Notas: Esta no es la primera y probablemente tampoco será la última «Carta a Muñeco» que exista, pero me ha provocado escribir lo que creo que pudo pasar cuando Bill recibió aquella carta de Tom.

«Carta a Muñeco»

(One-Shot de Ginger-Ale11)

Las manos me temblaban y estaba sudando frío. Los latidos de mi corazón retumbaban en mis oídos cuando abrí el sobre que contenía una carta. Era de Tom. No tenía remitente, pero conocía esa letra, era la letra de mi Amo que por fin volvía para recuperar a su Muñeco perdido.

Cerré los ojos y sonreí como un estúpido, lo que era cuando se trataba de Tom. Ya era un hombre, pero en mi interior estaba un adolescente gritando por salir a la esperanza de volver a un amor manchado y prohibido, pero que para mi era el más puro y real de todos.

Mil recuerdos volvieron a mi mente, esos que había intentado enterrar en algún lugar de mi cabeza sin éxito. De cómo me enamoré de un monstruo, que poco a poco parecía ir recobrando algo de su humanidad y de repente me había utilizado, humillado y abandonado. De todos esos días que pasé sumido en la oscuridad, sin ver una salida más que escapar de una vida vacía sin él. De cómo había encontrado un pequeño refugio en los brazos de Derek, que ahora se encontraba viéndome fijamente sabiendo lo que estaba a punto de hacer, de nuevo, como lo había hecho hace años atrás. Los recuerdos de mi huida a Stuttgart y el infierno que pasé en ese lugar me asfixiaron, pero también fue el lugar donde conocí a personas que hicieron que mi vida cambiara para siempre, incluso si algunas de esas personas habían sido la razón de que Tom y yo nos separáramos.

Me sentí un cobarde, un sucio y un mentiroso cuando volteé a ver a Derek, haciendo promesas que no podía cumplir, al menos no para él. Pero mi alma le pertenecía a Tom. Era algo intangible, más allá de lo físico, no había explicación… Y aunque una parte de mi realmente lo quería, lo que iba a decir rompería dos corazones: el mío y el de él.

—Por favor Derek, tienes que irte. Necesito estar solo.— Cuando abrí los ojos una lágrima descendió por mi mejilla. Él me miraba en silencio con ojos vidriosos apretando la mandíbula. Más que molesto, se veía decepcionado y podía sentirlo en ese silencio que cortaba.

—Me prometiste que cuando volvieras me darías una oportunidad, que me lo darías todo.— Por fin habló. Su voz sonaba ronca, quebrada, como si aquello que decía le estaba costando salir de su cuerpo. Supe a qué se refería.

—Y te lo di todo.

—Me diste todo, menos tu corazón.— Entonces fue él quien derramó una lágrima, llevándose la cabeza a las manos intentando cubrir su cara. Sentí pena por él y vergüenza de mí.

—Te quiero, has estado para mi cuando más te he necesitado. Me importas, de verdad que sí me importas, pero…— Intenté excusarme, aunque sabía que lo que estaba haciendo no tenía justificación. Lo había usado para llenar el vacío que Tom dejó en mí, aun cuando en mi interior esperaba por mi amo y el día de poder volver a ver sus ojos, besar sus labios, sentir su cuerpo cerca al mío.

—…pero no soy Tom.

Suspiré recostándome del espaldar del sofá y cerré los ojos de nuevo. Ahora más lágrimas habían decidido acompañar mi cara. Empecé a sollozar y arrugué un poco la carta que seguía en mis manos por la impotencia. No era justo, lo sabía. No lo era ni para él, ni para mí. Me encontraba en una posición difícil pero ya había tomado una decisión. Lo hice siete años atrás cuando frente a la puerta de mi casa le hice prometer a Tom que cuando todo acabara, sin importar el tiempo que pasara, ni con quien estuviera, volvería y me buscaría. Aún si el contenido de la carta era para botarme y olvidarme para siempre, una parte de mi siempre seguiría atada a él y lo seguiría amando por encima de Derek, por encima de mi madre, por encima de todos. Porque lo que nosotros teníamos, no lo tenía con nadie más.

—No, no lo eres.— Fue lo único que logró salir de mi boca. Una verdad cansada, llena de melancolía.

Minutos pasaron, que se sintieron como horas, donde lo único que se escuchaban eran nuestros callados sollozos. Derek se paró del sofá limpiándose las lágrimas y ahora más calmado, se acercó a mi y se agachó hasta quedar a mi altura. Me tomó de las manos y me regaló un cálido beso sobre ellas haciendo que por un momento soltara la carta que cayó sobre mis piernas.

