Notas de la autora: Esta historia es una excusa para porno y humor jajajaja.
«Alerta aeropuerto»
(One-Shot de Kasomicu)

Tom estaba mordiéndose la mejilla interna, en lo que su madrastra parloteaba y su caniche Princess, se casi frotaba con su pierna, con él empujándola con incomodidad.
—¡No, Tom, deja a Princess! No te atrevas a hacerle algo a mi belleza —ordenó Heidi con tono autoritario, haciendo que Tom se resistiera a poner los ojos en blanco por la forma en que le hablaba su madrastra, queriendo mandarla al demonio, pero no, si le decía algo, la rubia ya no le dejaría ir a su viaje.
Penosamente cuando su padre había muerto, quien se había quedado con su custodia era Heidi, incluso si él ahora tenía la mayoría de edad, teniendo diecinueve años, trabajando y todo, para irse de viaje a otro país como Estados Unidos, seguía siendo un menor de edad hasta tener veintiún años. Así que sí o sí necesitaba que ella le firmara el permiso para algo tan nimio como aquello. Lo cual era molesto, porque su padre había muerto a sus quince años, por lo ya eran cuatro años soportando a esa perra insufrible, aparte de Princess, claro, pero apenas Tom pudo trabajar es que lo hizo para no depender enteramente de Heidi, que se despilfarraba el dinero de su padre, y que… Bueno, era una molestia realmente, ya que nunca lo quiso, y sólo lo trataba como su empleado.
—Bueno, pero, ya me firmas el permiso, ¿por favor? —repitió Tom, extendiéndole el papel con el lapicero, porque el de rastas detestaba pedirle algo, incluso ahora se pagaba solo sus cosas, viviendo con sus roomates para no tener que lidiar con ella, y quería tener la oportunidad de ir a Estados unidos para el Coachella, porque se presentarían Lady Gaga, Lisa y Jennie de Blackpink, así que definitivamente Tom tenía que llegar.
De paso que esperaba ver si ligaba con algún muchacho, y contaba con el tiempo contado, tenía que recibir el permiso de la bruja, ya estaba vestido con su outfit de rapero para el Coachella, que bueno, sí, le gustaba el rap y hip hop, en realidad, era que Tom consideraba fan de la música de por sí, y eso implicaba géneros totalmente diferentes entre sí, por lo mismo es que había ahorrado tanto para ir al festival a escuchar en vivo música de diferente clase, pero principalmente por Lady Gaga, Lisa, Jennie y… Coger con un hombre.
La rubia hizo un mohín de fastidio, agarrando de mala gana el papel y lapicero. —Ven aquí, dame tu espalda —ordenó la rubia.
Tom soltó un suspiro resignado, en lo que la maldecía internamente para girarse, haciendo que ella usara su espalda como soporte para firmar el papel, sintiéndose humillado pero no tenía mucho tiempo, así que luego de soportar aquello, con Princess frotándose por todas su piernas, es que Tom se fue, diciéndole que sí, que le limpiaría la piscina al regresar de su viaje como pago por el permiso.
Tom sujetó su maleta con ruedas y se fue a tomar el autobús para llegar al aeropuerto.
Llegó casi corriendo apenas se bajó, poniéndose en la cola para el check in, sintiéndose ansioso porque era la primera vez que viajaría fuera de Alemania, de hecho sólo había ido en tren con sus roommates a festivales como el Oktoberfest, pero fuera de ello, nunca a nivel internacional.
Así que Tom estaba ahí, con las manos sudándole, tragando saliva nervioso en lo que veía cómo avanzaba la cola, sintiéndose más tenso porque también estaba contra el tiempo, por la bruja de mierda de su madrastra con sus demoras. Se mordió el interior de la mejilla por nerviosismo.
