Administración: De las creadoras de «La mejor perra de la perrera», viene este oneshot con humor ácido y referencias a la cultura pop.
Escrito en conjunto con Yulia Kaulitz Volvoka. Tom, más conocido como «La Reina» se le escapa el nombre de alguien más cuando estaba en sus responsabilidades maritales, esto fue intolerable para Bill «El Rey», pero no sabía que desencadenaría una serie de sucesos… Que terminaría con un castigo ejemplar para la Reina.

One-Shot de Kasomicu
«El castigo de la Reina»
La preparación había durado poco ya que ellos comían ansías. El menor hizo de la intrusión más profunda, tocando aquel punto una y otra vez, el mayor sólo sabía que deseaba más y lo emitía con gemidos, jadeos y toda clase de sonidos incoherentes que salían de sus labios mordidos por su gemelo.
—Oh, oh, ahí, oh, oh, ahí sí sí —gimoteaba Tom, conocido como La Reina para sus plebeyos mientras Bill, su Rey, lo penetraba—. Slim Shady dame máasss mmmsssí.
Bill se detuvo abruptamente y fue como si se desinflara.
—¿Por qué te detienes, mi rubito rapero? ¡Sigue! —exigió Tom, moviéndose. Bill no podía creer que Tom estuviera diciendo el nombre de otro fulano justo cuando él le entregaba su amor.
—¿Qué mierda dices? ¡Qué rayos te pasa! —estalló, empezando a salir de Tom. A la vez que este por fin se daba cuenta que su Rey se estaba alejando de él.
Y se miraron: Tom formó un piquito con la boca mientras abría los ojos enormemente, acordándose de quién tenía enfrente; Bill con la boca abierta e indignado, mostrándolo con su ceño fruncido. Estaba herido.
—Sabía que no debía dejarte escuchar a ese Slim shady —murmuró el Rey.
—Oh, vamos, mi Rey. No te pongas quisquilloso, hemos jugado antes juego de roles. ¿O acaso no te acuerdas cuando te hacía de enfermera y tú de enfermo que si sólo se quedaba en cama no era precisamente por sentirse mal? —le recordó la Reina intentando acercar a su amante hacia a él, a lo que Bill se alejó de su roce y bufó, cruzándose de brazos.
—Eso es completamente diferente…
—O cuando me vestí como colegiala…
—¡Eso ni siquiera te lo pedí! ¡Era tu fantasía después de ver a Britney en Baby One More Time!
—Mi punto es —le restó importancia al último comentario haciendo un ademán—, que estás siendo exagerado. Así que calla y sigue dándome amor.
—Ya no quiero.
—Ay, no te pongas nena, Rey, no te desperfiles. ¡Y tanto te quejas pero es tu culpa por tener ese peinado! —se excusó la Reina.
Bill se ofendió… Aún más. Mirando a Tom con esos ojos descarrilados que se movían mucho más cuando se enojaba. Pero algo de razón tenía Tom; ¿quién lo mandaba a raparse como Eminem en sus primeros años de carrera? Aunque insistía que no se parecían.
—Aún así —contestó Bill enojado, apretando el agarre de sus brazos.
—Mi Rey, no seas tonto y mete tu linda polla en mi cuevita, ¿sí?
—Pues La Lola y yo preferimos dormir en el mueble que quedarnos contigo y Cuevita, al menos el mueble no nos confunde con un rapero en los momentos menos apropiados —soltó enfurruñado, tomando sus bóxers y una bata, calzándose sus pantuflas reales se marchó de la habitación dejando un Tom boquiabierto.
—¡Y luego el dramático soy yo! ¡QUÉ SEPAS, KAULITZ, QUE DEJARME ASÍ SE PAGA CON SANGRE, ASÍ QUE NO FOLLARÁS EN UN MES! —chilló Tom, permitiendo que todos los sirvientes lo escucharan, incluso el vecindario, si uno se pone a especular.
Una de las sirvientas aún mantenía la televisión encendida pues la telenovela se había puesto muy buena y no podía dejarla pasar. Hasta que oyó a la Reina bramar al Rey.
Ella alzó las cejas.
—Hm —resopló—. Hoy no le toca a la Reina —frunció el entrecejo—. Lo malo es que uno la sufre con sus caprichos y desplantes. Ay, Dios mío —se tocó la frente—. Mejor me duermo porque tengo mucho que aguantarle mañana.
Bien era sabido que Tom “La Reina” se portaba malhumorado y rabioso cuando no le tocaba su sesión en la noche; era como lidiar con el mismísimo Satanás: le gritaba a todo mundo y mandaba a hacer cosas casi imposibles a los sirvientes, los humillaba y les pedía que limpiaran a todo momento aunque el lugar estuviese hasta resbaladizo de limpio y él se cayera sobre las nalgas de forma muy poco digna.
Pero ahora estaba sobrepasando sus límites. ¿Pedir que bañaran de madrugada a su potra preferida, llamada Lady Vaga? (La reputación de la potra se debía a su lento caminar). ¿A qué se debía aquello? Algo tramaba la Reina.