—¿Te acuerdas de Goku?— Su pregunta me distrajo, por un momento no entendía de qué estaba hablando y mi cara de confusión se hizo notar. Él sonrió, pero fue la sonrisa más cargada de tristeza que había visto en mi vida. —Mi pequeño pajarito. El que mi abuela me regaló de niño por navidad para que no estuviera solo.— Entonces se me hizo un nudo en el estómago y me sentí culpable de haber olvidado esa historia, que con tanta sinceridad me había contado la noche que me fui de Hamburgo. Tragué fuerte y asentí con la cabeza presintiendo lo que venía a continuación. —Durante el invierno me hizo compañía, y fui muy feliz, pero cuando llegó la primavera decidí dejarlo libre. Se que esto te lo dije una vez, pero vuelvo a decírtelo ahora. A pesar de que adoraba a ese pájaro, sabía que no era feliz y decidí renunciar a mi felicidad por su libertad… Ya acabó tu invierno, es hora de que vivas la primavera.

Mi vista se volvió borrosa de tantas lágrimas. Todo lo que podía hacer era llorar y me faltaba el aire. Derek realmente me amaba y yo no le había correspondido ni la mitad de lo que se merecía.

Se inclinó hacia mi limpiando mis lágrimas con sus labios, posando un suave beso sobre mi mejilla y juntó nuestras frentes sin decir nada más. Ambos suspiramos, manteniendo el contacto unos segundos, sabiendo que era un adiós. Me besó las manos de nuevo y se levantó camino a la puerta de entrada.

Mi envejecido perro Scotty se acercó a él moviendo la cola con la cabeza gacha, como si él también supiera lo que estaba pasando. Derek le acarició la cabeza detrás de las orejas y éste se dejó tranquilo. —Te voy a extrañar, chucho.— Abrió la puerta a punto de irse, pero antes se volteó a verme una vez más. —Gracias por todo lo que sí me diste, Kaulitz.— Fue lo último que dijo antes de escuchar la puerta cerrarse a sus espaldas y volver a sumirme en un silencio abrumador.

Mi mundo daba vueltas. Había sido lo correcto y a pesar de que me sentía increíblemente culpable, la emoción de aquella carta no había abandonado mi cuerpo. Scotty se acercó sigilosamente y apoyó la cabeza a mi lado, como queriendo decirme que él también quería saber qué decía la carta.

Me limpié las lágrimas con el reverso de la mano y volví a tomar el arrugado papel, devolviéndolo a su forma original. Ahora que lo detallaba, estaba un poco amarillento y en mal estado, pero ese pensamiento pasó a segundo plano cuando por fin empecé a leer:

Muñeco, sabes que esto de las palabras no es lo mío. Se me están acabando las hojas botando una detrás de otra sin saber cómo escribir una carta. Pero es que, ¿cuándo en toda mi vida he escrito una? Y no, las amenazas de muerte o notas de recompensa no cuentan…

¿Por dónde empiezo? Quizás debería empezar por la parte donde te digo que todo ha acabado. Que por fin me he vengado de Gore y todo ha vuelto a la normalidad, pero no. Ese estúpido órgano que pensaba muerto, el que resurgió a la superficie de la oscuridad en la que estaba y empezó a latir gracias a ti. Ese mismo es el que me dice que empiece diciéndote que te extraño y no hay un maldito día que no piense en ti.

Yo estaba muerto antes de encontrarte. Solo me sentí auténticamente vivo cuando alguien tan puro como tú, pudo amar a alguien tan podrido como yo. Y desde entonces mantenerme con vida ha sido de las cosas más difíciles que he tenido que hacer. Me has jodido, Muñeco. He tenido que permanecer vivo por ti, porque no hay vida si no estás tú en ella.

Todas las noches me acuesto pensando en tu voz, tus gestos, tu mirada. En dónde estarás, qué estarás haciendo y me pregunto si también piensas en mi… si te tocas en la ducha recordando cómo follábamos como locos y lo mucho que gemías pidiendo más… Muñeco, no sabes todo lo que te haría si te tuviera aquí entre mis piernas… Vale, vale, perdón. Para ser un bastardo desconocedor del romanticismo no lo hice tan mal, ¿verdad?

