Nota de autora: Advertencia fic con boypussy, Tom tiene vagina pero no es mujer, no tiene senos ni es hombre transgénero.
«Es un secreto»
(One-Shot de Kasomicu)

Una de las cosas que Tom siempre había tenido en claro por su madre era que su deber como chico con vagina, era casarse con un hombre y tener hijos. No que le desagradara la idea de por sí, porque sí le llamaban la atención los chicos desde siempre. El problema radicaba es que le gustaba un muchacho en particular que no podía elegirlo, que no podía ser su novio o futuro esposo, aunque de hecho de niños se habían casado por jugar, prometiéndose que lo harían de verdad cuando crecieran.
Pero no era posible, porque a quien amaba, con quién quería casarse y tener hijos era un chico sí, sin embargo, era su hermano.
Y más pronto que tarde entendieron que los hermanos no se besaban entre sí, que no podían casarse ni tener hijos.
Bill era su gemelo, aunque él sí tenía pene, no era un chico con vagina como Tom. Ambos tenían el cabello negro, pero Bill lo mantenía corto con un mohwak, con un look más bien andrógino porque se maquillaba, usaba ropa pegada al cuerpo, como pantalones de cuero y casacas estilo rockero, mientras que Tom largo en trenzas africanas, manteniendo más bien un look masculino, con prendas anchas de rapero, haciendo que muchos no supieran que era un chico con vagina a simple vista, salvo porque sus facciones eran más redondeadas y por lo mismo es que solían sospecharlo, no era algo que a Tom le acomplejara, él sabía que no era mujer, sólo un hombre con vagina.
Tom, si bien sabía que Bill era el amor de su vida, se había rendido a perderlo, sólo teniendo el recuerdo de cuando jugaban al doctor y Bill lo besaba y tocaba por debajo de su ropa.
Fuera de ello, ya no insistieron más en aquella relación prohibida, porque no podía darse, por más que ambos se amaran y sabían que nunca podrían querer a alguien tanto como se querían.
Aún vivían juntos en casa de sus padres, ambos con veintidós años, y sus padres totalmente ajenos al amor que se tenían.
Tom de todas formas, cuando tuvo diecisiete años es que conoció a Wilhelm, un muchacho guapo, rubio de cabello corto, era su mayor por tres años, y si bien había tenido novios antes, había algo en ese muchacho, tal vez el hecho de que tuviera cierto parecido a su gemelo, que hizo que Tom se flechara por él.
Wilhelm tenía dinero, venía de buena familia, y llenaba de detalles a Tom, ¿el único problema? No quería tener sexo, y claro Tom aún era virgen, teniendo la incesante voz de su madre en su oído mencionándole que las mujeres y los chicos con vagina debían llegar vírgenes al matrimonio.
Por lo mismo es que Tom hacía aceptado cuando Wilhelm le pidió matrimonio a sus veinte años, habiendo estado cortejándolo un año entero para por fin darle un beso, no porque Tom no quisiera, sino que Wilhelm tenía una mentalidad de abuelo, igual a su madre, como que sí o sí debía Tom llegar virgen al matrimonio, que debía romper su himen en el lecho nupcial, también por lo mismo era su lentitud de salidas y todo por un año antes de besarlo y pedirle que fueran novios.
Cuando a sus veinte años Tom aceptó casarse con Wilhelm era más que nada para poder coger, que ya estaba harto de sólo besos, y mojarse al hacerlo, mientras que Wilhelm parecía el que tenía vagina porque lo detenía, diciéndole que no, que era impropio hacer algo más.
Y Tom se mantenía base de masturbarse dedeándose para poder llegar al orgasmo, sintiéndose tan frustrado porque no se podía comprar ni un dildo, ya que Wilhelm se lo había prohibido, que eso era de chicos que no se respetaban a sí mismos, haciendo que Tom quisiera mandarlo al diablo, aunque lo único bueno, aparte de los regalos costosos, era que Wilhelm se parecía a su gemelo, por lo que cuando lo besaba, era más fácil pensar en Bill en vez de él, aunque fuera rubio.
Pero ya en este punto, con dos años de comprometidos, y ya por casarse en unos meses… Tom le insistía a Wilhelm, que ya que se iban a casar, podían acostarse. ¿Qué más daba si se lo cogía si de todas formas iba a volverse su esposo? Sin embargo, su prometido era un imbécil de mierda que insistía en que básicamente Tom debía sangrar en el lecho nupcial para asegurar que hubiera llegado puro y casto al matrimonio.
A Tom le parecía una mierda que se sobrevalorara tanto la virginidad, como si aquella estúpida membrana que hasta se podía romper por montar a caballo o caerse abierto de piernas, fuera a restarle o sumar valor a las personas, pero se repetía a sí mismo que ese imbécil era la mejor forma de tener a su hermano frente a la sociedad, con alguien sumamente parecido, y que precisamente Tom le decía Willy o Will a Wilhelm porque sonaba parecido a Bill, y bueno, si lo llamaba Bill podía fingir demencia de que quiso decir Will.
No obstante, ahora estaba con su gemelo bebiendo de frustración en un bar.
—Estoy harto hasta las pelotas, que no tengo, de Wilhelm, de verdad que sí —comentó Tom, queriendo darse golpes sobre la mesa de la cantina.
Bill se rió. —Tú lo elegiste, Tom. O bueno, no le dijiste que no —farfulló su gemelo, alzando la botella para sorber otro poco de su cerveza, en lo que el de trenzas veía cómo se movía la manzana de Adán de su hermano al tragar… Y cómo una gota del alcohol se perdía desde la comisura de sus labios hasta recorrer su cuello, haciendo que Tom sintiera un tintineo en medio de sus piernas por estarse excitando al verlo, deseando ser una gota de cerveza, relamiéndose los labios por hambre, con las pupilas dilatadas, queriendo que Wilhelm se lo cogiera porque sería cómo coger con Bill, pero aceptado socialmente—. Tierra a Tom, ¿estás conmigo? —inquirió, chasqueando los dedos con uñas negras frente al de trenzas, ofreciéndole una sonrisa.
Tom se despertó de su ensoñación.
—Sí, sí… Sólo, ya sabes, frustración sexual por culpa del imbécil de Wilhelm —repitió Tom como autómata.
—Pero entonces mándalo al diablo y búscate otro —respondió Bill con simpleza, alzándose de hombros.
—No es tan fácil —refutó Tom, no interesándole en sí la relación que tenía con su prometido, aunque sonara muy narcisista y poco empático, lo sabía, era porque era así, Tom sentía cariño y aprecio por el rubio, pero no amor real, sólo era una pobre excusa para reemplazar a su gemelo, y sí, lo usaba, sin embargo, si situación no era la mejor tampoco.
