a Bill, el cual seguía curvando los dedos en su interior, haciéndolo empujar su trasero contra ellos. Sólo Bill podía excitarlo de esa manera, ponerlo de cero a mil con sólo un roce, estaba totalmente maquillado, con un look casi caricaturesco, pero aún tenía esa mirada oscurecida por la lujuria, y a pesar de la peluca e incluso la falda, seguía teniendo ese poder sobre él, ese que hacía que percibiera sus piernas trémulas mientras seguía tocándolo en lo más profundo de su ser, y sintió su mirada clavada en él mientras lo hacía, y Tom… En realidad se moría por sentir sus labios sobre los suyos o sobre su piel, sin embargo, no podía quitarse las prótesis o llamaría más la atención de Heidi.
Tom puso los ojos en blanco al sentir cómo Bill daba con su próstata.
—Mierda… —siseó Tom, realmente disfrutando del toque de su gemelo, el cual con la otra mano comenzó un bamboleo en el miembro del castaño, haciendo que se dilatase aún más, para luego meter otro dedo, espigándose un poco por la intromisión, pero de todas formas disfrutándolo, Bill sabía perfectamente cómo tocarlo para hacerlo jadear.
Aún recordaba con cierto humor cuando fingieron “que se había perdido el anillo de Bill” en el baño, encerrándose y teniendo sexo desenfrenado. Y esto era algo parecido, sólo que con ellos con disfraces, y Tom usando uno que realmente lo inutilizaba demasiado.
Tom sintió cómo Bill metía otro dedo, mientras veía cómo se mordía el labio inferior, evidentemente disfrutando el tocarlo, mientras pensaba en lo que se sentía tener ese calor no en sus dedos sino en su polla, la cual estaba apretada en su mini short que tenía debajo de la falda. El castaño no se quejaba de los dedos de Bill, por más que sí era un tanto incómodo, principalmente por las uñas de su gemelo, aunque de algún modo se las arreglaba para no hacerle daño, como la mayoría de veces que lo preparaba con uñas algo más largas. Así que Tom disfrutaba de esa doble estimulación de tener su próstata siendo tocada como un timbre por los testigos de Jehová hasta sentir cómo su miembro bañado en preseminal era acariciado raudamente. Joder, si Bill seguía así iría a correrse.
—Bill… —soltó Tom, con una súplica en la mirada.
—¿Qué pasa, ratoncito? ¿No es suficiente para ti? —preguntó Bill con un tono más agudo, el cual usaba simplemente para molestarlo, haciéndolo gruñir y luego el menor rió.—Está bien ahora te daré lo que tanto deseas, Shrek —acotó, sacando sus dedos de su interior, para luego guiar su erección hacia su hendidura—. Oh, pobre Fiona… Si supiera que la engañas conmigo, ¿qué crees que diría? —cuestionó con chanza, comenzando a introducirse en su interior.
Tom boqueó, relajándose mientras sentía cómo la virilidad de su gemelo latía en su interior, se mordió el labio inferior por dentro de la prótesis.
—Joder, Shrek… Aprietas tan rico —siguió Bill, empujándose cada vez más.
—Deja de llamarme así —pidió Tom, frunciendo el ceño detrás de la prótesis, sintió cómo Bill se carcajeó—. Aparte si yo soy Shrek tú serías la hermanastra fea —molestó el castaño.
Bill se rió con más ganas.
—Por favor, Tomi… Sabes muy bien que te excito mucho, ¿no? Y que soy hermoso —soltó jactancioso Bill, terminándose de meter por completo, haciendo que ambos sisearan por la sensación—. Tan apretado, mi Tomi… Mío, sólo mío —masculló, apretando una nalga con su mano, mientras que volvía a tocar su erección, haciéndolo gemir—. Sí, eso, gime para mí… Como mi pequeña zorrita —soltó con lascivia, para luego relamerse los labios.
Sólo Bill podía decir eso mientras se la metía, por más que el que lucía como una zorra era él al estar como drag con maquillaje, peluca y falda, pero no, Tom no diría nada, porque era verdad, en la intimidad él podía ser muy goloso llegando fácilmente a ser visto como una zorra para otros, pero en realidad sólo Bill conocía esa faceta suya.
Tom empujó su trasero contra la pelvis de su gemelo, haciéndolo jadear, apretando un poco más su interior para enloquecerlo, quería sacar a flote ese lado que conocía de Bill, ese que era tan desenfrenado que podía hacerlo venir sin necesidad de tocarle el pene. Vio los ojos felinos de su gemelo en el reflejo, y lo supo, había dado en el clavo.
Bill lo sujetó por ambas caderas, para comenzar a penetrarlo con rudeza, haciéndole ver estrellas y aferrarse a la pared, oh sí… Ese era su Bill, le estaba dando justo en la próstata, por lo que sentía cómo la excitación iba acumulándose más y más, endureciendo su verga, y haciendo que diera botes contra su disfraz.
