«Pumba always wins»

(One-Shot de Ady)

—Mmmm, mmmmm no, no me convence —una prenda más cayó en la creciente pila de ropa sobre la cama. Frente a un espejo de cuerpo completo, Bill Kaulitz repasaba la vestimenta final que llevaría a un club nocturno recién inaugurado, en las afueras de Berlín. Se había decidido por unos jeans Dior, color gris degradado, que se ajustaban armoniosamente a sus largas piernas. Unos botines de tacón bajo Ralph Loren, una camisa negra de Channel y encima, un saco informal negro de Tom Ford, era el atuendo completo.

—Bill, el club no es un lugar pretencioso ni tampoco un desfile de modas al cual tengas que ir vestido impecable—se asomó Tom al cuarto, adivinado lo que pasaba por el pensamiento de su gemelo; conexión era su nombre. —No es como si vaya haber prensa ni fans. Es en las afueras de Berlín. No importa cómo vayas vestido, igual siempre te ves bien.

Ahí estaba su estúpido, idiota y adorado hermano regalándole un halago acompañado de una sonrisa que sabía —bueno, Tom no lo sabía— le hacía temblar las piernas como gelatina. Lo observó recostado sobre la puerta de la habitación, con la cabeza agachada pero aun así alcanzó a ver un leve rubor por el halago expresado. Se había hecho el idiota buscando algo en su teléfono para evitar enfrentar a la mirada de Bill. Tom vestía unos simples jeans, rotos de las rodillas, unos Nikes blancos, una playera blanca Dsquared2 y su ya clásica chamarra de mezclilla desgastada Levis ¿Por qué Tom vistiendo tan sencillo le hacía perder la cabeza? Las dos Cabezas se corrigió mentalmente.

Una idea cruzó rápido por su mente y una vez más se dirigió al clóset. Tom dio un suspiro de resignación porque intuía que Bill volvería a cambiar de ropa y llegarían tarde. Si de algo se jactaban los Kaulitz era de su puntualidad alemana, siempre que podían presumían de ella. Así que lamentaba que esta sería una de las pocas ocasiones en que llegarían tarde. Más grande fue su sorpresa al ver que Bill solo se había quitado el saco negro, el cual había sido sustituido por una chamarra Levis igual que la suya. Tom le sonrió.

En los últimos dos años, Bill y Tom habían adquirido un curioso hábito: vestirse con ropa similar ya sea en formas, estilos o en colores. Poco a poco, el “monótono” Tom Kaulitz, empezó un cambio en su vestimenta, la cual había dejado de ser de tallas más grandes o estilo Hip Hopero para un estilo más casual —influenciado la mayoría de las veces por Bill— ahora era cada vez más común ver a Tom usando camisas, pantalones formales, sacos, joyas, en sí ropa que lo hacían complementarse al atuendo de Bill. Para las fans y extraños era cosa de gemelos, pero para ellos iba más allá que parecerse a gemelos ya a los casi 28 años. Se vestían como lo hacían muchas parejas enamoradas que suelen combinar vestuarios para demostrar una unidad y en el caso de ellos era decir con gritos silenciosos somos pareja. Así que el hecho que los ajenos pensaran que lo hacían por ser gemelos, para ellos era el pretexto ideal, no tenían que dar explicación alguna pues era cosa de gemelos.

Se miró en el espejo por última vez, acomodó los mechones de su cabello, se aplicó brillo sobre los labios y salió junto con Tom. Este le dedicó una sonrisa y un casto beso en los labios. Bill sonrió cuando se separó del breve beso y antes de que Tom diera la vuelta y emprendieran camino a la salida, Bill lo tomó de las solapas de la chamarra, lo estampó en la pared y sin dejar que Tom saliera de su asombro, atacó su boca, como si tuviese tiempo de sequía de ella. El beso iba aumentando su intensidad, los gemidos empezaban a llenar la habitación. Manos se deslizaban ansiosas recorriendo un camino ya conocido. Fue la falta de aire que hizo salieran de el amoroso momento compartido. Se separaron, apoyaron sus frentes sobre la otra y entre risas bajas, Tom acomodó los rizos rubios de su hermano y Bill el mechón que había escapado del moño en el que tenía Tom aprisionado su sedoso cabello. Se miraron una vez más, tratando de tranquilizar su respiración, hasta que esta volvió a la normalidad.