—No, sí lo es, sólo que tú lo vuelves complicado —corrigió Bill, y Tom suspiró.
—Es que no puedo dejar así como así una relación de cinco años —se intentó justificar Tom, para beberse la botella de golpe, pidiendo otra más.
Bill chasqueó la lengua. —No quieres dejarlo, pero te enojas porque no te da lo que quieres… Y Wilhelm teniéndote dispuesto en bandeja de plata te tiene como el perro del Hortelano, que no come ni te deja comer —comentó jocosamente, para sonreír otra vez—. Entonces, engáñalo.
Tom bufó y rodó los ojos. —No es que sea precisamente el más moralista al respecto, pero es que Wilhelm es tan idiota que quiere que realmente sangre en nuestra primera vez, para “corroborar” —mencionó esto con comillas con los dedos—, que haya llegado puro al matrimonio, y así sea algo tan retrógrada y que incluso algunas personas con vagina no sangran en la primera vez, pues este imbécil sí lo tiene muy marcado, así que es en vano que intente coger con alguien, porque sino “lo notaría” —terminó de decir con fastidio.
—Eso sólo si lo haces vaginalmente —masculló Bill, relamiéndose los labios, y Tom de lo que estaba bebiendo la otra cerveza que le trajo el mesero, se le escapó parte del alcohol por la nariz al oírlo.
El de trenzas tosió, con Bill levantándose para palmear su espalda, y extenderle un pañuelo para que se limpiara, cuando su gemelo se recompuso, estando rojo por el casi haberse ahogado, es que Tom se fijó en Bill que había regresado en su asiento frente a él, porque era cierto lo que había dicho, si lo engañaba a Wilhelm con alguien pero teniendo sexo anal, pues se mantendría “virgen”.
—Pues tienes razón —cedió Tom, tragando saliva, volviéndose a sonrojar, pero ya no por el ahogamiento.
—¿Y entonces qué te detiene ahora? —inquirió Bill, apoyándose sobre la palma de su mano, viéndole de costado levemente.
—Porque no hay con quien —soltó Tom, volviendo sorber de la botella.
Bill arqueó una ceja en señal de incredulidad. —Que yo sepa muchos se mueren por ti, Tom, postulantes para ser tu amante hay muchos, eres atractivo, y cualquiera estaría más que feliz de complacerte.
“Pero ninguno se parece a ti”, pensó Tom, mordiéndose el labio inferior, que allí radicaba el problema, que ninguno sería como Wilhelm que era parecido a su gemelo.
—Vuelvo y repito, Tomi, ¿qué te detiene? —cuestionó Bill, con los ojos brillosos por el alcohol.
—Que… No confío en alguien así como así para decirle: hey, ¿quieres metérmela por detrás? No es así de sencillo —se intentó justificar Tom, tamborileando sus dedos por sobre la mesa, para morderse el interior de su mejilla.
—Oh, si es por eso —empezó a hablar Bill, poniéndole la mano sobre una de las suyas, haciendo que su tacto quemara contra su piel y su corazón latiera desbocado, porque no ayudaba la forma en cómo lo miraba fijamente con sus ojos maquillados—. Puedo ayudarte —soltó como quien no quería la cosa, pero con una sonrisa que lo delataba y Tom sintió cómo se le apretaba el estómago, con un gemido atorado en la garganta, queriendo gritarle desesperado: “sí, sí, sí, por favor”, a su hermano—, ¿en quién confiarías más que en mí para hacerlo? No tiene que enterarse Wilhelm… Y podríamos ir a un hotel para que no sepan nuestros padres —soltó con ligereza su gemelo, guiñándole un ojo.
Tom podría haber dicho que no, que no podían porque eran hermanos, que por lo mismo habían dejado de besarse y tocarse desde que eran jóvenes, pero… Ahora diría que sólo era por el alcohol, sin embargo, Tom sabía que no estaba tan borracho, y que si bien seguiría con la idea de casarse con Wilhelm, porque no podía hacerlo con Bill, es que se relamió los labios con los ojos dilatándose en antelación el deseo que iban acrecentándose en su interior al saber que podría acostarse con su hermano, que claro, no sería vaginal, y Tom nunca se había tocado por detrás, a sabiendas de que aquella zona no lubricaba naturalmente como su vagina, pero era Bill… Su gemelo al cual amaba, y con quien quería estar de verdad, por lo mismo es que no le interesaba que se la metiera por detrás mientras fuera él quien lo hiciera, seguro Tom encontraría la forma de disfrutarlo, porque pensar tenerlo dentro, como fuera, le bastaba para estar mojándose desde ya.
—Entonces pide la cuenta —masculló Tom, mordiéndose el labio inferior, con una sonrisa de medio lado, mostrándose por completo coqueto, y Bill le correspondió el gesto, llamando de un silbido con los dedos al mesero para pagar de inmediato la cuenta.
Tom se rió cuando notó que no sólo él era el desesperado por ir a coger. Y claro, ambos se tenían ganas desde hace años, sólo que habían mantenido esa relación como meramente fraternal, con Bill teniendo parejas, aunque nunca nada serio, por lo que Tom sabía no les duraban mucho, y jamás las llevaba a la casa para presentar a aquellas personas, mientras que Tom sí presentó a Wilhelm, y se mantuvo con él cinco años, también siendo virgen, mientras que Bill no, eso era algo que Tom sabía muy bien, porque si bien nunca presentó a ninguna de sus parejas o ligues, Bill era reservado al respecto, es que Tom se metió a buscarle unos cigarrillos para fumar porque se le agotaron los suyos y lo vio, que su gemelo tenía condones en su cajón de la mesa de noche de su cuarto.
Bill lo tomó por la cintura en lo que salían del bar, parando un taxi con premura y Tom estaba que tragaba saliva mientras le sudaban las palmas de sus manos, sintiendo cómo es que tenía a Bill tocándolo, claro, por encima de la ropa, en un gesto posesivo, y eso sólo aumentaba su excitación, que cuando se detuvo el auto, Bill abrió la puerta, haciendo que Tom pasara primero, y éste hizo caso, mientras Bill se situaba a su costado, posándole la mano con naturalidad por encima de su rodilla, apretándosela, y claro, Tom estaba con un pantalón ancho, pero no por ello dejaba de estremecerse al sentir que aquel apretón iba de su rodilla hacia un poco arriba de su muslo, en subida y bajada, en lo que su respiración se aceleraba, pero se mantenía en silencio, viendo desde el espejo retrovisor que tenía el rostro sonrojado, y ojos brillantes, que se le notaba que estaba muy excitado, por lo que se giró a ver a Bill, quien le sonrió nuevamente de medio lado, no obstante, manteniéndose también en silencio.
