Doctor Kaulitz

«Doctor Kaulitz»

(One-Shot de Kasomicu)

Tom mira su reloj, toma aire y lo expulsa, buscando tranquilizarse, alisa su cabello de forma casi automática, más por manía que por intentar que su mata de cabello se ordene porque sabe que sólo al tenerla en coleta eso pasa, y Dios sabe lo mucho que detesta tener amarrado su cabello en algo que no fuera un chonguito, que agradece que sean pocas las veces que debe reunirse con los inversionistas para ver los estados de los restaurantes, y ahí protocolarmente debe estar en traje y coleta baja, pero él era el dueño de la franquicia así que no hacía reuniones a menos que sea estrictamente necesario. Recordaba que su difunto padre, que en paz descansara, sí era más de hacer continuas juntas, por lo que algunos de los inversionistas habían demostrado su descontento cuando él falleció y Tom tomó el cargo, sin embargo, al notar que sus ganancias mejoraban debido a los cambios que hizo apenas tomó la batuta, se callaron.

Ya iba a ser la hora de su cita en el médico, tragó saliva aún con nerviosismo.

Ingresó al recinto, el ambiente de la clínica estaba limpio, con olor a antiséptico y alcohol, vio pasar a unos doctores con una camilla donde estaba una persona y apretó los puños, sintiendo cómo su estómago se removía. Se acercó a la recepción y dejó sus datos, la enfermera le sonrió y le guió a la sala de espera.

Se sentó y levantó una pierna para apoyar su tobillo en su rodilla mientras agarraba con nerviosismo sus manos. Había tenido dolores de cabeza muy seguidos esa semana, y por ello quería atenderse, quizá no era nada había mencionado su abuela en la llamada donde se lo comentó, Georg, su mejor amigo, le había dicho que era un exagerado, pero no, él no iba a estar tranquilo hasta pasar consulta y que le den una razón.

Lastimosamente su padre había muerto hace un año, y no había dado señales de ello, tenía un buen estado de salud, y simplemente murió, un día ya no despertó más, ni siquiera era un anciano, recién tenía 57 años, y Tom temía que eso le pasara a él, por más que cuidaba su alimentación, hacía ejercicio, el más mínimo síntoma de algo le generaba ansiedad y temor a morir.

ㅡ¿Señor Trümper? ㅡescuchó que lo llamaba su doctor de cabecera.

Tom se levantó y pasó al consultorio, viendo al hombre rubio con uniforme y una bata encima, con barba cortada, facciones finas, con unos agujeros pequeños en los labios y en la ceja, señal de que tenía perforaciones allí que usaba evidentemente cuando estaba fuera del trabajo y con una de sus manos tatuadas, algo que hacía que se preguntase si también tendría tatuajes en otras partes del cuerpo…

Negó con la cabeza para alejar los pensamientos, era consciente de que el doctor Kaulitz era sumamente atractivo pero era sólo un plus, se sentó y saludó brevemente.

ㅡHola, doctor Kaulitz. He tenido migrañas consecutivas esta semana, junto con mareos y sensación de hormigueo ㅡexplicó Tom, el doctor le ofreció una sonrisa paciente.

ㅡBuenas tardes, señor Trümper. ¿Ha presentado alguna otra dolencia? ¿Me puede contar más o menos cómo ha sido su semana? ㅡinterrogó Bill. Tom asintió.

ㅡPues no. Esta semana ha sido algo ajetreada por mi trabajo, tuve una reunión con los inversionistas que me tuvo también estresado ㅡcomentó Tom.

ㅡAjá, mire. Normalmente pediría exámenes de rutina, pero hace una semana ya le realizamos los exámenes para verificar si tenía algún problema y, como puedo checar en sus resultados, no hay ninguna anomalía ㅡexplicó Bill, revisando los papeles de la historia de Tomㅡ. Lo que sí podría ser producto del estrés son las continuas migrañas, principalmente porque no me ha mencionado de esto en las anteriores citas. Le voy a prescribir unas pastillas para que las tome en caso de suscitarse nuevamente la migraña ㅡterminó de decir mientras apuntaba en su libreta de recetas.

ㅡPero, doctor Kaulitz… Por favor, no me dé medicamento así como así, es decir, ¿y si con ello puede activar algún gen cancerígeno o algo así? ¿Si eso me da una resistencia antimicrobiana? ㅡinquirió Tom con temor.

