Administración: No se pretende ofender a nadie con el contenido de la obra, sobre todo si son parte de la religión SUD, pero recuerden esta es una web sin censura, si leer esto te va a enojar, por favor, ve en paz 😉

Notas de la autora: Hola, le traigo un nuevo oneshot perteneciente a la serie de blasfemia, en esta ocasión dejaremos a los católicos, sacerdotes y monjas, para meternos con los mormones, sin embargo, no se busca ofender a nadie con esto, es sólo con fines de entretenimiento y excusa para porno, si no te agrada la idea, eres libre de irte, pero si te gustó, agradecería que me dejes un comentario en apoyo.

(One-Shot de Kasomicu)

«Misionero»

Tom se sentía un poco cansado, le dolían los pies de tanto caminar, pero esto era parte de estar en una misión.

—Hermano Tom, tranquilo, ya sólo tenemos que ir a una casa más —comentó el élder Georg con una sonrisa, notando la incomodidad del menor por un par de años.

Tom tenía diecinueve años recién cumplidos, a los dieciocho se metió al Centro de Capacitación Misional, y lo prepararon para que pudiera compartir el evangelio y demás. Él estaba muy feliz con ello, sin embargo, era un poco desmotivante el rechazo que solían recibir, sin contar el calor terrible que había y ellos estaban con una camisa, corbata, pantalón de sastre. Caminar largos recorridos de esa forma era incómodo. No sabía cómo el élder Georg estaba más tranquilo que él, pero debía seguir.

Cuando encontraron una puerta, es que Tom la aporreó, cuando la abrieron notaron a una pequeña de cabello oscuro y ojos grandes que los miraba con curiosidad, la niña no tendría más de seis años. Los élderes no podían entrar a casas si no había algún varón adulto.

—Buenas tardes, pequeña. Soy el élder Kaulitz, ¿está algún varón adulto en casa? —inquirió Tom, ofreciéndole una sonrisa a la pequeña, la cual le cerró la puerta en la cara, dejándolo perplejo.

—Mamáaaa —se escuchó que gritaba la niña por dentro.

Después de ello, es que volvieron a abrirle la puerta y se vio una mujer con una bebé en brazos que tendría como tres años.

—Buenas tardes, dígame qué se les ofrece —comentó la mujer, viendo con curiosidad a los muchachos en traje.

—Buenas tardes, señora. Disculpe las molestias. Soy el élder Kaulitz, antes de poder explicarme más, quisiera saber si está su esposo o un varón adulto en su domicilio por favor —explicó Tom.

La mujer cerró la puerta y Tom no sabía cómo tomarse eso, se giró a ver al hermano Georg, que se alzó de hombros, antes de que volvieran a abrir la puerta, mostrando a una joven alta de cabello negro en un moño, usando un delantal y guantes de limpieza, mirándolos con sus ojos maquillados.

—¿Qué quieren? —preguntó la joven, arqueando una ceja.

—Oh… Eh… —empezó a hablar Tom, sintiéndose un tanto intimidado por la bella muchacha, sonrojándose levemente y luego aclaró su garganta, recuperando la compostura y ofreciendo una sonrisa. La verdad no comprendía por qué no entendían que preguntaban por un varón en la casa, pero igualmente tenía que mantener la amabilidad—. Buenas tardes, señorita. Soy el élder Kaulitz y queríamos saber si es que había un varón adulto en la casa, por favor.

La muchacha bufó y se señaló a sí misma.

—Sí, yo soy el varón adulto en la casa —contestó.

Tom boqueó y Georg también se quedó confundido.

—No soy una “señorita”, soy Bill Trümper, tengo diecinueve años. ¿Tengo que mostrarles el pito o mi identificación para que lo corroboren? —inquirió Bill, con expresión de fastidio.

Tom se sonrojó y negó. —Disculpe, joven Trümper. Somos los élderes Kaulitz y Listing de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de Los Últimos Días —explicó el castaño de pelo corto, mostrando su identificación—. Queríamos pasar para poder conversar con ustedes sobre el evangelio por favor. También podríamos ofrecerles actos de servicio, ayudarles en cualquier cosa que necesiten. Veo que está haciendo la limpieza, podemos ayudarlo también en ello.

—Entiendo… ¿Son mormones, no? —cuestionó Bill, que no sabía mucho de ello pero le sonaba, que así como venían testigos de Jehová, que normalmente les cerraba la puerta en la cara por venir a horas inadecuadas, estaban estos otros, que bueno, sonaba bien que le dieran una mano al menos, sin importar que él fuera ateo y le interesara tres hectáreas de verga cualquier religión.

Los muchachos asintieron, y Bill se hizo a un lado, pidiéndoles que pasaran.

—¿Pueden ayudarnos primero? Mi mamá está acomodando la ropa en ganchos para ponerla en el tendedero y yo estoy limpiando el horno —explicó Bill.

—Sí, por supuesto, joven. Indíqueme donde se encuentra su señora madre para apoyarla —se ofreció Georg, Bill le señaló la dirección del patio y Tom se quedó a solas con el azabache.