Tom se fijaba cómo estaban poniendo las maletas de cada pasajero sobre la enorme máquina, fijándose que no tuviera nada no reglamentario. El de rastas quería que se apurasen más, en vez de estar deteniendo a la señora que quería llevar embutidos. ¿Por qué quería llevarse embutidos dentro de un tupper? Se sentía fastidiado, él mismo tenía hambre pero ya comería lo que buenamente pudieran darle de snack en su viaje económico.
Tom movía su pie inquieto, hasta que notó, desde su visión periférica, que había un perro, se giró levemente percatándose del can, un pastor alemán que estaba de la mano de… Un oficial de aeropuerto, ¿esos no eran los perros de detección de drogas? El hombre que tenía la correa era atractivo, alto, delgado, con el cabello en un mohicano, y Tom tragó saliva por nerviosismo entremezclado con excitación, es decir, sí, el policía, que era evidentemente mayor que él, era guapo, sin embargo, ¿sería que estaba buscando drogas?
Tom sólo esperaba que nadie delante suyo tuviera drogas, porque sino se demorarían más en avanzar.
Se sentía nervioso con el pelinegro pelo corto avanzando, en lo que se fijaba en su reloj del celular, y cómo seguían demorándose por la señora con las salchichas.
—Pero quítenselas y ya atiendan al siguiente —pidió Tom desde atrás.
—¡No, porque estoy llevándoselas a mi hija, las de Alemania son por mucho mejores que las de América! —refutó la señora frunciendo el ceño.
Tom soltó un suspiro exasperado. ¿Por qué el mundo tenía que conspirar en su contra?
Después de un rato, cuando por fin le decomisaron las salchichas a la señora, es que avanzó más la cola, pero… Justo cuando Tom iba a moverse, es que sintió cómo lo olisqueaban. El de rastas se tensó y se fijó que el perro de detención estaba oliéndolo.
—Joven, por favor, retírese de la cola —ordenó el oficial guapo con mohicano, y Tom quería morirse ahí mismo.
—Oficial, disculpe, es que tengo prisa, el perrito debe estar confundido, no traigo drogas —respondió Tom riendo con nerviosismo. Pensando si acaso era porque Georg, uno de sus roommates, le invitó un mordisco de su happy brownie, ¿sería posible que el perro pudiera oler eso?
Tom estaba al borde del colapso nervioso.
—Joven, es una orden. Retírese de la cola para revisar su maleta —repitió el oficial, en un tono más autoritario y con la mirada seria e intimidante, que Tom se fijaba en su membrete que se apellidaba Kaulitz.
—Es que ya falta poco para que me toque, por favor, oficial Kaulitz, tengo que ir a mi abordaje para mi vuelo al Coachella —pidió Tom, sintiéndose frustrado.
El oficial Kaulitz arqueó una ceja. —El Coachella, un festival caracterizado por uso de estupefacientes, perfecto, joven, ahora sí me veo en la obligación de llevarlo al cuarto de inspección porque se resistió a obedecer —soltó el hombre, porque su perro seguía oliendo y ahora ladrando en dirección al de rastas.
Tom iba a refutar cuando fue jalado por el brazo del mayor, llevándolo en dirección al cuarto de inspección y el rubio estaba desesperado, porque ahora llegaría tarde, si es que llegaba, y si se negaba, pues iría preso.
El oficial Kaulitz lo metió al cuarto, y pidió sus papeles, Tom se los entregó, deseando que esto fuera rápido, y pensando que mataría a Georg si por su culpa iba preso por haber dado un mordisco a un brownie con marihuana, siendo perfectamente consciente de que lucía como culpable, incluso si no tuviera nada en la maleta que lo incriminase, ¿tal vez le harían hacer pis para detectar las drogas? Tom se mordió el labio inferior, detestando su mala suerte.
—Diecinueve años… Tienes el permiso para viajar, y sí, a Estados Unidos, pero eres contestón, joven Trümper. Ahora deberé revisar tu maleta para fijarme qué es lo que le atrajo la atención de Balto —mencionó el oficial, y Tom le entregó su maleta, observando cómo el mayor la ponía sobre la mesa, abriéndola, y revisando si tenía algún compartimiento secreto, tal cual el de rastas sabía de su existencia por el programa Alerta aeropuerto, pero no, él no tenía nada, así que sólo esperaba que el oficial fuera rápido.