Pero bueno, no todo lo que quieres saber es que me he convertido en un Romeo que le escribe cartas a su Julieta. Si te lo estás preguntando, Gore está muerto. No fue fácil encontrarlo. El muy hijo de puta huyó de Alemania y estuve años moviendo cielo y tierra para dar con él, pero prefiero ahorrarte los detalles de cómo pasó. Esa bestia no merece si quiera recordar sus últimos minutos, pero sí puedo decirte que disfruté verlo sufrir y pagar por toda la mierda que nos hizo, por todos los encadenados, por Kam, por Ghetti, por ti.

Lo difícil no fue vengarme. Lo difícil fue lidiar con la realidad de que ahora no existía una amenaza ajena que te hiciera daño, la amenaza volvía a ser yo.

Tuve miedo. Odio tener que decirlo, pero, El Capitán de los barrios bajos tenía más miedo de herir a su gemelo, que de enfrentarse a un asqueroso asesino. Quise salir corriendo y buscarte, poder sentirte entre mis brazos de nuevo, pero no podía, simplemente no podía. El villano era yo.

Me convertí en un cobarde y volví a huir de mí mismo, de lo que sentía y traté de seguir con mi vida pensando que era mejor que estuviéramos lejos. Convenciéndome de que el separarnos había sido lo correcto, pero cada vez que veía ese anillo que me regalaste, te sentía junto a mí.

Ya estoy cansado de toda esta mierda.

Han pasado 7 meses desde que Gore murió, y sigo en el mismo sitio donde lo encontré: Los Ángeles, CA. La verdad no se está tan mal, al menos el clima es mucho mejor que en Alemania y he conseguido expandir el negocio hasta América. Se podría decir que ahora soy una especie de… empresario. Aquí tengo otro nombre y nadie sabe quién soy, tampoco saben que tengo un gemelo. Este podría ser nuestro ‘País de Nunca Jamás’, o el lugar donde por fin Peter Pan y William Garfio crecen juntos y hacen cosas de adultos.

Hace muchos años hice unas de las cosas más duras que he hecho en mi vida, incluso más que sobrevivir en la miseria y ganarme el respeto de los barrios bajos. Dejarte ir… porque te quiero. Porque se que mereces una vida mejor de la que yo te podía dar, y aún lo pienso, pero soy un maldito egoísta y te necesito a mi lado.

No me importa, quiero verte.

He tardado mucho en escribir esta carta, pero hoy es un día especial… ¡Feliz cumpleaños! Probablemente esto llegue después de nuestro cumpleaños, pero te mando como regalo mi anillo. No, perdón. No es un regalo, es un préstamo. Te lo presto hasta que vengas a mí y me lo devuelvas, porque no puedo vivir sin él, y sin mi Muñeco.

Aunque bueno, al final…. Al final el Muñeco soy yo.

01/09/2014

Me faltaba el aire. ¿Alguna vez en mi vida había respirado? ¿O simplemente se me había olvidado cómo hacerlo? Estaba desorientado y el ritmo de mi corazón latía a una velocidad preocupante. Estaba sudando frío. Tomé el amarillento sobre en el que venía la carta y noté el pequeño peso dentro de ella, entonces lo volteé y cayó un pequeño anillo, idéntico al mío. Era el anillo de Tom. Lo tomé con las manos sudorosas y lo apreté con fuerza contra mi pecho, volviendo a llorar. Era lo más cerca que había estado de Tom en mucho tiempo, tenía un pedacito de él. También noté un papel pequeñito que tenía una dirección escrita en ella, era una dirección en Los Ángeles.

Volví a leer el final de carta notando algo que hasta ese momento no había detallado, entonces palidecí. La carta había sido escrita hace casi dos años.

Sentí las arcadas subiendo por mi garganta y corrí hasta el baño. Vomité un par veces, hasta que no quedó nada en mi estómago y la bilis me quemaba por dentro. Hacía muchísimo tiempo que no lo hacía, pero mi cuerpo quería expulsar esa sensación de mi interior.

¿Por qué la carta había tardado en llegar? ¿Por qué Tom no vino por mí en todo ese tiempo?

Me lavé la cara tratando de tranquilizarme y me miré al espejo. Primero vi las cicatrices de mi cuerpo, ahora mucho más tenues, pero seguían ahí. No me gustaban, pero eran un recuerdo de que todo lo que viví fue real y sobreviví. Yo era el maldito Muñeco de los barrios bajos de Stuttgart, era mucho más fuerte de lo que había sido nunca. Luego me vi a los ojos, y los de Tom reflejados en él. Necesitaba respuestas.

Entonces supe lo que tenía que hacer… Iría a buscar a mi Amo,

F I N

¿Les ha gustado?

por Ginger-Ale11

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!