—Bueno, ven conmigo a limpiar el horno —pidió Bill, yendo en dirección a la cocina. Tom lo siguió.

Bill le extendió un delantal y un par de guantes, los cuales se puso el joven.

—Uno debe ponerse en cuatro para llegar hasta el fondo del horno. Mi mamá hace pasteles, así que suele usarlo mucho, por ello es tan profundo. Con este cepillo podrías quitar lo que está hasta atrás pegoteado de la masa y así —explicó Bill.

Tom asintió y se arrodilló para luego meter su cabeza y parte del torso dentro el horno, intentando llegar a esa zona que le indicaba el joven.

Bill echó un vistazo por un costado, dándose cuenta que el castaño estaba haciéndolo mal, por lo que ubicó detrás de él, presionando sin querer su pelvis contra el trasero del mormón, y sujetó el brazo del élder Kaulitz.

—Lo estás haciendo mal, tienes que frotar así con fuerza —le enseñó Bill a Tom, moviéndose para remover con su mano sobre la mano del élder y cepilló la masa seca, pero por el movimiento hacía que la pelvis de Bill empujara contra el trasero del otro joven, haciendo que su corazón latiese acelerado.

“El joven Trümper sólo me está ayudando, su cercanía sólo es circunstancial”, pensaba Tom, tratando de no analizar el que su cuerpo estuviera reaccionando sin querer frente a la fricción.

Tom siempre había estado entregado a su iglesia, él mismo voluntariamente quería servir. Y… Entre las reglas estaba la ley de castidad y también la de no tener relaciones sentimentales. Si bien las reglas eran más en referencia a relaciones con el sexo opuesto, era evidente que Tom no podría tener algo con un hombre, aparte de que no era lo apropiado, estaba el hecho de que él debía entregarse al señor, y sólo cuando terminara su misión es que podría encontrar alguna hermana en la iglesia para casarse con ella y perder la virginidad, que bueno, en sí era para respetar el llegar casto hasta el matrimonio. Y que durante la misión sólo se enfocará en el Señor y cómo predicar el evangelio. Al menos eso se repetía en lo que tensaba su cuerpo todo lo posible para aplacar aquellas sensaciones que remecían su vientre y conseguían que sintiera un tirón en la entrepierna. No… Eso estaba mal, era pésimo. No coquetear, no sexo, no relaciones…

Bill siguió presionando hasta que vio cómo la masa se desprendió, y se separó del joven.

—Fue difícil pero eso es sólo el comienzo —habló Bill, en lo que Tom salía del horno con las mejillas rojas y sudado, tragando saliva duramente, y el joven azabache rió—. ¿No habías hecho esto antes?

—¡No, por supuesto que no! —respondió rápidamente Tom, siendo muy expresivo con sus manos.

—Ok… —dijo Bill, sin entender por qué tanto susto porque le pregunten sobre si limpió o no el horno, sin embargo, por el nerviosismo del joven, es que el muchacho lo miró de pies a cabeza, notando que el mormón se había excitado, y se rió para sus adentros, por ello es que negaba con tanta efusividad, en el ajetreo de la limpieza el élder al sentir cómo Bill lo presionaba… Se le había izado el asta de bandera.

“Curioso, muy curioso”, pensó Bill, analizando que el muchacho no era mal parecido, de hecho desde el inicio miró a ambos jóvenes considerándolos muy guapos, aunque principalmente este, con carita tan fina, nariz respingona y su cabello engominado tal cual muñeco de pastel.

—¿Y tienes novia, élder Kaulitz? —cuestionó Bill, en lo que se acomodaba para lavar los platos, extendiéndole una toalla, dándole a entender con ese gesto que Tom tendría que secar los platos.

Tom sujetó la toalla, y sonrió amablemente, al menos el tema lo distraía un poco de su momento incómodo. Que el joven Trümper demostrara interés en tal vez la vida que uno llevaba como misionero.

—No, joven Trümper. Nosotros los misioneros no podemos tener pareja para enfocarnos en predicar la palabra de nuestro señor —respondió Tom con una sonrisa, para luego recibir el plato que le extendió Bill, comenzando a secarlo antes de acomodarlo en el escurridor.

—Llámame Bill, con esa carita debes tener mi misma edad o quizá menos. ¿Cuál es tu nombre de pila? —inquirió Bill.

—Oh, la expresión correcta sería nombre, nombre de pila viene de la expresión pila bautismal, que es el bautismo cristiano, dónde solían poner el nombre al bebé. En nuestro caso no recibimos un nombre al bautizarnos como los cristianos. Pero también recibimos una sumersión en el agua… —empezó a explicar Tom y notó que no había respondido, sonriéndole con una expresión de disculpa—. Sobre lo otro mi nombre es Tom. Y sí, también tengo diecinueve años, Bill —agregó el joven.