Balto seguía ladrando hacia Tom, y el de rastas se mordía con más insistencia el labio, porque no entendía qué cosa tenía el animal con él.
—¿Puede apresurarse, disculpe? Como le dije, no tengo nada, oficial Kaulitz —masculló Tom, con sus manos sudándole más, en lo que el pelinegro se giró a mirarle, arqueando una ceja.
—¿Vas a seguir siendo un contestón, joven Trümper? Porque tienes la pinta de un sospechoso, y Balto sigue ladrando. Tu maleta está limpia… Pero —se interrumpió, viéndolo de arriba abajo—. Tendré que hacer una inspección con usted.
Tom se señaló a sí mismo. —¡¿Conmigo?! ¡¿Por qué?! ¡Yo no tengo nada! —gritó el de rastas, desesperándose, ¿entonces su sudor era el que olía por metabolizar la marihuana recién hoy?
“Maldito seas, Georg, voy a castrarte al regresar”, pensó con desesperación Tom, tragando saliva con nerviosismo.
—No me alce la voz, joven Trümper —barbotó el oficial, con el ceño fruncido, y miró a su perro—. Balto, siéntate —ordenó el mayor, fijándose cómo le obedecía de inmediato, mientras el pelinegro soltaba la correa—. Y usted, jovencito, póngase de manos contra la pared, y ábrase de piernas —soltó en el mismo tono que usó con el perro, y Tom boqueó nervioso, porque de algún modo le excitó, sonrojándose pero también, ¿qué estaba pasando?
—Pero, oficial… —quiso refutar Tom, pero el mayor, lo sujetó por el brazo, y giró, apoyando el pecho del de rastas contra la pared, haciendo que el de rastas casi diera un brinco por lo abrupto del movimiento, ya que el mayor no lucía muy musculoso, de hecho él mismo era más fuerte, pero el oficial Kaulitz sí era ágil, suponía por ser policía que lo inmovilizó contra la pared, mientras Tom estaba entre excitado, estresado y frustrado, todo junto porque no quería perder el dinero de su pasaje, ni las entradas al Coachella.
El oficial lo soltó, pero empezó a palparlo, por sus hombros… Por debajo de sus brazos, sus caderas… Haciendo que Tom se arqueara frente al roce de las manos del mayor, que claro, no era con un fin sexual, pero él estaba en ascuas de sexo, y ese dominio del mayor, con el hecho de que fuera guapo, no ayudaba a que Tom mismo no se excitara, tragando saliva cuando sintió cómo el oficial Kaulitz le tocó el trasero, y tuvo que morderse el labio inferior, sintiendo cómo seguía bajando, tocándole los muslos por encima de su ropa, todo era con la intención de tocar algo escondido, pero Tom sólo estaba con la erección escondida por las manos del mayor, fuera de ello nada.
El oficial Kaulitz dejó de tocarlo, fijándose que, en efecto, fuera de palpar un cuerpo bien trabajado que se escondía bajo aquellas prendas, no tenía nada inusual, sin embargo, Balto seguía ladrando, incluso sentado.
—¿Ya puedo irme? —preguntó Tom, aún con las manos contra la pared, que las había ubicado allí después de que el oficial lo apoyara contra ella.
—No, aún Balto está inquieto. Tendré que hacer la revisión de cavidades, joven Trümper —avisó el oficial, y Tom frunció el ceño.
—¿Revisión de qué? —inquirió Tom, girando su rostro levemente, viendo aquellos ojos profundos mirarle y el de rastas tragó saliva.
—Que tendrá que quitarse los pantalones para seguir la inspección —dictaminó el oficial, y Tom empalideció.
—¡No, no, oficial, por favor, no! —soltó desesperado Tom, no podía quitarse los pantalones, el oficial guapo no podía verlo sin ellos, se enrojeció de inmediato. ¿Qué karma estaba pagando?