ㅡSeñor Trümper, no estoy prescribiéndole un antibiótico, eso sólo sucede cuando uno se automedica, o no completa su tratamiento. Simplemente estoy recetándole un comprimido con paracetamol, ácido acetilsalicílico y cafeína anhidra, ningún antibiótico ㅡbuscó tranquilizar Bill a su paciente de treinta y cinco años, tenían la misma edad, sin embargo, el señor Trümper, que en realidad sabía que se llamaba Tom, pero no podía tutearle porque era su paciente, uno que de hecho ya conocía desde hace un año, considerándolo tan guapo desde que lo vio, pero muy perturbado por la muerte a temprana edad de su padre.

ㅡSí, doctor Kaulitz, lo entiendo. Pero, ¿no podríamos considerar algunas otras opciones? ¿Quizá hacerme descartes de alguna otra enfermedad? Tal vez un tipo de cáncer raro, incluso si es prematuro. ¿Qué exámenes no me he realizado todavía? Nunca es suficiente prevención, en serio ㅡhabló Tom con nerviosismo.

El médico soltó un suspiro. ㅡSeñor Trümper, en realidad lo suyo pareciera más un cuadro de hipocondriasis producto del estrés postraumático por el fallecimiento de su padre, para lo cual tendría que derivarlo a psicología y psiquiatría ㅡmanifestó el rubio, siendo directo, porque entendía la preocupación del hombre, sin embargo, si bien a él le beneficiaba que siguiera pagando exámenes innecesarios, en realidad Bill quería que su paciente dejara de carcomerse la mente y encontrara ayuda psicológica para su problema.

Tom puso una expresión de incomodidad.ㅡNo, doctor Kaulitz. Entiendo que sueno como un hipocondríaco, pero le aseguro que no es eso, no es algo mental. Mi padre tampoco tenía nada y luego… Murió, yo ni siquiera tengo más familia. Mi madre murió al parirme, no me he casado ni tengo hijos, doctor. No quiero morirme a mis treinta y cinco años, o a los cincuenta y siete… Tengo mucho miedo a morir ㅡsoltó acongojadoㅡ. Tiene que haber algún examen que no me haya realizado, doctor, por favor ㅡrogó con sus ojos chocolate denotando su miedo.

Bill observaba al hombre castaño de cabello largo, con barba, y lo comprendía, aunque también era terco para querer aferrarse a qué sí o sí era algo físico, por lo que el doctor tuvo una idea, quizá no era lo más profesional, pero… Al menos podría hacer que el hombre se desanimara y considerase el ir al psicólogo.

ㅡSeñor Trümper, usted tiene treinta y cinco años, lo ideal es que a partir de los cuarenta se le realice un tacto rectal para que se le descarte cáncer de próstata. Sin embargo, si usted me dice que quiere sí o sí hacerse exámenes incluso de enfermedades prematuras, podría realizárselo ㅡexpresó Bill con expresión circunspecta y profesional, bien sabía él que su especialidad no era proctología ni urología, si bien tenía las nociones básicas de cómo se realizaba, y cómo detectar un problema al palparlo, no era su campo.

No obstante, Bill no planeaba hacerlo, sólo era para desanimar a su paciente, y se quedó observándolo, fijándose cómo Tom tragaba saliva.

ㅡ¿Entonces usted lo haría? ㅡpreguntó Tom, que bueno, no es que él no supiera la dinámica del asunto, era gay, así que no es que le molestara el que le metan un dedo en el culo, más bien le preocupaba el que fuera el doctor Bill Kaulitz quien lo hiciera, porque evidentemente era con un fin profesional y Tom sólo esperaba que no se le parara porque le gustaba su médico.

Tom tenía que centrarse, era por su bien, para detectar cualquier enfermedad a tiempo.

Bill tuvo que mantenerse serio en ese momento para no vacilar ni tener que explicarle a su paciente que le había mentido, faltando así a su juramento hipocrático, sin hablar de que tal vez podría hasta perder su título por esto… Tocaba improvisar, y fingir lo suficientemente bien, rogando a todos los Dioses que el guapo señor Trümper no quisiera demandarlo por esto y… Que tampoco tuviera una erección por meterle el dedo en ese trasero que se veía muy bien en los trajes elegantes del hombre. Porque en ese punto ya no podría ni disimular el que fuera algo meramente profesional. Ya que evidentemente le gustaba su paciente, sólo que no pensó que el señor Trümper aceptara a que le hiciera aquel examen.