El menor seguía meciéndose, con la faldita levantándose mientras seguía penetrándolo, nunca nadie podía compararse a su Tomi, su culo tan apretado, y él tan dispuesto para Bill… Y cómo se sentía su trasero firme contra su palma, sabía que ningún culo era tan delicioso como el de su gemelo. Siguió dándose impulso, sintiéndose tan resbaladizo en el interior de su hermano, y cómo el mayor se adecuada tan bien a su miembro, consiguiendo que Bill pensara que realmente los esfínteres de su hermano habían sido hecho para complacerlo, teniendo ese pensamiento tan egoísta, porque sí, encajaban como un rompecabezas, porque ningún cuerpo podía compararse al de su gemelo, porque incluso con ese disfraz horrendo, lo hallaba excitante, y sólo podía pensar en todo lo que quería hacerle desde que lo vio, se relamió los labios, siendo consciente de que lo hacía más por maña que otra cosa, ya que no podía besarlo, y eso le frustraba, pero relamiéndose los labios, al menos controlaba la manía que tenía por poseerlo con la boca.
El baño estaba lleno de los gritos de placer de ambos, los cuales eran disimulados por la bulla en el exterior. No podían prolongarlo más, no es que sus cuerpos pudieran resistir mucho tampoco, como no solían usar protección entre ambos, las sensaciones eran más abrumadoras, y sus cuerpos estaban más sensibles, y aumentándole el hecho de que no lo habían hecho hace mucho.
Bill siguió con embestidas en su interior, mientras que Tom seguía empujándose contra él, como si buscara más y más profundidad, aunque el castaño sabía que su hermano tenía el miembro de un tamaño considerable, incluso más largo que el suyo, también algo más grueso, y algo curvado que hacía que fuera más placentero cuando se la metía porque directamente le daba a su próstata.
El menor siguió arremetiendo en su interior, hasta que Tom apretó demasiado, iría a correrse, lo sentía en sus bolas, era demasiada estimulación en su próstata.
—¡Mierda! —soltó Tom, viéndose contra el urinal.
Bill apoyó su frente contra el hombro del mayor, para dar un par de estocadas hasta que terminó viniéndose dentro de Tom. Se salió con cuidado, y sacó paños húmedos de la cartera para limpiar a Tom, tanto adelante como atrás.
—Listo, aquí no pasó nada —soltó Bill, guiñándole un ojo, luego de subirle los pantalones, y él acomodarse la falda.
—¿Entonces qué somos? —preguntó Tom, sintiéndose un poco tonto, ¿acaso sólo había sido sexo para su gemelo? Porque él lo había sentido, más allá del aspecto físico, él había sentido su conexión fuerte y clara.
—¿Gemelos? —cuestionó Bill de vuelta con una sonrisa y alzando una ceja.
—No me refiero a eso, idiota —masculló Tom.
—Está bien… Sí, lo sé. Sólo estaba jugando —farfulló Bill—. No te pediré que dejes a Heidi, ¿sabes? Puede ser una buena tapadera. Podríamos comentárselo o simplemente seguir haciendo nuestras cosas aparte —acotó con frialdad el menor.
—¿Utilizarla? —inquirió Tom. Bill se alzó de hombros.
—No veo por qué no. Digo, ella te tiene como esposo trofeo, y bueno, ya no tendríamos que lidiar con la prensa especulando sobre nosotros. Y si ella no lo sabe… Tampoco saldrá lastimada. A menos que realmente le importe una mierda y hagamos un trío —propuso Bill.
—No lo sé… No sé si quiera compartirte —refutó Tom.
—Uy, mi ratoncito tan celoso… —farfulló Bill, separando un poco de la prótesis para dejarle un beso corto en los labios—. Te amo, ¿ok? Y ya vimos que no podemos andar separados mucho tiempo.
—Bill, literalmente nos casaste y estuviste en la luna de miel —acotó Tom.
—Sí, bueno, es que… Soy así, ¿no? —soltó Bill, riéndose.
Tom tomó por las manos a Bill.
—¿Entonces estamos volviendo? —preguntó con ilusión en la mirada.
—Nunca dejé de amarte, Tom —exclamó Bill, viéndole con sinceridad—. Sé que no fui el mejor hombre, o hermano, pero… Te amo, y sé que podremos seguir juntos, quizá tengamos que hacer algunas cosas para evitar llamar la atención pero no puedo estar separado de ti, ratoncito. Simplemente hay cosas que nacieron para ser así… Sé que nuestro amor es… Asqueroso para el resto, pero es que nadie nos entiende, lo sabes muy bien.
—Sí, Bibi —coincidió Tom, era cierto, él amaba a su gemelo, un amor tan grande que excede lo fraternal, y pensó, o al menos se intentó convencer, que podría superarlo, que podría mantenerlo de esa forma todo el tiempo, pero no… Bill lo llamaba como un iman al metal, era jodidamente atrayente, y sabían que terminarían cayendo en sí mismos, en ese continuo espiral, aquel hoyo negro del que nunca podría salir… Ni quería hacerlo, si es que era sincero consigo mismo. Lo amaba sí, como hermano, por supuesto, pero también como su alma gemela, y sabía que nadie más podría serlo porque él nació para amarlo—. Te amo, hermanastra fea.
Bill rió. —Y yo te amo, Shrek —terminó molestando.
F I N
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