—Vaya, y me imagino que no eres de aquí. ¿No? Por tu acento. Si bien me gustaría largarme de mi casa, no es posible. Trabajo a medio tiempo y estudio a distancia para poder ayudar a mi mamá y hermanas ㅡcontó Bill.

ㅡOh, ¿tu padre no puede ayudarlos? ㅡinquirió Tom.

ㅡMi padre murió cuando mi mamá estaba embarazada de Amy, mi última hermana de tres años ㅡrelató Bill con expresión sombría.

ㅡYo lo lamento mucho, Bill. En serio, no debí asumir. Lo siento ㅡse disculpó Tom, sintiéndose terrible por haber tocado una fibra sensible.

ㅡNo tenías por qué saberlo, no lo dijiste con mala intención. Se ve que eres un buen chico —le buscó tranquilizar Bill, en lo que le pasaba otro plato para que lo secase.

Tom sintió cómo su estómago se apretó al escucharlo decir que era un buen chico, porque en sí ambos tenían la misma edad, pero el que dijeran que tenía un buen comportamiento con aquella frase se sentía bien.

Estaban en silencio, porque Tom no sabía qué decir luego de haberlo arruinado, cuando entró Simone cargando a Amy junto con Georg, irrumpiendo en la cocina con Bella, la hermana de seis años de Bill tras ellos con expresión llorosa.

—Bill, Amy necesito llevar a Amy a qué la nebulicen de emergencia, le dio otra crisis, y ya sabes que Bella entra en ansiedad si las separo. Aún tiene que venir la señora Agnes por sus pasteles. Por favor, quédate a recibirla —ordenó Simone, en lo que la pequeña en brazos respiraba agitada.

Bill asintió ausente. —Está bien, mamá.

Tom se preocupó y se extrañó de la indiferencia de Bill. Georg miró a la mayor.

—Yo le acompaño, señora —se ofreció Georg y observó a Tom—. Tom, quédate con el joven Trümper para lo que necesite —dio la orden, en lo que él castaño cargaba a la pequeña Bella, y se iban de la casa.

Tom sabía que no era lo ideal que sólo uno se quedara, sin embargo, también comprendía que era por ayudar a la señora.

—¿Puedo preguntar por qué estás tan tranquilo? —inquirió Tom, en lo que terminaban de lavar los platos.

Bill soltó un suspiro.

—Porque Amy nació mal, estas crisis de asma me preocupan sí, pero ya no es la primera vez. Al parecer hay un problema congénito pero no podemos costear los estudios para saberlo. Es… Impotencia y parte de resignación cada que sucede algo así con mi hermana —soltó Bill, sentándose en el sillón de la sala, y Tom se ubicó a su costado, notando la expresión afligida en su semblante.

—A veces sirve buscar la ayuda en la iglesia, Bill —comentó Tom, pensando que una parte suya quería abrazarlo para consolarlo, pero evidentemente no podía hacerlo, sería muy invasivo.

Bill sonrió sin tinte de humor. —No quiero ofenderte, Tom, pero realmente no creo en Dios porque si existiera sería un maldito egoísta de mierda que disfruta con la agonía de todos sus hijos. Así que, si bien estás aquí y aceptamos que entren, no es que vayamos a convertirnos en mormones —masculló el pelinegro.

—No… No lo decía por eso. Que entiendo en parte tu postura, aunque no la comparto. Sino que nosotros como iglesia ofrecemos préstamos o ayudas con nuestros convenios con hospitales y otras instituciones, de ese modo… —Tom sabía que estaba hablando de más, pero quería ayudar a Bill, por lo que apretó sus manos encima de sus muslos—. Sólo tienes que “ser parte”, aunque no creas, y ya con ello podrían acceder a beneficios. Esto no debería decírtelo, y va en contra de lo que me han pedido y enseñado en predicar. Sólo que también parte de nuestro deber el ayudar a todos, y ustedes lo necesitan —arguyó el castaño, viéndole con preocupación.

Bill se sorprendió, porque no esperaba que Tom le dijera básicamente que se aprovechara de los beneficios de su iglesia con la finalidad de ayudar a su hermana, ¿esto era una señal de que Dios sí existía? Porque un mormón atractivo estaba arriesgando todo por él, alguien que no profesaba su fe, era ateo, y ni siquiera se consideraba a sí mismo una buena persona.

—¿Y qué ganas con esto? ¿Te pagan por cada persona que metas a tu religión? —inquirió Bill con desconfianza, comenzando a analizar qué es lo que pasaría, aunque… En realidad, el ayudar a su hermana sí era algo que quería hacer, sólo que una parte suya le decía que era demasiado bueno para ser real.

—No es así, Bill. Sólo lo digo para ayudarte, no gano nada. El que sea élder es algo que hacemos por vocación, no es obligatorio. Mi deseo es predicar la palabra de Dios, y también ayudar. En este caso, sólo lo decía por los beneficios para ustedes, no con segundas intenciones, no me atrevería a buscar aprovecharme de tu situación —explicó Tom, notando cómo el joven de cabello largo suavizaba su expresión.