El mayor lo vio aún más sospechoso con ello.
—¿Qué es lo que oculta, jovencito? Quítese los pantalones ahora mismo para revisar sus cavidades —repitió la orden el oficial, y Tom se estremeció nuevamente por ese tono tan demandante.
—No puedo, por favor, no puedo, oficial —farfulló Tom, esta vez en voz bajita, rogándole con los ojos.
—Hágalo o tendré que tomármelo como desacato a la autoridad —dictaminó el oficial con la misma mirada severa que combinaba con aquel tono.
Tom soltó un suspiro resignado, girándose, para quitarse los pantalones y el oficial abrió grandemente los ojos cuando notó lo que el de rastas ocultaba bajo ellos, motivo por el cual estaba con el labio grueso siendo mordido, las mejillas rojizas, y sin retenerle la mirada… El de rastas no solamente tenía una erección sino que… Estaba usando lencería de encaje color rosa.
Tom amaba cómo se sentía contra su piel, y cuando dijo que estaba con el outfit completo para el Coachella, y encontrar un ligue, incluía su ropa interior, por lo mismo no quería bajar sus pantalones y que el oficial guapo supiera que le excitaba que lo toque, y que también usaba ropa interior de mujer.
—¿Son de Victoria’s secret, no? —interrogó el mayor, y Tom se sonrojó más.
—¿Ya puedo ponerme los pantalones, oficial? —inquirió Tom en respuesta.
—Llámame oficial Bill —acotó Bill, sonriendo ante cómo el menor estaba hermosamente sonrojado, era un jovencito con varios secretos al parecer, porque Balto seguía ladrando—. Y no, ¿puedo llamarte Tom? Es que la inspección de cavidad implica que te quites los pantalones y… La ropa interior, así que por favor, hágalo —soltó el pelinegro, y Tom sintió que su rostro se había vuelto un tomate, ¿cómo que debía quitarse la ropa interior?
—Pero…
—Hágalo —repitió Bill tajante.
Tom tragó saliva, sacándose las zapatillas, y bajando su ropa interior de encaje, haciendo que Bill apreciara el espectáculo del menor sacándose la tanga fina, Tom no lo hacía con intención de seducir, pero para Bill el ver esa tela bajar por sus piernas lo estaba poniendo muy caliente, el pelinegro sujetó la prenda, a lo que el de rastas lo miró confundido.
—Ahora póngase en la misma posición de antes, Tom, contra la pared, de espaldas a mí, abierto de piernas —explicó Bill, y Tom obedeció, sin entender cómo funcionaría inspección, sintiéndose muy expuesto al sólo estar con su camiseta, que claro, le cubría por encima de los muslos, sin embargo, igualmente no tenía nada debajo.
Bill olisqueó la prenda aprovechando que Tom estaba de espaldas sin poder verlo, y claro, no era lo más sensato, pero el muchacho seis años menor, era realmente sexy, y claro que si el de rastas se había excitado con sus roces, él mismo tenía algo de derecho de también gozar a costa suya, casi lamiendo la tanga rosa porque olía muy bien el almizcle del menor. Preguntándose qué diablos tendría Tom para que Balto estuviera así de insistente.
Bill se guardó la tanga en el bolsillo y pasó sus manos en medio del cuerpo del menor, acariciando sus muslos internos, sabía que lo ideal sería usar guantes, pero Bill quería sentirlo… Era poco profesional de su parte, sí, Bill lo sabía, sin embargo, el rubio era muy delicioso, así que quería arriesgarse un poco, disfrutándolo, mientras hacía la inspección.
Tom sintió cómo su piel se erizó frente al roce de las manos del mayor contra su piel desnuda… Con la erección alzándose más, por lo que cerró los ojos, mordiéndose el labio inferior, en lo que Bill seguía subiendo su mano, hasta apretar su trasero, por lo que el de rastas se arqueó pero también soltó un gemido.