—Mejor vámonos, porque si me quedo un minuto más, te arrancaré la ropa y te haré el amor aquí mismo. —Bill le dio un ligero apretón a la hermosa nariz puntiaguda de Tom.

—Quisieras —respondió Tom en un tono coqueto— Pero en serio, deja descansar mi trasero, ya casi desapareció, mira —Tom se volteó, y se agachó dándole un panorama de éste para mostrar su punto.

—Maldito provocador —reprimió Bill un gemido frustrado— No inicies algo que luego no puedas parar.

—¿insinúas que yo te estoy provocando? —preguntó Tom en un tono de fingida inocencia—pero por el bien de mi trasero volveremos a cambiar, así que la próxima vez yo estaré dentro de ti, mi polla te extraña.

—Guarro.

—Y aún así me amas.

Se dirigieron al garaje donde su preciosa Cadillac negra los esperaba. Subieron, se colocaron los cinturones de seguridad y antes de prender el motor, se miraron y compartieron un lento beso.

—Hasta mañana, Tomi.

—Hasta mañana, Billy.

Esa era la despedida que se daban cada vez que salían y sabían que no podían expresar sus sentimientos en público. En la intimidad de su hogar podían liberar todo el amor que sentían por el otro, pero de la puerta de su casa hacia la calle, eran solo los hermanos, los gemelos Kaulitz.

A ambos les costaba hasta la fecha el evitar el contacto físico. Sabían que sus cuerpos eran como imanes y buscaban la más pequeña oportunidad para tener algo del contacto del otro. Cuando eran adolescentes, esa situación no les importaba, se arriesgaban a buscar cualquier roce con el otro. Más con el paso de los años y las consecuencias de sus deslices en público, aprendieron —de mala manera— a suprimir el afectofisco hacia su gemelo. Ahora huían de cualquier muestra de afecto aunque esta fuese sin ningún motivo amoroso. Ahora cualquier cercanía los ponía en alerta y preferían evitar dar alguna muestra de afecto en público, para evitar que el tema del twincest saliera nuevamente en boca de las fans y era Bill el que más resentía el “rechazo” de Tom.

Su Tom que era tan dulce, tan cariñoso con él, que siempre le expresaba su amor con algún detalle, que le abrazaba en el sofá de su casa, que le pedía que le acompañará en el estudio aunque Bill no supiese nada del trabajo de post producción solo por el simple hecho de tenerle a su lado… ahora era su Tom el que debía poner distancia entre él y su hermano.

Tom tenía una reputación .Una reputación la cual se había forjado tras años siendo el player del grupo. Desde el inicio de Tokio Hotel, la disquera vio en el pícaro y jovencito rubio de rastas un potencial mujeriego. Lo ayudaba su atractivo rostro, las constantes bromas y lenguaje sexual al que recurría continuamente y como anillo al dedo había caído el que su vestimenta fuera estilo hip hop, que estaba relacionado a los chicos rebeldes, a los chicos malos, cuando en el fondo, solo muy pocos veían quién era Tom en realidad: un dulce y tímido chico jugando a ser un conquistador.

Con el paso de los años, pasó de tener veinticinco grupies —poco creíbles— a tener relaciones “sólidas”. Por el bien de él, por el bien del grupo, por el bien de su relación de hermanos con Bill. Ambos sabían que las muestras de amor por muy inocente que fueran entre ellos ya no podían mostrarlas en público. Tom debería entender que ahora su atención y afecto deberían de ir dirigidas a sus parejas.

—Otra vez “Dangerous woman” —Tom resopló pretendiendo estar en desacuerdo por la elección— vas a hacer que termine odiando a mi Ariana.

El rubio soltó una suave risa —Mi amado Tomi, ¿le temes a esta mujer peligrosa? Se saboreo los labios.

—No, mi mujer no es peligrosa. Aunque debo reconocer que me hace cada cosa en la cama que presiento que algún día acabará con mi salud —levantó las cejas en un movimiento divertido.

—Idiota.