Bill no iba a hablar por el mismo motivo de que no lo besaba ni lo tocaba más arriba, manteniendo es roce “inocente” de su rodilla hasta el principio de sus muslos, porque eran hermanos, y al menos por fuera debían fingir, aunque se sintiera por completo determinado a seguir lo que habían pactado, por lo que apenas llegaron al hotel, Bill le pagó en efectivo, y tomó por la mano a Tom, ayudándolo a salir del auto.
Al ingresar al hotel, Bill hizo el registro, sólo dando su identificación y no la de Tom, para después ir al ascensor, con Bill tomándolo de costado por su cintura.
—Es para que no te caigas por la borrachera —se excusó Bill con la misma sonrisa que lo delataba, en lo que pegaba sus cuerpos.
Tom le miró los labios, poniéndole los brazos alrededor del cuello, ambos respirándose los rostros con su aliento a alcohol y los cigarros mentolados que habían compartido en el bar, y Tom lo besó, haciendo que Bill lo apretara más contra suyo, haciendo que al momento de sus labios colisionaron, volviendo a reconocerse como no lo hacían desde hace años, saboreándose, apreciándose, gozando Tom el sentir la lengua de Bill, cómo es que aquel piercing le hacía humedecerse más, y Bill después mordió el labio inferior de su gemelo mayor, justo en la zona de su piercing, manteniéndose ambos en aquel apretado abrazo, donde Tom sentía la dureza en los jeans negros apretados de su gemelo, presionándose contra su monte de venus, deseando sentirlo entre sus labios de abajo, pero no… No podía hacerlo por delante… Así estuviera mojando sus bóxers, no podía.
Bill dejó de mordisquearle el labio para lamerle el cuello, haciendo que Tom gruñera, cuando la puerta del ascensor se abrió, no porque hubiera alguien allí, sino que habían llegado al piso. Se separaron con sonrisas traviesas y expresiones sonrojadas, no por timidez, no, en este punto sólo era por el deseo, así no se hubieran besado y tocado desde que tenían doce años, ya era por completo diferente ahora… No serían roces inexpertos, ni besos tímidos, no, sabían que transgrederían aquella relación, que incluso por lo mismo Bill había elegido un hotel muy lejano a donde vivían, para no ser molestados ni ubicados por nadie.
Bill mantuvo su agarre en el cintura del mayor, y con la mano libre pasó la tarjeta por la puerta de habitación, observando cómo es que se prendía la luz verde, y la puerta se abría, por lo que Bill la empujó, y luego jaló dentro del cuarto a Tom, cerrando la entrada, y presionando a su gemelo contra ella, volviéndolo a besar, colando una mano por debajo de la camiseta del de trenzas, sintiendo su vientre trabajado, subiéndola más, hasta sentir sus pectorales, y cómo es que sus pezones ya estaban erectos por la excitación.
Tom chupaba la lengua de Bill, pero no pudiendo tener las manos quietas, le quitó la casaca de cuero, lanzándola al suelo, tenía que sentirlo piel con piel, debajo de la prenda, su gemelo estaba con una camiseta sin mangas, y el de trenzas metió la mano por detrás de la prenda de Bill, sintiendo su espalda, en lo que Bill lo presionaba más contra la puerta, empujando su pelvis contra la suya, ubicando una pierna en medio de las de su hermano mayor.
—Cógeme, Bill… Házmelo, por favor —soltó en un ruego Tom, incrustrándole sus cortas uñas en la espalda, luciendo ansioso con su rostro sonrojado, queriendo que se desvistieran y lo hicieran ya.
Bill lamió el cuello de Tom. —Lo haremos, pero en la cama, Tomi… Es tu primera vez, y debe ser algo especial —masculló el menor, sacándole el abrigo a Tom, y luego jalándolo en dirección a la cama, haciendo que el de trenzas se sentara en el colchón, mientras le quitaba la camiseta, y él hacía lo mismo, mostrándole su cuerpo tatuado frente a Tom, que se bajó rápidamente sus pantalones tallas anchas, teniendo unos bóxers Calvin Klein estaban por completo mojados, deseando que quizá hubiera podido comprarse alguna prenda interior más provocativa para la ocasión, pero como todo esto no había sido planeado, pues no es como que Tom hubiera podido hacer algo.
Bill se quitó la correa, sus botas, y luego pantalones ajustados, bajándose los bóxers, mostrándole su pene erecto brillante y rojizo, en lo que Tom se quitaba los suyos, y Bill lo empujaba sobre la cama, haciendo que Tom se apoyara de espaldas en aquel colchón muy cómodo, con la respiración agitada, en lo que Bill se ceñía sobre él, y Tom de inmediato lo abrazó con sus piernas, sin importarle que bueno, no es que fueran hacerlo vaginalmente, pero quería al menos… Sentirlo por fuera .
Bill siseó cuando su miembro comenzó a frotarse con los labios inflamados y excitados de su gemelo, haciendo que se meciera en lo que dirigía su boca hacia la contraria, chupándole los labios gruesos, sintiéndolo gemir mientras Bill seguía estimulando con su erección el clítoris y toda la extensión de la zona sensible del de trenzas, para morderle el cuello ahora, probando la sal de su piel, en lo que seguía friccionándose contra él.
—Bill… —jadeó Tom, embebido por el perfume de vainilla de su gemelo, cómo sus cuerpos chocaban, incluso si no estaba penetrándolo, la forma en que estaba chorreando sus fluidos al sentir esa calidez contra su coño palpitante, se arqueó, aferrándose sus hombros, volviéndolo a besar, fijándose cómo Bill estaba sudado y se la había corrido el maquillaje, pero sólo verlo así, despeinado, con sus cabellos cortos moviéndose al ritmo del empuje contra su cuerpo, perlado en sudor, con su placentero peso sobre él estaba enloqueciéndolo, tratando de aferrarse a su lado racional, incluso aunque diera señales contradictorias porque lo abrazó con las piernas, con Bill frotándose con más insistencia contra su entrepierna lubricada—. Dios… Necesito sentirte, cógeme, hazlo ya —rogó nuevamente el de trenzas, relamiéndose los labios, aún saboreando la saliva de su gemelo en ellos.
Bill sonrió de medio lado. —Quisiera metértelo, estoy tan… Tan cerca, que sólo sería alinearlo dentro de su coño dispuesto para sentirte, pero te respetaré, Tomi… Llegarás virgen vaginalmente a tu matrimonio —soltó con sorna el de cabello corto, separándose, haciendo que Tom se cuestionase por qué se detenía, pero deteniéndose cuando miró cómo Bill se dirigió hacia su entrepierna, separándole los labios, para comenzar a lamerlo.