—¡Oiga! ¿Qué hace? —inquirió Tom, queriendo protestar por el apretón en su nalga.
—La inspección de cavidades implica que le separe las nalgas y revise dentro suyo si tiene algún tipo de droga —vociferó Bill contra el oído del menor, y Tom se iba a derretir por la voz susurrante en su oreja.
Hasta que lo procesó.
—¿Me va a meter los dedos? —interrogó Tom con voz chillona, sintiendo que se le iban a salir los ojos frente a la expectativa.
—Sí, tengo que revisarlo a profundidad —cedió Bill, y Tom apoyó su frente contra la pared.
Estaba jodido, ¿cómo no iba a excitarse si le iban a tocar por dentro? Y él no tenía nada allí.
—No tengo nada dentro —refutó Tom, con la poca voluntad que le quedaba.
—Quien nada debe, nada teme, Tom —arguyó Bill, nuevamente con su aliento en su oreja y Tom se mordió el inferior, aceptando lo que tendría que pasar a continuación.
Tom resintió la ausencia del aliento de Bill en su oído, cuando sintió movimiento detrás suyo, y las manos del mayor acunar su trasero con… Bill respirándole por encima de su culo, separando sus nalgas.
—Oficial Bill…—soltó Tom en un jadeo, es decir, ¿por qué le respiraba allí?
—Debo fijarme que no haya nada —respondió Bill contra el culo del menor, observando que el de rastas tenía un trasero depilado, limpio en más de un sentido, porque sólo era rosado sino que no tenía nada allí, pero estaba salivando de sólo verlo, por lo que no se resistió y pasó su lengua por encima del fruncido agujero, haciendo que Tom se arqueara más, apretando su interior y gimiendo sonoramente al sentir aquel lengüetazo, es decir, sí, Tom quería tener sexo con un hombre atractivo, y el oficial Bill Kaulitz lo era, pero… ¿Se lo iba a follar con su lengua?
Nunca nadie lo había lamido allí, y el de rastas sintió un estremecimiento recorrerle cuando el oficial volvió a hacerlo, chupándolo, haciendo que su pene latiera cuando Bill empujó su lengua dentro de su hendidura, era algo que lo estaba haciendo derretirse su cerebro en un cortocircuito por tanto placer, haciendo que anhelara por más, sintiendo algo en la lengua del mayor que lo recorría que sólo acentuaba su gozo.
—Oficial… ¿Esto es parte de la inspección? —inquirió Tom, una parte racional queriendo pedirle que parase, pero él mismo empujando su culo contra la cara del mayor, dando señales contradictorias.
Bill dejó de chuparlo para sonreír, evitando carcajearse, se relamió los labios, aún saboreando el almizcle del rubio en ellos.
—¿Quieres que pare? —interrogó directamente Bill, en voz alta y firme, sin dejar de apretar sus glúteos.
—Yo-o… —Tom había empezado a hablar, con las piernas temblándole, en lo que el can seguía ladrando.
Bill hizo un silbido que hizo que el perro se detuviera, ya que no tenía sentido que su mascota siguiera así de ansioso porque Tom no tenía drogas, y ya luego iría a llevarlo al veterinario porque quizá era un problema de salud, que esperaba no fuera grave, aunque en sí ellos como tal no eran dueños de los perros de detención, sólo les eran asignados, igualmente el oficial se había encariñado con Balto.
Bill se levantó, poniéndole las rastas a un lado, dejándole la nuca visible y posando casi sus labios encima de la zona, mientras se erizaban los vellitos rubios del más joven con las piernas nuevamente temblándole.
—Puedo parar si me lo pides —masculló Bill, porque no iba a ser ningún maldito abusador, aunque claro, no era lo más consensuado el que hubiera tenido su lengua en su trasero, sorbiéndolo, lamiéndolo y saboreándolo presionándolo contra la pared. Sólo que era difícil resistirse a ese bombón de rastas.