Cuando llegaron las relaciones estables para Tom, Bill supo que la vida de los dos tenía que cambiar. Y a pesar de que “mi hermano es lo primero en mi vida” era una realidad, ese argumento tenía que quedarse guardado bajo llave en la habitación de su casa, porque en público aparentemente eso había terminado…

Debes ser más atento y amable con tu pareja, Tom. Debes de abrazarla, sonreír, quitar esa cara de muerto… Las fans se dan cuenta, Tom ¡finge que eres feliz! ¡sé un hombre atento, cuídala —se jaló los cabellos en señal de desesperación—¡¡¡ o ya en el último caso carga su puta bolsa!!!

Bill observaba cabizbajo —muy pocas veces Bill Kaulitz agachaba la cabeza— los puntos que sus allegados les hacían notar. Tomaba nota mental de los errores que cometía su hermano y los propios de él que sabía debían corregir. Sintió coraje, frustración, enojo por tener que jugar un juego en el cual siempre saldrían perdiendo… sintió el sentimiento de derrota de Tom.

—Trabajaremos sobre ello. Vamos, Tom.

—Bill no es contigo el asunto, es Tom el que..

—Somos los Kaulitz, no se te olvide. No es solo “problema” de uno —enfatizó entre comillas— es de los dos. —Se dirigió a la puerta con Tom detrás de él. Cuando abrió la puerta se detuvo ajustando sus gafas —trabajas para nosotros… no se te olvide cuál es tu lugar.

Y a partir de ese momento, el primer movimiento fue que Bill dejara de salir con Tom y su pareja, ya no eran salida de tres, sino de dos; pero contrario a lo esperado, Tom seguía sin mostrar interés en ellas, sus paseos carecían de afecto de pareja, Tom comenzó a perder brillo en sus ojos, se le veía aburrido, parecía que la felicidad le había abandonado.

—Ya que el rey de la selfie está tan ocupado en su celular, yo decidiré que canción vamos a escuchar. —empezó a buscar entre su lista de reproducción— Mmm creo que esta canción es la perfecta.

—Tom es jueves, sabes que hoy toca subir la foto del recuerdo pero no se qué tan antigua la quiero. No me gustan mucho mis fotos del pasado aunque a las fans les encante —fue la repuesta del rubio, al tiempo que navegaba en la galería de su iPhone— no hay ninguna que me convenza.

—Solo googlea tu nombre y aparecerán miles de fotos. Elige la que creas que tendrá miles de likes y comentarios y ya, o si no pon una mía, si quieres un incremento en tus likes sabes que yo soy la opción segura. Ahí estaba el ego de Tom dando una tremenda batalla al ego de su hermano. —Como sea, ya guarda ese jodido teléfono. Quiero que hables conmigo mientras viajamos, no que te quedes inmerso en el.

Y de nuevo emergía su Tom, ese hombre rudo y frío que ante todos se apartaba del contacto cariñoso de Bill en público, ahora en la intimidad que les brindaba su auto, solicitaba de su atención. A Bill no le importaba demandar —sí, demandar era la palabra correcta— la atención de Tom en público pues de una u otra manera Tom se la brindaba, le sonreía, pero para Tom era más difícil pedirle algo de afecto en público.

Asintiendo a su gemelo, Bill abrió la aplicación de Google y cuando iba a teclear su nombre, cambio de parecer y pensó en darle un regalo a las fans de su hermano que siempre pedían una foto de él; Tom seguía renuente de usar su Instagram y al no haber manera alguna de contactarlo, las fans de su hermano se volcaban en su Instagram a pedir fotos de él. Justo tecleó Tom Kaulitz y múltiples opciones aparecieron en el buscador. Dentro de ellas, la que más hacía sufrir a ambos: Tom Kaulitz y su novia. Fue el sentimiento de masoquismo lo que le hizo abrir esa opción y en milésima de segundos, infinidad de sitios se desplegaron ante él. Sin prestar atención al título de un link, lo abrió y al pasar una a una varías fotos de Tom y sus parejas, una sonrisa se le fue formando en el rostro. En ese sitio de fans debatían de lo poco cariñoso, atento y poco caballero que era Tom con sus parejas, colocando fotos de ellos para debatir un punto de vista. Y precisamente fue una fan que había hecho una comparativa de Tom y su pareja y de Tom con Bill….Tom se rehusaba a cargar las bolsas de sus parejas, más sin embargo su hermano le llevaba su preciada bolsa Louis Vuitton. Tom rehuía a cualquier contacto físico con ellas, pero con Bill en ocasiones el espacio personal era inexistente.