Entonces era cierto, Tom era… Una buena persona. ¿Esto pasaba en la vida real?

Bill se acercó al joven, viéndole el rostro, y Tom se sonrojó ante la cercanía pero se mantuvo quieto.

—Tú eres gay, ¿cierto? —cuestionó Bill casi respirándole sobre la boca, Tom tragó saliva y negó, Bill se rió.—Me vas a ayudar, así que te ayudaré a que salgas del clóset.

Tom lo miró fijo. —¿Eh? No, no soy gay —dijo el castaño, sonriendo con nerviosismo, aún apretando sus puños encima de sus muslos.

Tom no tenía nada en contra de los homosexuales, por más que sí hubiera escuchado comentarios negativos al respecto. Sólo que él era heterosexual, ¿cierto? Sin contar que en sí no podía tener nada hasta casarse.

Bill le miró los labios, y sonrió. —Te pone nervioso que esté tan cerca de ti, Tom —mencionó Bill y Tom fue consciente de que el pelinegro estaba casi arrinconándolo en el sillón, por lo que rió con más nerviosismo.

—Ah, me voy al otro sillón —respondió Tom sonrojado, queriendo levantarse, pero Bill posó su mano contra el brazo del sillón, haciendo que Tom permaneciera allí, y el pelinegro le olisqueó el cuello, haciendo que el castaño cerrara los ojos y sintiera cómo se iba endureciendo en sus pantalones.

—No te vayas, élder Kaulitz —susurró Bill contra su oído—. Y sé que eres gay porque cómo te excitaste en la cocina cuando me empujaba detrás tuyo, y cómo ahora se te pone dura por tenerme respirándote en el cuello. No te sientas mal, también me excitas, Tom, mi pantalón también tiene un bulto ahora mismo a causa tuya. Soy gay, y me encantaría demostrarte mi gratitud —terminó de decir el pelinegro para morderle el lóbulo de la oreja a Tom, quién soltó un sonido poco digno y abrió los ojos por completo, girándose.

Bill lucía hermoso cerca suyo, con los ojos entrecerrados y maquillados, aún con su cabello en una coleta, sus labios regordetes y fuego en sus orbes… Haciendo que para Tom luciera como el pecado, como un ángel… Caído.

Tom sintió cómo su corazón daba tumbos en su pecho, y su erección estaba cada vez más apretada en sus pantalones.

Bill era gay, y le estaba diciendo que quería tener relaciones con él para agradecerle por lo que había hecho, y Tom… Estaba en pánico, porque todavía le decía que había notado su inquietud por su momento en la cocina.

—Yo no… Yo no… —quiso hablar Tom, con nerviosismo, sus mejillas teñidas de un color hermoso que resaltaban en su piel levemente bronceada por caminar tanto al ser un misionero, a Bill le encantaba cómo es que ese muchacho, incluso teniendo su misma edad, y el cuerpo algo más trabajado que él, demostraba una timidez e inocencia, precisamente por su crianza que por ello ahora estaba ahí trabándose para intentar decirle que no era gay aunque todo señalara que sí lo era—. No puedo hacer algo así, no puedo estar con nadie románticamente hasta terminar mi servicio misional y… Placeres carnales solamente con quién me case —arguyó el castaño, queriendo repetirlo como mantra, sin mencionar que también estaba prohibido que se quede a solas con alguien de la casa, y aquella regla también se había transgredido, sólo que Tom entendía que era porque salió la emergencia de la madre de Bill.

Bill se relamió los labios y lo miró con fijeza. —Nadie habló de romance o matrimonio, élder Kaulitz.

—De hecho no podríamos ni siquiera casarnos… No demostramos algún tipo de discriminación a nivel oficial, porque buscamos apoyar a todos por igual, sólo que la postura de la iglesia es que uno no comete un pecado con sentir atracción por alguien de mismo sexo pero sí al actuar en consecuencia, tampoco se permiten las matrimonios del mismo sexo, ni relaciones sexuales antes del matrimonio. Yo… Debo terminar mi servicio misional, y casarme con alguien de mi iglesia —dijo Tom, aún mirando aquellos ojos marrones intensos viéndole tan de cerca, enmarcados por aquel maquillaje oscuro que estaba desestabilizándolo.

Bill consideraba que era estúpido todas las reglas que le estaba diciendo el muchacho y presionó más su cuerpo sobre el contrario, viendo cómo el mormón, a pesar de lo que hablaba, y de que tendría la fuerza para empujarlo, no lo hacía y sólo se iba haciendo para atrás, hundiéndose en el sillón, con casi Bill sobre sí mismo.

—Te repito que no hablé sobre romance ni matrimonio, estás yendo contra tus reglas para ayudarme con este “vacío legal mormón”. No hay nadie aquí fuera de nosotros, y yo no le contaré a nadie lo que pasará aquí. Sólo disfruta y explora tus deseos ocultos, élder Kaulitz… —masculló Bill, para después lamerle el cuello, haciendo que Tom se arqueara debajo suyo y soltara un gemido.