ㅡSí, señor Trümper, yo le realizaría el examen ㅡrespondió el doctor.

ㅡEstá bien…Todo sea para descartar cualquier enfermedad prematura ㅡlo último se lo dijo más para sí mismo, buscando darse ánimos, y tratando de no excitarse en aquel momento. Observando cómo el doctor se ponía de pie, quitándose la bata, mostrando que, tal cual lo sospechó, el doctor Bill Kaulitz tenía los brazos tatuados y Tom tuvo que mirar a un lado.

A Tom le gustaban los hombres así, él mismo tenía sus propios tatuajes, pero notaba que el médico tenía más. Y eso que aún tenía su uniforme, intentaba por todos los medios no morderse el labio inferior, cerrando los ojos en lo que regularizaba su respiración.

ㅡSi no se siente cómodo con la idea, señor Trümper, aún puedo derivarlo con psicología ㅡofreció nuevamente Bill.

ㅡNo, estoy cómodo con ello ㅡse apresuró Tom a decir, notando tarde que aquello sonó mal cuando vio al doctor mirarlo con fijezaㅡ. Es decir, que no tengo problemas ni nada. De hecho, soy gay, entonces… ㅡTom se iba dando cuenta que mientras más hablaba sonaba peor, haciendo que tragara saliva y riera nerviosamenteㅡ. Me refiero a que no lo veré en un contexto sexual. Porque claro, usted es guapo, sólo que… Disculpe siento que estoy arruinándolo en un nivel exorbitante con usted, doctor Kaulitz. No vaya a pensar que soy un degenerado, entiendo que sólo es con fines profesionales por mi salud. Por favor, le reitero mis disculpas y dígame qué hacer porque nunca me han realizado este examen antes ㅡterminó por decir.

Bill tenía que aguantarse las ganas de reír, agradeciendo la práctica de años al mantenerse serio por su profesión. Su paciente sexy era gay, al parecer habiendo probado antes la posición de pasivo para que no le extrañe sentir un dedo en el trasero, sin contar que gustaba de él, lo suficiente para no sólo llamarlo guapo, sino ponerse nervioso por lo que iba a suceder. Lo cual hacía que Bill sintiera un tirón en su entrepierna, también porque había notado cómo lo miró cuando se quitó la bata, comiéndoselo con los ojos al verle los brazos descubiertos.

Bill mismo era gay, y básicamente ahora sabía que su paciente hipocondríaco sexy era un hombre con el que podría tener una oportunidad real. Lo cual en realidad complicaba más el asunto de fingir ser profesional y no excitarse.

ㅡQuítese las prendas inferiores, por favor, y ubíquese apoyando sus antebrazos sobre la camilla ㅡordenó Bill en tono clínico.

Tom asintió, repitiéndose como mantra que todo esto era por salud, en lo que se quitaba el cinturón, desabrochándose el botón y bajándose el cierre, dejando caer su pantalón, para después hacer lo mismo con sus bóxers Calvin Klein. Asumiendo la posición indicada, que bueno, era básicamente inclinarse en la camilla, dándole el trasero a su doctor, sintiéndose expuesto, sí, porque no le había mostrado la retaguardia al doctor Kaulitz, sólo quitándose la camiseta para que cuando le auscultaba con el estetoscopio, o en otros exámenes donde el médico había supervisado y Tom usaba la bata, pero nunca le había enseñado el trasero.

Bill no es que no hubiera visto traseros antes por su trabajo, incluso aunque fuera mayormente trabajo de enfermeras, también había puesto inyecciones en nalgas, o tenido que revisar para algún problema externo, sólo que con este paciente era diferente, no podía sentirse tan indiferente y sólo verlo como que estaba enfermo y tenía que ayudarlo, porque el señor Trümper le gustaba y tenía un muy buen culo, respingón y que formaba una bonita luna llena, pero tenía que mantenerse enfocado, aunque sí se daba cuenta que el hombre estaba más que habituado a asumir esa posición.

Se lavó las manos para después ponerse los guantes quirúrgicos, con el lubricante para procedimientos al lado, que en realidad no era el mismo de uso sexual, pero sí tenía una función parecida.