“—¡o ya en el último de los casos carga su puta bolsa!”

Una sonrisa de satisfacción le inundó, su ego se incrementó hasta la estratosfera, al infinito y más allá. El sentimiento de poder, de triunfo le inundó todo su ser. Estaba casi a nada de bailar la danza de la Victoria, de gritar “en tu cara, bitch” pero se contuvo porque no había nadie frente a él para poder jactarse de su triunfo. Volteó a ver a Tom que iba atento a la carretera, le dio un click a la imagen para guardarla y después la subió rápidamente a su IG. Escribió el hashtag: recuerdos de Milán.

En la foto se apreciaba a Bill en primer plano, recién bajando del auto, saludando a las fans, sonriente y a un Tom detrás de él usando un traje negro, luciendo guapísimo con su cabello recogido, usando gafas y cargando el bolso de Bill.

—Tom, voy a aceptar participar en la nueva campaña de Fendy. —le dio a su hermoso una mirada de quién está tramando algo. Tom no preguntó, sabía que de cada supuesta acción inocente de Bill, siempre había un significado profundo que a veces incluía a los dos— necesito una nueva bolsa, y las de Fendy son por hoy lo IN.

El ambiente era muy bueno: música agradable, amigos, conocidos, nada de fans. Área para fumar ¿qué más podía pedir?

—Yo puedo ayudarles en buscar los medios necesarios para la creación del club que quieren abrir. Conozco gentes, compañías, empresas, proveedores todo lo necesario para ello. Tiene tres semanas que abrí un club en Ámsterdam y todo funciona a la perfección. Puedo sugerirles Djs…

—¡Hey, hey alto amigo, de la música me encargo yo!— interrumpió Tom— soy productor y Futuro DJ, esa tarea me corresponde solo a mí . Ahora imaginen que un día a la semana yo suba al escenario, con mi mesa de mezclas, sin camisa, cabello suelto y haciendo música sería un éxito rotundo….

Tom aplaudió efusivamente ante su ocurrencia, no dándose cuenta que en el proceso de describir su actuación sobre el escenario, no era sólo él quien se había imaginado su gloriosa actuación, sino la mayoría de los ahí presentes, que saboreaban en su imaginación el erótico espectáculo de un Tom semidesnudo.

Cuando Bill despertó de su ensoñación de él junto a Tom besándose en la tornamesa, vio la mirada de lobos hambrientos que le dirigían a su Tom. Bill conocía perfectamente bien esas miradas de lobo feroz, pero lo que le sorprendió más, fue ver a sus amigos con parejas, saboreando a su hermano sin mostrar pena alguna. Todos —él mismo incluido— veían a Tom como carne fresca y no los culpaba del todo, pues Tom era una delicia visual, eso añadido en ocasiones a su ternura le hacían irresistible.

Sabía que no podía hacer nada para marcarlo o dejar claro que era de él, como hace años atrás lo había hecho en un bar gay en Los Ángeles. Los celos lo consumían pero sabía que no podía hacer nada para mostrar que Tom era su pareja; no podía tomar su mano o besarlo porque estaba ante conocidos, así que hizo lo único que se le ocurrió y que venía haciendo desde hace meses:

—Tom, tienes una pestaña en la mejilla.

Ahí estaba la ridícula excusa para acercarse a Tom, para demostrar para dejar en claro que sólo él podía tener ese grado de intimidad, de proximidad con él. ¿A quién le quería demostrar? ¿A esos amigos, compañeros?¿a las fans que deseaban un toque de su hermano? ¿ a las parejas de Tom? Era a esas mujeres que a pesar de recibir el título oficial de pareja, tenían prohibido el tocarlo más de la cuenta, el generar un abrazo o un toque íntimo ¿era a ellas? Bill solo sabía que era un triunfo de él ante todos.