—Es que no voy a llegar a mi vuelo —farfulló Tom, sintiéndose frustrado, porque ahora teniendo al mayor de pie, sentía que algo estaba apoyado contra su trasero, y no era precisamente un arma, y se le antojaba por mucho, pero debía llegar a ver a sus ídolos.
—Igualmente hay papeleo que llenar después y exámenes porque no se explica por qué mi perro está tan desesperado por tu olor… Es decir, lo entiendo, hueles delicioso, pero no tienes drogas, aunque tú aroma y cuerpo ciertamente es adictivo, joven Trümper —susurró Bill contra la nuca del menor, dejándole un beso corto sobre la zona sensible.
—¿Entonces mi viaje está arruinado? —preguntó Tom, pensando “mis ahorros”, ya que realmente había juntado tantos meses para viajar, las entradas y la estadía. Se sentía terrible en este momento, aunque tuviera a Bill apoyado detrás suyo.
—Puedo intentar hacer unos arreglos si me lo permites, Tom, como agente de seguridad, tengo acceso a vuelos o incluso a jet privados para asuntos de emergencia, sólo que podría ser más que nada en la noche que terminemos con los exámenes de descarte —masculló Bill, acariciándole las caderas con sus pulgares, en lo que Tom se mordía el labio inferior, empujando su trasero contra la entrepierna del mayor, entre excitado por el bulto que sentía, o la forma en que el mayor le estaba solucionando su problema o las manos que lo acariciaban en sus caderas, quizá la unión de todo ello.
—¿Entonces tendría que ver la forma de agradecértelo, oficial Bill? —inquirió Tom en un tono coqueto, sintiendo escalofríos por el deseo que le recorría, cómo su miembro estaba pulsando y goteando preseminal, incluso sin tocarse, su excitación no había menguado, si ya tenía el asunto solucionado, ¿por qué no dejar que el mayor se lo cogiera? Quizá no sería su ligue del Coachella, pero sí de las previas, sin interesarle que estuviera contra la pared de una oficina para revisar si tenía drogas y no dentro de una carpa en el festival.
Bill le lamió la nuca al menor, sonriendo ante el tono pícaro empleado por el de rastas, que seguía frotando su culo contra su entrepierna enfundada en su uniforme.
—Creo que ya tienes en mente el cómo pagármelo, ¿cierto? —cuestionó Bill, mordiéndole juguetonamente el cuello, y Tom siseó ante ello, poniendo los ojos en blanco porque le prendía que le mordieran allí.
Bill se bajó el cierre del pantalón, sin quitárselo del todo, sólo liberando su erección, que empezó a friccionar contras las nalgas pequeñas pero bien formadas del de rastas, quien se quebraba ante ello, aún manteniéndose con las manos apoyadas contra la pared, en lo que escuchaba cómo Bill escupía, y claro, no tenían lubricante a la mano, así que suponía que usarían saliva para la penetración, y sí le atinó a ello, cuando el mayor comenzó a meterle los dedos con saliva dentro, y Tom se mordió el labio inferior, percibiendo cómo el mayor sujetaba su miembro, masajeándoselo, al ritmo de sus dígitos remojándose dentro suyo, abriéndolo… Y Tom movía su pelvis de atrás para adelante, concentrado en la sensación de llenura en su interior, aunada al cómo Bill lo acariciaba diestramente en su verga erecta, empleando el preseminal como lubricante para seguir masturbándolo.
Tom ya no era consciente de cuántos dedos le había metido el oficial Bill dentro, pero cuando los sacó… Se sintió tan vacío que los extrañó, pero su oficial favorito, no dejó que se quedara así, porque luego alineó su pene en su orificio, empujándose poco a poco, en lo que el rubio boqueaba, sin gritar, pero sí sintiéndolo bien… El oficial Bill Kaulitz no sólo lucía sexy en su uniforme, algo que Tom no sabía que le excitaba hasta ese momento, o tal vez debió sospecharlo porque siempre se quedaba mirando a los policías o militares, algo daba la investidura, el tono que ejercía Bill también lo ponía mal, era muy dominante, y así Tom se vistiera de lo más masculino, le excitaban los hombres que lo manejaran de aquella forma, que le dieran órdenes en la cama, y claro, aquí no había cama, y el oficial había sido demandante en un contexto no sexual, no obstante, igualmente estaba disfrutándolo.