Bill apoyó su mano sin guante sobre la camilla, ubicándose detrás de Tom.

ㅡSeñor Trümper, voy a introducir mi dedo índice a continuación, por favor, relájase, seré cuidadoso, mi dígito va a

ejercer una leve presión para fijarme en el tamaño, textura, los bordes, también necesitaré que usted me diga si siente algún tipo de dolor o si se ve afectada de algún modo su sensibilidad. Es normal que sienta ganas de orinar por el masaje exploratorio ㅡexplicó Bill con naturalidad.

ㅡSí, doctor Kaulitz. Está bien ㅡsoltó Tom, pensando qué ojalá sólo le dieran ganas de orinar un masaje prostático, y que incluso su mente febril, debido a que en ese año no había tenido sexo por estar muy centrado en el trabajo y con miedo a morir, que pues su cabeza pensaba que por qué mejor el doctor Kaulitz no le hacía ese masaje con su pene.

Pero ya debía calmarse, pensar en cualquier cosa poco excitante para no quedar como un urgido, que sí estaba, sin embargo, tampoco es que Tom se acostara con cualquiera, no tenía la culpa de que su doctor de cabecera fuera totalmente su tipo.

ㅡEstá bien, señor Trümper. Voy a ingresar ㅡbarbotó Bill antes de dirigir su dedo hacia la hendidura de su paciente, apretando los labios al sentir cómo su dedo se hundía en la cavidad del hombre, tragando saliva en lo que percibía, incluso a través del guante, la calidez de la entrada estrecha, y Tom se apretó por inercia, mordiéndose el labio inferior arqueándose, pero luego recordando que esto no era una preparación de dedos para que lo penetraranㅡ. Relájese un poco más, señor Trümper, me está apretando y así no puedo mover el dedo.

Tom asintió para que no se le escapara un gemido, y empezó a relajar los esfínteres, en lo que sentía aquel dedo hurgar en su interior, teniendo que morderse más el labio inferior porque, si bien la función de aquello no era dilatarlo, el doctor Kaulitz estaba buscando su próstata directamente, curvando su dedo, palpándola con suavidad, lo cual estaba haciendo que apretara sus puños, no por dolor, sino porque el estímulo tenue estaba poniéndolo duro.

Bill se estaba excitando al tocarlo era cierto, pero igualmente mantenía el tacto de forma profesional, sintiendo que la próstata de su paciente de hecho tenía un tamaño de castaña, lo saludable, la textura también era buena, sus bordes igual… En lo que rozaba con suavidad, sintiendo cómo es que se hinchaba levemente, y escuchó un gemido ahogado, señal inequívoca de que el señor Trümper se estaba excitando. Tragó saliva duramente, en lo que Tom mismo sentía su rostro colorado por el calor y lo bien que se sentía ese masaje prostático, sin contar el bochorno de que se le escapó un gemido y su doctor no paraba, ya tenía el pene duro que no sabía qué haría cuando terminara de tocarlo, si es que no se corría antes sólo con ser penetrado con dedos.

Bill mismo se daba cuenta que estaba alargando ese tacto, que en este punto, simplemente quería seguir sintiéndolo, sólo con su índice sí, pero hasta el señor Trümper sin querer empujó sus caderas.

ㅡ¿Cómo va la sensibilidad, señor Trümper? ¿Todo bien? ㅡinquirió Bill con la voz grave por su propia excitación y Tom lo notó.

Tom había escuchado al doctor hablarle con tono normal, y este era distinto, se notaba más ronca y un tanto afectada. Su doctor le tenía ganas mientras le metía el índice por el culo. ¿Qué se hacía en ese caso? La puerta tenía el seguro puesto, sí, porque era una clínica privada, costosa… Así que tenían privacidad, y ambos al parecer se gustaban, esto era… Claro, evidentemente algo totalmente poco ético que sería motivo suficiente para que Tom lo denunciara, pero por otro lado, en realidad no quería hacerlo. De hecho estaba anhelando sentir más de un dedo, tener al menos tres y… También su pene dentro. Incluso se iba relajando más porque el doctor Kaulitz no paraba de tocarlo de aquella forma deliciosa.

ㅡCreo que… Debería tratar con más de un dedo, doctor Kaulitz, sólo para asegurarnos ㅡmasculló Tom en un jadeo, retrocediendo el trasero contra la mano de su doctor, y Bill gruñó, porque aquello era una clara insinuación.