Ni en el desayuno real había cruzado palabra con su Rey, se había limitado a mirarle con recelo y soltarle una oración: —O me pides disculpas o te arrepentirás, Kaulitz.
A lo que Bill negó rotundamente, puesto que quien había cometido un error no había sido él.
Y lo volvió a pedir, pero el Rey necio en todo, volvió a negar.
—No, no, no, no, no y no.
Tom ya no dijo más. Con precisión casi escalofriante, tomó una tostada para untarle algo de mermelada. Miraba a algún punto de la habitación, en silencio. Dio un mordisco a la tostada, mientras formaba una sonrisilla diabólica y sus ojos se ensancharon.
A Bill le dio cierto miedo. Conocía ese gesto. Pero él no se doblegaría ante la advertencia de su Reina. Él tenía la razón, y no había motivo para dársela.
&
El Rey amaneció en un mueble de nuevo, y se acomodó los huesos cuando de pronto entró una de las sirvientas a la sala, toda presurosa y acalorada.
—Milord, ¡milord! —llamó asustada la sirvienta.
—¿Qué sucede, Juanita? —preguntó Bill, mirándola confundido.
—Es mi Reina, ¡está exponiéndose! —chilló con las manos sujetándose la cabeza en señal de desesperación.
—¿Exponiéndose? ¿Está andando sin guardaespaldas? —preguntó confundido el Rey.
—Sí, pero eso no es lo peor, milord. ¡Está desnudo! —exclamó Juanita con las mejillas sonrojadas. Bill se quedó perplejo, procesando lo que acababa de escuchar.—So-sobre su potra, tal cual Lady Godiva —soltó escandalizada.
El Rey iba cambiando de color su semblante, hasta que por fin soltó un «¿QUÉ?» que se escuchó en todo el vecindario, a lo lejos la Reina soltaba una risa de suficiencia mientras hacía que Lady Vaga galopeara bajo su desnudo ser.
Lady Vaga caminaba con la Reina desnuda en su lomo. Igual que su dueño, alzaba con orgullo su cabeza y su estilizado andar. Había sido todo un impacto para los ojos de los sirvientes cuando la Reina se subió a su hermoso equino dejando ver sus atributos dados por Dios. Sólo había mencionado algo sobre dejar que los plebeyos tuvieran la oportunidad de tener una divina imagen de su ser. Por supuesto, ocultando su real intención de venganza hacia su Rey.
Bill, quien colérico y ojos saltones, ordenó a los guardias estar listos para salir. Sabía que Tom era caprichoso e insolente, pero esta vez se estaba pasando de la línea. Juanita había dicho que ahora mismo se dirigía al pueblo, con el descaro de dejar sus dones al aire.
Además, el Rey estaba celoso. No permitiría que ningún plebeyo viera el hermoso busto de su Reina, o bueno, pectorales abundantes.
La potra se detuvo justo frente a la puerta del pueblo, donde los súbditos realizaban sus actividades diarias, ignorantes ante la divinidad que venía a alegrarles la vista.
—Lady —dijo la Reina, poniendo una mano sobre su pecho—, hoy haremos historia, mi hermosa potranca.
El caballo respondió con un relincho.
Se abrieron las puertas, por orden de Tom, y todos los ciudadanos miraron asustados cómo es que su Reina se hallaba desnudo frente al resto, mostrando su trasero bien formado, su miembro dormido y toda su plena desnudez. No se sentían dignos de esa imagen, y pronto comenzaron a cuestionarse que tal vez la Reina hubiera enloquecido, de todas formas nadie se atrevía a acercarse porque sabían que su vida estaría en riesgo si osaban tocarle uno sólo de sus cabellos, porque el Rey no era compasivo y era muy celoso.
Y fue como si lo llamaran con el pensamiento, porque apenas los ciudadanos pensaron en su Rey, es que Bill apareció en escena, montado sobre su caballo, con expresión de enojo total.
—Vámonos al palacio, Tom —ordenó Bill con furia en la mirada.
—Pues no, no lo haré hasta que te disculpes —respondió Tom, haciéndose el digno.
—Tom… Tú bien sabes que no me disculparé porque quién estuvo en falta fuiste tú al llamarme como Eminem… Ahora vuelve a casa, Reina, o tomaré medidas más drásticas —habló críptico el Rey. Tom lo miró con una ceja alzada.
—¿Qué clase de medidas? —inquirió Tom, un tanto confundido.
—Quitarte tus juguetes… Tú me quitas sexo, y yo tus juguetes —amenazó Bill, y Tom boqueó asombrado.
—¡No te atreverías! —soltó Tom escandalizado… No, él no podía jugar sólo con sus dedos, porque si bien eran gemelos, no se sentían igual, y al menos los juguetes eróticos le hacían sofocar sus ansías de sexo, porque sí, la Reina era un ser sediento de sexo, principalmente con su Rey, sin embargo, tenía la libido muy alta, entonces no podía estar sin masturbarse, y no bastaba con tocarse el miembro, sino que tenía que introducirse algo atrás.
—No me pongas a prueba… —farfulló Bill en tono autoritario.