Principalmente porque el oficial tenía un buen largo y grosor, que hizo que Tom se estremeciera cuando lo sintió tan dentro que sólo chocaban sus testículos contra su culo, y el de rastas movió las caderas, aún teniéndolo dentro, pero sólo para percibirlo más, acostumbrándose al leve dejo de ardor al no usar el lubricante adecuado, sin embargo, no le molestaba para nada, le estaba encantando más bien.
Bill no se había cogido a otro hombre en el trabajo, porque en realidad era muy responsable con su trabajo, pero Tom… Ese muchacho tan contestón, atractivo, y sensual… Lo había atrapado, con sus ojos color chocolate, esos labios que quería besar al ser tan coquetos con ese piercing en la comisura, ese cuerpo trabajado que había sentido… Esa lencería decadente, sin contar su agujero que no sólo se veía hermoso, sino que también sabía delicioso y se sentía aún mejor alrededor de su polla, tan estrecho que si no fuera porque Tom había cedido fácilmente ante la preparación, habría pensando que era virgen, pero no, no lo era, sólo muy… Estrecho, jodidamente bueno y caliente envolviendo su miembro, y todavía se movía con descaro sobre su erección, por lo que Bill dejó de masturbarlo, para que no se corriera tan pronto, ya que hasta sentía cómo latía la verga del rubio contra su palma.
—Ahora… Sé un buen chico —masculló Bill contra el cuello de Tom.
—Los chicos buenos no dan los mejores orgasmos, oficial Bill —rebatió Tom con una sonrisa torcida, apretando su interior, escuchando gruñir al mayor, que lo tomó por ambos extremo de sus caderas, y comenzó a embestirlo, aferrado a su cuerpo, haciendo que Tom temblara nuevamente, poniendo los ojos en blanco, por la manera en que Bill estaba penetrándolo…
Haciéndole ver estrellas, Tom quería gritar, y Bill, como adivinándolo, soltó su agarre de su mano derecha para taparle la boca al menor.
—Shh, silencio —ordenó Bill, empleando el mismo tono que usó con su perro, y Tom sólo podía pensar que también se pondría a cuatro patas para ser el perro de Bill, si la recompensa era que siguiera empujándosela con aquel ritmo incesante, que estimulaba su próstata sin darle un respiro, que sus dedos se apretaban contra la pared, y su polla estaba goteando rebotando frente a cada estocada dada con firmeza.
Bill seguía apretando su cadera, sin dejar de embestirlo, disfrutando en demasía aquella sensación, tapándole la boca al menor, notando cómo es que Tom apretaba más su interior, y presionaba su trasero contra él… Definitivamente valía la pena arriesgar su trabajo por aquel adolescente, que sí, ya era mayor de edad, sin embargo, seguía siendo un adolescente hasta los diecinueve años, uno delicioso… Cuando la lengua de Tom lamió su palma en un intento rebelde y sensual, de hacer que Bill lo suelte, aumentando más su excitación, es que Bill lo hizo, sí, quitándole la mano de la boca, pero para girar su rostro, comenzando a besarlo, sin dejar de metérsela a profundidad.
Tom gimió en su boca, era una posición algo incómoda para besarse, pero no podía pensar en la posible tortícolis que pasaría después, no cuando Bill le metía la lengua entre sus labios, haciéndole sentir que tenía un piercing allí, el cual era lo peculiar que acentuó el placer al estar recibiendo un beso negro por Bill.
Bill siguió dándole estocadas, ahora sujetando su pene, volviendo a acariciárselo, al ritmo de las embestidas y Tom no duró mucho tiempo más, corriéndose con fuerza contra la pared, mientras que Bill hacía lo mismo en su culo.