ㅡEstá bien, señor Trümper. Entonces emplearé más dedos, para asegurarnos… Y tal vez necesite utilizar otra herramienta, sólo para verificar que usted esté bien por dentro, claro está ㅡmanifestó Bill, echándose más lubricante en los dedos, empujando ahora dos dentro de Tom, inclinándose para que su paciente sintiera la dureza que le había provocado al estar tocándolo, frotándose contra su nalga.

ㅡSí, por favor, doctor Kaulitz, revíseme bien a fondo ㅡpidió Tom con total descaro cuando el doctor estaba moviendo sus dedos dentro suyo, y él tuvo que taparse la boca para que no se le escaparan sonidos muy comprometedores al haber otros consultorios en la misma clínica.

Bill apoyó su frente contra la espalda trabajada de su paciente, relamiéndose los labios, sintiendo cómo es que se iba dilatando poco a poco, abriéndose para él. Cuando le metió tres dedos, el castaño se aferró con fuerza a la camilla porque estaba más que listo para lo demás.

Por lo que Bill sacó sus dedos, quitándose el guante, poniéndose el gel lubricante para sus procedimientos sobre su pene, el médico ya tenía el historial de Tom Trümper, y estaba totalmente sano, sin ninguna enfermedad de transmisión sexual, y él mismo también estaba sano, soltero, porque era difícil hallar a alguien que le gustara salir con un doctor porque se la pasaba de guardia en guardia, pero igualmente muy sano, separando las nalgas del hombre de cabello largo para alinear su miembro contra la hendidura que estuvo preparando previamente, metiéndose poco a poco, apoyando su pecho contra la espalda de su paciente, sujeta la erección del hombre con una mano, masturbándolo con presteza, en lo que Tom seguía tapándose la boca, percibiendo cómo es que Bill también tenía la habilidad de estimularle la próstata con su polla sin ayuda de sus dedos.

Bill se mordió el labio inferior con fuerza al sentir aquella calidez envolverle, moviéndose arrastrándose de adentro para afuera, girando las caderas, en lo que mantenía un ritmo también en la polla dura y bañada en preseminal de su paciente. Con la mano libre aferrándose a su cadera para seguir dándose impulso.

Bill realmente nunca había hecho esto, de importarle un carajo su carrera, y follarse a un paciente, pero… El hipocondríaco sexy era definitivamente alguien por quien valía la pena arriesgarse.

Tom estaba tan sumido en su placer que no había espacio para sus pensamientos intrusivos ni temor a la muerte, en lo que su doctor rubio, tatuado, con piercings y barba seguía dándole de una forma que sólo podía justificarse que era bueno en ello por saber de anatomía, o tal vez ser muy buen amante. No tenía certeza de nada, pero ni siquiera le interesó que no usará protección con él, algo le decía que el médico, con toda y su dudosa moral y ética profesional, era un hombre sumamente sano y qué rico sentía la piel de su polla latir dentro suyo, suave y directa en su canal anal, consiguiendo que todo su interior ardiera, pero ni por dolor, sino por el placer que hacía que se instalase en él.

Se escuchaban los ruidos de humedad, de pieles contacto con otras al momento de la pelvis de Bill chocar contra la de Tom, de cómo las nalgas de Tom rebotaban por el movimiento incesante, los gemidos ahogados de ambas partes…

El ambiente olía fuertemente a sexo, y cuando el orgasmo los agarró… Es que uno jaló al otro en aquel espiral de fruición.

Con Tom viniéndose con fuerza en mano de su doctor y el médico dentro de su culo, saliéndose con cuidado, fijándose en su simiente caliente escurriéndose por aquel agujero inflamado por la penetración.

Bill trajo papel toalla que se usaba para las consultas, ayudando a su paciente a limpiarse, y ambos vistiéndose y lavándose las manos en los servicios.

Tom se estaba acomodando el cabello y la ropa, en lo que Bill hacía lo mismo con los cabellos que se habían salido de cofia, aclarándose la garganta ambos hombres.

ㅡEh, bueno, señor Trümper ㅡempezó a hablar Bill.

ㅡTom, llámeme Tom, doctor Kaulitz ㅡmusitó Tom, considerando que después de tremenda removida de tripas, ya podía llamarlo por su primer nombre.