—Por la gran puta… —soltó Tom, aferrándose a las sábanas por la forma en que la lengua de su gemelo se movía por encima sus labios, y luego succiona su clítoris, con ese mentado piercing que sólo acentuaba al momento de chuparlo, y Tom gemía, mientras Bill sorbía los fluidos, chupándolo, haciendo letras con la lengua en su intimidad, que sólo conseguía que Tom sintiera que iba a correrse pronto.
Esto no era sexo vaginal, o al menos no donde pudiera perder el himen, por lo Tom terminó agarrándose del cabello de Bill, empujando sus caderas para que Bill siguiera lamiéndolo con más fuerza, consiguiendo que clítoris de Tom estuviera tan hinchado que sentía que iba a explotar pero Bill se volvió a separar.
—Bill… ¿Por qué te detienes? —increpó Tom con la voz acezada, queriendo sentir más de la lengua hábil de su gemelo.
—Porque sólo te estaba calentando, quiero tenerte con la excitación alta para que se haga más llevadera la penetración anal —masculló Bill, con la barbilla y labios brillosos por los fluidos de su gemelo, y Bill sacó un sobre de lubricante de su pantalón en el piso, que llevaba con condones, sólo que como era su hermano virgen y sería anal, pues no serían necesarios los condones pero sí el lubricante.
Tom observó con curiosidad, cómo es que Bill abría con los dientes el sobre de lubricante, haciendo que se mojara más por ello, en lo que echaba ese gel sobre sus dedos, y luego ubicaba la mano entre sus piernas, tocando por fuera su fruncido agujero, y Tom jadeó, no sabiendo que era tan sensible aquella zona. Bill besó la cadera estrecha de su gemelo.
—Sólo estoy tocando por fuera, pero no olvides relajarte —avisó Bill, para comenzar a empujar un dedo en el interior apretado y cálido del canal de su gemelo.
Tom cerró los ojos, siseando al inicio, porque dolía… O bueno, no tanto, más bien era porque no estaba acostumbrado a hacer esto, pero Bill sí sabía qué hacer, por la forma en que giraba el dígito en su interior, y Bill gruñía porque siempre soñó con tener algo con su hermano y ahora se estaba haciendo realidad, no quizá como la boda, hijos y demás que planearon, pero sí con Tom gimiendo y retorciéndose bajo suyo, mientras Bill mantenía aquellas caricias internas que buscaban abrir a Tom…
Tom mismo empezó a empujar su trasero contra la mano de Bill, porque de algún modo le excitaba el que lo tocara así, así que dirigió su mano hacia su vagina acariciándosela en lo que Bill metía un segundo dedo, abriéndolos en tijeras, con las piernas de Tom temblando.
—Bill… Necesito más, quiero más —exigió Tom con la voz apretada, sin dejar de tocarse frente a la atenta mirada de Bill.
—Y te daré más, hermanito —masculló Bill, que su propia erección estaba por reventar de lo duro que estaba.
Bill metió otro dedo, sintiendo cómo es que Tom iba soltándose cada vez más, sin dejar de acariciarse a sí mismo. Y es que Bill amaba cada parte de Tom, desde su rostro, sus labios, sus ojos, su cabello… Cada tramo de su cuerpo, y ahora su vagina… Tan jugosa, rosada y apretada con la manera en que los dedos largos de su hermano se introducían para darse placer, con sus fluidos salpicando por lo húmedo que estaba, haciendo un sonido que sólo aumentaba su hambre, aquel sitio que debería ser donde albergaría su verga y no sólo los dedos de Tom que se apretaba el clítoris con su pulgar, pero también la manera en que Tom estaba casi listo…
Con sus terminaciones nerviosas alteradas por los dígitos de Bill hurgando de forma experta, era evidente que su gemelo sabía cómo dilatar un trasero, aquello ligado a qué llevaba lubricante consigo, hacía que Tom se cuestionara si Bill se había acostado con algún chico con pene antes o que tal vez no era la primera persona con vagina con la que tendría sexo anal, una parte de Tom sentía celos de no haber sido la primera persona que le daba el culo a su gemelo, aunque Bill era atractivo, así que hubiera sido un hombre con pene o vagina, o una mujer, no los juzgaba por habérselo dado antes que él, sólo tocaba morderse la lengua y disfrutar de que fuera eficiente por la práctica, mientras que sus propios dedos se apretaban dentro de su coño y Bill seguía estimulándolo por detrás…
Bill le besó el muslo interno y sacó los tres dedos que tenía dentro de su culo, viéndole con los ojos más oscurecidos y Tom se sintió vacío en su trasero, separando sus labios con sus dedos, mostrándole cómo su vagina se contraía y estaba lubricada.
—¿Ves cómo estoy mojado por ti? Así que hazlo, Bill… Aunque sea por detrás pero dámelo, déjame sentirte —masculló Tom, abriendo más sus piernas.
Y Bill evidentemente se excitaba al observar cómo se abría el coño su gemelo para él, pero no… No podía entrar allí, era un lugar prohibido, lo cual lo hacía reír internamente porque el sexo anal de por sí también era mal visto, como un tabú, al igual que el incesto. Y Bill iba a transgredir todo aquella noche, de una sola vez para por fin comerse a su gemelo, aunque fuera por la puerta trasera, en un acto ignominioso bajo una unión de la misma naturaleza profana.
—Te lo daré todo, Tomi… Quiero que me sientas tan dentro tuyo, que incluso cuando Wilhelm te la meta, no dejes de sentirme… —barbotó Bill, alzándose sobre la cama, echándose lo restante de lubricante sobre el pene, ante la atenta mirada del de trenzas, que se relamía los labios observando la verga erecta de su gemelo, aguándosele más las dos bocas por el tamaño y grosor, y después Bill se ciñó sobre Tom, con la mano sujetando su miembro, pasándolo tentativamente por sobre sus labios externos, haciendo que Tom gimiera, queriendo que se metiera aunque sabía que no debían, pero después siguió bajando… Por el perineo hasta presionar su glande sobre su apretado agujero, y Tom lo atrapó con sus piernas en medio de su cuerpo, jalándolo por el cabello corto para besarlo.