Tom tenía toda su lucha interna por lo que había representado sus creencias, convicciones y demás por tantos años, pero cuando Bill lo besó ahora en la zona sensible de su cuello, decidió apagar su mente, dejándose llevar, y el pelinegro chupó el cuello, con Tom ahora aferrándose a su espalda, sintiendo culpa, sí, pero no queriendo hacer nada para evitarlo.

Bill saboreaba la sal de su sudor, y luego subió a su quijada dejando un beso allí para después besar sus labios regordetes y tan hermosos que lo habían llamado desde el inicio, dándole su primer beso al misionero, primero compartiendo un suave arrastre de bocas, para después colar su lengua en el interior de los labios del castaño, haciendo que Tom gimiera cuando sintió la bolita metálica en la lengua de Bill, frotándose con insistencia contra la suya, definitivamente Bill era el pecado hecho carne.

Bill notaba la torpeza en los movimientos de Tom, cómo es que no sabía besar, pero estaba dejándose hacer, correspondiendo al gesto efusivo, a su hambre, sus ansias, y Bill agradeció aquello, que así no supiera qué hacer, iba intentando imitarle, y el pelinegro siguió presionando su pecho encima del contrario, gozando con sentir esos labios contra los suyos, y la manera en que Tom era tan sensible al ser virgen, podía apostar a que ni siquiera se masturbaba por la manera en que tenía tanta tensión en su cuerpo.

Bill dejó de besarlo, para comenzar a aflojarle la corbata, quitándole botón a botón de su camisa, mientras que Tom se quedaba perplejo bajo suyo, sin detenerlo, con las mejillas rojizas al igual que sus labios, y los ojos brillantes por la excitación.

Bill al quitarle la camiseta se bajó nuevamente para comenzar a recorrerle la zona del pecho, con besos, lamidas y una jalada con sus dientes sobre los pezones del castaño, que se aferró al sillón sintiendo cómo su miembro se apretaba más por la manera en que Bill lo mordía en el pezón y luego lo chupaba, con Tom mirándole pero sintiendo que se le ponían los ojos en blanco por ese placer nunca antes sentido.

El pelinegro siguió con el recorrido de lamidas por su vientre, mirándolo cuando lo hacía, notando la expresión afiebrada en el misionero, por lo que al seguir bajando, y encontrarse con su pantalón, le bajó las prendas, con Tom siendo sumiso al dejarse quitarlas, Bill percatándose de aquella ropa interior blanca toda desabrida mata pasiones que estaba usando Tom, pero que el bulto que tenía sobresaliente valía la pena soportar la prenda sosa.

Bill le quitó los calzoncillos de abuelo y notó la erección orgullosa, rosada, gruesa, aunque no en exceso, y bonita, muy bonita, haciendo que Tom se sonrojara más ante el escrutinio silencioso al que era sometido. Nadie le había visto el pene nunca, fuera de sus padres cuando era un bebé. Y ahora Bill lo veía con hambre, y antes de que Tom pudiera decirle algo, notó cómo el pelinegro bajaba en dirección a su miembro, bajándole el prepucio con los dedos, para comenzar a lamerlo, ante la atenta mirada del misionero que estaba jadeando al sentir esa lengua recorrerle la sensible carne, moviendo por inercia sus caderas, en lo que Bill seguía jugando por encima, acariciando la base, y luego chupándole la cabeza, arremolinando su lengua perforada a través de la carne palpitante, haciendo que Tom gritara aferrado al sillón al percibir la calidez envolverle, cerrando los ojos, era muy intenso, sabía que estaba yendo en contra de todo pero ni siquiera podía conectar ideas para procesar el placer que sentía al ser chupado por Bill.

Bill se rió, haciendo vibrar su garganta, en lo que empezaba a bajar y subir encima de la polla del misionero, que seguía con el pecho alzándose y empujando sus caderas de forma desincronizada, cuando sintió la tensión en los testículos del castaño, es que se separó.

—No te vas a correr tan rápido, aún tengo que seguir probándote —advirtió Bill, con los labios hinchados por la mamada, y una sonrisa de lado, le dio un golpecito en el muslo interno—. Ponte a cuatro patas en el sillón, sé un buen chico —ordenó.

Tom tragó saliva y obedeció, totalmente avergonzado en la posición en la que estaba, con el trasero al aire, ahora desnudo, pensando aún cómo es que se había sentido cuando estaba en aquella misma posición dentro del horno, y ahora… Percibiría lo mismo pero sin nada de ropa entre ellos.

Bill silbó apreciativamente al notar las bonitas nalgas que tenía el mormón, apretándolas en sus manos, viendo cómo Tom jadeaba por ello, las separó, hundiendo su rostro entre ellas y comenzando a sorber encima.

—¡Ay, Dios mío! —gritó Tom cuando Bill le pasó la lengua por la raja.