El rubio sonrió de medio lado, y a Tom le encantó verlo con una expresión que no fuera clínica o estoica.

ㅡSólo si tú me llamas Bill ㅡfarfulló Bill, viéndole.

ㅡEstá bien, Bill ㅡdijo Tom, sintiéndose nervioso, incluso más por aquella frase que por la cogida que recibió contra la camilla, que claro, había sido un buen sexo, pero… El que le hablara así le daba otra clase de sensaciones, el estar dispuesto o abierto a repetir o quizá algo más. Tal vez sólo estaba sobre-pensando de nuevo.

ㅡBueno, Tom. No tienes cáncer de próstata. Por lo que me gustaría insistir en que veas a un psicólogo, para que puedas manejar este problema. Sin embargo, igualmente puedes venir a chequeos constantes si quieres prevenir cualquier enfermedad, que estaré muy gustoso de atenderte ㅡmasculló Bill nuevamente con aquella sonrisa, que hizo que Tom sintiera un calorcillo dentro.

ㅡMe gustaría seguir teniendo muchos chequeos contigo, Bill ㅡdictaminó Tom, en un claro doble sentidoㅡ. Y está bien, iré al psicólogo… ¿Tal vez podría invitarte a salir? ㅡinquirió, sintiéndose un tanto inseguro, no porque fuera un hombre poco agraciado, sino porque ya había sido un año sin salir con nadie, y sólo conocía a Bill de sus múltiples consultas.

ㅡNo te mentiré, Tom. Cómo doctor tengo un horario terrible, lo cual me reduce mucho el tiempo para tener algo con alguien ㅡse sinceró Bill y vio cómo decaía la expresión de Tomㅡ. Pero podrías venir a la clínica, y te invitaría un café, sabe terrible, sin embargo, puedo ofrecerte una buena conversación, y, si no te molesta, vernos como unas dos o tres veces al mes fuera de aquí, podríamos intentar y ver cómo nos va. No quiero que pienses que es desinterés, porque en realidad eres muy atractivo, sólo que es complicado por trabajo.

ㅡPues no molestaría verte aquí. Si el café sabe mal, puedo traer para ambos de mi cafetería de especialidad favorita. Y sobre vernos en consulta, o sólo dos o tres meses al mes tampoco me representa un problema, tengo mi propia cadena de restaurantes así que sí tengo una agenda apretada también ㅡconfesó Tom, sintiéndose en realidad tranquilo porque ya a su edad no podía estar en una relación de verse diario, o hablarse a cada rato cuando tenía muchas obligaciones, y sí, el sexo con su doctor era bueno, y… Tener compañía sonaba bien, aunque fuera con horarios.

ㅡPues no es lo único apretado que tienes, eh ㅡbromeó Bill y Tom se rió.

ㅡ¿Entonces me derivas para psicología, Bill? ¿Y me das tu número? ㅡinquirió Tom, sacando su celular.

Bill le apuntó su teléfono, y Tom hizo lo mismo en el del doctor. El médico le dio la derivación, rozando sus dedos con los contrarios al brindarle el papel.

ㅡEntonces te veo luego, Tom ㅡbarbotó Bill, levantándose para acercar su rostro al del cabello largo, el cual sonrió de medio lado, acortando la distancia, y dejándole un beso al médico, sintiendo cómo tenía un piercing en la lengua, al menos uno de sus piercing que no se había quitado para trabajarㅡ. Besas muy bien.

ㅡNo eres el único que tiene habilidades, doctor. También tengo otras que irás descubriendo si juegas bien tus cartas ㅡcoqueteó Tom guiñándole un ojo.

Bill disfrutaba esa faceta de su paciente. ㅡTambién espero poder demostrarte todo lo que tengo, señor Trümper.

ㅡEs una promesa, Bill ㅡsentenció Tom, ofreciéndole la mano Bill, el cual le dio un apretón, jalándolo para besarlo nuevamente.

ㅡLo es, Tom ㅡsoltó contra los labios de su paciente.

Tom no pudo borrar la sonrisa que tenía ni cuando salió del consultorio.

Bill, si bien tuvo que mantenerse nuevamente con su rostro circunspecto, en realidad, por dentro se sentía muy contento con que Tom no se hubiera desanimado y pudiera tener la oportunidad de… Tener a alguien tan interesante como su sexy paciente.

F I N

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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