Tom sonrió ante el cálido toque. Le dio las gracias, no sólo de labios hacia afuera, sino de corazón. Había sentido las emociones crecientes de Bill y aunque fue el mismo Tom quien decidió frenar cualquier muestra de afecto entre ellos, quien se mostraba arisco en ocasiones ante la proximidad de Bill, en dadas situaciones bajaba la guardia y se dejaba, se permitía sentir el amor de Bill. En esta ocasión Tom volvía a sentir la frustración de Bill, el anhelo de proximidad que burbujeaba en él, la necedad de remarcar que solo él y nadie más que él podía tener ese grado de intimidad y confianza con él.

Pasaron meses, años y la mirada de Tom parecía haber perdido su brillo. Las fotos lo mostraban. Las voces decían: Tom no se ve feliz con ellas, con ella. Bill vio el cansancio en su hermano. La hermosa sonrisa que siempre le regalaba se esfumaba en público. No podía ser un egoísta y dejar que solo Tom cargará con esa agobiante labor. Le tocaba a él ayudarlo, compartir ese peso. Fue entonces cuando dos se volvieron tres y Bill se uniría a las salidas, paseos . En muchas ocasiones, se grupo de tres se volvió de cinco, de siete, no importaba cuantos porque en ocasiones Tom sonreía de nuevo.

Llegó una pareja nueva y con ella venía el no caer en los errores antiguos. Ahora Bill era el protagonista, el que ejecutaba las cosas, los hechos, ya no iba a dejar que Tom cargará con el peso de todo aún siendo él el protagonista. Bill ahora se encargaba de dejar en claro que no pasaba mucho tiempo con él, que ahora el tiempo de Tom se dividía entre ella y él.

Bill amaba ir de copiloto de Tom. Amaba ver los atardeceres, las noches con su luna. La vista de las palmeras flanqueándoles en su paso por Venice Beach. Amaba ver el paisaje que se abría ante sus ojos conforme el auto iba avanzando. Los cielos azules, los cielos rosados. La música que ambos elegían para hacer placenteros sus viajes.

Ella sabía que no podía mostrar mucho, que no podía mostrar a Tom, que las circunstancias hablarían por ella y fue así cuando Bill dejó de ser el copiloto para viajar en el asiento de atrás. No es que fuera la primera vez porque ya lo había hecho, solo que ahora era más frecuente y mientras el subía fotos enfatizando su ubicación detrás del asiento del piloto; ella subía fotos de su lugar justo al lado de Tom. No podía mostrar a Tom, pero ahora era ella la que tomaba fotos desde ese lugar, desde su asiento, desde su auto, de sus paisajes, de sus cielos, de sus carreteras…

—Mira, hay una luna llena hermosa. De esas que tanto te gustan.

Bill salió de sus pensamientos. Se enderezó y observó la radiante luna. El suave silbido emitido por Tom para acompañar la canción “I follow rivers” completaba una perfecta atmósfera íntima. A esas horas de la madrugada muy pocos autos transitaban. Les tocó un semáforo en alto. La calle estaba vacía. Bill volteó a ver el espejo retrovisor y no vio carro alguno. Se quitó el cinturón de seguridad, dirigió su cuerpo hacia Tom, acuñó con sus manos la cara de este y depósito un suave beso en sus labios. Cuando abrieron los ojos los dos se vieron con infinito amor.

—Buenos días, Bill —le sonrió Tom con esa mirada llena de felicidad que casi siempre eran dedicadas a él— ya vamos a estar en casa, ya estamos cerca.

Con un gran suspiro, Tom separó su vista del rostro de Bill y enfocó su mirada nuevamente en el asfalto delante de él.

puedes mostrar lo que quieras menos a Tom”

Bill desbloqueó su celular y con la opción de video comenzó a grabar la hermosa luna desde su asiento de copiloto, la suave música que los acompañaba y con un movimiento de mano, giró el teléfono, grabó a Tom quien le devolvió una tímida sonrisa y para terminar, volvió la toma hacia él mismo finalizándola con una sonrisa. Esa sonrisa de satisfacción, de triunfo, de gloria.

Subió el video a sus historias de Instagram con la leyenda “home”.

Pumba always wins dijo entre pensamientos “pumba always wins”.

F I N

¡Feliz cumpleaños Señores Kaulitz!

por admin

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