Bill sonrió contra el agujero del misionero. —Sólo llámame Bill —bromeó el pelinegro, y siguió lamiéndole el agujero haciendo que Tom se arqueara más, y por vergüenza, comenzara a morderse los labios para acallar esos gemidos sonoros que buscaban salírsele de la boca, con las piernas y brazos temblorosos mientras seguía percibiendo la lengua de Bill, de aquella forma que lo hacía blanquear los ojos por ese placer nunca antes sentido.

Bill estaba saboreando el almizcle del mormón, notando que era muy limpio, y aparte delicioso, disfrutando de paladearlo y cómo se contraía contra su lengua, apretándolo, o tensándose, tan sensible y delicado, al ser tocado por primera vez, por más que tuvieran la misma edad, Bill ya había dejado de ser virgen desde hacia tres años, y si bien no tenía pareja, o cogiera seguido, de vez en cuando se daba una escapada para un acostón por Grindr, teniendo la descripción en su perfil: top twink, porque así fuera delgado, se maquillara, y fuera considerado alguien muy femenino, no le gustaba ser el pasivo.

Y ahora mismo no tenía condones, pero Bill siempre usaba con sus ligues, aparte de que su misionero era virgen, así que no le contagiaría nada ni Tom a él.

Bill notó cómo Tom se abría más, conforme seguía lamiéndolo, así que se separó levemente, viendo el agujero estimulado latir frente a él, relamiéndose los labios porque quería seguir comiéndoselo pero también el tiempo apremiaba porque doña Agnes tocaría el timbre en cualquier momento, así que soltó un escupitajo en la hendidura de Tom, comenzando a tocarlo por encima, y el élder se estremeció al sentir esos dedos, y cómo es que Bill comenzó a introducirlos, volviendo a escupir encima para ayudar a la intromisión, el pelinegro sabía que la saliva no era el mejor lubricante pero él normalmente compraba sobres pequeños antes de irse a encontrar con alguien, porque si compraba el tubo grande, una vez abierto, luego se le vencía o perdía su eficacia al no usarlo seguido.

Pero Tom no sabía absolutamente nada de ello, y sólo estaba estremeciéndose ante los toques expertos de Bill, abriéndolo con los dedos, y él… Realmente era virgen en todo sentido, nunca se había masturbado, ni mucho menos metido los dedos, y si bien había un poco de escozor dentro suyo, existía una excitación que se acrecentaba cuando percibía esos dígitos moverse diestramente, tocando una zona suave que hizo que Tom sintiera una electricidad por todo el cuerpo que vibró hasta en su pene… Arqueándose, empujando sin ser consciente su trasero contra la mano de Bill, el cual estaba sumamente complacido por cómo Tom era receptivo ante ello, no sólo sumiso y sensible siendo virgen sino también con un fuego dentro suyo al estar penetrándose contra sus dedos, ese interior era tan cálido que Bill metió otro dedo para seguir abriéndolo, muriéndose por cambiar sus dígitos por su polla.

Mordió la espalda de Tom, en lo que movía más sus dedos, sintiendo cómo lo apretaba hasta que el misionero estaba listo, y le dejó un beso en la espalda baja, al sacar sus dedos.

Bill se abrió los pantalones, sacando su erección, sintiendo un poco de alivio ya que sus jeans eran apretados y estaba muy duro, nalgueó a Tom, no muy fuerte, pero sí haciendo que diera un brinco en su sitio.

—Échate de espaldas en el sillón, si bien me gusta coger de perrito, quiero que sea algo más especial, y no tan impersonal al no vernos las caras, en tu primera vez —ordenó Bill, y Tom se giró, echándose de espaldas, abriendo los ojos grandemente al notar el tamaño del pene de Bill, que le ganaba por unos centímetros en largo y ancho, ¿y eso le metería? Bill se fijó en el miedo en los ojos del misionero, y se agachó sobre él, besándolo, con algo que hizo que el corazón de Tom se acelerase más, porque había cariño en aquel gesto.—Prometo ser gentil —le susurró contra su oído, y Tom soltó un suspiro, sintiendo que su cuerpo se relajaba con esas palabras de aliento.

Bill le besó el cuello, para luego lamer su palma, masajear su erección y guiarla hacia el agujero de Tom, quien se tensó y apretó los dientes, al sentir la cabeza de Bill ingresar en su interior, pero el pelinegro le sujetó el miembro comenzando a masturbarlo de arriba abajo, besándolo en sus labios para distraerlo, en lo que Tom correspondió al gesto, sintiendo cómo le erizaban los vellos al momentos de ser acariciado por Bill, relajando su interior, en lo que el pelinegro se metía más.

Bill no había estado con un virgen antes, ni siquiera su primera vez, pero puso especial cuidado en Tom, porque había algo en aquel muchacho, que le hacía estremecer desde antes, incluso aunque recién lo conociera, y no es que él fuera cucufato cuando cogía el mismo día que conocía a alguien por Grindr, pero la gente que usaba esa app sabía que tenía la finalidad de coger. Tom no, lo había conocido por ser un misionero que visitó su casa, y lo ayudaría pero a Bill le gustaba más de lo que se había atrevido a decirle.