Bill le gruñó contra los labios, mordiéndoselos con saña, en lo que Tom jadeó, con su gemelo metiéndole la punta de su orificio y el de trenzas se aferró más a los cabellos negros de su gemelo, disfrutando cómo Bill le chupaba la lengua en lo que ingresaba en su interior… Arqueándose bajo suyo, doliéndole sí, porque era grueso, pero luego Bill bajó otra mano en medio de su cuerpo, tocándole el clítoris hinchado, jugando con sus labios jugosos por encima, metiéndole dos dedos en su vagina, y con el pulgar estimulándole nuevamente el clítoris, haciendo que Tom gimiera empujándose contra su mano, y sin querer haciendo que la verga de Bill se introdujera más dentro de su culo.
Por lo que ambos sisearon contra la boca del otro, Bill porque la estrechez de su hermano era mucha, y asfixiaba su polla de una forma tortuosamente deliciosa, y Tom porque le dolió aunque el que Bill no se hubiera detenido con sus dedos sobre su sexo, es que hacía que el de trenzas se pudiera relajar más.
—Respira… Luego de un rato me moveré porque no quiero lastimarte, Tomi, eres mi hermanito —musitó Bill, dejándole un beso sobre sus labios, pero sin dejar de hacer círculos con sus dedos dentro suyo, por lo que Tom lo apretaba más con sus piernas, sintiéndose tan amado y cuidado por su gemelo menor, que sabía que sólo le hablaba en diminutivo para fastidiarlo, porque Bill le molestaba que Tom era más bajito por seis centímetros, así el de trenzas fuera en sí el mayor.
—Bill… Te amo —susurró Tom, viéndolo con fijeza con su mirada de cierva con sus ojos dilatados y pestañas enmarcándolos haciéndolo lucir tan hermoso incluso en la oscuridad de aquella habitación.
Bill dejó de tocarlo, subiendo su mano para chuparse los dedos que habían estado en su interior, quitándose los fluidos de la zona con la boca, para luego sujetar una de sus manos que Tom tenía sobre su hombro contra el colchón, entrelazando sus dedos, mientras se inclinaba más sobre Tom, quien se relamió los labios, esperando ser besado otra vez por su hermano.
—También te amo, Tomi… Ya te lo dije más de una vez, que tú eres todo para mí, lo más importante, lo más sagrado —murmuró Bill con fervor, contra los labios de Tom, y luego lo besó, y sabían que aquello no sólo era sexo, por más que era la excusa plausible para poder consumar su unión condenada por el mundo entero.
Sin embargo, lo que ambos sentían el uno por el otro, era amor… Uno insano, uno juzgado, uno enfermo… Pero no les interesaba, no en aquel momento, envueltos en aquella burbuja, con sus pechos juntos a cada latido, sus cuerpos unidos… Con Bill empezando a empujarse dentro de su gemelo, quien se quebraba bajo su cuerpo, gozando de sentirlo en su interior, con su vientre chocándole contra su hinchado clítoris, por lo que la mano que Tom no tenía presionada contra el colchón, entrelazada con la de su hermano, la bajó, palpándose con dos dedos sobre la capucha de su clítoris de arriba abajo, en lo que Bill seguía embistiéndolo por detrás.
El ardor menguaba poco a poco, siendo como un dolor sordo aunque manejable, pero era igualmente excitante, como al sentir a Bill latir en su interior… La manera en que lo besaba, con profundidad, con carga sexual acumulada de años… Mientras su vagina se lubricaba más conforme seguía acariciando su hinchado punto de placer, con Bill penetrándole, estimulando sus terminaciones nerviosas de su canal anal… Haciendo que la piel de Tom se erizara, sorprendido de que realmente, incluso sin nunca antes haberse tocado el trasero, más que para asearse, fuera una zona altamente sensible que con el grosor, y forma de moverse dentro suyo estaba acrecentando la neblina del deseo dentro de Tom, quien dejó de abrazar a Bill con sus piernas, cuando el más alto apoyó una de sus manos por debajo de su muslo, haciendo que elevara más las piernas, ingresando con mayor facilidad desde aquel ángulo, por lo que Tom se arqueó más…
Bill definitivamente se sabía mover… Tom no tenía experiencia con la cual comparar, sin embargo, la forma en que le daba estocadas certeras, donde su mano parecía que iba a quedarse grabada sobre su muslo por la presión, y cómo es que lo besaba, haciendo que Tom se relajara más, sin parar de tocarse el clítoris, mientras sentía palpitar la erección de su gemelo dentro suyo, haciéndolo vibrar por completo. Era tan intenso, y más porque era con Bill, la persona que más amaba y en quién más confiaba en todo el mundo.
Los labios de Bill temblaban en el beso, haciendo acopio de toda su voluntad para no correrse con rapidez, porque si bien había estado dentro de muchos culos antes, ninguno era tan delicioso como el de su gemelo, porque lo amaba, lo adoraba, y siempre quiso ser su esposo cuando crecieran, haciendo que detestara cómo es que la gente hablaba cuando los veían muy juntos en la escuela, diciendo que eran unos fenómenos afeminados, y que aparte siempre estaban ensimismados uno con el otro, como si nadie más existiera, como si no fuera suficiente con que Tom fuera un hombre con vagina, y ambos lucieran como mujeres, aparte eran así de unidos… Pero Bill y Tom golpearon a aquellos que lo molestaban, aunque de todas formas, decidieron alejarse, entendiendo que el mundo no comprendía lo suyo, que se amaban más que a nadie, sin embargo, no podían ser nada sin ser juzgados.
No por ello Bill dejó de estar enamorado de Tom, no, siempre lo observó, anhelando besarlo de nuevo, tocarlo por encima de su ropa interior, sintiendo cómo cómo se mojaba cuando jugaban al doctor y paciente, o la forma en que Bill solía apretarlo por los muslos, mientras lo besaba con timidez e inexperiencia.
Tom fue su primer beso, y por quien tuvo su primer sueño húmedo, también la primera vagina que tocó, incluso aunque no fuera directamente sobre su piel. Y nunca se lo sacó de su cabeza, teniendo que aguantarse las ganas de moler a golpes a todos los chicos que se morían por su gemelo, y deseando asesinar a Wilhelm, pero manteniéndose como el gemelo que era, siendo su confidente, escuchándolo llorar, quejarse o lo que fuera.
Por ello cuando Tom estaba tan necesitado de tener sexo, es que él se ofreció, claro, porque Bill lo deseaba pero también lo amaba lo suficiente como para no ser sólo un polvo ocasional, sino alguien que tuviera especial cuidado en su primera vez, y buscando hacerle sentir todo su amor incluso sin palabras… Sólo con verle con adoración y brillo salvaje en sus orbes al penetrarlo, manteniendo un ritmo errático, porque esto lo superaba por mucho, pero priorizaba el placer de Tom, aunque Bill mismo sentía que iba a explotar pronto por lo apretado que era, por más que lo preparó bien, Tom lo estrechaba tanto con su culo, precisamente por los espasmos que lo recorrían al seguir tocándose los labios y clítoris, por lo succionó sus labios, embistiéndolo más fuerte, alzando más su pierna, con la mano aún unida a la suya, escuchándolo suspirar contra su boca.