Tom no quería ni cuestionarse el que había tenido sexo sin protección con un desconocido que era un oficial seguridad antidrogas del aeropuerto, con un perro como testigo, pero se quedó jadeante contra los labios del mayor, quien se salió con delicadeza del interior del de rastas.
Bill se acomodó el miembro dormido en sus pantalones, subiéndose el cierre, en lo que Tom se giraba con las piernas temblándole, solamente con su camiseta larga.
Bill lo sujetó por la barbilla, besándolo, para luego separarse nuevamente.
—Vístete —ordenó nuevamente Bill.
—Tienes mi ropa interior —mencionó Tom mordiéndose el labio inferior.
—Es un recuerdo que conservaré —acotó Bill, guiñándole un ojo, extendiéndole papel toalla para que se limpiara.
Tom se aseó como pudo, y puso la ropa, pensando que su lencería cara ahora era regalo del mayor, pero no le diría nada, porque un viaje en jet privado imaginaba era mucho más costoso que su tanga y pasaje de avión juntos.
Cuando estuvieron presentables es que siguieron las partes aburridas y protocolares que seguían para que Tom se pudiera ir.
Igualmente el menor le dio su número al oficial Bill, ya que a Tom no le importaría ser empotrado contra la pared de nuevo, quizá no en el aeropuerto, pero sí en donde viviera el mayor.
Pero Bill mismo es quien viajó con él hasta América, dejándolo en tierra firme, aunque hubieran cogido en el baño del jet privado nuevamente, por lo cual entendía que era un facilidad el no usar ropa interior.
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Cuando Tom regresó a Alemania, luego de haber disfrutado del Coachella, es que recibió un mensaje del oficial con los resultados de los exámenes…
“Al parecer Balto te ladraba desesperado porque olías a perra en celo”, había escrito Bill, y Tom se sonrojó.
“¡Oye, no me digas así!”, reclamó Tom en un mensaje de texto, porque sí, había estado muy excitado pero no para que le dijera perra en celo.
“Me refiero a que tenías rastro de sangre de perra en celo en tus pantalones, esas feromonas eran las que estaban llamando a Balto, no que tú olieras a perra en celo como tal”, explicó Bill en otro mensaje, riéndose ante la respuesta de Tom.
—¿Qué? —preguntó Tom en voz alta mirando su celular y lo recordó…
Princess frotándose con su pantalón. Esa perra literalmente lo había metido en todo este embrollo, aunque no es que se quejara porque le permitió conocer a Bill.
“¿Entonces ya no tendré excusa para que nos volvamos a ver porque no me encontraron droga alguna, oficial Bill?”, texteó Tom, mordiéndose el labio inferior, esperando que el mayor notara la urgencia en aquella oración escrita.
Bill se relamió los labios, maldito adolescente caliente, cómo le encendía aquel provocador.
“Tendré que ir a tu departamento, sólo para asegurarme que no tengas algo escondido por allí”, respondió Bill, siguiéndole el juego al de rastas.
“Te esperaré con otro recuerdito puesto, oficial Bill”, escribió Tom, riéndose, porque al final sí le había pedido que le compre lencería al mayor, ya que le había quitado una, alegando que si se las compraba podría quitárselas, y evidentemente Bill había accedido.
Bill gruñó, sintiendo que necesitaba correr para quitarle con los dientes aquella prenda decadente que estaría usando el menor. Y que estaría feliz de tener más recuerdos con olor a Tom. Nadie lo había hecho flaquear tanto en su deber, haciendo que sólo pensara con la cabeza de abajo, sin importar el costo o riesgo. A como diera lugar, Bill quería hacer de todo por aquel adolescente provocador, haciendo que se cuestionase por qué su rectitud había menguado con él, por qué es que se estaba poniendo en aquella situación.
Quizá luego de cogérselo un par de veces más, tendría que invitarlo a salir, porque no podía sacárselo de la cabeza.
F I N
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