Ni siquiera era un amante de besos o de gustarle la posición de misionero, que hallaba irónico el que estuviera haciéndolo en aquella posición con un hombre que sí era misionero. Sin embargo, Bill quería hacer que todo esto fuera especial para este muchacho tan lindo, tierno, inocente que era capaz de darle la espalda a sus convicciones por el afán de ayudar, por ello es que besaba a Tom con afecto, uno que quizá era muy pronto para sentir, y tal vez sólo era su cabeza jugándole en contra, pero sentía mientras mecía sus caderas, estimulándolo con su mano, y sintiendo cómo suspiraba contra sus labios.

Tom por instinto, abrazó a Bill con sus piernas, en este punto ya no dolía, era leve la molestia, dando paso al placer, uno que no esperaba sentir en un acto así, Tom, siendo élder, que se autoproclamaba hetero, que no debía acostarse con nadie hasta el matrimonio, ni mucho menos tener aquel tipo de contacto al estar en misión, que no había besado ni nada antes… Estaba con Bill, un ateo, quién lo besaba de una forma que le hacía derretir por dentro, que con su lengua contra la suya le estaba haciendo pecar, que la forma en que lo tocaba, y cómo estaba embistiéndolo, con todo su ímpetu, mientras rozaba algo con su pene dentro suyo, que hacía que se retorciera, y rogara por más, al menos mentalmente, porque ahora no podía hablar, teniendo sus besos tapándole la boca, y su peso encima suyo.

No era amor, Tom lo sabía, que él sonaba enamorarse para casarse con una hermana de su iglesia, pero tampoco podía verlo como sólo tener relaciones sexuales, porque se aferraba a sus hombros, con Bill tocándolo con su mano, y empujándose en su interior, compartiendo aliento, cuando se separaban Bill lo miraba… Y Tom entendía que si esto había sido una prueba para ver si flaqueaba en su fe, pues la había fallado miserablemente, culpándose por ello, pero no arrepintiéndose, ya que una parte suya lo sabía desde que lo sintió presionando detrás suyo desde el horno y por cómo lo había observado, pensando que era una linda chica, por lo cual se sonrojó, incluso aunque supiera que no lo era.

Bill era hermoso, y sabía que era sexo y no hacer el amor, pero era una magnífica primera experiencia, y así estuviera pecando por dejarse llevar por sus impulsos, y este bello hombre que exploraba sus deseos más ocultos… Tom no olvidaría esta única vez que compartiría a su lado, apretándolo más con sus piernas, en lo que sentía la cadencia en sus movimientos, y cómo estaba jalándolo en un torbellino de deseo, con su interior latiendo, moviendo las caderas con torpeza de arriba abajo, buscando más profundidad de la viralidad grande del muchacho, y también que siguiera masturbándolo llevándolo a su propio paraíso personal.

Tom sintió cómo la erección de Bill latió dentro de su canal anal, y jadeó contra sus labios, con Bill mordiéndoselos, sintiendo el tirón en sus testículos porque iría a correrse, aumentó el ritmo del bamboleo en su mano sobre el miembro de Tom, en lo que seguía dándole estocadas, viéndolo quebrarse y suspirar.

A Bill le encantaba ver a es bello hombre, que había llegado con su cabello engominado corto hacia atrás, ahora despeinado, desnudo, sonrojado por todos lados mientras se movía al ritmo de sus embestidas, soltando suspiros y con las expresiones faciales haciendo notar lo mucho que estaba disfrutando de su primera vez.

Bill sentía su interior caliente envolviéndolo, tan apretado, tan delicioso, y cómo se contraía, con sus venas de su verga latiendo dentro, en lo que sacaba y volvía a metérsela… Nunca nadie le había gustado tanto, por lo que acarició más firme el miembro de Tom, haciendo que se corriera en su mano, apretándolo por dentro y con Bill viniéndose en su culo, haciendo que pusiera los ojos en blanco porque nunca había sido muy intenso el no usar condón, sentirlo piel con piel y venirse dentro.

Se salió con cuidado, observando ese culito botando su leche y sintió cómo la excitación le venía de nuevo.

—Eres tan delicioso y hermoso, élder Kaulitz —masculló Bill, acariciándole la mejilla y besándolo con cariño, para luego acomodarse el pene dentro del pantalón.

Tom cerró las piernas, sintiéndose incómodo por cómo estaba con semen saliendo de él, aunque nervioso también por la manera en que había perdido su virginidad, que definitivamente esto no podría decirle a su obispo, por lo que sentó, con el dolor sordo por lo que acababa de pasar.

—¿Puedo usar tu baño para asearme? —inquirió Tom con timidez y Bill le señaló dónde era.

Tom agarró sus cosas y fue a limpiarse, porque si se bañaba sería más sospechoso, y se vistió otra vez.