Bill lo amaba tanto, tanto que en serio no le interesaba ser el amante de Tom, a sabiendas de que su gemelo igualmente se casaría con el imbécil de Wilhelm, a Bill le importaba una mierda que Tom estuviera casado, le pediría repetir las veces que Tom lo aceptase.
Bill dejó de besarlo, lamiéndole el cuello, mordiéndoselo después, sintiendo cómo se apretaban sus testículos y Tom temblaba bajo suyo, al haberse corrido contra sus dedos, apretando más su culo, haciendo que Bill se viniera en su interior con fuerza.
El de cabello corto se separó para ver a su gemelo, dejándole un beso en los labios, saliéndose con lentitud de su interior, haciendo que Tom siseara al percibir cómo su ano se contraía sensible, sintiendo salir algo caliente… Evidentemente el semen de Bill, el cual observó el desastre, quedando totalmente satisfecho.
—Hermoso, eres lo más bello que han visto mis ojos, Tomi —halagó Bill, acariciando los muslos internos de Tom de arriba abajo, haciendo que el oleaje del orgasmo que le había atravesado el cuerpo fuera en aumento, haciendo que se estuviera excitando más con sus roces, y palabras, relamiéndose los labios.
—Eso te vuelve un narcisista porque somos gemelos, Bibi —acotó Tom, sin cerrar las piernas, recibiendo gustoso las caricias de su gemelo.
Bill se carcajeó. —No, sí, somos gemelos idénticos, pero en realidad no es tan así, Tomi, y lo sabes. Sabes que no sólo nos diferencia que tengas vagina y yo pene, eres consciente de que eres más hermoso, mucho más bello de lo que yo podría aspirar a ser, cada parte tuya, desde tu nariz, tus mejillas, tu lunar… Tu cuerpo… Eres bellísimo, Tom —soltó con una mano acariciándole el muslo, y con la otra la mejilla con el dorso de su mano, haciendo que Tom se humedeciera más, sonrojándose ante las palabras de Bill, y la forma en que lo miraba, siempre había quemado sus ojos sobre él.
—Hay otras cosas que podemos hacer sin que me la metas vaginalmente, Bill —acotó Tom, con ojos cargados de deseo.
—Sí, hay mucho más que podemos hacer si estás dispuesto a intentarlo —farfulló Bill, mordiéndole el lóbulo de la oreja.
—Sí… Quiero hacerlo —musitó Tom en un jadeo, intercambiando posiciones, mientras el de trenzas bajaba en dirección hacia el sur… Sujetando la erección de su gemelo, la cual iba elevándose poco a poco de nuevo, poniendo su mejilla contra ella—. Sólo que nunca lo he hecho antes, ¿me enseñas cómo hacerlo bien? —inquirió el de trenzas.—Enséñame a complacerte también —arguyó dejándole un beso sobre la cabeza de su miembro, y Bill gruñó.
—Sí, te explicaré cómo me puedes complacer, y luego en el sesenta y nueve, ambos podremos probarnos, Tom —ofreció Bill, acariciando el cuero cabelludo de Tom entre sus trenzas, y su gemelo asintió sumiso.
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Aquella dinámica entre Bill y Tom se mantuvo, teniendo sexo sin penetración vaginal, al menos no con su pene, pero sí con dedos, lengua, y frotándose por fuera, aún teniendo sexo anal, y viéndose a escondidas en hoteles, aunque a veces uno se colaba al cuarto del otro entrada la madrugada, donde Bill le había comprado una mordaza a Tom para que no se escuchara cuando gemía fuertemente por la excitación.
Y entonces llegó el mentado día de la boda de Tom, donde Wilhelm había insistido en que Tom usara un vestido, pero el de trenzas había sido tajante en que no lo haría, que él no era una mujer, ni siquiera tenía tetas, sí, cintura un poco, lo normal porque su cuerpo antes de hacer ejercicio no es que fuera el más masculino, tal cual Bill, sin embargo, no aceptó a usar vestido, aunque sí a que se pusiera el liguero blanco dentro del traje, que bueno, al menos no estaba simple vista. Sabía que Wilhelm lo hacía porque esa maldita liga significaba que la persona con vagina había llegado con pureza al matrimonio, otra vez con el tema de mierda de la virginidad, por lo mismo es que su prometido quería que usaba un vestido blanco, no obstante, Tom accedió a usar la liga blanca, el traje blanco y ya, nada más, que sí, era virgen… Al menos vaginalmente… Lo importante es que su himen no se había roto.
Fue difícil para Tom estar allí en la iglesia con todos presentes en lo que aceptaba casarse con el rubio, mientras veía a Bill ahí, en primera fila, y Tom anhelando que Bill no estuviera allí de pie en primera fila, sino a su costado, aceptando ser su esposo, pero no, no era legal en ningún maldito lugar. Aunque… Sí habían hablado de que mantendrían lo suyo a escondidas, con Tom prometiéndole que podría metérsela vaginalmente después de que Wilhelm le rompiera el himen.
Tom miraba a Wilhelm con una fingida sonrisa al decir el “sí, acepto”, volviéndose ahora el señor Strauss, mientras el rubio sonreía embelesado, y claro, su ahora esposo era hermoso, con su nariz respingona, labios carnosos, ojos almendrados, y una barba corta, con el cabello rubio que tenía hacia atrás con gel en esta ocasión, cuando normalmente lo traía un poco salvaje, luciendo como un chico muy salvaje con sus piercings y tatuajes, pero no, el mayor era más bien de gustos excéntricos, sin embargo, para lo demás muy centrado y también muy cucufato.
Wilhelm lo besó, y Tom le correspondió, disfrutando de sentir el piercing de la lengua de su esposo dentro suyo, pero el rubio se alejó levemente, tomándolo por las manos, besándoselas.
—Te daré todo y haré muy feliz, mi amor —masculló Wilhelm.
Bill aplaudía con expresión cínica viendo la escena, coreando que vivan los esposos, porque sabía que así ese bastardo le hubiera puesto el apellido a su gemelo, aquel anillo en su dedo, y sería el primero en meterle la verga en su vagina, Tom era suyo, y seguiría siendo siempre suyo, ya que Wilhelm sólo era una fachada para ser socialmente aceptado, porque no podía casarse con él, pero él lo sabía, y Tom se lo confirmó, que se metió con el rubio porque era muy parecido a él mismo, y que al decirle Will, o Willy podía camuflarse el “Bill” o “Billy”, en términos simples: Wilhelm era una copia suya, algo con lo que conformarse por no poder estar con él a vista y paciencia del mundo entero.