Y de ese modo es que la Reina volvió al palacio… Pero esta historia no terminó aquí, porque, ¿sería muy fácil decir Colorín colorado, este cuento se ha terminado, cierto? Sin embargo, no es así.
Tom era muy caprichoso… Y apenas estuvieron en el palacio, Bill lo tomó por el brazo y lo jaloneó hasta su habitación real, porque sí, merecía un castigo, porque permitió que todo el mundo viera su cuerpo.
—¡Suéltame! —se quejó Tom, mientras que Bill lo tomaba por ambos brazos.
—No… Ya me di cuenta que te pones muy mal sin tu dosis de Lola… Así que tocará darte esa PENEcilina —acotó Bill, lanzándolo contra la cama y situándose encima suyo, viéndolo con ojos fieros—. Dejaste que el resto se deleitara con tu vista, pero sólo eres mío… Nadie más puede tocarte, ¿lo entiendes, Tom? —preguntó Bill, apretándole la garganta, que más que asustar a Tom, le excitaba, por lo que terminó asintiendo.—No… Dime que lo entiendes.
—Sí, lo entiendo —soltó con sumisión, porque sí, la Reina podía ser muy dramático y berrinchudo pero también disfrutaba de su hombre tomando todo el control.
El Rey se bajó entre sus piernas, levantándolas, mientras comenzaba a lamer su agujero, consiguiendo que su Reina, gimiera sonoramente, aferrándose a las sábanas. Bill penetró con su lengua su hendidura, chupándola con deleite, haciendo que su gemelo, y consorte, empujara su trasero para más contacto. Pero no, Bill quería hacerlo con lentitud… Por lo que seguía recorriendo su interior, saboreando su almizcle, disfrutando cómo se retorcía por más.
—Tu Cuevita está más que preparada para mí… —avisó Bill, levantándose, para comenzar a lamer su cuello, buscando marcarlo para que no se olvidara que era suyo.
—Sí, mi Cuevita quiere más… —pidió Tom con voz cargada de deseo.
Bill comenzó a chuparle los pezones, mientras que le metió dos dedos a la boca, los cuales Tom succionó con ahínco, haciendo que la erección del rubio diera bote contra su vientre por la imagen obscena que tenía, se moría por estar dentro suyo.
—Pero di mi nombre… —ordenó Bill, luego de sacar los dedos, comenzando a prepararlo para recibirlo, sintiendo cómo se estremecía y mordía los labios mientras movía la cabeza en ambas direcciones al sentir cómo tocaba su punto de placer varias veces.
—Mi Rey… Mi Bill… Mi amor… —soltó Tom casi sin aliento, mientras volvía a gemir por la forma en que su gemelo giraba su dedos para seguir dándole en su próstata.
—Ya es hora de que vayamos por más —masculló Bill, sacando sus dedos y abriéndole de piernas, para ir ubicando su miembro en su fruncido agujero.
Tom se mordió el labio inferior y sintió cómo se lo metía de lleno, por lo que se aferró con sus escasas uñas a sus hombros, recibiendo los embistes que le daba su Rey.
—Di mi nombre… —ordenó nuevamente Bill, mientras le besaba el cuello, sintiendo su pulso contra su lengua.
—Bill… Dame más duro, Bill, ¡por favor! Ay sí… Qué rico… —farfullaba extasiado Tom, para que luego Bill lo penetrara con más rudeza, pero viéndole a la cara, para después besarlo, sintiendo ambos sus lenguas, por lo que Tom se presionó más con él, mientras sentía cómo Bill le chupaba la lengua en ese instante, disfrutando en demasía ese momento a solas con su Rey, donde La Lola lo hacía ver estrellas.
Apretó más su interior, porque sabía que aquello lo enloquecía, y Bill siguió moviendo las caderas, saliendo y volviendo a entrar en su hermano mayor. Viendo extasiado sus expresiones de placer y cómo todo el mundo sabría que estaban haciendo el amor porque su Reina era ruidoso.
Después de un par de embestidas más, es que ambos se vinieron al unísono, Bill se iba a salir con delicadeza pero Tom se aferró.
—No… No te salgas aún —pidió la Reina, viéndolo con ojos brillosos—. Si te enciendo un poco más contigo adentro, podré sentir cuando se te vuelva a parar en mi interior… —susurró con picardía en su oído.
—Creo que entonces no saldremos de la habitación en un buen tiempo —dijo Bill con una sonrisa.
—Se las arreglarán sin sus reyes al menos por unas cuantas horas más —restó importancia Tom—. Pero lo mejor de nuestras peleas, son las reconciliaciones, y La Lola… Ella se siente tan a gusto con Cuevita —soltó mientras movía las caderas, excitando nuevamente a su gemelo.
—Luego no podrás sentarte —avisó Bill.
—Correré el riesgo —soltó Tom, volviendo a besarse.
Y así fue como el Rey castigó a la Reina…
F I N
Y aquí está el regalo de Yulia para el fic. Espero hayan disfrutado de este rescate y no olviden dejar su amor en un comentario.