Entonces… Si le había gustado, y vaya que le gustó, pues eso lo hacía gay, estaba procesándolo, cuando salió y vio a Bill entregarle dos pasteles a una anciana en la puerta.

Cuando la cerró, volvió a sentarse en el sillón, con Tom ubicándose a su costado, manteniéndose en silencio.

—Si vuelves a Dresden, llámame… O también por si quieres hablar con alguien —comentó Bill, extendiéndole un papel con su teléfono, Tom lo recibió, sorprendido porque Bill le dijo que no sería algo romántico ni nada, y ahora quería ser su amigo o algo parecido.

Tom mismo era de Austria, y sabía que al menos por unos meses estaría viajando a varios sitios, por lo que no tenía certeza de si volvería a Alemania, y ahora mismo no podía agendarlo porque sólo podía usar su teléfono el domingo, y no para algo ajeno a escribirles a sus familiares, aunque sí le apretaba el pecho el pensar que podría seguir hablando contigo ese joven.

—Está bien, Bill, gracias. Sino que no nos dejan usar el teléfono hasta el domingo, sólo una vez por semana a familiares y con supervisión. Igualmente te mandaré un mensaje como si fueras un primo —comentó Tom, sintiéndose mal por mentir, pero se sentiría peor por no hablarle.

Bill rió pensando en la frase que decían sobre los primos.

—Sí, está bien, Tom. Entonces… Dame los pasos a seguir para que nos unamos a su secta —manifestó Bill en tono bromista y Tom asintió, sonriendo porque comprendido el chiste, comenzando a explicarle lo que tendría que pasar a parir de ahora.

Cuando regresó Georg, con Simone y las hermanas de Bill, es que le explicó el pelinegro que iba a volverse mormón, dejando sorprendida a su madre al ser su hijo ateo. Pero es que Georg no podía saber la realidad del asunto, así que era mejor mantenerlo así.

Cuando se fueron, se abrazaron entre todos, con Tom aguantando las ganas de besar a Bill.

Y Tom cumplió con su palabra, escribiéndole un momento a Bill cada domingo, manteniendo una comunicación incluso cuando ya había ido a otro país, mientras el pelinegro le contaba que ya su hermanita estaba mejor, y que Bill mismo había dejado su carrera a distancia porque habiéndose bautizado como mormón, le daban la opción de estudiar por menos costo a distancia en el BYU Pathway, que ofrecía acceso a la titulación universitaria com base espiritual para miembros de la iglesia, y que con su certificado le era válido a nivel internacional. Así que Bill decía que le chupaba un huevo tener que hacerlo todo en inglés y que sea sobre religión pero que al menos terminaría en menos tiempo, por menos costo, y que si valía su certificado a nivel mundial, le daría más oportunidades de trabajo como programador de software.

Tom se alegraba por él, de hecho, una vez que terminó su voluntariado como misionero, mantuvieron una relación a distancia, a escondidas de sus padres, dónde incluso se veían por videollamada, empleándolo tanto para contarse sus cosas como para tener relaciones por ese medio, que eran cosas que aún ponían nervioso a Tom, pero había aceptado hacer porque con estaba enamorado de Bill, el cual se preocupaba por él, era atento y detallista, incluso a distancia, a veces enviándole algunos presentes por correo o también comprándole unas comidas por aplicativo con lo que le permitía su sueldo.

Tom a veces se sentía conflictuado, porque quería tenerlo cerca, besarlo y… Ni siquiera podía decirle a su familia que era gay, y que tenía un novio, porque sería motivo de excomulgarlo.

Pero cuando Bill ya se graduó y encontró un buen trabajo, es que Tom se sintió muy feliz por él, aunque quisiera felicitarlo personalmente.

Con el paso de los meses, Tom recibió un mensaje de Bill diciéndole que saliera de su casa, que le tenía una sorpresa.

Tom se rió, pensando que le habría enviado algún regalo, pero se quedó boquiabierto cuando abrió la puerta de su casa y vio a su novio allí, sonriéndole.

Luego de ello es que Tom se escapó con Bill de su casa, casándose por lo civil, siendo excomulgados pero felices, lo cual era irónico al recordar cuando Bill le había dicho en su primer encuentro que esto sólo sería algo casual donde no hablarían de amor, ni de casarse, y finalmente se enamoraron y casaron, con Bill quien fue el primero en pedirle que fueran novios a distancia, porque Tom lo cautivó desde el inicio, haciendo que Bill mismo le diera su teléfono para mantenerse en contacto, y siéndole fiel incluso antes de ser novios, porque ya después de ese día, es que dio de baja su cuenta de Grindr, eliminando a sus ligues con los que repetía ocasionalmente.

Tom se mantenía aún siendo creyente, mientras que Bill seguía siendo ateo, aunque fingió por unos años ser un buen hermano de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y… No tuvieron el primer encuentro más romántico del mundo, al menos no uno que pudieran decirle a los hijos que planeaban tener en un futuro, sin embargo, serían felices.

F I N

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

2 comentario en “Misionero”

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