Así que a Bill le daba rabia, sí, pero también sabía que Tom seguiría siendo suyo ahora que habían decidido pasar la barrera fraternal. Legalmente Tom era esposo de Wilhelm, pero Bill tenía algo que el rubio nunca podría tener, el corazón de su gemelo.
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Wilhelm insistió en cargarlo estilo nupcial al entrar a su departamento, posando con cuidado a Tom sobre su cama, comenzando a desvestirlo poco a poco, fijándose cómo era el cuerpo de su esposo… Tan limpio e impoluto, que claro, él mismo amaba tatuarse, pero Tom no, y eso lo hacía aún más valioso, le sumaba puntos, porque sólo tenía un piercing coqueto en los labios, pero su cuerpo estaba libre de tinta y era virgen en todo sentido, por lo que su ego masculino se sentía muy reconfortado, dejando desnudo por completo a Tom, salvo por la liga que se veía hermosa alrededor de su muslo, notando cómo Tom estaba abierto de piernas, con su vagina dispuesta para él, y Wilhelm se quitó el traje también con rapidez, queriendo comérselo por completo.
Tom estaba ansioso pero excitado, aunque notaba que su ahora esposo, en realidad no es que tuviera un mal tamaño de pene, no era pequeño, pero sí no tan grande como el de su gemelo, aunque esperaba que supiera movérselo como Bill, o que al menos su imaginación sirviera para que se corriera fuertemente pensando que era Bill.
Wilhelm lo besó, presionándolo contra la cama al tomarlo por ambas manos, y bueno… Eso servía, porque así se lo hacía Bill a veces, aunque no siempre, porque sí tenía que tener una mano libre, ya fuera suya o de Bill, para estimular su clítoris durante el sexo anal, pero era un buen comienzo.
Sólo que su esposo no era igual de demandante que Bill en el beso era más… Lento, con Tom más bien buscando profundidad, chupándole la lengua a Wilhelm, buscando incitarlo, en lo movía sus caderas, buscando la fricción de su sexo con el de su esposo, queriendo sentirlo ya, pero el rubio se separó levemente frunciendo el ceño, aún con su erección chocando contra la intimidad palpitante y húmeda de Tom.
—¿Por qué estás moviéndote así…? ¿Acaso no me fuiste fiel, Tom? —inquirió Wilhelm, frunciendo el ceño, enojándose al pensar que su esposo no era virgen y se había acostado con alguien antes que él.
—No, Willy, sólo que estoy muy deseoso porque me la metas, he estado esperando tanto tiempo por esto, que ya te quiero dentro de mí, amor, sigo siendo virgen —respondió Tom, mientras completaba en su mente: “Al menos vaginalmente”.
Wilhelm lo miró receloso, pero asintió, besándole ahora el cuello, lamiéndoselo, haciendo que Tom suspirara, esperando que el mayor siguiera bajando con besos o lamidas hasta hacerle un oral, tal cual hacía su gemelo, pero si bien Wilhelm lo lamió y besó, en realidad no le prestó atención a su vagina, fijándose en su muslo con la liga con adoración, ubicando su rostro a la altura de la liga, quitándosela con los dientes, haciendo que Tom sí se excitara por ello, mojándose más al observarle, esperando que le mordiera el muslo o se lo apretara como su gemelo, pero no… Wilhelm sacó un condón del cajón, y se lo puso en su miembro, ubicándose entre sus piernas, guiando su erección hacia la vagina de Tom, el cual se arqueó al sentirlo ingresar de golpe.
Tom se aferró a sus hombros, apretando su mandíbula, pero porque esperaba juego previo, tal cual había hecho su gemelo siempre, pero no, Wilhelm sólo se la metió de una, y lo vio mirarlo desde arriba, para luego besarle sobre los labios.
—Relájate, Tomi, amor… Tu cuerpo está hecho para recibirme, sólo debes respirar y todo pasará —le intentó tranquilizar, en lo que Tom soltaba unas lágrimas porque si bien estaba excitado, ni siquiera le había jugado con dedos antes y sí dolía, quería patearlo y darle un puñete, pero empezó a relajarse, recordando cuando lo hacía analmente con hermano, que bueno, incluso Bill siendo rudo, siempre era muy cuidadoso con el juego previo, y la preparación, pero luego se relajó, aún con ese ardor dentro de su vagina.
Tom jaló del cabello a Wilhelm para besarlo, buscando excitarse él mismo al sentir la lengua perforara del rubio, y claro, la barba no ayudaba a la ilusión de pensar en Bill, quizá debería sugerirle que se rasurase, pero en lo que se besaba con su esposo, es que el ardor menguó hasta ser sólo un dolor fantasma, con Tom empujando su pelvis contra la de Wilhelm, y el rubio se salió y volvió a ingresar, con Tom arqueándose ante ello, en lo que mordía el labio a su esposo, empezando a entender el placer de tener algo dentro suyo, y cómo su clítoris también se estimulaba por las penetraciones.
Tom cerró los ojos, aferrado a los hombros de Wilhelm, en lo que el rubio seguía embistiéndolo, estimulando su punto G… Aunque no se movía como Bill, era más bien rápido y eso… Por momentos no era lo mejor, el ritmo lo acercaba al orgasmo, pero al no mantenerse en la misma sincronía hacía que su excitación bajara. Tom volvía a cerrar los ojos, escuchando cuándo lo amaba Wilhelm susurrándole al oído.
—También te amo, Bill… —soltó Tom, envuelto en su fantasía de quien se lo cogía era su gemelo y no su esposo.
Wilhelm no tomó importancia al error, porque según él, Tom dijo Will… Y siguió penetrándolo hasta correrse con fuerza, saliéndose y observando complacido cómo su miembro con condón estaba con la mancha de sangrado, la misma que estaba en la sábana bajo su esposo.
Tom no se había corrido ni siquiera y eso le incomodó en demasía, observando cómo Wilhelm se quitaba el condón.
—Vamos a bañarnos, amorcito, estás sucio, aunque atesoraré esta sábana hasta que envejezcamos juntos —soltó Wilhelm con una sonrisa de medio lado.
Tom sentía que le iba explotar la vena aneurísmica en aquel instante. ¿Eso era todo? ¿Sexo corto e insatisfactorio donde su esposo sólo se preocupara por él llegar al orgasmo y que Tom comiera mierda? ¿En serio?
Quiso mandarlo al diablo, pero se recompuso y lo siguió a la ducha, pensando que luego de su maldita luna de miel tendría que irse a coger todo un fin de semana con su gemelo para desquitarse de aquel sexo insatisfactorio.
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Con Tom viviendo ahora con su esposo, a veces notaba que cuando regresaba y él estaba cocinando, Wilhelm se acercaba detrás de Tom, abrazándolo, besándolo por el costado de su cuello, presionándose contra su trasero, y el de trenzas gemía, empujándose más contra él, moviéndolo de arriba abajo, y el rubio se separó de inmediato.
—¿Qué haces? —inquirió Wilhelm, observando mosqueado cómo su esposo se había frotado con él de aquella manera.
Tom parpadeó confundido, dejando el cucharón. —Pensé que como me estabas abrazando así, querías… Ya sabes, probar sexo anal —comentó el de trenzas.
—¿Entre nosotros? Eres un hombre con vagina, Tom, no tendríamos por qué usar un orificio que sólo es de salida para que sea una entrada. Nosotros tenemos sexo porque eres mi esposo, sí, pero de aquí a unos años será para formar una familia, tener hijos como Dios manda, y depravaciones de esa clase no son para mí —soltó Wilhelm totalmente enojado por lo que había dicho su esposo, cruzándose de brazos.
Tom apretó sus puños, frunciendo el ceño. —Tengo vagina pero sigo siendo un hombre, Wilhelm, es tan… Humillante que me reduzcas a esto de ser tu esposo, el que deberá tener tus hijos y ya. Y no me hace más ni menos persona el que quiera practicar tener sexo anal con mi esposo —se quejó, pensando lo frustrante que era estar con este hombre, que incluso para tener sexo y llegar al orgasmo, él tenía que montarse sobre su polla, buscando su propia culminación, porque el rubio era un egoísta en el sexo.
—Deja de hablar estupideces, vengo cansado de trabajar, y todavía me haces berrinches porque quieres hacer cochinadas. Bah, enójate solo, Tom —barbotó Wilhelm, yéndose hacia su habitación.
Tom lo odiaba, lo odiaba tanto al estúpido de su esposo, pero tenía una idea… Se relamió los labios con malicia. Ya había tenido sexo vaginal con Bill, sí, siendo todo lo contrario a lo que era con su esposo, con Bill rudo pero complaciente, haciéndolo que tuviera muchos orgasmos, y Bill mismo fue quien le dio tips para que mejorara su vida sexual con el imbécil de Wilhelm, buscando su propio orgasmo siendo quien dominara incluso si era penetrado, aunque aún seguían teniendo sexo anal porque ahí no usaban condón pero…
Cumpliría el rol que le pedía Wilhelm.
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A los meses, es que Wilhelm estaba maravillado por aquel milagro de su esposo… Tom estaba embarazado, y claro, le había parecido raro, debido a que siempre usaban condones, pero el médico mencionó que ningún método anticonceptivo era cien por ciento efectivo, y que por lo mismo era muy probable que sucediera algo así.
Lo malo para Wilhelm era que Tom nunca estaba de ánimo para tener sexo, alegando que tenía dolores de cabeza, y yendo muchas veces a la calle para despejarse, o con su cuñado yendo a cuidarlo de sus migrañas consecutivas por el embarazo, Wilhelm se alegraba de que al menos Bill fuera muy comprensivo y estuviera siempre dispuesto a ir a atender a su esposo que espera su primogénito, un varoncito, que iban pensando en nombres qué ponerle. Con Tom pidiendo que lo llamaran William, que era un nombre muy lindo, aunque Wilhelm creía que sería mejor Wilhelm Jr., pero Tom insistía que mejor William, para que no fuera confuso para su hijo.
Ciertamente el rubio se consideraba afortunado con la idea de qué sería padre pronto, ya que si bien había planeado esperar un par de años más antes de llamar a la cigüeña, se consideraba a sí mismo muy efectivo como varón al embarazar a su esposo incluso con condón. “Soy una cosa pero bárbara”, pensaba con orgullo Wilhelm.
Así que mientras veía crecer el vientre de Tom, que bueno, se la pasaba más con su familia que con él durante el embarazo, lo cual consideraba algo en parte normal, ya que Wilhelm no era muy adepto a los cuidados, igualmente contratando una sirvienta para que se encargara de su esposo en su ausencia.
El rubio colmaba de regalos a Tom, dándole una propia tarjeta de crédito para que gastara en lo que quisiera pero también dándole detalles siempre que podía, manteniendo la idea de qué lo material siempre prevalecía por sobre lo demás.
Cuando pasados los nueve meses nació su primogénito, es que Wilhelm parpadeó confundido al ver al recién nacido, que… Sí, tenía un parecido a sí mismo cuando era un bebé pero… No era rubio, sino pelinegro. Comentándole ese hecho a su esposo recién parido.
—Son mis genes, amor. ¿No ves que tengo el cabello negro? Pues Billy también lo tiene así, ¿no, mi dulzura hermosa? —inquirió Tom acunando a su bebé sonriente.
Wilhelm frunció el ceño nuevamente. Creyendo que debía irse a revisarse el oído porque le pareció escuchar Billy en vez de Willy, pero bueno.
Cuando su cuñado llegó, sumamente feliz a felicitar a su hermano y cargar a su primogénito se dio cuenta que al menos tenía asegurado que su hijo sería muy querido con la familia de su esposo, aparte de él claro, que lo llenaría de todos los regalos que su pequeño William deseara. Sólo que sabía que su familia no era la mejor demostrando afecto físico, así que le daba gusto que al menos su hijo sí lo tendría por parte de Tom.
Cuando su cuñado besó la frente de su esposo con cariño, en lo que ambos miraban a William sintió un presentimiento extraño dentro de sí, como si él fuera quien sobraba en la escena, pero desterró aquellos pensamientos intrusivos. Seguro era el estrés por el trabajo, sí, seguro era eso.
F I N
Espero les haya gustado, y de ser así, dejen un comentario… Y sí, el hijo es de Bill, pobre Wilhelm… Aunque ni tanto, castroso de mierda, estúpido, y todavía, él no siendo virgen pero sí muy egoísta en el sexo. No apoyo a la infidelidad, pero jódete por mierda.
Jeje lindo yo tampoco apoyo la infidelidad pero seamos honestas Wilhem no es alguien puro tampoco así q ve vaya a ching….. Viva el Toll ❤️❤️❤️
Hola, Cris, sí, bueno, Wilhelm (incluso siendo un Bill rubio) fue un verdadero imbécil, gracias por leer y comentar :3